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jueves, 20 de junio de 2013

Lucha política y ciencia en Marx

Marxismo & Economía



Por Rolando Astarita
 
En los últimos tiempos, entre la intelectualidad progresista y de izquierda, ha cobrado vuelo un viejo criterio de argumentación, del cual deberían diferenciarse los marxistas. El mismo viene a decir que en la lucha política el criterio para aceptar o rechazar determinado dato o argumento es preguntarse si el mismo es funcional, o no, a la defensa de la posición política a la que se adhiere. O sea, no importa la verdad científica, sino la verdad “de partido”. Hace poco, un intelectual, partidario del gobierno K, me lo explicaba: cuando le presentan un hecho, o un argumento, se pregunta sobre su “sentido o direccionalidad general” en relación al gobierno. Esto es, se interroga sobre si el argumento, o la difusión del dato, perjudica o fortalece al gobierno, y en base a esto, lo acepta, o lo rechaza y hasta combate.

Por supuesto, en esta toma de posición cuenta, y de manera fundamental, quién es interlocutor. De ahí que la respuesta se desliza, rápidamente, al cuestionamiento “ad hominem”; la clave no pasa por examinar el dato, o el argumento, sino a quién lo esgrime. Los hechos del pasado se miden con la misma vara; si un dato histórico debilita “el relato”, se lo pasa por alto, o se busca cualquier excusa (del tipo “los Kirchner apoyaron al menemismo porque desplegaban una táctica de astuta infiltración en el peronismo”; “Gerardo Martínez colaboró con la dictadura militar porque era joven”, etc.). Digamos que los críticos del gobierno proceden, en su mayoría, más o menos de la misma forma. Los datos objetivos son secundarios frente a la necesidad de defender determinada postura política (todo esto se puede conectar con la idea de que “no hay verdades objetivas”, porque toda realidad es “discursiva”).

Debemos admitir, además, que este criterio también está difundido, en algún grado, entre los marxistas. Hace casi 30 años, un dirigente de una organización de izquierda, que no era stalinista, y que escribía en el periódico partidario, me lo explicaba con todas las letras (y un toque de cinismo): “no tengo pruritos en mentir, o en ocultar información, si se trata de defender la línea del partido. Sólo publico los hechos que encajan con el programa y las campañas de agitación votadas por el Comité Central. Más precisamente, soy un escriba del Comité Central, porque la organización está por encima de mis veleidades intelectuales y de los personalismos”. En fin, toda una explicación “bolchevique y proletaria”. Su justificación más “de fondo” (para llamarla de alguna manera) era que en tanto la mentira, o el ocultamiento, sirvieran para hacer progresar la táctica del partido, eran admisibles, y hasta necesarios.

Por otra parte, esta manera de encarar las cosas estuvo, y sigue estando, muy extendida entre los stalinistas. El resultado, invariablemente, fue tapar, disimular o defender cualquier inmundicia, desde “Juicios de Moscú”, campos de concentración y asesinato de trotskistas y anarquistas, hasta personajes lúmpenes y corruptos de gobiernos capitalistas. Todo en aras del “sentido general”, a través del cual se filtran hechos, argumentos, historias y datos. Por supuesto, en este marco, las piruetas políticas están a la orden del día; siempre se pueden explicar por “los avances tácticos alcanzados”, encuadrados en la “estrategia general”.

Pues bien, frente a un criterio tan extendido, quisiera señalar que Marx y Engels parecen proponernos uno opuesto. En una carta a Lafargue, del 11 de agosto de 1884, Engels escribía: “Marx protestaría contra ‘el ideal político, social y económico’ que usted le atribuye. Cuando se es ‘un hombre de ciencia’, no se tiene un ideal, se elaboran los resultados científicos y cuando además se es hombre de partido, se combate por ponerlos en práctica. Pero cuando se tiene un ideal, no se puede ser hombre de ciencia, pues se ha tomado partido de antemano” (el pasaje está citado por Maurice Godelier en Horizon, trajets marxistes en anthropologie, Paris, 1973, Maspero, p. 97; si alguien tiene la carta completa, agradecería que me la envíe).

Pienso que los marxistas deberíamos seguir este criterio, explicado por Engels, ya que es consustancial a la actitud crítica y subversiva del socialismo científico, y a la construcción de un proyecto socialista. Si queremos acabar con toda forma de opresión y explotación, tenemos que desterrar de los mensajes dirigidos al pueblo, el disimulo y la mentira. Toda la experiencia histórica enseña que una vez que se empieza a bajar por la pendiente del “todo vale en aras de la línea política”, no hay límites. La estación final es el cinismo generalizado, como ocurrió en todos los regímenes burocráticos stalinistas. Como no puede ser de otra manera, el burócrata que se cree con derecho a manipular la información, a dosificarla (“en aras de la salud mental del pueblo” y similares excusas), se ubica por encima de la sociedad, para seguir haciendo del ser humano un ser sojuzgado y humillado. Es la alienación bajo la sociedad burocrática-estatista.

Pero la mentira y el engaño son también las formas establecidas de la política burguesa (o pequeño burguesa) cotidiana. Se dice cualquier cosa, y se la defiende, o ataca, según las conveniencias del momento. Sostengo que estas prácticas no deberían tener lugar en el campo marxista, ya que desarman a la crítica. En una carta a Kugelmann, del 11 de julio de 1868, Marx se preguntaba por qué debe haber ciencia, y respondía: “Cuando se comprende la conexión interna entre las cosas, toda creencia teórica en la necesidad permanente de las condiciones existentes se derrumba ante su colapso teórico”. Sin embargo… ¿cómo puede haber examen “de la conexión interna entre las cosas”, si no se respetan los datos objetivos y se procede con argumentos razonados?

Agreguemos que incluso desde el punto de vista táctico, el criterio de Marx y Engels es superior al que impera en el reino del “vale todo”. Es que los avances obtenidos con el engaño y la mentira, tienen pies de barro, como lo prueba la evolución de las organizaciones obreras y socialistas oportunistas. Todas terminan desacreditadas y siendo funcionales a la dominación burguesa. Por eso, la política marxista se basa en los hechos fundamentales -la relación de explotación- y no en las conveniencias inmediatas. En este respecto, y en crítica a una corriente de oportunistas, Engels también escribía: “Este olvido de razones importantes, fundamentales, por intereses del día, esta carrera tras los éxitos momentáneos y la lucha por ellos sin tener en cuenta las consecuencias posteriores, esta forma de sacrificar el futuro del movimiento en aras del momento actual, puede darse, tal vez, por motivos ‘honestos’. Pero es oportunismo y seguirá siendo oportunismo, y el oportunismo ‘honesto’ es quizás más peligroso que todos los demás” (carta a Kautsky, 29 de junio de 1891).

Lamentablemente, hoy tenemos mucho “oportunismo honesto”, y posiblemente, mucho más “del otro” (y regado con mucho dinero). Hay que reconocer las cosas como son. La reconstrucción de un fuerte movimiento socialista deberá encarar, necesaria e inevitablemente, estas cuestiones, si quiere progresar.

Esta nota debería interpretarse como una continuación de la anterior. Las dos conforman un todo.

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“Lucha política y ciencia en Marx”

Fuente : http://rolandoastarita.wordpress.com/2013/06/20/lucha-politica-y-ciencia-en-marx/

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