The people united will never be defeated - ¡Proletarios del mundo, uníos!

domingo, 31 de mayo de 2009

¿Qué hacer con la OEA?


Yo en realidad pensaba que si los yankees no quieren que Cuba vuelva , que podriamos aecharlos a ellos de la OEA y que la OEA sin USA si tendría algun sentido pero copio la nota de Atilio Boron que dice que es tiempo de  preguntarse si debe serguir existiendo la OEA


Las organizaciones -y las burocracias internacionales todavía más- se resisten tercamente a morir. Aunque hayan cumplido su ciclo y perduren como ruinosas huellas de un pasado que ya nunca volverá siempre tendrán ingeniosos defensores que urdirán los más intrincados razonamientos para postergar indefinidamente su inevitable ocaso. En este sentido la próxima reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de los países miembros de la OEA en San Pedro Sula, Honduras, está planteando la pregunta incorrecta, a saber: ¿debe o no Cuba volver a la OEA, y si vuelve, bajo cuáles condiciones? En realidad lo que hay que preguntarse es si existe alguna razón en virtud de la cual la OEA merece seguir existiendo. Y cuando se plantea esta pregunta, que es la correcta, la respuesta es inequívoca: No. No hay ninguna razón que justifique la continuidad de la OEA.

No sólo Cuba no tiene nada que hacer en la OEA. Tampoco los demás países de América Latina y el Caribe. Esta organización reflejó un (largo) momento de total hegemonía de Estados Unidos en el sistema interamericano. La OEA fue la expresión, en el plano de los organismos internacionales, de ese período histórico ya concluido en el cual Washington mandaba y los demás acataban, como lo demostró la ignominiosa expulsión de Cuba ordenada por la Casa Blanca en ocasión de la octava cumbre reunida en Punta del Este, Uruguay, el 31 de Enero de 1962. Como el imperialismo había sido derrotado en Playa Girón, el 16 de Abril de 1961, la represalia fue declarar el ostracismo de Cuba, su total aislamiento, con la vana esperanza de que abrumada por tamaño infortunio la Revolución plegaría sus banderas y se entregaría mansamente a sus enemigos. Se equivocaron de medio a medio.

Hay un paralelismo inevitable entre la malograda Sociedad de las Naciones y la OEA. La SN, fundada como resultado del Tratado de Versailles al finalizar la Primera Guerra Mundial tenía por objeto promover los llamados “derechos del hombre”, prevenir el estallido de nuevas guerras, fomentar la seguridad colectiva y resolver las controversias internacionales mediante la negociación y la diplomacia. Su manifiesta incapacidad para cumplir con tales propósitos provocó, a mediados de los años treintas, su progresiva obsolescencia al compás de la expansión del fascismo en Europa y, sobre todo, de la arrolladora marcha del ejército Nazi ante la cual la SN no hizo otra cosa que lamentarse. La OEA, por su parte, declara que su misión no es otra que la de ser un foro adecuado para facilitar el diálogo multilateral y la toma de decisiones dentro del sistema interamericano, fortalecer la paz y la seguridad, consolidar la democracia, promover los derechos humanos , apoyar el desarrollo social y económico y promover el desarrollo sostenible en todo el ámbito americano. No obstante, sus bellas intenciones se vieron invariablemente frustradas porque antes que nada la OEA fue, desde su nacimiento, un instrumento del imperialismo norteamericano y todos aquellos loables objetivos quedaban invariablemente supeditados al interés de la potencia hegemónica. Consolidar la democracia sí, pero siempre y cuando los gobiernos democráticos no amenazaran los intereses de Estados Unidos. Fortalecer la paz y la seguridad sí, pero si hay gobiernos díscolos que desafían al poder imperial invasiones como las de Playa Girón, Santo Domingo, Panamá o Granada se tornan perfectamente justificables.

El sometimiento y control de las naciones al Sur del Río Grande fue un imperativo estratégico de Estados Unidos desde fechas tan tempranas como 1823, cuando el Presidente James Monroe formulara la doctrina que lleva su nombre: “América para los (norte) americanos”. En línea con esta directiva estratégica Washington promovió la realización, en 1890, de laPrimera Conferencia Interamericana , misma que fuera brillantemente cubierta por José Martí en su carácter de corresponsal del diario La Nación de Buenos Aires. Dicha conferencia instituyó una Secretaría Permanente que, en 1910, se convertiría en la Unión Panamericana. Habría de ser en Bogotá, el 30 de Abril de 1948, cuando esta institución diera nacimiento a la OEA en medio de las enormes convulsiones desencadenadas por el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, el popular líder del partido Liberal colombiano perpetrado pocas semanas antes. No es un dato menor que desde 1890 hasta la fecha de la creación de la OEA todos los directores de este organismo “interamericano” hayan sido ciudadanos estadounidenses y que, una vez constituida la OEA, ningún Secretario General fuese designado sin la explícita aprobación de la Casa Blanca que ejercía en los hechos un poder (para nada discreto o disimulado) de veto.

A partir de su creación la OEA se destacó por su incondicional sumisión a los intereses norteamericanos y a las directivas emanadas desde Washington, transmitidas ora directamente, ora a través de voceros reclutados entre los colonizados más hábiles en las artes de la demagogia y la manipulación de sus pares. La sola enumeración de sus actos, complicidades y claudicaciones desde 1948 hasta nuestros días prolongaría extraordinariamente este artículo. La OEA condonó invasiones, asesinatos políticos, golpes de estado y campañas de desestabilización contra gobiernos democráticos. Fue ciega, sorda y muda ante las atrocidades del “terrorismo de estado” enseñoreado en la región en la década de los setentas y cuando motivada por un clamor y una protesta generalizadas se decidió a actuar lo hizo tardía y tibiamente. El TIAR, Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, según el cual cualquier  ataque armado por cualquier Estado contra un Estado Americano será considerado como un ataque contra todos los Estados Americanos” demostró escandalosamente su hipocresía y falsedad cuando el Reino Unido recuperó por la fuerza el control de las Islas Malvinas ante la indiferencia de la OEA. Y cuando en Mayo del 2008 estalló la crisis en Bolivia y los caciques de la “media luna” querían derrocar a Evo Morales -y, eventualmente, crear una república independiente- el conflicto fue rápidamente solucionado mediante la intervención de los países de América Latina en el marco de la UNASUR y sin que la OEA jugara papel alguno.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, tal vez lo más rescatable de la OEA, está de todos modos sujeta a la preponderante influencia de Estados Unidos y sólo puede formular recomendaciones ante denuncias relativas a violaciones a los derechos humanos. La Comisión lo hizo en relación a numerosas violaciones a los derechos humanos cometidas por los Estados Unidos sin que la Casa Blanca se molestara siquiera en tomar nota del mensaje emitido por un órgano de una institución, la OEA, a la que pertenece desde su fundación. Y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, creada a partir del Pacto de San José de Costa Rica en 1979, que sí tiene capacidad para emitir sentencias, no tiene competencia sobre todos los países miembros de la OEA. Canadá no suscribió el Pacto y tampoco lo hizo Estados Unidos, que de esta manera se automargina de la jurisdicción de la Corte haciendo que cualquier violación a los derechos humanos cometida por este país no sea punible por la Corte. De hecho la OEA ha permanecido asombrosamente inactiva frente al torrente de denuncias formuladas en contra de Washington por las atrocidades cometidas en Abu Ghraib y Guantánamo, los “vuelos de la muerte”, la legalización de la tortura y los asesinatos y agresiones cometidos por fuerzas estadounidenses a lo largo y a lo ancho del planeta.

En función de tales antecedentes, y teniendo en cuenta además, como si lo anterior no fuera suficiente, que aproximadamente las dos terceras partes de los fondos con que funciona la OEA son suministrados por el gobierno de Estados Unidos (con lo que esto significa en términos de condicionamiento político) ¿qué sentido tiene promover el retorno de Cuba a una institución tan desprestigiada como esa?  El futuro no está en la OEA sino en la creación de otro tipo de organizaciones internacionales que reflejen adecuadamente los intereses de la región. De hecho el ALBA es una de ellas, la UNASUR es otra: pese a sus diferencias son iniciativas que expresan la realidad actual de una creciente reafirmación de la autodeterminación nacional frente a las exacciones e imposiciones del imperialismo y una conciencia emancipadora continental cada vez más clara. Reflejan la histórica derrota del ALCA en Mar del Plata en 2005; la inconmovible consolidación de la Revolución Cubana; la profundización de las transformaciones sociales, económicas y políticas en marcha en Venezuela, Bolivia y Ecuador y, a paso más lento (y a veces titubeante) en otros países de la región; y la toma de conciencia de que asistimos a la irreversible decadencia de la hegemonía norteamericana en el mundo y, sobre todo, en Nuestra América. Por eso la OEA es una institución anacrónica: representa una correlación de fuerzas internacionales que ya se ha disuelto mientras que el ALBA y el UNASUR expresan el nuevo mundo que está surgiendo de nuestras entrañas. Un mundo que reclama a los gritos proyectos tendientes a fortalecer económica y políticamente a las naciones latinoamericanas y caribeñas como el Banco del Sur, Telesur, Petrosur, Petrocaribe, el Gasoducto del Sur y otros. Sostener a la OEA es una operación no sólo inútil sino además costosa para nuestros pueblos, que podrían reorientar los recursos destinados al sostenimiento de esa organización al combate a la pobreza. Lo que corresponde, por lo tanto, no es librar una batalla para asegurar el reingreso de Cuba a la OEA sino organizar una sencilla ceremonia fúnebre en donde se le brinde una piadosa sepultura, pero sin honores porque por su historia no los merece.

sábado, 30 de mayo de 2009

50 AÑOS DE LA MUERTE DE RAUL SCALABRINI ORTIZ

Un hombre solo que esperaba

Gran observador, Scalabrini Ortiz desentrañó al ser nacional. Militó en Forja y adscribió al primer peronismo. Apoyó y criticó a Frondizi.

