The people united will never be defeated - ¡Proletarios del mundo, uníos!

lunes, 30 de abril de 2012

La explotación laboral que aún se sostiene a pesar de los avances logrados y que Página12 ignora olímpicamente


Hoy salió publicada en Página12 una nota sobre el documento elaborado con motivo del 1º de Mayo , día internacional de los laburantes

Dirigentes de la CGT y la CTA, de movimientos sociales y trabajadores de la cultura, investigadores y docentes difundieron el documento “1º de Mayo de 2012: los trabajadores y el imperativo de transformación social del país”. En él valoraron como logros, desde la llegada del kirchnerismo al gobierno, la creación “de más de tres millones de puestos de trabajo registrados”, la reducción del empleo en negro y “el aumento de la participación de los asalariados en el total del empleo”. También destacaron que, “en un contexto de reactivación de la presencia sindical, se incrementó el número de negociaciones colectivas anuales y su eficacia en términos de mayor cobertura y capacidad de determinación salarial”. Firman Juan Carlos Schmid (CGT), Roberto Pianelli (Subtes-CTA), Pedro Wasiejko (Neumático-CTA), Claudio Marín (Telefónicos-CTA), Horacio González (UBA) y Paula Abal Medina (Conicet), entre muchos otros.

La verdad es que me parece una vergüenza el recorte de la realidad que hacen , que s easemeja tanto a los informes de 678 .Y es por eso que voy a sumar las cosas que dice el documento y que la nota ignora , la explotación laboral sigue a pesar de los avances que se han logrado desde 2003 , el avance sobnre la CGT para tener una dirogenmcia adicta creo es otro grave error del gobierno nacional , vayendo en los gordos traidores impresentables que jamás defendierona los trabajadores sino que presentaban las listas de a quien había que despedir en las empresas privatizadas , de ahí incluso se han quedado con negocios del menemato muchos de esos gordos HDP .

Aca agrego algunos ejemplos contenidos en el documento sobre situaciones injustas e inaceptables de explotación laboral que se sustentan desde hace años sin parecer preocupar a la mayoríua de las personas y que tantos trabajadores argentinos vienen sufriendo , de hecho hace no mucho en una entrevista Paulon (CTA) decía que todavía nos falta recuperar a los trabajadores la mitad de los derechos que nos han quitado con el neoliberalismo:

