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domingo, 21 de julio de 2013

Neuquén, tan lejos de Buenos Aires y tan cerca del petróleo

Neuquén, tan lejos de Buenos Aires y tan cerca del petróleo
Pozo de explotación de hidrocarburos no convencionales en Loma de la Lata, Neuquén

Por Nicolás Gildengers*, desde Neuquén.

Mientras en la Capital Federal el “oficialismo” y la “oposición” se pelean por ver quién tiene razón en cuanto a las inversiones extranjeras, la realidad no la vive ni un grupo ni el otro. La realidad sucede a 1500 kilómetros, en un lugar que muchos nombran y pocos conocen: Vaca Muerta, en la provincia de Neuquén.

Vaca Muerta, el lugar en el que se están haciendo los pozos de no convencionales queda 110 kilómetros al norte de la ciudad de Neuquén. A 1400 kilómetros del lugar en el que se toman las decisiones de un país enorme. En horas de viaje se puede medir así: en avión hasta la capital de la provincia es una hora y media, en auto pueden ser doce o catorce horas, en colectivo un mínimo de dieciocho. En tren no se puede viajar porque dejó de llegar desde Constitución, en Buenos Aires, a principios de los años ‘90, cuando el ex presidente Carlos Menem, se los dio en concesión a Amalia Lacroze de Fortabat.
La zona en cuestión puede parecer, al ojo que no está acostumbrado, la nada misma. Un criadero de yuyos. Un lugar lejano y hostil por el clima. Un pedazo de tierra al que popularmente se puede llamar desierto. Es decir, un territorio en el que no vive nadie, no puede crecer nada y, por supuesto, producir algo relacionado al agro es imposible.

El tema es que en ese lugar, desde hace más de cien años vive gente. Estas personas que viven ahí son integrantes de algunas Comunidades Mapuche, que en la provincia son más de 60. Estos hombres y estas mujeres viven de lo que producen: huertas familiares, cría de animales y todo lo que se desprende de la actividad.

Vaca Muerta es un paraje que se hizo famoso por ser la mayor reserva de no convencionales de la región y quizá una de las más importantes del mundo, según explica el Observatorio Petrolero Sur-, pero hay un antecedente. El primer pozo de Shale Gas –otro nombre que se le da a este tipo de recursos- fue en Loma de la Lata, también en la provincia de Neuquén, a unos 40 kilómetros de Zapala, centro geográfico de la provincia.

En los dos parajes, y al igual que en los lugares en los que se prevé explorar minerales, se da una situación similar: parece que no vive nadie pero, sin embargo, hay Comunidades Mapuche. ¿Por qué no figuran en ningún lado?

En todo el territorio nacional rige la ley 26.160 de Relevamiento Territorial de Comunidades Indígenas. El relevamiento sirve, en caso de que se haga, para determinar fehacientemente en dónde hay gente viviendo y cuáles son tierras fiscales. Esta ley fue sancionada en el año 2007 y el plazo para aplicarla era de cuatro años. Como varias provincias no hicieron el relevamiento, mediante la ley 26554 se dio una prórroga hasta el 23 de noviembre de 2013.

En Neuquén todavía no se hizo el relevamiento y no se ven muchas intenciones de hacerlo. Desde distintas Comunidades Mapuche reclaman que se empiece con el censo y denuncian que si no se hizo es porque hubo, y hay, un desmanejo total de las tierras.

Como caso testigo se puede poner el de la Corporación Interestadual Pulmarí, en la que muchas personas ligadas al Movimiento Popular Neuquino recibieron lotes de tierras que no se pueden vender pero que se utilizaron, y utilizan como negocios inmobiliarios, que tuvieron como protagonista durante el año 2010 al intendente de una localidad.

Volviendo a los recursos no convencionales, y para poder entender por qué tanta gente se niega a que se hagan este tipo de actividades, hay que tener claro de qué hablamos cuando decimos gas o petróleo no convencional –también llamado Shale o fracking-.

Lo primero a tener en cuenta es que las reservas de crudo convencional están casi agotadas y, como el mundo sigue teniendo una matriz energética en base al oro negro, las empresas se dieron cuenta de que tenían que buscar en los últimos rincones. Así que con las nuevas tecnologías se hacen perforaciones de unos cuatro o cinco mil metros bajo tierra, una vez que se llega a esa distancia se hace una perforación horizontal, que se puede extender varios kilómetros. Después se inyecta agua dulce y pura, es decir, apta para el consumo –requisito indispensable-, a la que se le agregan más de 500 químicos. Lo que se hace entonces es fracturar la piedra y con la arena y el agua con químicos se extrae el gas o petróleo.

Lo que reclaman las Comunidades Mapuche y las organizaciones ambientalistas es que no se sabe cómo se va a controlar que no haya contaminación. Muchas veces se dejan residuos químicos en los pozos –se calcula que entre el 20% y el 50% de estos líquidos vuelven a la superficie-. Otra metodología es hacer piletones de 400 metros de largo por 150 de ancho y unos 200 metros de profundidad, en los que se deja el agua estancada y tapada con nylon.

Por lo general esta actividad se hace en tierras que se suponen fiscales, pero como todavía no se hizo el relevamiento territorial en Neuquén es imposible estar seguros de que así sea. En el caso de Loma de la Lata, los pozos están muy cerca de los lugares de pastoreo de los animales. A esto se agrega que los últimos 10 años fueron de sequía y los hilos de agua se fueron evaporando. Cuando los animales no tienen en dónde saciar su sed y ven estos piletones con agua y químicos, se acercan a tomar de ahí. Los que no mueren ahogados por no poder salir de las piletas se mueren por la ingestión de sustancias químicas.

Hace tres años, en la presentación y entrega de los primeros cinco lotes del Parque Industrial de Zapala, el gobernador Jorge Sapag explicó que durante todos los años de explotación de hidrocarburos se habían realizado cerca de 10800 pozos, y que en los próximos diez años se realizaría la misma cantidad.

Lo que no explicó el gobernador de la provincia, fue de dónde se sacaría el agua para este tipo de explotación, en qué lugares se realizarían y si habían acordado con las Comunidades Mapuche de esos lugares, que por el Convenio 169 de la OIT, que se ratificó y se incorporó plenamente al ordenamiento jurídico nacional con rango constitucional, prevé que para cualquier tipo de exploración y explotación en tierras de Pueblos Originarios, tiene que haber consulta y consentimiento previo libre e informado, según el derecho internacional sobre derechos humanos.

Con este nuevo acuerdo entre YPF y Chevron parece repetirse la misma lógica.

* Periodista de Radio Nacional Zapala

Fuente: Marcha 

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