 Por Cristian Vitale

“Eramos brizna de multitud y el alma de todos nos redimía. La sustancia del pueblo argentino, su quintaesencia de rudimentarismo estaba allí presente.” Se la tenía guardada, Scalabrini. Cuando las masas trabajadoras irrumpieron en la plaza el 17 de octubre de 1945 fue pionero, entre los pocos –pero lúcidos– pensadores que husmeaban en el movimiento popular, en interpretar el sentido profundo de las patas en la fuente: él ya las venía metiendo hace tiempo. Catorce años atrás, al menos, cuando sacaba chapa de gran observador de la realidad humana de su pago con un libro medular: El hombre que está solo y espera. Scalabrini dio en el blanco. No inventó el arquetipo del ser nacional en base a abstracciones o idealismos; a “teorizaciones vacías”, como decía él. Lo sacó de la realidad. Lo observó, sentado en el café, fumando, y lo tradujo al papel con su pluma aguerrida. Es el hombre que intuye, que se burla de los intelectuales, y que espera, aunque no lo sepa, una conjunción de conciencias “similares a la de él” que lo saque de la soledad. Esos “nadie sin nada” que en los ’30 pululaban por bares y fondas, y que después, cuando todo encontró su cauce, emergió bajo otros rostros, “de las Usinas de Puerto Norte, de los talleres de Chacarita y Villa Crespo, de las manufacturas de San Martín y Vicente López, de las fundiciones y acerías del Riachuelo, de las hilanderías de Barracas, de los pantanos de Gerli y Avellaneda”. A esto, el escritor llamó el subsuelo de la patria sublevado.

Se podría ensayar una multiplicidad de entres para presentar el legado de un hombre que murió hace exactamente 50 años, pero su mirada sobre el 17 de octubre más ese urgente tratado de sociología, enlazados, se convirtieron en centro y disparador útiles para desentrañar los vericuetos de un ser nacional huidizo, que muchos directamente negaron, niegan. Scalabrini no. El lo detectó en Corrientes y Esmeralda. En pleno centro de la Buenos Aires universal y lo conectó con el resto del país. No era el porteño idealizado del tango ni el cajetilla fanfarrón, ni el deseable por los ultramontanos-católicos-nacionalistas de entonces. Era un pasajero en trance, contumaz en su soledad, pero unido al espíritu de la tierra junto a todos los que eran como él. Por el café, el cigarrillo, la charla. Un nigromante del destino que escondía, tras su mirada tosca, la impotencia que le producían la frialdad y el individualismo de un capitalismo herido por la crisis del ’29, pero, aun así, hegemónico. Un ser multígeno cuya identidad inevitablemente unificaba la cosmopolita Buenos Aires: el de todos los puntos cardinales que encontraba su sino en cada esquina.

Hoy, época de resignificaciones políticas y recuperos de una identidad apabullada, Raúl Scalabrini Ortiz emerge entonces como un gigante de espaldas anchas donde treparse y mirar más allá. Primero detectó esa metafísica existencial, la del hombre que está solo, y después la nutrió de un sentido material. La orientó basado en dudas que podían, por supuesto, ser las del común: “¿Cómo es posible que en un país como la Argentina, productor de carnes y cereales, haya hambre?”, fue, por ejemplo, una de las preguntas matrices que dieron pie a su prolífica producción posterior. Muchas delineadas en los cuadernos de Forja, la agrupación radical disidente en la que militó junto a Jauretche y Dellepiane, entre otros. Política británica en el Río de la Plata (1936), obra en la que empieza de cero, luego de sentar las bases existenciales del ser (“Todo lo que nos rodea es falso e irreal, falsa la historia que nos enseñaron, falsas las creencias económicas que nos impusieron, falsas las perspectivas mundiales que nos presentan”); El petróleo argentino (1938); Historia del Ferrocarril Central Córdoba (1938); Historia del Primer Empréstito (1939). A través de folletos libres –Los ferrocarriles, factor primordial de la independencia nacional, 1939–, de la revista Servir –“Historia de los Ferrocarriles”, 1938– o del fundamental Política británica en el Río de la Plata, editado en 1940.

“Todo lo material, todo lo venal, transmisible o reproductivo es extranjero o está sometido a la hegemonía financiera extranjera. Extranjeros son los medios de transportes y de movilidad. Extranjeras las organizaciones de comercialización y de industrialización de los productos del país. Extranjeros los productores de energía, las usinas de luz y gas. Bajo el dominio extranjero están los medios internos de cambio, la distribución del crédito, el régimen bancario”, escribió en uno de ellos. Muestra cabal de su rol como impulsor –de los más convencidos y convincentes– del pensamiento nacional. Cumplía con todos los requisitos para serlo: hablaba de la prensa de la época como órgano del dominio imperialista; entre el eje y los aliados se quedaba con Argentina; había participado de la rebelión yrigoyenista contra Justo en 1933; conocía a Perón –incluso fue quien le sugirió que nacionalizara los ferrocarriles–, pero nunca aceptó cargos políticos; era amigo de Jauretche, Del Mazo y Manzi; era un certero crítico de la sociedad burguesa –desde cuyas entrañas salían los más conspicuos miembros de la intelligentzia–; denunció a la oligarquía y a sus personeros intelectuales; fue el partícipe principal del giro revolucionario que el país dio en 1945 y en 1955, automáticamente, se opuso a la Revolución Libertadora.

Raúl Scalabrini Ortiz había nacido el 14 de febrero de 1898 en Corrientes. Su padre, Pedro Scalabrini, era naturalista y director del museo de Paraná. Cursó Ciencias Exactas –llegó a agrimensor–, bebió de Macedonio Fernández y se introdujo de lleno en la interna entre los grupos literarios de Boedo y Florida. En 1923, antes de trocar política y economía por poesía, publicó La Manga, un libro de cuentos. Luego incursionó en el periodismo. Escribió en El Mundo, Señales, La Gaceta del Sur, Noticias Gráficas, Reconquista, El Líder, De Frente y Qué, desde donde apoyó primero y atacó luego a Arturo Frondizi por sus “concesiones petroleras”. Fue, sin más, un auténtico maldito y, como tal, dejó efectos y enseñanzas. Dijo cierta vez: “No se trata de optar entre Perón y el Arcángel San Gabriel. Se trata de optar entre Perón y Federico Pinedo”, como si estuviera presagiando, una vez más, el presente. Este presente.

viernes, 29 de mayo de 2009

El disfraz de las miserias

Artilugios discursivos del “progresismo” chileno

El bastión neoliberal de la región es el preferido de las agencias calificadoras y organismos internacionales. La realidad social de Chile reafirma el carácter espurio de las apariencias del modelo.
A pesar de la estabilidad, Chile es una de las naciones más polarizadas de la región.
Fotos: Archivo
Por Sebastián Pellegrino | Desde la Redacción de APM24|05|2009

Los discursos tendientes a la legitimación de determinado modelo de desarrollo suelen estar atravesados por sorprendentes artilugios enunciativos. Las declaraciones del ministro de Hacienda chileno, Andrés Velasco, sobre un reciente informe del Fondo Monetario Internacional (FMI), son un ejemplo de ello. El reporte señala que en 2009 el PBI per cápita de Chile registraría una leve caída de 0,3 por ciento, situándose en 14.461 dólares, el más alto de la región.

El ministro afirmó: "A pesar de la crisis, a pesar del impacto que todos han sufrido, Chile aparece como el país de América Latina donde las familias y los hogares tienen mayor poder adquisitivo, mayor poder de compra", y remarcó que ello no es casualidad, sino que es "reflejo del esfuerzo que hace años venimos haciendo".

Seguramente Velasco no creerá que cada ciudadano chileno goza de ingresos anuales superiores a los 14.000 dólares. Sin embargo, sus palabras relacionan un cálculo simple y de poca significación (la división del producto bruto interno anual por la cantidad de habitantes), con el poder de compra real de cada uno de sus compatriotas. Algo así como una distribución perfecta de la riqueza nacional.