II.
Sin embargo, pese a los valiosos cambios sucedidos, el neoliberalismo aún retiene parte de su eficacia definiendo, a su modo, determinadas situaciones de trabajo y la configuración de fuerzas entre actores. A título ilustrativo nos referiremos a cuatro persistencias por considerarlas emblemáticas para pensar los dilemas y desafíos del tiempo actual.
1) Campesinas y campesinos, comunidades indígenas completas, son expulsados de sus territorios. Cambian los gobiernos y los apellidos de quienes gobiernan en Santiago del Estero. Sin embargo, el acaparamiento de tierras continúa separando a los pueblos de sus territorios, sus recursos y sus medios de sustento, condenando al hambre y a condiciones de trabajo denigrantes, rallanas con la esclavitud.
El desplazamiento de la frontera agrícola condena al monocultivo impidiendo realizar la soberanía alimentaria. Transnacionales mineras y de los agronegocios invaden, acaparan tierras, desmontan, explotan trabajadores, extraen y exportan recursos naturales, dañan la naturaleza. Esquilman los territorios y, mediante inexplicables complicidades políticas, embisten impune y violentamente contra la tenaz y justa resistencia de los pobladores, como ocurrió cuando el asesinato del joven campesino del MOCASE, Cristian Ferreyra.
Lo que ocurre en Santiago del Estero es, lamentablemente, sólo ilustrativo; otros territorios y poblaciones, como la comunidad “La Primavera” de Formosa, padecen situaciones similares.
La discusión de fondo es sobre la función social de la tierra y sobre cómo hacemos efectiva la soberanía alimentaria, que no es otra cosa que el derecho de los pueblos a producir sus propios alimentos, en función de sus necesidades y culturas.
2) Costureras y costureros que trabajan en forma frenética, jornadas de más de 12 y 14 horas diarias, en talleres clandestinos. Muchos de estos trabajadores duermen donde trabajan (porque de vivir ni hablar) y entonces, se dice, que tienen regímenes de cama caliente. No hay contratos de trabajo, ni ejercicio efectivo de absolutamente ningún derecho. Se enferman por la postura, por el aire viciado del encierro, por la falta de descanso y por la mala alimentación. Diversos informes muestran que en el sur de la Ciudad de Buenos Aires la tasa de infección por tuberculosis es la más alta del país (141.46 cada 100.000 habitantes), demostrando, además, su vinculación con la concentración de talleres textiles clandestinos. Uno de los informes concluye: “las cifras son similares a las de África subsahariana o a las del Impenetrable Chaqueño”.
Es que el neoliberalismo nos hizo atrasar un siglo. O, quizás, sea más preciso decir que son los proyectos de las derechas los que impiden, desde tiempos inmemoriales, la historia de los sectores subalternos. Entonces también somos más precisos si decimos que el problema político sigue siendo el capitalismo que, actualmente, reviste la forma de capitalismo financiero trasnacional.
Por eso la trágica familiaridad de las formas de vida del campesinado santiagueño con documentos tan añejos como el informe Bialet Massè de principios del siglo veinte, o con las denuncias de Homero Manzi y Hernández Arregui, integrantes de FORJA, durante la infame década del treinta. Pero también con el más cercano documento fundacional de la CGT de los Argentinos durante el Onganiato, a fines de los sesenta.
Muchos de los trabajadores textiles de los talleres clandestinos vienen de países limítrofes como Bolivia. También muchas veces ‘son traídos’, mediante el accionar criminal de organizaciones dedicadas al tráfico y trata de personas, con engaños que arremeten con las esperanzas de encontrar un lugar y un trabajo para desarrollar el proyecto familiar y comunitario. ¿Hará falta que narremos, por ejemplo, el dolor lacerante de madres y padres por el viaje truncado e imposible del resto de los hijos pequeños de una familia condenada?
La ropa que se fabrica en los alrededor de tres mil talleres clandestinos que se estima hay en la Ciudad de Buenos Aires, se exhibe en muchas de las vidrieras de las “grandes marcas de la moda”. La diferencia entre el irrisorio y denigrante monto que reciben los costureros por pieza terminada y el precio al que venden dichas prendas en los barrios opulentos de la Ciudad de Buenos Aires expresa en gigantografía la injusticia social persistente del tiempo que vivimos.
Pero la ropa confeccionada por los textiles abastece también los miles de puestos comerciales de ferias como La Salada, las ‘saladitas’ y las mantas de los trabajadores que sobreviven con la venta callejera, diseminadas por los barrios de distintas ciudades del país. Porque son los mismos circuitos, las mismas relaciones sociales, las que nutren el capitalismo contemporáneo. Aclaración válida para los que insisten con la idea de una dualidad paralela que suelen denominar como economía formal-informal; blanca-negra; legal-ilegal.
La inspección del trabajo depende del Gobierno de la Ciudad que hace varios años se encuentra a cargo de Mauricio Macri. Es paradójico y dramático que, como consecuencia del desmembramiento y la fragmentación de la potestad de control del trabajo, haya quedado en sus manos esta responsabilidad de gobierno. El incendio de un taller en el barrio de Caballito en el que murieron seis compatriotas bolivianos, cinco de ellos menores de edad, ya había visibilizado la ausencia de controles estatales. Con la llegada de Macri al gobierno se sumaron las connivencias entre el gobierno macrista y el empresariado textil, tan grotescas las complicidades, que involucran a su esposa y cuñado, de apellido Awada, en causas judiciales sobre el abastecimiento de las grandes marcas a través de la tenebrosa cadena de producción clandestina aludida más arriba.
3) El gobierno de Tucumán para “favorecer el empleo juvenil” decidió pagarles a algunas de las empresas de call centers más grandes del mundo como ActionLine [1], por brindar un solo ejemplo, el 30% de todos los salarios durante el primer año de radicación en la provincia y el 20% entre el segundo y el cuarto año, el costo total de la capacitación que dicte la empresa a los aspirantes, el costo del examen médico preocupacional y también gastos de promoción, publicidad y alquileres. Además de otorgarle diversas exenciones impositivas.
Son empresas que han registrado un crecimiento exponencial y ganancias significativas desde la devaluación de la moneda en 2002, actualmente más de setenta mil trabajadores se desempeñan en esta actividad.
Las empresas de call centers offshore, que son el equivalente en la economía de servicios a los capitales golondrina de los flujos financieros, sostienen con el cinismo extorsivo característico de las trasnacionales que “el negocio es velocidad y si no se dan incentivos a esta industria, las inversiones indefectiblemente se van a volcar a otros países”. Y hablan de “vocación federal” para explicar sus traslados hacia otras provincias. La primera en atraer las radicaciones había sido Córdoba.
Como en una subasta, una disputa inter-provincial se dirime levantando apuestas y dilapidando los fondos públicos. La globalización trasnacional crea en los territorios periféricos la disyuntiva de una inserción sustentada en la amplificación de asimetrías nacionales, dinámica que se replica al interior del territorio nacional entre provincias argentinas.
Mientras dura la parada de las empresas golondrina son mayoritariamente los jóvenes quienes realizan sus primeras experiencias laborales. Sus jornadas de trabajo transcurren con ritmos frenéticos, entre llamadas repletas de quejas y maltratos verbales de usuarios y consumidores estafados que llegan desde cualquier punto del globo para arremeter contra los trabajadores-frontón, con diversas consecuencias muy negativas, en especial, sobre la salud. Una de las enfermedades más usuales que padecen los trabajadores y trabajadoras de la vincha es el denominado síndrome de cabeza quemada.
4) Una cuarta situación está dada por una estrategia del capital a escala global, que en territorios periféricos puede adquirir mayor intensidad y una tonalidad específica. Se trata de la tercerización y subcontratación que atraviesa el conjunto de las actividades económicas en nuestro país y que alcanzó, durante los noventa, en el marco del proceso privatizador, proporciones de magnitud preocupante. Esta afirmación tiene lugar a poco tiempo de iniciarse el juicio a Pedraza por su responsabilidad en el asesinato de Mariano Ferreyra, un militante comprometido y muerto como consecuencia de su lucha por la destercerización. En este caso, la particularidad local es siniestra, ya que la tercerización es implementada y usufructuada por algunos dirigentes sindicales devenidos en patrones de los trabajadores que deberían defender y que hoy explotan brutalmente en beneficio de sus bolsillos.
A diario millones de ciudadanos podemos constatar que los técnicos que reparan en domicilios particulares señales de cable, o de internet, no pertenecen a la empresa que provee el servicio. Y tampoco los trabajadores que hacen los repartos de las empresas de comidas rápidas son trabajadores contratados por dichas empresas. No atiende el teléfono un trabajador del banco, el seguro, la empresa de celulares, etc. con la cual quieren comunicarse los usuarios. Quienes reponen mercaderías en las góndolas, en muchos casos, no son trabajadores del supermercado ni tampoco de la empresa cuyos productos reponen.
Si los ejemplos más palpables para todos ocurren en el sector servicios, es importante destacar que la problemática tiende a reiterarse, bajo modalidades heterogéneas, en diversas actividades tales como la industria y el sector estatal. En este último caso manifestamos nuestra preocupación por el uso que muchos municipios hacen del programa Argentina Trabaja. El objetivo, significativo y bien orientado, de creación de cooperativas y fortalecimiento de la economía social no puede degenerar en la creación de puestos de trabajo precarios y subremunerados para la realización de tareas ordinarias de competencia municipal. En realidad la tercerización expresa sólo una dimensión del problema laboral en el sector público: las disparidades salariales y la persistencia de otros modos de precarización que evaden la relación laboral (monotributistas, concurrentes, pasantes, becarios) son problemáticas sustantivas pendientes que involucran a decenas de miles de trabajadores.
