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viernes, 2 de julio de 2010

La educación argentina está en cuartos de final


Por Eduardo Anguita

En los días en que a los argentinos parece que sólo nos importa si Burdisso o Samuel, si Verón o Maxi Rodríguez, hay algunos otros asuntos que no debemos olvidar. Dejemos la ansiedad no sólo para el partido contra Alemania sino también para analizar con menos pasión la importancia de la Asignación Universal por Hijo. Porque, sin dudas, Pero, además, porque es una de las medidas más justas tomadas en los últimos años para mejorar las condiciones de vida de los hogares populares.va acompañada de la mayor asignación presupuestaria en Educación del Presupuesto Nacional. Y porque en lo que va de 2010, la asistencia a clases es de las más altas, producto de la baja conflictividad salarial docente que alcanzó paritarias justas.

Tiene, además, un costado interesante porque se trata de una política activa, ya que pide a los padres beneficiarios una contraprestación, ya que un porcentaje de la asignación queda sujeto a que presenten la libreta educativa y sanitaria de los hijos. Por un lado, parece una medida para dinamizar cierta inercia de quienes, en principio, podría suponerse no pueden o no quieren dar a sus hijos mayores grados de ciudadanía, como son los de crecer sanos y en la escuela. Sin embargo, para hablar de este tema llamé en mi programa de Radio Nacional a Alberto Minujin, un amigo con quien compartí dos libros, pero más allá de eso, un especialista en temas de niñez de alcance internacional. Su enfoque resultó muy importante. Dijo que lo bueno de la decisión es precisamente el hecho de ser universal. Y que, al serlo, restituye un derecho de ciudadanía que no debería estar sujeto a contraprestación alguna.
Explicó Minujin que la precariedad laboral en todo el mundo se expresa de diferentes maneras en esta etapa de la mundialización del capital financiero y que, en consecuencia, las mejores políticas sociales son aquellas que ponen la menor cantidad de condicionamientos. Afirmó luego algo contundente: si a un trabajador formal –en blanco– se le da un salario familiar por hijo sin que tenga que explicar qué hace su hijo, ¿por qué debe rendir cuentas un trabajador informal –que está en negro, como sucede con tres o cuatro de cada diez asalariados– o uno que no tiene empleo?
Bien. Al rato llamaron varios oyentes aclarando que la asignación familiar se percibe con comprobantes de escolaridad. Parecía una respuesta contundente a la afirmación de Minujin. Y, si bien no se trata de quién tiene razón, dilucidar cómo es el mecanismo podría ayudar mucho a profundizar un debate que no nos tiene tan cautivados como optar entre la solvencia de Burdisso o la condición de muro de Samuel.

Pues bien, basta entrar en la página web de Anses para tener una respuesta: quienes cobran menos de 4.800 pesos de salario en blanco tienen derecho a cobrar el salario familiar siempre y cuando no lo cobre su cónyuge. Sin dar cuentas más que de la filiación de sus hijos. Para lo que sí deben presentar documentación es para el plus por escolaridad que, dicho sea de paso, hace muchos años se cobraba de modo mensual pero que Domingo Cavallo hizo que se pagara una vez al año y así quedó.
Es decir, quienes tienen la suerte de un trabajo formal no deben presentar documentos y quienes lo hacen en negro sí. No es un detalle menor que se establezca un prejuicio velado sobre quienes están en una escala menor de la sociedad pero no por condición natural sino porque sus empleadores no les pagan lo que marca la ley, en algunos casos, o no consiguen empleo.

Una aclaración importante para un debate con matices: no se trata de nivelar el concepto de ciudadanía por abajo. Es decir, el razonamiento no se agota en “si los que tienen no son controlados, por qué controlar a los pobres”. En absoluto. Más allá de los velos clasistas –subjetivos– que puede haber en este debate, lo que importa es potenciar dos derechos distintos y complementarios: el de ingreso ciudadano y el de educación. Ambos pueden ser universales y ambos deben ser consolidados con políticas y recursos.