La cita anterior forma parte de una construcción discursiva específica y generalizada en los portavoces del sistema capitalista hegemónico del siglo 20, que aún clasifican el desempeño de los Estados con relación a la injerencia sobre los mercados.

Chile es uno de los pocos países de Latinoamérica que no ha sufrido crisis institucionales desde la adopción plena del modelo de desarrollo neoliberal, iniciado y desarrollado durante la dictadura de Augusto Pinochet. Desde 1989, los regímenes democráticos han transformado la estructura del Estado hasta convertirlo en un verdadero Estado Gendarme que vigiló 20 años de continuo crecimiento macro económico. La lealtad sistémica le valió al país austral el rango de Estado modelo.

La estabilidad política es un argumento que también suele utilizarse para inferir de él un desarrollo social progresivo, un derrame de riquezas que llegaría a los sectores postergados de Chile.

Sin embargo, la crisis financiera internacional ha puesto al descubierto la fragilidad del mercado laboral del país y las dificultades del modelo para frenar la expansión de la pobreza y las asimetrías entre clases. (Ver: “¿El ejemplo a seguir es Chile?”. APM 30/11/2005)

Por eso, es necesario repasar el estado de la economía andina y contrastarlo con los pronósticos de organismos internacionales que indican que Chile será uno de los primeros países de Latinoamérica en superar la crisis.

En marzo pasado Chile registró un déficit fiscal de 1046 millones de dólares, por primera vez desde 2003. El resultado acompaña lo proyectado por el Gobierno para 2009, que prevé un déficit del 2,9 por ciento. A su vez, los ingresos tributarios netos cayeron un 21,9 por ciento frente a igual período de 2008. La menor actividad económica implica una caída en la recaudación fiscal que se corrige con utilización de reservas estatales.

El déficit señalado se corresponde con una serie de variables macro económicas que acompañan el ritmo de la crisis y su especial impacto en Chile. Es necesario destacar que el país andino tiene déficits gemelos, a la inversa de lo que ocurre en Argentina, y su déficit comercial se acentúa con la contracción de la demanda internacional de cobre y los bajos precios de los productos primarios. Al ser la principal materia de exportación, las fluctuaciones del cobre golpean la cadena productiva y el ahorro nacional.

Asimismo, el PBI chileno acumuló, en el primer trimestre de 2009, una caída de 2,1 por ciento y ya acumula cinco meses de balances negativos sin incluir los datos correspondientes a abril y mayo, que aun no se publicaron. Esto significa que la economía chilena estaría muy cerca de entrar en recesión.

Pero el mayor problema se presenta en la estructura social. A fines de abril, la Universidad de Chile publicó un estudio sobre empleo, limitado al gran Santiago (el área del conurbano de la capital chilena). Según el informe, la tasa de desempleo llegó al 12,9 por ciento, un 55 por ciento más que las cifras oficiales de diciembre de 2008. A escala nacional, las cifras oficiales señalan que el desempleo estaría a punto de llegar los dos dígitos.

Mientras avanzan los despidos masivos, el Gobierno de la Concertación, presidido por Michelle Bachelet, realiza anuncios que no hacen más que legitimar la postura de empresarios. En efecto, semanas después de una protesta de más de 12.000 trabajadores, se aprobó el Acuerdo Nacional por el Empleo, la Capacitación y la Protección laboral.

El convenio prevé, básicamente, que el trabajador y el empleador puedan acordar un permiso de hasta 5 meses, durante los cuales el trabajador no preste servicios, asista a cursos y reciba prestaciones monetarias equivalentes al 50 por ciento de los últimos seis meses. Esto no es más que un guiño para los empresarios que podrán realizar recortes de salarios con el fundamento de “capacitar a sus trabadores”.

El mercado laboral chileno es más sensible que otros de la región porque no existe un marco legal de negociación colectiva (como las paritarias en Argentina), por lo que solo el mercado establece las condiciones de contratación, salarios y cesantías.

El salario mínimo de Chile es de 159.000 pesos locales, es decir 324 dólares. No sólo se ubica a mitad de tabla de los países sudamericanos, sino que permanece estancado desde inicios de 2008, por lo que la inflación deteriora permanentemente el poder adquisitivo de los ingresos. Además, cabe aclarar que el 50 por ciento de los trabajadores está bajo la línea de los 380 dólares al mes.

Si se agrega que la educación y la salud funcionan mediante sistemas mixtos (con capitales públicos y privados), los indicadores de pobreza se disparan mucho más que los cálculos oficiales que señalan 2.300.000 pobres.

En términos generales, el país andino presenta un escaso desarrollo de clases medias y mantiene una estructura, de las más polarizadas del continente, de concentración de riquezas. Un ejemplo: la primera mandataria chilena recibe una remuneración mensual de 12.660 dólares, 46 veces el salario mínimo del país.

Ahora bien, los datos reseñados no son reflejos de la crisis internacional actual, sino de un sistema de expansión económica que se traduce, necesariamente, en expansión de la brecha entre ricos y pobres de una nación. Esto, aunque la Presidente de Chile se esfuerce por ocultar y negar la situación social; aunque prometa que su país saldrá primero de la crisis sólo porque " todos los organismos internacionales señalan que Chile se va a recuperar antes que otros países".

¿Qué dicen los organismos internacionales? Según proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), Chile, Colombia, Perú y Uruguay son los países que saldrían librados más rápidamente de la crisis económica mundial. Las estimaciones parten de la afirmación del impacto de la crisis en Latinoamérica y Caribe por varios motivos: contracción de precios y de la demanda de materias primas por parte de las economías industriales; condiciones adversas para lograr financiamiento externo; reducción de remesas y del turismo.

Según el FMI, los cuatro países mencionados, socios leales del liberalismo dependiente propiciado por Estados Unidos, estarán mejor preparados “porque se han comportado mejor desde el punto de vista macroeconómico y eso está pagando dividendos”. Sin embargo, más allá de los alardes de los medios masivos sobre el ahorro chileno, el país andino ya comenzó a utilizar sus reservas por el retroceso de su sector exportador y por los desafíos sociales que apuntan directo contra los trabajadores.

El ranking 2009 elaborado por el Institute of Management Development de Suiza -una reconocida escuela de negocios- sobre competitividad de las economías nacionales más dinámicas, ubicó a Chile en la posición 15 en el test sobre los países que soportarán mejor la crisis, y a Argentina y Venezuela entre los últimos tres lugares (55 y 57 respectivamente).

El test analiza temas como la inflación, crecimiento y estabilidad económica, y otorga a Chile una puntuación de 67,79 puntos de un total de 100, y a Venezuela 0 (cero). Todo un ejemplo de la simpleza y miseria de las estadísticas hegemónicas con la que se propagan los sentidos comunes en el siglo XXI.

La tormenta de anuncios favorables, tanto de organismos internacionales como del propio Gobierno chileno, se extiende a casi todas las variables macro económicas. Los nombres de las peores administraciones de la región también.

Lo que no provoca alarma en las usinas del capital global es el desproporcionado programa de compra de armamentos del país austral. Desde hace más de una década, las Fuerzas Armadas reciben, a través de la Ley Reservada del Cobre, el 10 por ciento del total de las exportaciones de Codelco, la empresa estatal chilena, para compras discrecionales de armamentos. (Ver: “Chile y su pasión por las armas”. APM 17/04/2004)

En mayo, el Gobierno chileno anunció la compra de una flota de aviones F-16 a Holanda por un costo de 278 millones de dólares debido a la necesidad de “modernizar la defensa del país al igual que los demás aspectos del desarrollo nacional”, según afirmó el Canciller chileno. La medida ya generó críticas de los gobiernos vecinos por la inexistencia de hipótesis de conflictos en la región.

No queda claro el motivo de la fiebre armamentista, pero lo cierto es que el presupuesto militar del país andino licua ingentes recursos que podrían destinarse a la erradicación progresiva de la pobreza, el mayor desafío de la “Democracia modelo”.

Chile podrá superar la crisis con mayor o menor éxito que sus vecinos, pero seguirá pendiente el debate acerca del modelo de desarrollo y su falla congénita que perpetúa la concentración de la riqueza, la apariencia de prosperidad, el disfraz de las miserias.

spellegrino@prensamercosur.com.ar

Otro esfuerzo para garantizar que nada cambie

El G-20 en Pittsburgh

El nuevo intento para salvar a la economía global será en la ciudad estadounidense de Pittsburgh. La Ciudad del Acero albergará entre el 24 y 25 de septiembre la cumbre del Grupo de los 20. En los encuentros anteriores, en Washington y Londres, los países miembro no consiguieron avanzar en la coordinación de una respuesta global a la crisis. La medida más concreta que surgió fue la ampliación del capital del Fondo Monetario Internacional y la más osada fue la publicación de una lista de paraísos fiscales. Como en las ediciones anteriores, además de los miembros del G-20, están invitados a participar España y Holanda.