La tercerización y subcontratación precarizadora no ocurre únicamente como modo de aumentar los márgenes de ganancias. También como forma de fracturar y fragmentar la solidaridad entre trabajadores al intensificar las diferencias de salarios, condiciones de trabajo y encuadramientos convencionales y sindicales al interior de un mismo colectivo laboral. Son dispositivos dinamizados desde hace décadas con objetivos económicos y políticos.
En los últimos años han tomado fuerza las Luchas por la Destercerización, entre las cuales se destacan las de los trabajadores del subterráneo, telefónicos, ferroviarios tercerizados y la del sindicato de trabajadores aceiteros de Rosario.
***
Las situaciones reseñadas combinan, aunque en distintas intensidades, dinámicas de degradación de la condición del trabajador con profundas desigualdades y fracturas sociales.
Además, las grandes empresas, muchas veces trasnacionales, hacen un aprovechamiento desorbitante de su posición dominante esquilmando recursos naturales, fondos públicos y/o trabajadores.
En los últimos años, las grandes empresas han logrado ganancias siderales y, sin embargo, rechazan sin deliberación alguna la propuesta de participación de los trabajadores en las ganancias. Recordemos el tono patoteril del comunicado, firmado por todas las siglas del capital concentrado: “rechazo categórico al proyecto en cuestión, máxime cuando se comprueba que avanzan hacia un poder de interferencia sindical que choca contra los principios constitucionales de derecho de propiedad y de ejercicio de toda industria lícita al otorgar a los sindicatos facultades de fiscalización y de información ajenas a su cometido muy superiores a la de los propios accionistas”. Héctor Méndez desesperaba durante aquellos días, recorriendo canales de televisión y repitiendo sin cesar “la cogestión no se negocia”.
No quieren distribuir las ganancias que son producto del trabajo, tampoco quieren informar sus balances a los trabajadores, ni ser fiscalizados, ni siquiera iniciar un debate sobre estas reivindicaciones legítimas. ¿Qué esconden algunos grupos económicos? ¿Por qué? ¿Cuánta irracionalidad instrumental constataríamos si accediéramos a los balances reales? ¿Cuántas maniobras dudosas, cuánta desinversión podríamos inferir? ¿Cómo es posible que los representantes de sus Cámaras se nieguen a discutir? ¿Por qué no existe ninguna regulación en torno a los modos de asegurar la democratización de la representación empresaria y la participación de las pequeñas y medianas empresas nacionales en sus nucleamientos?
Vale agregar que las desorbitantes ganancias que han obtenido las grandes empresas son la contracara de la dificultad que se nos presenta a los/as trabajadores para aumentar los salarios reales en contextos inflacionarios.
Muchos estados provinciales -¿para generar empleo o crecimiento rápido en los períodos de gobierno? - alternan o combinan: ausencia de intervención, regulación y control; vista gorda; transferencias injustificables de recursos comunes; presuntos negocios compartidos; hasta la liberación de zonas y territorios exponiendo poblaciones.
Las cuatro situaciones también ponen de manifiesto, aunque de modos diferentes, algunos límites de la institucionalidad sindical vigente para ejercer una representación efectiva del complejo, heterogéneo y fragmentado mundo del trabajo. Y este documento quiere constituirse también en una invitación a debatir y hacer una forma sindical capaz de aportar con mayor fuerza al horizonte de transformación social.
¿Es posible que la Argentina cree relaciones de fuerzas para un proyecto de desarrollo que impida lógicas depredatorias y de avasallamiento de derechos?
¿Podremos inventar la tonalidad propia de un modo de producción de la riqueza más asociativo y más comunitario que otorgue nuevos sentidos al proceso político que vivimos, ligando nuestra experiencia con algunos de los debates populares que tienen lugar en países hermanos de América Latina?
III.
Durante la vigencia del neoliberalismo se consolidó un sindicalismo de nuevo tipo: el sindicalismo empresarial. Sus dirigentes, artífices y ejecutores de la inversión, no sólo se han enriquecido, no sólo han adoptado los modos de vida de los empresarios, no sólo no representan a los trabajadores, sino que además se constituyeron en correa de transmisión de las reformas estructurales del neoliberalismo y transformaron a los sindicatos en empresas cuya rentabilidad es inversamente proporcional al bienestar de los trabajadores. Muchas veces, además, sus dirigentes delataron y entregaron compañeros, pactando con la dictadura militar y los grupos económicos concentrados. Duele profundamente la sola formulación de esta frase, sin embargo, debemos enfrentarnos con esta verdad histórica.
Por ello es fundamental que, retomando las mejores tradiciones de nuestro sindicalismo, los trabajadores, otros sindicatos y organizaciones rechacemos claramente tanto las prácticas como a los dirigentes que lideraron la consolidación de este tipo antagónico. Es fundamental también que ninguna circunstancia coyuntural pueda ser usada para crear alianzas tácticas que los fortalezcan cuando la única línea de acción posible es la de enfrentarlos.
En segundo lugar, denunciamos y repudiamos una práctica extendida que estigmatiza, simplifica, distorsiona y minusvalora los procesos de organización de trabajadores. Son relatos que desbordan desprecio porque no toleran el correlato político y social de nuestro protagonismo productivo. Tenemos que crear una ofensiva cultural capaz de poner de manifiesto que muchos de los cuestionamientos que recibimos no son otra cosa más que el prejuicio de quienes no respetan a las clases trabajadoras.
Tercero, creemos que tenemos que asumir el desafío de ampliar y luego jerarquizar nuestras reivindicaciones de modo tal de impulsar acciones que enfrenten las dinámicas de desigualdad y degradación laboral que corroen la vida de millones de trabajadores y trabajadoras que viven en este país. Es importante tener en cuenta que la negociación colectiva, si bien es una institucionalidad fundamental para la redistribución de ingresos, resulta insuficiente en términos cuantitativos porque quedan fuera de su encuadre más de un tercio de la población trabajadora, y en términos cualitativos, porque no habilita la redistribución de la riqueza acumulada. El desafío es primordialmente de orden político y por eso involucra a la clase obrera en su conjunto. El sentido político reside en la capacidad de trascender la instancia corporativa/particular para reconstruir identificaciones y solidaridades colectivas entre trabajadores – tarea que sólo puede ocurrir - en el marco de la disputa por un proceso de transformación social.
El reconocimiento de las limitaciones de la negociación colectiva no impide que aprovechemos su potencial en dos sentidos: para la reversión de las cláusulas precarizadoras que fueron incorporadas en los noventa y para el avance en la conquista de nuevos derechos en materia de condiciones de trabajo.
Cuarto, pensamos que la producción de un sindicalismo consustanciado con la transformación también depende de la ampliación y profundización de la organización gremial en los lugares de trabajo y entre los trabajadores. Tenemos que idear formas de vincular las distintas organizaciones de base y dotarlas de mayores y nuevas funciones gremiales y sociales. En el mismo sentido debemos discutir el doble canal de representación de los delegados sindicales[2] y optar por consolidar al delegado como figura que representa únicamente a los trabajadores.
Además tenemos que construir institucionalidad sindical/popular entre trabajadores que no alcanzan los niveles de concentración en establecimientos y/o las ‘normalidades’ previstas en la legislación laboral. Por ejemplo, ¿es posible pensar en figuras tales como “delegados gremiales de centros comerciales” o “delegados de manzanas comerciales”? ¿Cómo crear organizaciones que potencien una economía popular? ¿Cómo habilitar la organización y participación efectiva de, por ejemplo, los trabajadores callejeros y los trabajadores desocupados?
Finalmente, dada la riqueza cultural y organizativa del campo popular, tenemos que profundizar las articulaciones y formas de convergencia con otras organizaciones de derechos humanos, movimientos territoriales y autogestivos, asambleas ciudadanas y colectivos culturales.
En definitiva, se trata también de forjar instancias que complementen el sistema político representativo con otras formas de participación social. Lo que significa reconocer: a) que no se pueden gestar cambios estructurales y duraderos sólo “desde arriba”; b) tampoco supeditar/arriesgar las conquistas sociales a las cambiantes coyunturas de gobiernos nacionales; c) que la larga historia de asimetría de relaciones de fuerza hace imprescindible que los gobiernos populares encuentren apoyatura, contralor, fuerza e iniciativa política más allá del campo estatal; d) que entre el momento electoral del sistema representativo y las condiciones cotidianas de vida de ciudadanos/as y trabajadores hay hiatos y brechas de distinta índole de carácter irreductible que hacen necesario idear modos de articulación entre representación electoral, participación directa y nuevas formas de concertación social.
IV.
Convocatoria general a trabajadores, trabajadoras y organizaciones sindicales, sociales y culturales
Primero de Mayo de 2012
El tiempo histórico que vivimos es excepcional. Lo sabemos quienes padecimos los neoliberalismos de América Latina. Y lo sabemos también los que este último 24 de marzo marchamos por las ciudades de nuestro país y fuimos contagiados por la potencia y el futuro que irradia de las centenas de miles de caras de pibes/as, de laburantes y familias enteras, de sus consignas, y de las banderas de las múltiples organizaciones convergiendo en la memoria y en la fundación de un nuevo tiempo.
Quisiéramos que estas reflexiones contribuyan a gestar condiciones para la formulación colectiva de un programa histórico del movimiento obrero como lo fueron en su momento los de La Falda, Huerta Grande, la proclama del 1º de Mayo de la CGT de los Argentinos y los 26 puntos de la CGTRA.
No queremos concluir sin formular algunas iniciativas y propuestas de acción que surgen del propio escrito y que podrán someterse a una más amplia discusión colectiva:

1) crear una institucionalidad participativa y de concertación, la Paritaria social, integrada por militantes sindicales, de movimientos sociales, y representantes gubernamentales, que establezca instancias de participación directa y que se ocupe integralmente de la vida de los trabajadores (salud, educación, soberanía alimentaria, tierra, vivienda)

2) recuperar competencia del gobierno federal para la inspección del trabajo en materia de condiciones de trabajo, creando instancias de participación de organizaciones de trabajadores

3) reconstruir cadenas de responsabilidad laboral y garantizar el convenio colectivo más favorable con el objetivo de combatir la tercerización precarizadora y el fraude laboral;

4) restituir los aportes patronales de las grandes empresas vigentes antes de la exención realizada por Domingo Cavallo en 1993

5) profundizar y, en especial, definir estrategias para la ampliación de la representación en los lugares de trabajo; discutir el carácter de la representación sindical de los delegados; y crear instancias de debate abierto sobre otras propuestas y reivindicaciones de las centrales tendientes a la democratización sindical

6) crear un centro de información público y autárquico, integrado por representantes sindicales, investigadores sociales, funcionarios públicos y representantes del empresariado que posea información sectorial actualizada sobre rentabilidades y situación del trabajo con el objetivo de fortalecer las instancias de negociación colectiva y paritaria social.


http://primerodemayo12.blogspot.com.ar/

Completo y para adherir al documento

Modelos a seguir

Por Diego Mansilla *

El proyecto oficial de retomar la mayoría accionaria de YPF SA permite poner el foco en un tema olvidado por mucho tiempo en nuestro país: la estructura energética. Durante la discusión del proyecto oficial se plantearon diversas formas de organizar nuestra energía. Es necesario conocer algunos de esos modelos para comprender qué puntos son posibles de replicar en el país.

Uno de los más mencionados fue el “modelo Petrobras” como un ejemplo a seguir, aunque con significados bastante distintos. La petrolera brasileña se convirtió, dependiendo el interlocutor, en un paraíso del liberalismo gracias a la apertura al capital extranjero o un ejemplo de intervención estatal eficiente.

La estructura energética brasileña es diametralmente distinta a la argentina. Para comenzar, el control del Estado brasileño sobre Petróleo Brasileiro SA es mucho mayor que en el caso argentino. Si bien el gobierno federal apenas cuenta con el 28,7 por ciento del total de las acciones de la empresa, controla el 50,2 por ciento de las acciones con derecho a voto. A lo cual deben sumarse las acciones del Bndes, el Fondo Soberano y varios fondos sociales y previsionales, por lo que el control federal llega al 65,4 por ciento. El resto de las acciones cotizan en las Bolsas del mundo y es una empresa conocida por su eficiencia, profesionalismo y transparencia (algo que no pueden decir grandes petroleras como Shell, Enron o Repsol, que reconocieron haber falseado sus reservas).

Además, mientras que YPF controla el 30 por ciento de la extracción en el país, Petrobras mantiene el control casi monopólico de los hidrocarburos en Brasil (tanto la extracción como la refinación). No obstante, es importante la participación del capital privado extranjero en la extracción de hidrocarburos. Esto es así ya que en muchas concesiones las petroleras privadas son socias minoritarias de Petrobras (que también es el operador).

Un punto que puede ser tomado como referencia del comportamiento de Petrobras en Brasil es su fuerte compromiso inversor. Por ejemplo, el año pasado perforó 123 pozos exploratorios con una inversión de 5300 millones de dólares. Muy lejos quedan los YPF y sus 17 pozos del 2011 y 8 del 2010. Acompañando la inversión en perforación, Petrobras invierte millones en el desarrollo de ciencia y tecnología propia, al punto de ser la petrolera con mayor inversión en I+D, lo que le permitió ser líder mundial en la perforación en aguas profundas. La YPF estatal mantenía este ideal en su centro de investigación en Florencio Varela y debe ser retomado. En cuanto a los precios de los combustibles en el mercado, Petrobras aclara públicamente que no se ajustan a los mercados internacionales, contra lo que se suele aclamar, sino que son manejados como una herramienta de política energética estatal.

Todo esto cuando los hidrocarburos apenas representan el 48 por ciento de la matriz energética, debido al uso de combustibles de caña y el gran peso de la generación de electricidad hidráulica. En ambos casos, producto de una fuerte intervención estatal mediante regulaciones y empresas públicas (como Electrobras, encargada de las centrales hidroeléctricas, el transporte y distribución de electricidad). En nuestro país, donde los hidrocarburos son casi el 90 por ciento de la matriz, el control estatal se hace aún más necesario.

Si miramos para Europa, los modelos energéticos son diversos. Noruega, por ejemplo, es el único país de Europa occidental que es un importante exportador de petróleo. Pero su matriz no depende de los hidrocarburos sino que es fundamentalmente hidroeléctrica (64 por ciento), siendo el país con más uso de esta energía del mundo. El petróleo esta manejado por la empresa estatal Statoil, que abona entre el 85 por ciento y el 63 por ciento de sus ventas en impuestos. Con los fondos, el Estado noruego creó un Fondo Soberano de Inversión, para financiar las jubilaciones y pensiones. De esta forma, se garantiza la redistribución de la renta petrolera entre sus habitantes.