Dicho esto, aclaremos que el razonamiento de algunos especialistas (no sólo el de Minujin) va más allá. Para muchos, el valor supremo de la asignación por hijo es el estímulo a la escolarización y a los controles sanitarios. Incluso, no faltaron las voces optimistas que ya sacaron conclusiones acerca de cómo está impactando la Asignación en la matrícula.
Consensos.

Consultada Nancy Montes, del área educativa de Flacso, observó que “los cambios (sobre todo los deseables, los esperados) no suceden de un momento a otro” y que “es necesario todavía avanzar mucho en generar consensos y en gestionar más recursos para hacer posible el acceso para todos a los niveles sancionados como obligatorios.

Todavía se escuchan voces (no nuevas) que cuestionan la necesidad de destinar asignaciones o subsidios para garantizar la asistencia escolar. Los mismos cuestionamientos surgían en relación con las becas escolares, diciendo que se utilizaban para comprar ropa, zapatillas, comida, como si tales bienes no fueran imprescindibles para vivir, o para ir a la escuela o más recientemente, la infelizmente célebre frase que afirma que esos recursos se desvirtuarían (…) destinándose a la droga o al juego”.

Montes explica que es preciso esperar a que finalice el plazo establecido por Anses para que lleguen a los padres beneficiarios de la Asignación la libreta para acreditar escolaridad, vacunación y tramitación de documentos. Los sistemas de información existentes no tienen bases exhaustivas con datos por persona sistematizados, en el caso del sector educación por alumnos, que hagan posible estimar ya el impacto de esta asignación en todo el territorio del país. En todo caso, hay estimaciones, algunas quizás optimistas, pero prematuras como para marcar tendencias. Pero sería inconveniente un debate fuera de momento. Sobre todo, que termine siendo un debate resultadista –ya no en términos deportivos–.

Me explico. Estamos ante dos datos muy importantes (no voy a decir monumentales para no dar ventaja deportiva): un presupuesto nacional poderoso que contempla infinidad de programas inclusivos. El Ministerio de Educación de la Nación tiene contemplado hasta mandar fondos para bicicletas si en una escuela se demuestra que un chico necesita una para asistir a clase. Es sólo un ejemplo.

El otro dato es que la Asignación es inclusiva de modo universal. Ahora, cómo es la ecuación en cada hogar pobre para que el padre, la madre o el chico entiendan la importancia de la educación es tan apasionante como estudiar qué pasa con el pibe del financista que vive en el country y se raja del colegio privado para ir a los videojuegos. En el caso de las familias de bajos ingresos la responsabilidad del Estado para fomentar escolaridad está clara. ¿Y en el otro caso? ¿Por qué el Estado no toma cartas en disponer que terminen esas fortalezas del siglo XXI en las que para entrar hay que someterse a una requisa y muchos de los chicos que viven allí creen que todo lo que está “afuera” es peligrosísimo y de mala categoría? Claro. Es más fácil discutir cómo tienen que vivir los pobres. Es una mirada tutelar que, obviamente, asume el punto de vista de los que tienen dinero y poder. Para cualquier estudio social y antropológico, una verdadera pifiada.
Volvamos a la educación y a algunos datos concretos para terminar esta nota antes de que empiece el partido Argentina - Alemania. En 2004, el total de alumnos matriculados en la Argentina (inicial, primaria y secundaria) fue de 9.419.027. De ellos, en el inicial había 1.292.072, mientras que en le secundario 3.399.172. En 2007, la matrícula creció mucho en el inicial (15%) –pasó a 1.364.909– mientras que creció apenas en el secundario –pasó a 3.464.529– (3,6%). Entre 2007 y 2008, el crecimiento fue realmente marcado. En efecto, en un solo año, el crecimiento en inicial fue del 8,9% y en el secundario fue de 1,7 por ciento.