Sobre la campaña PROTinellista

ASCO

Mucho asco senti al ver nuevamente la imagen de Menem junto a un grupo de humoristas que trabajan para el jefe de campaña de Fracisco de Narvaez y Mauricio Macri . Como no veo a Tinelli ni pienso verlo , vi esta noche un resumen en el programa 6,7 y ocho en la TV publica y obviamente me resulto sumamente desagradable , pero viendo la intencion de Tinelli de propender a engrandecer a De Narvaez y Macri presentandolos como bonachones amistosos y piolas , ignorar a Stolbitzer y burlarse de todo el elenco gubernamental , no es descabellado llevar alli a la Rata , como decia Carla Chudnosky, cuando la UIA y la empresa Techint ( de Luxemburgo ) y los medios intentaron todo el tiempo meter miedo con las estatizaciones , presentando la analogia Nestor = Chavez , eso si apartir del 29 /6 . De hecho se sigue escuchando esto entre los dirigentes de la derecha del Pro y de la UCR ( hoy llamada ACys)
Y que hace Tinelli al otro dia ? Lleva a quien hizo que todo lo que deba ser estatal sea privatizado y explotado sin ningun interes por el pais y sus ciudadanos y encima regalado a precio vil a cambio de Bonos Brady , abriendo el mercado de capital para que pudieran llevar las ganancias al exterior y tambien via libre para el vaciamiento .

Tanto ver a Menem como a De la Rua personaje o real sa mucho asco, pero el sentido del personaje es contraponer al kirchenrismo "estatizante" a quien fue sin dudas para la derecha el garante mas fiel de sus extraordinarios negocios .
Tinelli realmente das asco , no se quien se puede reir con esa gente con todo el dolor que nos produjeron.

jueves, 28 de mayo de 2009

La ANSES puede ser como el BNDES?

Porque aca se hablo del BICE pero despues no paso nada mas y seguimos esperando

Brasil, con su Eximbank

El gobierno brasileño analiza estructurar un banco de comercio exterior que facilite la financiación a los exportadores. Así lo indicó en una entrevista el ministro de Comercio e Industria, Miguel Jorge. “Es un buen momento, pues facilitaría una operación más fluida, más rápida (...), hoy la financiación a la exportación es muy burocrática”, afirmó. Según él, el presidente Lula da Silva ya aprobó la iniciativa. La idea es adoptar el modelo del Eximbank estadounidense, una iniciativa que también imitaron China, India y Japón. El objetivo es centralizar las operaciones de comercio exterior en el gigante banco de fomento brasileño BNDES, ya que actualmente son varias las instituciones públicas que operan en esa área, ofreciendo financiación y seguros. “Estrictamente, no será la creación de un banco, sino un fortalecimiento del BNDES”, explicó el ministro.

Ud les compraria bonos? Para que hagan mas daño en el mundo ?

El FMI emitirá bonos propios

El Fondo Monetario Internacional venderá bonos por primera vez en su historia como forma de financiar sus programas de crédito, una vez que su Consejo Ejecutivo apruebe la operación. “He pedido al personal del FMI que presente la documentación necesaria al Consejo Ejecutivo del Fondo para permitir la emisión de los títulos tan pronto como sea posible”, indicó el director gerente de la entidad, Dominique StraussKahn. El primer ministro de Rusia, Vladimir Putin, comunicó al organismo que quiere comprarle bonos por valor de 10.000 millones de dólares, una declaración que StraussKahn recibió “positivamente”. “Estoy muy satisfecho de la intención de la Federación Rusa de invertir en títulos del Fondo. Esperamos que otros miembros del Fondo hagan lo mismo”, afirmó el director gerente. La emisión de bonos está contemplada en la carta fundacional de la institución, firmada en 1944, pero nunca se ha llevado a la práctica.

martes, 26 de mayo de 2009

Nacionalicemos como quiere la derecha

Elisa Carrió no tuvo dudas a la hora de definir la estatización de tres empresas argentinas pertenecientes al grupo Techint en Venezuela. Las caracterizó como “medidas desesperadas del populismo confiscatorio”. Aseguró que esta categoría “en Venezuela se llama chavismo y en la Argentina, kirchnerismo”.

Para ratificar sus dichos, dijo que los Kirchner ya hicieron algo parecido a la reciente medida de Hugo Chávez cuando “estatizaron la empresa de aguas AYSA y Aerolíneas Argentinas”. La chaqueña puso en tela de juicio que Cristina y Néstor Kirchner no estuvieran al tanto de la decisión que Chávez hizo pública tres días después de haber compartido con el matrimonio un día de solaz en la ciudad turística santacruceña de El Calafate.El jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, también opinó sobre el tema y advirtió que las prácticas del gobierno venezolano se podrían repetir en la Argentina.

Con la economia tan extranjerizada que tenemos y con el contexto actual ojala se repitieran las nacionalizaciones en nuestro pais . No es tiempo de avanzar rapidamente por YPF y nacionalizar todo el petroleo y la mineria ?

Necesitamos que vuelvan los controles de capitales

Entrevista a Jane D’Arista

–¿Qué lugar queda para las economías periféricas en el diseño de la nueva arquitectura financiera?

–Es cierto que la mayor parte de la discusión ha estado concentrada en los sistemas de las economías avanzadas. Hay que poner sobre la mesa una discusión seria sobre el rol de los mercados externos, hay que controlarlo. Necesitamos que vuelvan los controles de capitales. Pero esto no se discute porque toca los intereses de los grandes bancos.

Jane D’Arista es una de las académicas elegida para integrar la Comisión Pecora, un organismo oficial estadounidense encargado de investigar las causas de la crisis financiera para luego recomendar una serie de nuevas regulaciones, como sucedió en la década del ’30.

La nota completa:http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-125588-2009-05-26.html

La política actual está tratando de mantener el sistema funcionando con la menor cantidad de cambios posibles.

“Hay que redefinir el sistema financiero”

El economista Jan Kregel es uno de los mayores especialistas en mercados financieros. En diálogo con Página/12, este profesor del Instituto Levy de Nueva York aseguró que lo que se buscó con los planes de salvataje no fue reactivar el crédito para estimular la demanda sino salvar a las principales entidades y preservar el modelo que llevó a la crisis. En contraposición, propone debatir qué sistema bancario requiere la economía y recién entonces avanzar con un nuevo marco regulatorio que permita amortiguar el impacto de la inestabilidad financiera.

–¿Qué falló en los salvatajes?

–La idea general es que fracasaron porque los bancos no le están prestando a nadie. Pero los bancos están haciendo precisamente lo que les dijo el gobierno: “No tomar riesgos excesivos”, y al no hacerlo no están prestando. El rescate funcionó en el punto en que los bancos permanecieron solventes. La idea básica fue dejar el sistema más o menos intacto.

–¿Cómo se amortigua la inestabilidad financiera? ¿Cree que es necesario un nuevo marco regulatorio?

–No se trata de regular el sistema financiero, sino de re-regularlo. En la década del ’30, la administración Roosevelt tenía una idea muy clara de cómo querían que fuera el sistema financiero una vez que se establecieran las nuevas reglas. Creían que la dificultad estaba creada porque los bancos comerciales operaban en los mercados de capital y decidieron acabar con esto. La idea fue crear un sistema segmentado por función: bancos comerciales que toman depósitos y proveen préstamos, y por el otro lado los bancos de inversión.

–¿Qué características básicas del sistema financiero debería tener en cuenta el gobierno de Obama a la hora de re-regularlo?

–En primer lugar hay que tener una idea sobre el tamaño que queremos que tengan las instituciones. Debe ser regulable para las autoridades y controlable para los ejecutivos. De lo contrario, no importa cuán buenas sean las regulaciones, pues el sistema continuará siendo inestable. Podemos escribir las mejores regulaciones del mundo pero si no se las puede aplicar no tiene mucho sentido. En segundo lugar hay que definir qué es lo que debería estar haciendo el sistema financiero, su función.

–¿Las autoridades de Estados Unidos están actuando en ese sentido?

–La forma en la que se está resolviendo el problema está conduciendo a la concentración masiva de las entidades. Puede ser que ésa sea la estructura que querés: 2 o 3 bancos grandes. Pero ya sabemos que las autoridades no pudieron regular de manera eficiente a los bancos antes de que fueran gigantes.

–¿Por qué cree que es tan difícil cambiar las reglas?

–La política actual está tratando de mantener el sistema funcionando con la menor cantidad de cambios posibles. Las instituciones financieras realizan las mayores contribuciones sustanciales a los políticos. El sector más activo es el inmobiliario, que es uno de los mayores aportantes a las campañas de los políticos demócratas, porque están a favor de incrementar la cantidad de propietarios. Virtualmente, casi todos los políticos del Congreso responsables por las regulaciones financieras están relacionados con estas instituciones a través de sus contribuciones de campaña.