Francia, por su parte, tiene una estructura energética basada en la energía nuclear que es complementada con la importación de hidrocarburos (del Norte de Africa, Noruega y Rusia). El mercado francés de electricidad y gas es dominado por las empresas EDF y GDF Suez, ambas con capital privado pero dominadas por el Estado. En hidrocarburos, la principal empresa es Total, donde el Estado francés tiene una participación minoritaria. Pero el control del mercado de combustibles se obtiene mediante regulaciones e impuestos. Así, el 64 por ciento del precio al público de los combustibles son impuestos.

Se observa que el control estatal de todo el sector energético (y no sólo los hidrocarburos) se repite por todo el mundo. Si bien cada estructura es diferente, es necesario tomarlas en cuenta para diagramar un nuevo modelo energético, donde el Estado argentino retome el rol central que perdió en los noventa. El control del 51 por ciento de la principal petrolera del país debe entenderse como un primer paso. Una herramienta en la redefinición del modelo energético nacional.


* Economista - Especialista en Energía.

Fuente: Página 12

La recuperación de YPF y de la iniciativa política

Es posible objetar muchas cosas (la tardanza, la connivencia de funcionarios oficiales con Repsol, la dificultad para pergeñar un programa energético más sólido), pero rechazar de plano la medida oficial, a lo Macri, lastima una política de Estado.

Por: Alejandro Horowicz

Con 200 diputados respaldando el proyecto para controlar YPF, sobre un total de 257, Cristina Fernández coronará esta semana la victoria política más resonante de toda su carrera. La presidenta venía cayendo en las encuestas; esta decisión la volvió a catapultar. Está en su mejor momento, supera con holgura el amable escenario de la victoria electoral de octubre del 2011. No es poco decir, volvió a “enamorar”; recuperó la iniciativa. No porque la oposición hubiera sido capaz de arrebatársela, esa situación sólo se produjo en medio de la crisis campera del 2008, sino por una característica estructural de la política: todo oficialismo tiene la responsabilidad de construir, fijar, cambiar la agenda pública; si la nueva responde al interés de la mayoría, incluye los problemas a resolver, la oposición no tiene más remedio que sumarse o pagar las consecuencias de cara a la sociedad.
Y si algo faltara, la ambigua postura del diputado Oscar Aguad, que anunció que se retirará del recinto sin votar con sus correligionarios, permite cuantificar las dificultades de oponerse en seco. Esto es, transformarse en un simple seguidor de Mauricio Macri. El jefe de gobierno porteño sintetiza la derecha liberal tradicional; iza el programa del country capitalino con la esperanza de transformarlo, y volverse presidenciable para jugar en la cancha grande. ¿Podrá hacerlo? Los seguidores de Álvaro Alsogaray –después de todo ese terminó siendo su hilván identificatorio con el pasado reciente– nunca lograron articular un partido nacional. A lo sumo fueron capaces de inyectar sus contenidos en otras fuerzas políticas. El menemismo, por ejemplo.
En tanto cuarto peronismo explícito, el menemismo terminó por fagocitar los restos diurnos del liberalismo criollo, comprando un programa de privatizaciones sin límite ni control. Concluida esa operación fatal, tras la caída del Muro de Berlín, muerto el capitán ingeniero –sin olvidar los avatares judiciales de María Julia–, y los episodios del 2001, con una crisis capitalista global en proceso de expansión, se vuelve difícil ganar adeptos para posiciones tan antipáticas. Eso sí, permite a las huestes del signore Maurizio conservar contacto con el menemismo residual (el PJ de Eduardo Duhalde) pero difícilmente pueda exceder el desecho andarivel del “antikirchnerismo bobo”.
En rigor de verdad, la postura de Aguad desnuda las limitaciones de toda la UCR; para poder actuar con mayor “independencia parlamentaria”, hubiera sido preciso que en los dos últimos programas electorales (al menos en uno) el radicalismo incluyera una política energética que apuntara hacia la recuperación de YPF. La tradición propia en la materia (Yrigoyen, Frondizi, Illia y el propio Raúl Alfonsín, con matices y debates), facilitaba ese abordaje. Como los “programas”, en los días que corren, perdieron su carácter de instrumento estratégico, su elaboración quedó reducida a merchandising electoral. A los programas no se los lleva el viento, y ni Roberto Lavagna, ni Ricardo Alfonsín propiciaron más que vagas generalidades petroleras, donde YPF ni se mencionaba. A la hora de la verdad, el radicalismo no puede marchar por su propia vereda, y se ve constreñido a votar en general con el gobierno, o de lo contrario seguir al PRO contrariando su linaje.
Bueno Horowicz, en el “programa” del gobierno tampoco figuraba YPF. Cierto, esa limitación se salvó con acción directa. Es posible discutir sobre ventajas y desventajas de los programas “detallados”. Los hombres “prácticos” prefieren ser dueños de sus palabras, y los programas obligan de antemano, pero también organizan el propio campo, habilitando la construcción de cuadros. De lo contrario todo queda en manos de los “funcionarios”; y algo enseña la política argentina: funcionarios sobran. Miren al Alberto Fernández, de miembro del entourage más íntimo a consultor de Repsol.
¿Un programa lo hubiera evitado? No. Incluso entre gente completamente honesta, los programas están sobreestimados, y por cierto no impiden el ataque de “enemigos inescrupulosos”; alguien cree que los “medios comerciales” tendrían un comportamiento diferente sobre YPF si se tratara de una medida “programática”. En tal caso, la “sintonía fina” hubiera anticipado una dirección política más precisa.
“Demagogia”, gritan en las redes sociales ciudadanos cuya “formación” no excede la lectura de la revista Noticias. No son los únicos que argumentan. Los más serios se preguntan: ¿no se trata de un aprovechamiento del vasto reservorio de imágenes nacionalistas en un país frustrado por décadas de impotencia? Rechazar airadamente el planteo no sirve. En todo caso, reducir la política energética a nacionalismo folklórico suena excesivo. Hasta las huestes de Elisa Carrió se dividieron frente al proyecto presidencial. Por tanto, entender este giro como la “transgresión más importante desde el festivo default de Rodríguez Saá” supone empobrecerlo sin más. Desnuda la imprudente arrogancia del diario La Nación, y lastima toda posibilidad de intercambio constructivo.
Una lectura conservadora del problema supone admitir la necesidad de controlar la ecuación energética. Ningún país puede no hacerlo, salvo a riesgo de volverse invivible. Es posible objetar muchas cosas (la tardanza, la connivencia de funcionarios oficiales con Repsol, la dificultad para pergeñar un programa energético más sólido), pero rechazar de plano la medida oficial, a lo Macri, lastima una política de Estado. Un político responsable, con vocación de poder, lo hace cuando no le queda ningún otro remedio.

¿UN NUEVO MAPA DENTRO DEL PERONISMO?

El reciente acto en la cancha de Vélez también remite a la fluidez de la política nacional. Si se compara Vélez con el River de octubre de 2010, por ejemplo, las diferencias obligan a pensar. Desde la metodología de la convocatoria hasta los integrantes del palco oficial; desde la naturaleza social de los asistentes hasta los nombres y apellidos de los integrantes de la comitiva oficial. En un caso, el aparato del sindicalismo tradicional del segundo peronismo; en el otro, un sindicalismo construido desde la oposición que ni siquiera hoy cuenta con adecuado estatuto legal. River fue un acto puramente sindical; Vélez un acto político, con presencia sindical y coloratura juvenil.
Ese es el punto. Los fantasmas del pasado reciente pesan, duelen, tergiversan. No se trata de la Juventud Peronista de los ’70, sin que esto suponga ningún desmérito, sino de una nueva camada que ingresa a la lucha. Así como en el radicalismo de hoy, a diferencia del que respondiera a Raúl Alfonsín, no cobija jóvenes, según la lúcida expresión de Juan Manuel Casella, el kirchnerismo logró romper esa decisiva valla.
Si algo contuvo la derrota del ’76, entre tantas cosas terribles, fue la ruptura del diálogo intergeneracional. La política supone, requiere, impone ese dialogo. Vélez puede ser leído en esa dirección, y más allá del lugar que La Cámpora termine teniendo en el futuro, dijo presente. Tanto las heteróclitas tradiciones políticas vivas (“viejos” militantes de TNT de Ciencias Económicas, “jóvenes” investigadores del CONICET de Filosofía y Letras, militantes obreros antiburocráticos, para mencionar sólo algunas) como la amplitud del espectro social armaron una concurrencia fundacional. Algo se parece a los desparecidos cines continuados de tres películas y acto vivo: el peronismo de Vélez. Esa nueva melodía comienza a abrirse paso en la política argentina, vale la pena registrarlo.