Estas buenas noticias del ámbito educativo muestran, aun para no especialistas, que las dificultades están más claramente en el secundario y, seguramente, el abandono y la deserción de ese nivel está asociado con los problemas de la adolescencia, cruzada no sólo por las drogas o la marginalidad sino por muchos otros problemas propios de este tiempo. Desde el concepto de futuro que los jóvenes tienen y en cómo asumen la construcción de sus horizontes hasta algo mucho menos subjetivo, como es la falta de oportunidades laborales y de estímulos a las profesiones y oficios tradicionales.
Pero lo que es más importante a efectos del tema de análisis (cuánto incide la obligatoriedad de presentar libretas sanitarias y educativas a quienes perciben la Asignación por Hijo) es que la matrícula en los niveles iniciales creció al compás de la mejora general de la Argentina. Es decir, padres con trabajo y docentes con herramientas ayudan a que crezca la cantidad de pibes en las escuelas. Ésa es la buena noticia: que la educación no sólo tiene presupuesto sino que convoca. Ahora, lo que pasa después, a medida que los pibes crecen, no tiene respuestas fáciles. Pero salgamos de la tentación de pensar que la gran solución es una libreta que imponga en cambio de un tango en el que bailan dos.

Para terminar, uno de los dilemas que plantea el crecimiento. Caso concreto. En la provincia de Buenos Aires se necesitan 500 jardines para atender a los 80.000 niños que aún restan incorporar en ese nivel. Recordemos que es obligatoria la escolaridad a partir de los tres años. En la actualidad, Gustavo Grasso, quien se desempeñó por años como jefe de Gabinete del ministro del área, Mario Oporto, está al frente de esa tarea. Un desafío no menor, porque la mayoría de esos edificios deben construirse en zonas precarias, donde falta de todo y no sólo escuelas. En la actualidad, tiene en marcha 140 escuelas, con financiamiento del BID (que originalmente era el plan 700 escuelas de Daniel Filmus) y del presupuesto nacional. Esas escuelas estarán en marcha el año lectivo próximo. Las restantes podrían hacerse con un financiamiento del Banco Mundial, cuya tramitación está en marcha.

No estaría de más que los argentinos tomemos estas historias como desafíos tan importantes como ganar un Mundial. Desde ya, tenemos lugar para los dos sueños. Queremos la copa y las escuelas. Ojalá nuestro fervor futbolero contagie al entusiasmo por la educación que, por cierto, ya es importante.

2 comentarios:

A.C.Sanín dijo...

Veamos como juega nuestra “centroizquierda” leyendo Clarín: De acuerdo a Lozano, el actual programa más que universal es discriminatorio. “Es una atrocidad que te pongan requisitos para poder cobrar: se paga sólo hasta el quinto hijo, se deben presentar certificados de salud y de escolaridad; y si no tenés DNI tampoco te lo pagan”, dijo a Clarín. Y agregó: “Hay una estrategia de discriminación a los más postergados”.
¿Y cómo hacerlo sin pedir el DNI? Abrazo.

Javier dijo...

Ahora hay un tema que me preocupa desde hace tiempo y del cual nadie habla , y es que hoy la educación esta fragmentada por clases sociales que practicamente no interactuan entre si tendiendo a crear una sociedad mas fraccvionada y violenta . Quiero decir no puede ser que la clase media vaya a escuelas privadas y la educación pública sea para las clases menos acomodadas , cuando estudiabamos nosotros podiamos tener compañeros de una villa o de una familia acomodada , ahora esos chicos nos ese mezclan mas ni comparten sus experiencias , pasan los años , no se conocen siquiera y se temen mutuamente y despues se quejan del aumento de la violencia e inseguridad en el trato social en una sociedad que crea exactamente eso . Espero que pasemos a semis ahora en el mundial y en educacion nos queda mucho por hacer para recuperra una educacion para todos y todas y no para algunos .

Un abrazo

PRO - Cesado

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