–Hasta ahora usted se refirió a Estados Unidos, ¿cuál debería ser el papel de los países periféricos en la re-regulación del sistema financiero?

–Los requerimientos de Basilea y las buenas prácticas recomendadas por el FMI están basados en el sistema bancario norteamericano, que ha demostrado ser insostenible. El Fondo tiene que cambiar las recomendaciones que brinda a los países. La idea de que un modelo en particular es el mejor para todos es errónea. Los países en desarrollo se tienen que dar cuenta de que no es un requerimiento adaptar sus mercados domésticos a los estándares internacionales para pertenecer al sistema comercial y financiero global. Importar regulaciones financieras no es una muy buena idea.

–¿Qué tipo de banca necesitan las economías periféricas?

–Todos los países avanzados tuvieron en alguna parte de su existencia el equivalente a un banco estatal que direccionó el financiamiento hacia el área que querían desarrollar. En Brasil, el Bndes presta de acuerdo a una estrategia de desarrollo. La entidad no corre el riesgo de default porque no tiene deudas. En cambio, en Argentina la ausencia de una estrategia nacional de desarrollo es uno de los problemas más grandes. Pueden ser los productores de soja más importantes del mundo, pero ese es un modelo muy peculiar de crecimiento. No se puede dejar que el mercado decida por sí solo dónde invertir. Tampoco alcanza con un tipo de cambio alto y competitivo, hace falta un plan estratégico de desarrollo.

lunes, 25 de mayo de 2009

A proposito del 25 de Mayo

Esto fue escrito hace 9 años atrás, antes de la asuncion de Nestor Kirchner hace exactamente 6 años.

Ojala que lo que sigue nos permita recordar la historia reciente y nos permita ver que aunque tenuemente desde el 25 de mayo de 2003 y mucho mas lentamente de lo que desearíamos se esta comenzando a desarmar la senda de dependencia de nuestro pais en los últimos 30 años


Argentina: UN PAIS INDEPENDIENTE SOLO EN LOS PAPELES


Es muy importante definir qué tipo de país es hoy la Argentina. Es evidente que hay un cambio muy importante con respecto al país que existía un cuarto de siglo atrás.

Bajo el menemismo se denominó como de “relaciones carnales” a las que se tenían con Estados Unidos, un elegante eufemismo con el que se pretendía encubrir la prostitución y el sometimiento que se practicaba en todos los terrenos.

La discusión, no obstante, no es sobre adjetivos (país dependiente, semicolonial, o alguna otra “etiqueta”) sino sobre contenidos. Y es vital no acomodar la cabeza en la almohada de definiciones de hace medio o un cuarto de siglo que, incluso pudiendo ser correctas en su momento, son inservibles y/o contraproducentes para analizar la realidad de hoy, y tener política y programa para ella.

Este intento de búsqueda parte de una constatación: sería criminal especular con que pudiera haber sectores burgueses progresistas, o que defiendan un supuesto interés nacional.

La clase capitalista “argentina” está plenamente integrada a la burguesía mundial, bajo cuya ala nació comercialmente. Valgan como ejemplos los más de 100.000 millones de dolares que fugó al exterior y las empresas de origen nacional que se expandieron a otros países. Para mencionar sólo dos ejemplos, veamos la compra de la siderurgia venezolana por parte de Techint o la “conquista” del mercado asiático por Pescarmona.

Este proceso de concentración y monopolización en el que estamos viviendo, deja en el camino no sólo a los trabajadores, sino también a muchos sectores capitalistas, que se manifiestan abiertamente descontentos por los perjuicios que les ocasiona.

Pero este descontento, lejos de traducirse en una resistencia revolucionaria, que a la vez se apoye y apoye las luchas del pueblo pobre, más bien adopta medidas de presión y/o de chantaje para mejor negociar su búsqueda de un “lugarcito bajo el sol” del gran capital. De no lograrlo, simplemente, se dejará aplastar.

Qué fue la Argentina

Durante épocas pasadas, en el seno de la izquierda se discutía con pasión si el tratado de Roca-Runciman significó un salto en la colonización británica en la llamada “década infame”; o si, 15 años después, la firma puesta por Perón en los tratados de la OEA y el TIAR, había significado el pasaje a la órbita norteamericana sumada a los contratos petroleros suscriptos con la Californian a comienzos de los cincuenta, que denunció Jhon W. Cooke. O si ese proceso se completó bajo la presidencia de Frondizi, con el ingreso al FMI y los contratos petroleros.

Hoy el tema casi no se toca. Y cuando se lo hace es, en lo fundamental, para repetir el viejo cuento stalinista acerca de los “reyes magos” de la burguesía nacional. En las antípodas, están quienes disuelven las especificidades de la Argentina (y de América latina) en las generalidades que la comprenden como país capitalista y, en consecuencia, plantean para el país una perspectiva revolucionaria similar a la de Francia, Alemania o Estados Unidos.

Esta última aberración teórica-política no es “menos mala” que la utopía contrarrevolucionaria de los stalinistas; es su complemento. Porque al abandonar las banderas antimperialistas, deja que las enarbole sin obstáculos cualquier bandido o aventurero burgués o pequeño burgués. Es que esas banderas están en la realidad material de la economía y las relaciones sociales de estas tierras.

Cuando en 1979 Estados Unidos decretó el boicot cerealero contra la URSS, la dictadura proimperialista, liderada por el genocida Videla, ignoró la medida y la oligarquía se llenó los bolsillos exportando granos. Hoy es impensable que la Argentina pudiera repetir esa experiencia. No sólo porque la URSS ya no existe, sino porque en estos veinte años, la garra de acero del imperialismo se fue cerrando sobre todos los órganos vitales del país.

Qué es la Argentina

En el último cuarto de siglo se fueron acumulando los elementos cuantitativos hacia el salto cualitativo en la relación del país con el imperialismo que se produjo en la última década, bajo el menemismo.

Esto arranca en el terreno económico y financiero, donde la deuda pasó en un cuarto de siglo de 6.000 millones a casi 200.000 millones de dólares. Y esto a pesar de haber malvendido todos los activos del estado y generar tanta independencia económica como la de un mendigo sin suerte. El golpe de los capitales en fuga a fines del gobierno de Alfonsín, fue un tímido adelanto de lo que siguió en última década y que continúa hoy bajo la Alianza y el leonino “blindaje” en curso con la banca mundial.

En la base de la nueva relación establecida con el imperialismo por la Argentina capitalista está el hecho de que la economía está en manos de los grandes capitales de los países centrales, o de sus socios nativos, la vieja burguesía asociada a ellos.

La burguesía argentina perdió el control de los servicios y las comunicaciones que ejercía a través del estado, generando simultáneamente un salto en el endeudamiento del país por el vaciamiento de sus capitales, que emigraron en más de 100.000 millones (una décima parte sólo en el 2001). Las inversiones en acero de Techint en Venezuela, las de Pérez Companc en petróleo en Ecuador y Perú, o los negociados de Pescarmona en Asia, muestran el profundo entrelazamiento internacional de la burguesía. El grueso de la banca “nacional”, por su parte, está en manos de la banca española.

El menemismo acompañó como la sombra al cuerpo a Estados Unidos y anudó todo tipo de acuerdos políticos, diplomáticos y militares. La Argentina pasó a ser el único socio extra OTAN. Las fuerzas armadas se convirtieron en una especie de “guardia de auxilio” de las misiones que Estados Unidos emprendió, por intermedio de Naciones Unidas. El mejor “ascenso” al que se puede aspirar en ellas, es estudiar inglés para poder ir con un sobresueldo a Chipre, los Balcanes u otros lugares.

En Manaos, López Murphy firmó, con el secretario de Defensa yanqui, un nuevo tratado por el que Estados Unidos le proveería información militar “confidencial” que la Argentina no podría transmitir, por ejemplo, a su principal socio comercial que es Brasil, con lo que se estaba dinamitando el Mercosur.

Por todo esto, el territorio argentino era el elegido para las maniobras militares de los yanquis, sea con las fuerzas armadas o con éstas y otras fuerzas del continente, como las realizadas en Córdoba y antes en Zárate con la infantería de marina.

Todo este proceso fue acompañado por el desmantelamiento de la base propia de armamento, en un proceso que inició Alfonsín con la liquidación del proyecto de misiles Cóndor, y que completó Menem con la liquidación de Fabricaciones Militares y la privatización de lo que se llamó Area Material de Córdoba, dedicada a la fabricación de aviones de guerra.

Luego se está discutio el “blindaje” del FMI para sostener al país e impedir que éste entre en una cesación de pagos de su deuda. Las hilachas de la independencia que quedaban se iban desintegrando..

Luego en un camino sin retorno para la clase capitalista, se dio un salto al atar el peso al dólar y la intencion de abandonar la soberania monetaria adoptando la moneda norteamericana y siñiendose en su totalidad a su politica monetaria de la Reserva Federal en la mayor sumision posible a otro estado sin invasion ni renuncia de las autoridades locales .