Fuente: Tiempo Argentino

domingo, 29 de abril de 2012

A cara de perro

Por Mario Wainfeld

A su modo, frontal y estentóreo, Hugo Moyano propuso un contrapunto con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. En un acto propio, sólo de trabajadores camioneros, ratificó su candidatura a la reelección como secretario general de la CGT. Daba la impresión que competía contra el Gobierno, algo descolocado para un dirigente combativo que suele embestir contra las patronales. Su afán de construir a la Casa Rosada como principal rival acaso lo indujo a palabras que pudieron sonar como derrotistas: llegó a enunciar que si perdía, la puja valía la pena por el adversario que lo confronta. Sin embargo, en su torno, siguen asegurando que cuentan con los congresales necesarios para revalidar en julio.

Sus contendientes hacen otras cuentas: lo dan por vencido. (Los traidores HDP de Cavallieri , Lescano , Daer ( el mismo que convalido el fin de la ultraactividad o sea un traidor cinsuetudinario de la peor calaña que existe en el pais ) , Barrionuevo el menemista que decía que había que dejar de robar `por " años , menemista fanático que lucahaba para destruir los derechos laborales junto al resto de los gordos de mierda y Cavallieri y Lescano o sea la mierda absoluta Y seguramente el ex espía del batallaon 601 al cual su patota defiende a punta de pistola el impresentable de Gerardo Martinez )

Se hacen ver con creciente asiduidad y se jactan de que sus encuentros siguen sumando “representatividades”. Nada puede darse por definitivo en una lid donde las lealtades son móviles y subordinadas a la clásica máxima: “¿Dónde está la mía?”. Pero es cierto que los desafiantes engrosan sus filas, cuanto menos para las fotos. Un común denominador los aúna, apodémoslo “antimoyanismo”. El aglutinante reacciona contra una característica del Negro Moyano: maneja su gremio y la central obrera con poca apertura y mucha centralidad. Su grupo de pertenencia es, desde siempre, la base del MTA: sindicatos de las actividades ligadas al transporte con pocos añadidos, como los judiciales. Al resto los traccionó, en parte por peso específico, en parte por haber contado con el apoyo del Gobierno.

El prefijo “anti” también alude al volumen de Moyano y quienes desean reemplazarlo. Guste o no, el camionero es un líder. Su contra no posee uno de igual o comparable dimensión, construida en años de trayectoria. Por eso, cualquier candidato que banquen los “anti” surgirá necesariamente más condicionado y con menos poder relativo. El que asoma la cabeza, por ahora, es el metalúrgico Antonio Caló. Es una figura de circunstancias, lo que no sella su suerte pero demarca sus límites.

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Un marco así podría propiciar una tercera figura, si las coordenadas fueran diferentes. En el clima actual, toda perspectiva de acuerdo parece una quimera. Moyano consiguió juntar quórum para estipular la fecha del Congreso que elegirá las nuevas autoridades. Sus opositores niegan legalidad a la movida. La querella puede anticipar un Congreso teñido de acusaciones cruzadas. Los padrones de congresales tienen sus bemoles, los compañeros gremialistas dibujan un poco, mejorando su porotaje. En circunstancias menos belicosas, es una táctica que se bancan mutuamente. En el escenario vigente puede llegar a “pudrir todo”.

La comparación con la interna de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), que terminó en escándalo y división, flota en el aire. Hay enormes diferencias entre una elección masiva a padrón abierto y un Congreso, supuestamente más conducible. Pero el riesgo acecha. Desde el moyanismo acusan al Gobierno de promover ese escenario. En Trabajo y la Casa Rosada niegan enfáticamente el cargo. Su argumento parece lógico: la división del movimiento obrero sería un paso atrás para el kirchnerismo que se precia de haber generado años de institucionalidad sindical, con convenciones colectivas periódicas y mejoras para la clase trabajadora. ( pero las paritarias se hacen con los sindicatos no con las centrales sindicales , le gusta mas Yasky que Micheli al gobierno la realidad es que tiene que sentarse con ATE y con Sutebba por igual , en realidad en cuanto a CTA el ministerio extiende el mandato de Yasky artificialmente , lo que debería hacer es intervenir la CTA , nombrar a un delegado normalizador y llamar a elecciones entre ambas partes para que la central vuelva a reunificarse como a mi me gustaría , ya que tenga mas o menos coincidencias con el sector de Micheli ,e parece qwue debe formar parte de la CTA igual que Yasky o Delia )

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La crónica del pasado revela que no hay mucha gimnasia en Congresos divididos. Los memoriosos optimistas evocan el de 1996 en el miniestadio de Ferro. Participaban todos los sectores, incluido el de Moyano. Y se llegó a nominar, tras trabajosas negociaciones y por consenso, a Rodolfo Daer, de bajo perfil y módico predicamento. Claro que en ese trance fue central el activismo de Lorenzo Miguel, que fungió de zurcidor y gran armador. Nadie reemplaza ese sitial hoy día.

Un precedente menos estimulante sucedió en 1989, en el Teatro San Martín. La resistencia a la relección de Saúl Ubaldini desembocó en una terrible batalla campal en plena avenida Corrientes. Luis Barrionuevo puso en acción a barras bravas, fue la primera vez que este cronista vio marginales interviniendo en pujas gremiales, así fuera a trompadas. Enfrente quedaron los pesados de la UOM. La resultante fue una división en dos CGT que dejó de un lado al entrañable Saúl y en la otra CGT a Guerino Andreoni. Ni Andreoni ni Daer (ni Gerardo Martínez, que estuvo en el lapso que medió entre ambos) le hicieron cosquillas al menemismo, vale recordar. ( eran culo y calzoncillo con el HDP de Menem mientras destruían a los trabajadores y sus derechos )

De nuevo en el presente, un Congreso al que se llegue en un universo de impugnaciones y recursos judiciales es un horizonte posible, que no forzoso.

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En el ínterin, quedan frizadas demandas válidas de Moyano, como el aumento del mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias. “Hugo” exorbitó sus críticas al tributo en Parque Roca, exigiendo su playa supresión. Su ansia maximalista le hace poco favor a la reivindicación, que es justa. Y que además, toca un punto sensible en la etapa. Subir algo el mínimo (como piensa hacer el Gobierno con la nueva conducción) ya sería una solución impropia. Buena es la ciudadanía fiscal, impropio extenderla a laburantes que ganan sueldos apenas decorosos. Una reforma fiscal (que debía propagarse al régimen de asignaciones familiares) es una de las deudas de “sintonía fina” del oficialismo.

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La unidad de la principal central obrera es un capital democrático, lo que no releva las críticas a sus rémoras y deficiencias que la fragmentación no reparará.

Un desenlace desprolijo o disruptivo sería un bajón para la gobernabilidad. Tampoco sería beneficiosa una cúpula poco combativa en una etapa de demandas crecientes que, aunque algunos no lo crean, es un avance sistémico. Ni aun el Gobierno se beneficiaría con eso, si se mira más allá del cortísimo plazo. Un relevamiento del Ministerio de Trabajo informa que el número de conflictos gremiales bajó en 2011, tanto medidos en cantidad absoluta como en número de huelguistas. De cualquier forma, fueron 962 y participaron más de un millón de trabajadores. Otro dato relevante es que la tendencia marca un incremento notable de los conflictos acotados a lugares de trabajo o empresas. Son el setenta por ciento del total, lo que explica la mengua del número de participantes. O sea, el cuadro general es de un creciente activismo “por abajo” que genera situaciones de difícil tratamiento, bien reflejadas en la crónica diaria. El crecimiento de representaciones basistas muestra un talón de Aquiles del modelo sindical. ( Hay que terminar con los burocratas sindicales , de hecho lo mas positivo es el crecimiento del sindicalismo de base que termine con esos tipos de una vez para que los trabajadores puedan hacer oir sus voces de verdad) Dentro del actual esquema, es bastante lógico suponer que una conducción combativa de la CGT, en dialéctica negociadora con el Gobierno, sirve de contención más que de acicate a la conflictividad. Es otro de los puntos complejos de una puja cuya resolución sin rupturas ni escándalos es un objetivo complicado aunque por demás deseable. ( quien puede decir que la conflictividad laboral es mala ? Todo depende de para que sirve , si estan ganando los trabajadores o las empresas , ese es el quid de la quiestion , la conflictividad laboral en todo caso es consecuencia de la lucha por derechos )

Fuente : Página 12

Esto realmente suena preocupante


PRIMERO DE MAYO DE 2012: LOS/AS TRABAJADORES Y EL IMPERATIVO DE TRANSFORMACIÓN SOCIAL DE LA ARGENTINA


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I.
En este 1º de mayo, día mundial de los trabajadores, queremos hablar justamente de nosotros y de los desafíos que nos impone el presente. En nuestro país, la clase trabajadora logró conformar un sólido movimiento sindical que se enfrentó, a lo largo de nuestra historia, con una gran cantidad de embestidas, obstáculos y desafíos, que en cada etapa tuvieron formas distintas.
Desde 1975 – con el Operativo Serpiente Roja del Paraná, el Operativo Independencia y el Rodrigazo – el movimiento obrero se transformó en blanco sistemático de persecusiones, cárceles, desaparición, ajustes, hiperinflaciones y desempleo masivo.
El 25 de Marzo de 1976, el primer comunicado de la dictadura militar identificaba con claridad: “se comunica a la población que todas las fuentes de producción y lugares de trabajo, estatales y privadas, a partir de la fecha, serán considerados objetivos de interés militar”.
Pero no alcanza con recordar los padecimientos infinitos que sufrieron los trabajadores y las trabajadoras de este país. Además es necesario visibilizar que estos intentos de torcer y frenar la historia se debieron a que los laburantes no sólo disputaban un proyecto social alternativo, sino que comenzaban a realizarlo a diario en las innumerables huelgas, consignas, programas, poesías, asambleas, movilizaciones, documentales, rebeliones, pinturas, barricadas y tomas de fábrica que se esparcían por todo nuestro territorio nacional.
Las derechas - civiles, eclesiásticas y militares - reaccionaron con el objetivo de aniquilar una transformación en curso.
Nuestra memoria colectiva tiene bien presente que la iniciativa, la imaginación, la ofensiva y la historia misma corrían por cuenta de las grandes mayorías populares.
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Durante el año 2001, distintos movimientos del campo popular, pese a la brutal debilidad que signaba sus vidas, logrando altos niveles de organización, visibilizaron el antagonismo irreductible que atraviesa al neoliberalismo en tanto proyecto de brutal sometimiento de lo popular.
Durante los años que van del 2003 al 2011, bajo el proceso político abierto con la llegada del kirchnerismo al gobierno, se abrieron nuevas posibilidades. Se crearon más de tres millones de puestos de trabajo registrados, se redujo el empleo no registrado y aumentó la participación de los asalariados en el total del empleo. En un contexto de fuerte reactivación de la presencia sindical y de creciente organización y conflictividad en los lugares de trabajo, se incrementó abrupta y sistemáticamente el número de negociaciones colectivas anuales y su eficacia en términos de mayor cobertura y capacidad de determinación salarial, además de aumentarse en forma sostenida el Salario Mínimo. Durante esta etapa el Ministerio de Trabajo de la Nación participó dinamizando ambas institucionalidades del trabajo, generando instancias de inspección en materia de seguridad social que permitieron reducir el trabajo no registrado y promoviendo nuevos marcos regulatorios que restituyeron derechos a colectivos de trabajo discriminados negativamente por la legislación laboral. Se destacan los nuevos regímenes de empleo para trabajadores del servicio doméstico y para trabajadores rurales. Una transformación fundamental de la etapa ha sido la estatización de los fondos jubilatorios, definición indispensable para garantizar la ampliación de la cobertura jubilatoria y la significativa extensión del sistema de protección social a través de políticas sustantivas como la Asignación Universal por Hijo.
Son cambios innegables, profundos y significativos. Estamos obligados a ejercitar la perspectiva porque nos precedieron los genocidas inviernos dictatoriales y luego los de la consolidación neoliberal noventista.
II.
Sin embargo, pese a los valiosos cambios sucedidos, el neoliberalismo aún retiene parte de su eficacia definiendo, a su modo, determinadas situaciones de trabajo y la configuración de fuerzas entre actores. A título ilustrativo nos referiremos a cuatro persistencias por considerarlas emblemáticas para pensar los dilemas y desafíos del tiempo actual.
1) Campesinas y campesinos, comunidades indígenas completas, son expulsados de sus territorios. Cambian los gobiernos y los apellidos de quienes gobiernan en Santiago del Estero. Sin embargo, el acaparamiento de tierras continúa separando a los pueblos de sus territorios, sus recursos y sus medios de sustento, condenando al hambre y a condiciones de trabajo denigrantes, rallanas con la esclavitud.
El desplazamiento de la frontera agrícola condena al monocultivo impidiendo realizar la soberanía alimentaria. Transnacionales mineras y de los agronegocios invaden, acaparan tierras, desmontan, explotan trabajadores, extraen y exportan recursos naturales, dañan la naturaleza. Esquilman los territorios y, mediante inexplicables complicidades políticas, embisten impune y violentamente contra la tenaz y justa resistencia de los pobladores, como ocurrió cuando el asesinato del joven campesino del MOCASE, Cristian Ferreyra.
Lo que ocurre en Santiago del Estero es, lamentablemente, sólo ilustrativo; otros territorios y poblaciones, como la comunidad “La Primavera” de Formosa, padecen situaciones similares.
La discusión de fondo es sobre la función social de la tierra y sobre cómo hacemos efectiva la soberanía alimentaria, que no es otra cosa que el derecho de los pueblos a producir sus propios alimentos, en función de sus necesidades y culturas.
2) Costureras y costureros que trabajan en forma frenética, jornadas de más de 12 y 14 horas diarias, en talleres clandestinos. Muchos de estos trabajadores duermen donde trabajan (porque de vivir ni hablar) y entonces, se dice, que tienen regímenes de cama caliente. No hay contratos de trabajo, ni ejercicio efectivo de absolutamente ningún derecho. Se enferman por la postura, por el aire viciado del encierro, por la falta de descanso y por la mala alimentación. Diversos informes muestran que en el sur de la Ciudad de Buenos Aires la tasa de infección por tuberculosis es la más alta del país (141.46 cada 100.000 habitantes), demostrando, además, su vinculación con la concentración de talleres textiles clandestinos. Uno de los informes concluye: “las cifras son similares a las de África subsahariana o a las del Impenetrable Chaqueño”.
Es que el neoliberalismo nos hizo atrasar un siglo. O, quizás, sea más preciso decir que son los proyectos de las derechas los que impiden, desde tiempos inmemoriales, la historia de los sectores subalternos. Entonces también somos más precisos si decimos que el problema político sigue siendo el capitalismo que, actualmente, reviste la forma de capitalismo financiero trasnacional.
Por eso la trágica familiaridad de las formas de vida del campesinado santiagueño con documentos tan añejos como el informe Bialet Massè de principios del siglo veinte, o con las denuncias de Homero Manzi y Hernández Arregui, integrantes de FORJA, durante la infame década del treinta. Pero también con el más cercano documento fundacional de la CGT de los Argentinos durante el Onganiato, a fines de los sesenta.
Muchos de los trabajadores textiles de los talleres clandestinos vienen de países limítrofes como Bolivia. También muchas veces ‘son traídos’, mediante el accionar criminal de organizaciones dedicadas al tráfico y trata de personas, con engaños que arremeten con las esperanzas de encontrar un lugar y un trabajo para desarrollar el proyecto familiar y comunitario. ¿Hará falta que narremos, por ejemplo, el dolor lacerante de madres y padres por el viaje truncado e imposible del resto de los hijos pequeños de una familia condenada?
La ropa que se fabrica en los alrededor de tres mil talleres clandestinos que se estima hay en la Ciudad de Buenos Aires, se exhibe en muchas de las vidrieras de las “grandes marcas de la moda”. La diferencia entre el irrisorio y denigrante monto que reciben los costureros por pieza terminada y el precio al que venden dichas prendas en los barrios opulentos de la Ciudad de Buenos Aires expresa en gigantografía la injusticia social persistente del tiempo que vivimos.
Pero la ropa confeccionada por los textiles abastece también los miles de puestos comerciales de ferias como La Salada, las ‘saladitas’ y las mantas de los trabajadores que sobreviven con la venta callejera, diseminadas por los barrios de distintas ciudades del país. Porque son los mismos circuitos, las mismas relaciones sociales, las que nutren el capitalismo contemporáneo. Aclaración válida para los que insisten con la idea de una dualidad paralela que suelen denominar como economía formal-informal; blanca-negra; legal-ilegal.
La inspección del trabajo depende del Gobierno de la Ciudad que hace varios años se encuentra a cargo de Mauricio Macri. Es paradójico y dramático que, como consecuencia del desmembramiento y la fragmentación de la potestad de control del trabajo, haya quedado en sus manos esta responsabilidad de gobierno. El incendio de un taller en el barrio de Caballito en el que murieron seis compatriotas bolivianos, cinco de ellos menores de edad, ya había visibilizado la ausencia de controles estatales. Con la llegada de Macri al gobierno se sumaron las connivencias entre el gobierno macrista y el empresariado textil, tan grotescas las complicidades, que involucran a su esposa y cuñado, de apellido Awada, en causas judiciales sobre el abastecimiento de las grandes marcas a través de la tenebrosa cadena de producción clandestina aludida más arriba.
3) El gobierno de Tucumán para “favorecer el empleo juvenil” decidió pagarles a algunas de las empresas de call centers más grandes del mundo como ActionLine [1], por brindar un solo ejemplo, el 30% de todos los salarios durante el primer año de radicación en la provincia y el 20% entre el segundo y el cuarto año, el costo total de la capacitación que dicte la empresa a los aspirantes, el costo del examen médico preocupacional y también gastos de promoción, publicidad y alquileres. Además de otorgarle diversas exenciones impositivas.
Son empresas que han registrado un crecimiento exponencial y ganancias significativas desde la devaluación de la moneda en 2002, actualmente más de setenta mil trabajadores se desempeñan en esta actividad.
Las empresas de call centers offshore, que son el equivalente en la economía de servicios a los capitales golondrina de los flujos financieros, sostienen con el cinismo extorsivo característico de las trasnacionales que “el negocio es velocidad y si no se dan incentivos a esta industria, las inversiones indefectiblemente se van a volcar a otros países”. Y hablan de “vocación federal” para explicar sus traslados hacia otras provincias. La primera en atraer las radicaciones había sido Córdoba.
Como en una subasta, una disputa inter-provincial se dirime levantando apuestas y dilapidando los fondos públicos. La globalización trasnacional crea en los territorios periféricos la disyuntiva de una inserción sustentada en la amplificación de asimetrías nacionales, dinámica que se replica al interior del territorio nacional entre provincias argentinas.
Mientras dura la parada de las empresas golondrina son mayoritariamente los jóvenes quienes realizan sus primeras experiencias laborales. Sus jornadas de trabajo transcurren con ritmos frenéticos, entre llamadas repletas de quejas y maltratos verbales de usuarios y consumidores estafados que llegan desde cualquier punto del globo para arremeter contra los trabajadores-frontón, con diversas consecuencias muy negativas, en especial, sobre la salud. Una de las enfermedades más usuales que padecen los trabajadores y trabajadoras de la vincha es el denominado síndrome de cabeza quemada.
4) Una cuarta situación está dada por una estrategia del capital a escala global, que en territorios periféricos puede adquirir mayor intensidad y una tonalidad específica. Se trata de la tercerización y subcontratación que atraviesa el conjunto de las actividades económicas en nuestro país y que alcanzó, durante los noventa, en el marco del proceso privatizador, proporciones de magnitud preocupante. Esta afirmación tiene lugar a poco tiempo de iniciarse el juicio a Pedraza por su responsabilidad en el asesinato de Mariano Ferreyra, un militante comprometido y muerto como consecuencia de su lucha por la destercerización. En este caso, la particularidad local es siniestra, ya que la tercerización es implementada y usufructuada por algunos dirigentes sindicales devenidos en patrones de los trabajadores que deberían defender y que hoy explotan brutalmente en beneficio de sus bolsillos.
A diario millones de ciudadanos podemos constatar que los técnicos que reparan en domicilios particulares señales de cable, o de internet, no pertenecen a la empresa que provee el servicio. Y tampoco los trabajadores que hacen los repartos de las empresas de comidas rápidas son trabajadores contratados por dichas empresas. No atiende el teléfono un trabajador del banco, el seguro, la empresa de celulares, etc. con la cual quieren comunicarse los usuarios. Quienes reponen mercaderías en las góndolas, en muchos casos, no son trabajadores del supermercado ni tampoco de la empresa cuyos productos reponen.
Si los ejemplos más palpables para todos ocurren en el sector servicios, es importante destacar que la problemática tiende a reiterarse, bajo modalidades heterogéneas, en diversas actividades tales como la industria y el sector estatal. En este último caso manifestamos nuestra preocupación por el uso que muchos municipios hacen del programa Argentina Trabaja. El objetivo, significativo y bien orientado, de creación de cooperativas y fortalecimiento de la economía social no puede degenerar en la creación de puestos de trabajo precarios y subremunerados para la realización de tareas ordinarias de competencia municipal. En realidad la tercerización expresa sólo una dimensión del problema laboral en el sector público: las disparidades salariales y la persistencia de otros modos de precarización que evaden la relación laboral (monotributistas, concurrentes, pasantes, becarios) son problemáticas sustantivas pendientes que involucran a decenas de miles de trabajadores.