La Argentina de hoy no sólo no se parece a la previa de la “Libertadora” de 1955; tampoco se parece a la de Isabel Perón de 1975, cuando pintaba los surtidores de nafta con la sigla “YPF”; ni a los genocidas vendiendo trigo a la URSS pese al embargo yanqui.

Hasta tuvieron que hacer dos bolsas de valores para que las fluctuaciones de la bolsa de Madrid no fuera quien resolviera las fluctuaciones del Merval.

Cualquiera sea el nombre con que se la designe, el hecho central es que, a 190 años, del 25 de mayo de 1810, puede constatarse el fracaso de la burguesía en hacer de la Argentina un país independiente.

Independencia y capitalismo

Este fracaso es coherente con el carácter con el que nació la burguesía unitaria: tributaria del mercado mundial y de los poderes dominantes de ese momento (Inglaterra) a costa de sacrificar las posibilidades de un amplio mercado interno y facilitar así la disgregación del virreynato en cuatro países primero y ahogando a las burguesías del interior posteriormente.

El curso hacia un sometimiento cada vez mayor es irreversible, más allá de la eventual existencia de restos de la burguesía argentina que intenten modificar en algo la situación. Lo harán con una mano apoyando a Moyano (u otra figura similar), mientras que con la otra giran capitales al exterior. Y a los Moyano los utilizan a condición de que pongan límites estrictos a la lucha obrera y popular, para que no se les vaya de las manos ni se autonomice de sus órdenes.

Mediante los agentes burocráticos, se pretende utilizar a los explotados, para presionar y negociar algo. Pero en el cuadro de situación del capitalismo mundial, hay poco y nada para negociar. Y la topadora de las multinacionales les va a pasar por encima también a ellos.

En consecuencia, sólo es posible alcanzar una independencia mediante una revolución anticapitalista y antimperialista que ponga en el poder a los trabajadores y al pueblo oprimido, como parte de la revolución socialista en América Latina y el mundo. Por muy difícil que sea este camino, es la única posibilidad real de victoria. Cualquier salida burguesa sólo puede quedar en el terreno de una utopía (reaccionaria en este caso), que preparará mayores calamidades para el pueblo y mayor sujeción del país al imperialismo mundial.

jorge guidobono

sábado, 23 de mayo de 2009

Un nuevo mundo que nace y otro que no termina de morir

El final del capitalismo: La gente, las empresas y los países entran (en el capitalismo) en una espiral de endeudamiento que sólo se resuelve endeudándose más, hasta que un día nadie puede pagar

"Esta pesadilla periódica de las crisis del capitalismo sólo tendrá fin cuando maduren las condiciones para sustituir este sistema por otro."

Las crisis financieras en el sistema capitalista son recurrentes e inevitables. Como se ha dicho hasta la saciedad, el pecado original del capitalismo es el divorcio entre la producción y el consumo; en otras palabras, es el sistema que más capacidad ha alcanzado en la historia para producir bienes, pero debido al empobrecimiento social generado por la explotación económica, debilita progresivamente las posibilidades del mundo para poder comprar dichos bienes. Sucede periódicamente, entonces, que aquel arsenal de mercancías producidas no se vende en el mercado, la ganancia no termina de realizarse y sobreviene la quiebra de los productores-vendedores.

En esta desesperada competencia, las empresas y los países se pelean por aumentar la producción y bajar los costos, lo que pretenden lograr a través de la expoliación de materias primas al tercer mundo, la sobre explotación de los recursos naturales y de la fuerza de trabajo, así como por innovaciones y aplicaciones tecnológicas que aumenten la productividad.

Ahora bien, ante la disminución de la demanda solvente (capacidad de compra), el sistema capitalista recurre al crédito masivo. Es así que hoy en día, toda la economía, desde las unidades familiares hasta las grandes empresas productivas y los mismos bancos, sólo se mueve si hay crédito para operar, es decir, con dinero ajeno, sea del público o de otros tenedores de dinero. Pero a la larga, la medicina termina siendo peor que la enfermedad, puesto que el crédito encarece mucho más los costos de producción de los bienes, y, al aumentar los costos de producción, aumentan en la misma proporción los precios de las mercancías y su realización o venta se vuelve cada vez más difícil.

La gente, las empresas y los países entran así en una espiral de endeudamiento que sólo se resuelve endeudándose más, hasta que un día nadie puede pagar y los bancos terminan quebrando y arruinando a sus acreedores. Cuando los bancos quiebran, el crédito se contrae y las empresas no pueden seguir produciendo, teniendo que mandar al desempleo a la mayoría de los trabajadores. El desempleo masivo, a su vez, disminuye la capacidad de compra de la gente y las empresas vendedoras tienen mayores dificultades para colocar sus mercancías. En el mes de enero (2009), por ejemplo, la más grande economía del mundo, la economía de los Estados Unidos, alcanzó la cifra de despido de veinte mil personas diarias.

Si la gente, las empresas y los países no pueden seguir comprando bienes, entramos en una crisis de sobreproducción relativa. Las bodegas se llenan y se congestionan de mercancías, sin que haya compradores, pues la gente, las empresas y los países no tienen dinero para comprar aunque tengan necesidad de adquirir tales bienes. Al haber más bienes que compradores o más oferta que demanda, los precios bajan y los vendedores pierden. A su vez, los vendedores tampoco podrán comprar otros bienes para seguir produciendo, pues no habrá a quien seguir vendiendo. Y así sucesivamente hasta que el sistema económico entra en una recesión o contracción de la producción y la oferta.

¡He aquí la gran paradoja del sistema capitalista! Tiene una inmensa capacidad para producir, cuenta con la tecnología más avanzada en toda la historia de la humanidad, dispone de miles de millones de trabajadores calificados, pero a pesar del hambre y demás necesidades existentes en el mundo, tiene que paralizar periódicamente toda su maquinaria productiva, generar una mayor escasez a fin de estimular de nuevo la producción.

Estas crisis de sobre producción, en medio de la mayor de las miserias, se suceden con mayor frecuencia y son cada vez más profundas y devastadoras, sin que el sistema pueda hacer nada para evitarlas. No puede porque en el mercado capitalista los productores producen separadamente, debido a la división del trabajo generada por la propiedad privada, lo que hace que para sobrevivir en este mundo mercantil, todos tienen que atenerse a las reglas del lucro y la competencia.

Ningún sistema muere hasta que puede ser sustituido por otro
Las medidas neoliberales tienen como objetivo restituir las condiciones para recuperar la rentabilidad de los bancos y de las empresas, por medio del rescate estatal, subsidiado con dinero de los contribuyentes. Y puede decirse que en cada crisis han podido lograrlo, dejando en el camino millones de cadáveres humanos y medioambientales.

Esta pesadilla periódica de las crisis del capitalismo sólo tendrá fin cuando maduren las condiciones para sustituir este sistema por otro. El principal expediente que conocemos de lo que significa un cambio de sistema sigue siendo la revolución industrial en su expresión burguesa o socialista. La revolución burguesa nace con la aparición de una nueva clase, la burguesía, que se hizo cargo de la producción, acompañada de una clase intelectual (la Ilustración) encargada de diseñar el nuevo sistema. La toma de la Bastilla vino por añadidura, agenciándose una cosa pública llamada república para paliar desde arriba las contradicciones del sistema y ajustar lo que llaman las imperfecciones del mercado.

La revolución socialista ha optado por estatizar los medios de producción y utilizar los excedentes para el bienestar de la población y de los trabajadores, los que siguen siendo asalariados de los gestores públicos de la riqueza social. En otras palabras, hasta ahora no tenemos una nueva clase social que se haga cargo directamente de gestionar el proceso inmediato de producción y conducir la economía en su conjunto. Carlos Marx se refirió al socialismo como la unión de productores libremente asociados, encaminados hacia la desaparición del Estado; otra vez afirmó al respecto que las fábricas cooperativas de los propios obreros son, dentro de la vieja forma, el primer signo de ruptura de la vieja forma.

Lenín ofreció el esquema de los Soviets, como el sujeto capaz de sustituir a la burguesía en la dirección de las fábricas, experiencia que no pudo mantenerse después de su muerte. La única experiencia que conocemos al respecto es la experiencia de Yugoslavia, donde la mayor parte de las fábricas y unidades económicas estaban en manos de los trabajadores asociados en empresas autogestionarías, hasta que el imperialismo europeo-norteamericano desbarató militarmente dicho modelo.

En todo caso, lo que se percibe es que se necesita un proyecto, una nueva política económica y una nueva clase, que en primer lugar regulen el mercado en función de los intereses de quienes generan la riqueza y de la población en su conjunto, en segundo lugar una modalidad de asociación económica que conduzca económica y políticamente el proceso de acumulación en función del bienestar social y no del funcionamiento del capital.

Usualmente, la izquierda presenta a la clase obrera (trabajadores asalariados de la producción), como la clase que sustituirá a los empresarios, sin embargo, todo parece indicar que en los países agropecuarios, donde los trabajadores por cuenta propia son la mayoría de la fuerza laboral, el nuevo sujeto provendrá de estos pequeños trabajadores-productores en proceso de apropiarse de la tierra y sobre todo de la gestión de la producción. Esta fuerza de pequeños productores agropecuarios, industriales y comerciales, comienza a organizarse en cooperativas, uniones y federaciones de cooperativas, ensayando la tarea de enfrentar, a través de la asociatividad, las tendencias concentradoras y excluyentes del mercado capitalista. A medida que estas asociaciones se vuelvan mayoritarias y desplacen a las corporaciones y al gran capital en el control de la producción, el procesamiento y el comercio, pasarán progresivamente a hacerse cargo de definir y gestionar los aparatos públicos. (mmmmm no en Argentina )

Entonces, las crisis cíclicas del capitalismo servirán para enterrar el viejo sistema. Entonces podrá la humanidad vivir en una economía equivalente, equiparar la oferta y la demanda, la producción y el consumo. Entonces la acumulación será un medio para el bienestar social y no un fin en sí mismo, como en el sistema capitalista.



Orlando Núñez es sandinista, fue el fundador del CIPRES en 1990 y su Director hasta 2006. Hoy es Asesor social del Presidente de Nicaragua. Artífice del PROGRAMA PRODUCTIVO ALIMENTERIO entre 1999 y 2006, que pasó a constituirse en Programa HAMBRE CERO y que se está implementando en Nicaragua por el Gobierno actual.

Orlando Núñez, EPP

Yo no esperaba nada distinto en realidad

Acaso el color de piel dice que clase de persona sos?

¿Barack Obama es igual a George Bush?

Prometió retirar las tropas..pero dentro un año. Mientras, siguen bombardeando a la gente:

Afganistán: ataque de EE.UU. a los talibanes causa una matanza civil. 

(6/5/2009) El bombardeo se produjo sobre la provincia occidental de Farah. EE.UU. lamentó "profundamente" la muerte de civiles.

Ataques de los Estados Unidos durante el pasado lunes y martes sobre Afganistán contra los talibanes dejaron a más de cien personas muertas. El presidente afgano Hamid Karzai, que está en Washington para reunirse con su par estadounidense Barack Obama, ha enviado una delegación a investigar el incidente.

Se trataría del incidente más sangriento durante un único episodio para los civiles afganos, desde que comenzó la campaña para derrocar a los talibanes en el 2001.

¿Obama=Bush? cambió algo?

viernes, 22 de mayo de 2009

Sin ninguna duda hay que ponerles limites

El mayor riesgo es que no las regulen

La falta de regulación a las calificadoras de riesgo fue el eje del debate de un seminario de especialistas en el Banco Nación. El titular de la CNV anticipó que el proyecto le será presentado a la Presidenta la semana próxima. Los detalles y el objetivo.

Por Cristian Carrillo

Las calificadoras de riesgo tendrán en breve un órgano para controlar las notas que expiden en el país a los instrumentos financieros de oferta pública. Las agencias estarán supervisadas por una entidad independiente conformada por academias económicas junto con universidades públicas. El proyecto, que tendrá carácter de decreto, será presentado por la Comisión Nacional de Valores (CNV) la semana próxima a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, según precisó a este diario un directivo de la entidad reguladora del mercado. Su titular, Eduardo Hecker, fue quien hizo el anuncio durante su presentación en el seminario organizado por el Cefid-Ar en la sede central del Banco Nación. La falta de regulación fue el eje central del debate que aglutinó a funcionarios nacionales y especialistas locales e internacionales, quienes coincidieron en la necesidad de elevar el control de los mercados.

El hilo conductor de las disertaciones fue la “crisis global y la regulación”. Fue entonces que el presidente de la CNV no dudó en aprovechar el momento y anunciar en lo que hace varios meses venían trabajando. “Estamos por sacar un tipo de ley para crear una institución, en la cual intervengan academias y universidades públicas, con carácter de regulador o supervisor de las calificadoras de riesgo privada”, confirmó Hecker en su discurso.

El funcionario afirmó que se trata de un seguimiento más cercano que el actual y una “posición intermedia a una supervisión completamente regulada por el Estado (...). No puede ser que una empresa de electrodomésticos que quebró hace poco tenga ahora calificación triple A con revisión a la baja”, ironizó el directivo.

Desde la entidad explicaron a Página/12 que se trata de un organismo que actuará como testigo de las notas y recomendaciones que emitan las calificadoras de riesgo para toda oferta pública en el país. La revisión incluirá a fideicomisos, acciones, títulos y obligaciones negociables que sean sujeto de calificación. La presidenta Fernández de Kirchner recibirá la semana próxima el proyecto para el visto bueno y su posterior aplicación bajo decreto, según informó la fuente.

Desde el año 2000 a la fecha, sólo la CNV, y en carácter voluntario, realiza este tipo de revisiones. La intención, ahora, es que la supervisión sea “obligatoria para todos los instrumentos”. La nueva calificadora será independiente de cualquier “tipo de conflicto de intereses”, sentenció Hecker, en alusión de las denuncias que existen a nivel mundial sobre Moody’s, Standard & Poor’s y Fitch, las tres calificadoras que actúan en el país.

Las intenciones de ajustar la regulación al futuro escenario post crisis fueron variadas, aunque en esencia hubo acuerdo en aumentar la presencia del Estado. El vicepresidente del Banco Central, Miguel Angel Pesce, criticó la desregulación de los ’90 y el “error de muchos organismos de focalizar su estrategia en el inflation targeting (metas de inflación)”. “Lo que se requiere es un cambio en la Carta Orgánica del Central”, aseguró el funcionario. Pesce reconoció que ya se realizaron modificaciones, pero argumentó que todas respondieron a un escenario de crisis y que hace falta ajustarla a la “propuesta de Basilea II que estará operativa el año próximo”. “De todos modos, habrá que ver cuál es la composición del Parlamento”, dijo en referencia a las elecciones legislativas del 28 junio próximo.

Con consideraciones más duras, la titular del Nación, Mercedes Marcó del Pont, se refirió a las normas de Basilea II. “Fue sólo un parche que no logró cambiar el paradigma y que no sirvió para anticipar la crisis, sino que fue incluso procíclica”, manifestó. En realidad, las normas de Basilea II sólo se aplicaron a partir de este año en Estados Unidos y desde el anterior están en vigencia en Europa. Es por eso que los analistas que expusieron luego aseguran que la crisis se originó con las reglas de juego de Basilea I.

Marcó del Pont afirmó que “sería muy miope definirla como que se produjo por el mal funcionamiento del sistema financiero”. “Tenemos que pensar que lo que realmente falló fue el funcionamiento de la economía como un todo”, agregó. En cambio, el director del Central Arturo O’Connell insistió en que fue el “sistema financiero el que contagió la crisis al sector real”. Por su recurrencia y sus consecuencias, consideró necesaria la “intervención pública”.

Por su parte, la directora de programas del Centro de Mercados Financieros de Estados Unidos, Jane D’Arista, coincidió con la titular del Nación en que “no existen amortiguadores de capital para sostener la actividad”. La analista vinculó la crisis con un problema de concentración y tamaño de las corporaciones financieras dentro de los países, así como de los niveles de apalancamiento (relación entre deuda y stock de activos) de los bancos, que llegó a 30 a 1. Finalmente, el reconocido economista Jan Kregel, del Instituto Económico Levy de la Universidad Bard, abogó por “un cambio más radical del sistema”. Kregel defendió, en tanto, el rol de los bancos de desarrollo, como el de Brasil, e insistió en que “los gastos del Estado crean riqueza de la misma manera que la inversión privada”.

jueves, 21 de mayo de 2009

Zanon de los trabajadores

La fábrica pasaría legalmente a manos de sus trabajadores

Zanón, más cerca de la expropiación

15:45

El Poder Ejecutivo neuquino elevó al Parlamento provincial un proyecto de ley que contempla la expropiación de la fábrica de cerámica Zanón y su traspaso a manos de la Cooperativa de trabajadores "Fábrica sin Patrones" (FASINPAT), que la mantiene en producción desde hace ocho años. La propuesta fue elevada a una comisión especial legislativa por el ministro de Gobierno de Neuquén, Jorge Tobares, quien tuvo a su cargo la exposición de los aspectos centrales de la iniciativa.

miércoles, 20 de mayo de 2009

El “fin de la historia” y las encrucijadas del presente


Las consecuencias sociales de las ideas que fundamentaron la hegemonía neoliberal en los ’90 y su supervivencia bajo la forma de un “sentido común” construido por los grandes medios de comunicación.