La tercerización y subcontratación precarizadora no ocurre únicamente como modo de aumentar los márgenes de ganancias. También como forma de fracturar y fragmentar la solidaridad entre trabajadores al intensificar las diferencias de salarios, condiciones de trabajo y encuadramientos convencionales y sindicales al interior de un mismo colectivo laboral. Son dispositivos dinamizados desde hace décadas con objetivos económicos y políticos.
En los últimos años han tomado fuerza las Luchas por la Destercerización, entre las cuales se destacan las de los trabajadores del subterráneo, telefónicos, ferroviarios tercerizados y la del sindicato de trabajadores aceiteros de Rosario.
***
Las situaciones reseñadas combinan, aunque en distintas intensidades, dinámicas de degradación de la condición del trabajador con profundas desigualdades y fracturas sociales.
Además, las grandes empresas, muchas veces trasnacionales, hacen un aprovechamiento desorbitante de su posición dominante esquilmando recursos naturales, fondos públicos y/o trabajadores.
En los últimos años, las grandes empresas han logrado ganancias siderales y, sin embargo, rechazan sin deliberación alguna la propuesta de participación de los trabajadores en las ganancias. Recordemos el tono patoteril del comunicado, firmado por todas las siglas del capital concentrado: “rechazo categórico al proyecto en cuestión, máxime cuando se comprueba que avanzan hacia un poder de interferencia sindical que choca contra los principios constitucionales de derecho de propiedad y de ejercicio de toda industria lícita al otorgar a los sindicatos facultades de fiscalización y de información ajenas a su cometido muy superiores a la de los propios accionistas”. Héctor Méndez desesperaba durante aquellos días, recorriendo canales de televisión y repitiendo sin cesar “la cogestión no se negocia”.
No quieren distribuir las ganancias que son producto del trabajo, tampoco quieren informar sus balances a los trabajadores, ni ser fiscalizados, ni siquiera iniciar un debate sobre estas reivindicaciones legítimas. ¿Qué esconden algunos grupos económicos? ¿Por qué? ¿Cuánta irracionalidad instrumental constataríamos si accediéramos a los balances reales? ¿Cuántas maniobras dudosas, cuánta desinversión podríamos inferir? ¿Cómo es posible que los representantes de sus Cámaras se nieguen a discutir? ¿Por qué no existe ninguna regulación en torno a los modos de asegurar la democratización de la representación empresaria y la participación de las pequeñas y medianas empresas nacionales en sus nucleamientos?
Vale agregar que las desorbitantes ganancias que han obtenido las grandes empresas son la contracara de la dificultad que se nos presenta a los/as trabajadores para aumentar los salarios reales en contextos inflacionarios.
Muchos estados provinciales -¿para generar empleo o crecimiento rápido en los períodos de gobierno? - alternan o combinan: ausencia de intervención, regulación y control; vista gorda; transferencias injustificables de recursos comunes; presuntos negocios compartidos; hasta la liberación de zonas y territorios exponiendo poblaciones.
Las cuatro situaciones también ponen de manifiesto, aunque de modos diferentes, algunos límites de la institucionalidad sindical vigente para ejercer una representación efectiva del complejo, heterogéneo y fragmentado mundo del trabajo. Y este documento quiere constituirse también en una invitación a debatir y hacer una forma sindical capaz de aportar con mayor fuerza al horizonte de transformación social.
¿Es posible que la Argentina cree relaciones de fuerzas para un proyecto de desarrollo que impida lógicas depredatorias y de avasallamiento de derechos?
¿Podremos inventar la tonalidad propia de un modo de producción de la riqueza más asociativo y más comunitario que otorgue nuevos sentidos al proceso político que vivimos, ligando nuestra experiencia con algunos de los debates populares que tienen lugar en países hermanos de América Latina?
III.
Durante la vigencia del neoliberalismo se consolidó un sindicalismo de nuevo tipo: el sindicalismo empresarial. Sus dirigentes, artífices y ejecutores de la inversión, no sólo se han enriquecido, no sólo han adoptado los modos de vida de los empresarios, no sólo no representan a los trabajadores, sino que además se constituyeron en correa de transmisión de las reformas estructurales del neoliberalismo y transformaron a los sindicatos en empresas cuya rentabilidad es inversamente proporcional al bienestar de los trabajadores. Muchas veces, además, sus dirigentes delataron y entregaron compañeros, pactando con la dictadura militar y los grupos económicos concentrados. Duele profundamente la sola formulación de esta frase, sin embargo, debemos enfrentarnos con esta verdad histórica.
Por ello es fundamental que, retomando las mejores tradiciones de nuestro sindicalismo, los trabajadores, otros sindicatos y organizaciones rechacemos claramente tanto las prácticas como a los dirigentes que lideraron la consolidación de este tipo antagónico. Es fundamental también que ninguna circunstancia coyuntural pueda ser usada para crear alianzas tácticas que los fortalezcan cuando la única línea de acción posible es la de enfrentarlos.
En segundo lugar, denunciamos y repudiamos una práctica extendida que estigmatiza, simplifica, distorsiona y minusvalora los procesos de organización de trabajadores. Son relatos que desbordan desprecio porque no toleran el correlato político y social de nuestro protagonismo productivo. Tenemos que crear una ofensiva cultural capaz de poner de manifiesto que muchos de los cuestionamientos que recibimos no son otra cosa más que el prejuicio de quienes no respetan a las clases trabajadoras.
Tercero, creemos que tenemos que asumir el desafío de ampliar y luego jerarquizar nuestras reivindicaciones de modo tal de impulsar acciones que enfrenten las dinámicas de desigualdad y degradación laboral que corroen la vida de millones de trabajadores y trabajadoras que viven en este país. Es importante tener en cuenta que la negociación colectiva, si bien es una institucionalidad fundamental para la redistribución de ingresos, resulta insuficiente en términos cuantitativos porque quedan fuera de su encuadre más de un tercio de la población trabajadora, y en términos cualitativos, porque no habilita la redistribución de la riqueza acumulada. El desafío es primordialmente de orden político y por eso involucra a la clase obrera en su conjunto. El sentido político reside en la capacidad de trascender la instancia corporativa/particular para reconstruir identificaciones y solidaridades colectivas entre trabajadores – tarea que sólo puede ocurrir - en el marco de la disputa por un proceso de transformación social.
El reconocimiento de las limitaciones de la negociación colectiva no impide que aprovechemos su potencial en dos sentidos: para la reversión de las cláusulas precarizadoras que fueron incorporadas en los noventa y para el avance en la conquista de nuevos derechos en materia de condiciones de trabajo.
Cuarto, pensamos que la producción de un sindicalismo consustanciado con la transformación también depende de la ampliación y profundización de la organización gremial en los lugares de trabajo y entre los trabajadores. Tenemos que idear formas de vincular las distintas organizaciones de base y dotarlas de mayores y nuevas funciones gremiales y sociales. En el mismo sentido debemos discutir el doble canal de representación de los delegados sindicales[2] y optar por consolidar al delegado como figura que representa únicamente a los trabajadores.
Además tenemos que construir institucionalidad sindical/popular entre trabajadores que no alcanzan los niveles de concentración en establecimientos y/o las ‘normalidades’ previstas en la legislación laboral. Por ejemplo, ¿es posible pensar en figuras tales como “delegados gremiales de centros comerciales” o “delegados de manzanas comerciales”? ¿Cómo crear organizaciones que potencien una economía popular? ¿Cómo habilitar la organización y participación efectiva de, por ejemplo, los trabajadores callejeros y los trabajadores desocupados?
Finalmente, dada la riqueza cultural y organizativa del campo popular, tenemos que profundizar las articulaciones y formas de convergencia con otras organizaciones de derechos humanos, movimientos territoriales y autogestivos, asambleas ciudadanas y colectivos culturales.
En definitiva, se trata también de forjar instancias que complementen el sistema político representativo con otras formas de participación social. Lo que significa reconocer: a) que no se pueden gestar cambios estructurales y duraderos sólo “desde arriba”; b) tampoco supeditar/arriesgar las conquistas sociales a las cambiantes coyunturas de gobiernos nacionales; c) que la larga historia de asimetría de relaciones de fuerza hace imprescindible que los gobiernos populares encuentren apoyatura, contralor, fuerza e iniciativa política más allá del campo estatal; d) que entre el momento electoral del sistema representativo y las condiciones cotidianas de vida de ciudadanos/as y trabajadores hay hiatos y brechas de distinta índole de carácter irreductible que hacen necesario idear modos de articulación entre representación electoral, participación directa y nuevas formas de concertación social.
IV.
Convocatoria general a trabajadores, trabajadoras y organizaciones sindicales, sociales y culturales
Primero de Mayo de 2012
El tiempo histórico que vivimos es excepcional. Lo sabemos quienes padecimos los neoliberalismos de América Latina. Y lo sabemos también los que este último 24 de marzo marchamos por las ciudades de nuestro país y fuimos contagiados por la potencia y el futuro que irradia de las centenas de miles de caras de pibes/as, de laburantes y familias enteras, de sus consignas, y de las banderas de las múltiples organizaciones convergiendo en la memoria y en la fundación de un nuevo tiempo.
Quisiéramos que estas reflexiones contribuyan a gestar condiciones para la formulación colectiva de un programa histórico del movimiento obrero como lo fueron en su momento los de La Falda, Huerta Grande, la proclama del 1º de Mayo de la CGT de los Argentinos y los 26 puntos de la CGTRA.
No queremos concluir sin formular algunas iniciativas y propuestas de acción que surgen del propio escrito y que podrán someterse a una más amplia discusión colectiva: 1) crear una institucionalidad participativa y de concertación, la Paritaria social, integrada por militantes sindicales, de movimientos sociales, y representantes gubernamentales, que establezca instancias de participación directa y que se ocupe integralmente de la vida de los trabajadores (salud, educación, soberanía alimentaria, tierra, vivienda); 2) recuperar competencia del gobierno federal para la inspección del trabajo en materia de condiciones de trabajo, creando instancias de participación de organizaciones de trabajadores; 3) reconstruir cadenas de responsabilidad laboral y garantizar el convenio colectivo más favorable con el objetivo de combatir la tercerización precarizadora y el fraude laboral; 4) restituir los aportes patronales de las grandes empresas vigentes antes de la exención realizada por Domingo Cavallo en 1993; 5) profundizar y, en especial, definir estrategias para la ampliación de la representación en los lugares de trabajo; discutir el carácter de la representación sindical de los delegados; y crear instancias de debate abierto sobre otras propuestas y reivindicaciones de las centrales tendientes a la democratización sindical; 6) crear un centro de información público y autárquico, integrado por representantes sindicales, investigadores sociales, funcionarios públicos y representantes del empresariado que posea información sectorial actualizada sobre rentabilidades y situación del trabajo con el objetivo de fortalecer las instancias de negociación colectiva y paritaria social.
FIRMANTES
Victorio Paulón (CTA); Juan Carlos Schmid (DRAGYBAL,CGT); Paula Abal Medina (UNSAM-CONICET); Claudio Marín (FOETRA, CTA); Frente Nacional Campesino; Alejandro Grimson (IDAES-UNSAM); Horacio Ghilini (SADOP, CGT); Horacio González (UBA); Beto Pianelli (AGTSyP, CTA); Carlos Barbeito (Molineros, CGT); Pedro Wasiejko (FATE, CTA); Walter Iampietro (Juventud Sindical, CGT); María Pía López (UBA); Diego R. Morales (CELS); Héctor Palomino (UBA); Argumentos (Colectivo en red); Federico Schuster (UBA); Sergio Pisaneli y Héctor Ibarra (Comis Interna Acindar); Federico Sánchez (Juventud Sindical, CGT); Lucas Rubinich (UBA); Félix Diaz (Comunidad La Primavera); Movimiento Campesino de Formosa; Pablo Ferreyra (militante social, hermano de Mariano Ferreyra); Julián Rebón (IIGG-CONICET); Sandra Zapatero (Comis Interna Bco Credicoop); Victoria Basualdo (FLACSO-CONICET); Carolina Varsky (CELS); Arturo Fernández (UNSAM-CONICET); Mariana González (CIFRA-CTA); Estela Diaz (CTA); Carlos Pellegrini (Comis Interna Bco Central); Eduardo Menajovsky (FETIA, CTA); Frente Empleados de Comercio (CTA); Ariel Velazquez (FOETRA); Enrique Rosito (AGTSyP, CTA); Jorge Pisani (AGTSyP, CTA); Cora Arias (IIGG-CONICET); Matías Berger (CEIL-CONICET); Damián Pierbattisti (IIGG-CONICET); Alicia Py (FOETRA); Silvina Zimerman (CELS); Agustín Vanella (exFUBA); Juan Santarcángelo (UNGS-CONICET); Carolina Fairstein (CELS); Nicolás Diana Menéndez (CEIL-CONICET); Alejandro Falco (UBA); Ariel Elger (Ademys, CONAT); Gabriel Noel (IDAES-CONICET); Bruno Fornillo (IIGG-CONICET); Florencia Abbate (escritora); Rafael Oro (FOETRA); Alicia Azubel (FLACSO); Cecilia Anigstein (UNGS-CONICET); Marcelo "Gaucho" Yaquet (Corriente Política 17 de Agosto); Hugo Ghergo (FOETRA); Alejandro Alagia (Fiscal, UBA); Mónica Ingravidi (FOETRA); Mirta Orellana (Delegada Sanidad FATSA); Jorge A. Zilber (FOETRA); Lidia Brito y Cintia Menéndez (Jumbo); Marcelo Gutiérrez y Silvio Tricerri (TMT Repositores Externos); Pablo Méndez Shiff (periodista); Alejandra Esponda (UNAM-FLACSO); Nicolás Dallorso (IGG-CONICET); Adriana Alvarenga; Natalí Incaminato; Rayen Castro; Yamila Cirigliano.

Fuente: http://primerodemayo12.blogspot.com.ar/
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Coordinadora Sindical Clasista - Partido Obrero

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