Por Ricardo Forster *

Durante la década de los ’90 proliferaron los anuncios del fin de la historia y de la muerte de las ideologías. Francis Fukuyama, aquel empleado norteamericano-japonés del Departamento de Estado, escribió, teniendo como telón de fondo la caída del Muro de Berlín y la agonía de la Unión Soviética, un artículo que recorrió las geografías más distantes del planeta y en el que, declarándose heredero de Hegel, confirmaba que estábamos asistiendo al entierro de una época del mundo dominada por la lógica del conflicto, para dejar paso a la entrada en la era de la expansión ilimitada y definitiva del mercado y de la democracia liberal. Fukuyama realizaba unas extrañas piruetas teóricas para apuntalar su visión del fin de la historia; para ello recurría a un poco conocido, al menos fuera de los círculos intelectuales, filósofo ruso-francés llamado Alexander Kojève, quien a lo largo de unos seminarios dictados en el París de los años ’30 interpretaba de un modo harto original a Hegel, inscribiéndolo en esa perspectiva que anunciaba la llegada de un tiempo caracterizado por el reinado de la razón burguesa expandida hacia todos los confines. Lo que en Hegel era una compleja reflexión sobre la travesía del Espíritu Absoluto en la época de la Revolución Francesa y de la expansión napoleónica, y en Kojève una ardua y genial relectura del filósofo alemán a la luz de los acontecimientos de principios de siglo XX signados por la guerra, la revolución social y el ascenso de los fascismos, en el empleado del Departamento de Estado era la apología del libre mercado y de la función imperial norteamericana como punto de cierre de la historia y de sus vicisitudes.

Fukuyama desplegó su hipótesis del fin de la historia en el momento de la hegemonía neoconservadora, en esos años finales de la década del ’80 dominados por la figura bifronte y reaccionaria de Reagan y Thatcher, quienes vinieron a expresar un gravísimo giro del capitalismo que iniciaba el crepúsculo de su era bienestarista para introducirse de lleno en su etapa especulativo-financiera, esa que ha entrado en una crisis casi terminal en 2008, arrasando las expectativas neoliberales y reintroduciendo ideas y prácticas supuestamente arrojadas a los sótanos de una historia clausurada. Para Fukuyama, el final del mundo bipolar traía como resultado la evaporación de cualquier alternativa viable a la hegemonía del capitalismo, creando a su vez las condiciones para un despliegue inmisericorde y salvaje de la especulación financiera que venía a poner en evidencia que la nueva forma de acumulación ya no pasaría necesariamente por la esfera productiva. Entramos de lleno en la era de los flujos financieros, de los paraísos fiscales, de los planes de ajuste recetados por el FMI a los gobiernos del Tercer Mundo y del desmantelamiento del Estado como instrumento de control y regulación de ese mismo capital que ahora se preparaba para zambullirse en las aguas de la más absoluta de las especulaciones. Se trataba de cantar loas a una globalización que permitía la libre circulación de las mercancías, pero que clausuraba a cal y canto las fronteras de los países ricos para que entraran hombres y mujeres, en especial aquellos que provenían de las regiones más pobres del planeta y que buscaban huir de la miseria extrema generada por esas mismas políticas neoliberales. El fin de la historia venía de la mano con el triunfo, aparentemente irrefrenable, de un capitalismo despojado de cualquier eufemismo a la hora de exaltar como el bien supremo de la humanidad a la riqueza y a sus detentadores. La apología de los “ricos y famosos” se convirtió en el nuevo modelo de una ciudadanía restringida.

Pero esa época dominada por la retórica del fin de la historia y la muerte de las ideologías no tuvo sólo consecuencias económicas devastadoras principalmente para los países periféricos, multiplicando la pobreza y la marginalidad y acrecentando el proceso de concentración de la riqueza, sino que también, y de un modo radical y decisivo, desplegó aquello que podría ser denominado como una profunda revolución cultural que logró naturalizar su propia visión del mundo, arrasando con tradiciones e identidades político-culturales que quedaron reducidas a ser piezas del museo de la historia, restos arqueológicos de un pasado definitivamente cerrado a nuestras espaldas. El giro cultural-simbólico se hizo aprovechando el advenimiento de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación, tecnologías que, de la mano de las grandes corporaciones mediáticas, fueron imprimiéndoles a la vida de las personas nuevas significaciones. El gigantesco esfuerzo ideológico (aunque esta palabra estaba prohibida en el diccionario de los neoconservadores) apuntó a horadar el sentido común hasta adecuarlo a la construcción de nuevos imaginarios y nuevos modos de producción de la subjetividad que quedarían asociados a las demandas y exigencias del mercado, transformado ahora en la verdad última y revelada de la vida social.

No se trató, por lo tanto, pura y exclusivamente de un giro económico ultraliberal capaz de reconfigurar el conjunto de las relaciones internacionales a partir del paradigma del libre mercado y de la lucha frontal contra toda forma de proteccionismo (claro que eso no dejó de ser una imposición hecha a los países pobres mientras fue apenas un gesto retórico en los países ricos que mantuvieron a rajatabla sus políticas proteccionistas); se trató, antes bien, de una transformación que involucró los núcleos duros de la economía del capitalismo junto con una intensa mutación de las prácticas sociales y culturales de la mano de los lenguajes de la industria del espectáculo y de la información que, herederas de la vieja usina hollywoodense –en especial la que proyectó sobre las geografías más distantes el sueño estadounidense y su estilo de vida– e incorporando las enseñanzas extraídas de la apropiación que el fascismo hizo de las tecnologías audiovisuales como ejes de su ejercicio propagandístico, supieron incidir en la producción de una nueva manera de concebir el mundo y la vida, penetrando hasta el fondo mismo de las conciencias de época.

Comprender el giro neoliberal es salirse de la simple constatación de aquello que se modificó en el plano de la realidad material para penetrar en aquellos ámbitos de la vida privada y de la fabricación de valores y modelos paradigmáticos, desentrañando la decisiva importancia que, en esa construcción novedosa, en tanto generalizada y hegemónica, tuvieron los medios de comunicación. Es inimaginable el mapa de las últimas décadas desprendido de los lenguajes comunicacionales. En el tiempo de la desideologización y de la neutralización de la política transformada en lenguaje empresarial y puramente administrativo, el eje articulador de sentido, la argamasa con la que sellar los bloques de la dominación, pasó de las viejas estructuras político-ideológicas, lo que tradicionalmente se llamaron los partidos políticos, a la máquina comunicacional-informativa que se convirtió, a partir de ese giro económico-cultural, en garante de la reproducción del sistema y de su lógica.

Lo que en el comienzo de los años ’60 Guy Débord definió como la “sociedad del espectáculo”, acabó siendo lo más propio y decisivo de nuestra propia época, el eje alrededor del cual giró la mayor parte de la vida y el ámbito principal a la hora de producir nuevas formas de la sensibilidad adaptadas a las necesidades de un capitalismo en vías de metamorfosis. Devaluadas las derechas tradicionales, astilladas las estructuras partidarias de representación, debilitadas las formas conservadoras emanadas de las retóricas moralizantes de las instituciones religiosas, fueron las corporaciones mediáticas, las grandes empresas del espectáculo y de la comunicación, las que asumieron la enorme tarea de generar una nueva “opinión pública” capaz de sentirse identificada con los valores emanados de la forma neoliberal que asumió el capitalismo contemporáneo.

La alquimia entre mercado, valores hiperindividualistas, espectacularización mediática, fragmentación social, privatización generalizada y desintegración de lo público posibilitó, entre otras cosas, que un modelo inédito en su capacidad de generar desigualdad e injusticia acabase convirtiéndose en referencia ineludible y verdadera de una sociedad capturada por las más diversas formas del prejuicio y la sospecha. Tal vez por eso resulte tan arduo modificar usos y costumbres a la hora de buscar alternativas a un modelo que, si bien hace agua por todos lados, sigue habitando el fondo de las conciencias hasta el punto de oscurecer cualquier vía de salida. Nada más difícil que ir contra el sentido común, que intentar romper la hegemonía del discurso neoliberal que viene desplegando “su imagen del mundo” desde hace varias décadas. Nada más complejo y desafiante que poner en cuestión aquello que nos habita y que se despliega entre los pliegues de nuestra cotidianidad hasta el punto de volverse indiscernible de lo que pensamos e imaginamos. Nada más arduo que ejercer la crítica contra nosotros mismos, en especial cuando esa crítica tiene como destino permitirnos ver de otro modo aquello que está aconteciendo alrededor nuestro. De eso mismo que no podemos ver allí donde seguimos capturados por un “sentido común” que transforma en impostura y ficción aquello que, en nuestro país, y desde mayo de 2003 viene pujando, con enormes dificultades y contradicciones, por doblegar el mandato neoliberal y su prolongación en esas nuevas derechas que hoy se ofrecen, a través de la corporación mediática, como los representantes de una genuina República “democrática” afirmada en la lógica de la rentabilidad de unos pocos, esos mismos que, sin decirlo, desean regresar a ese armonioso fin de la historia que, entre no-sotros, habitó la década del ’90.

* Doctor en Filosofía, profesor de la UBA.

 


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