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lunes, 12 de agosto de 2013

Octubre 2013, se reacomodan las fichas

Escrito  miércoles, 17 de julio de 2013   

El escenario electoral confirma la presencia de las dos estrategias del bloque dominante que ya describimos en el artículo anterior: Crisis Política en Argentina.

A simple vista se percibe el avance explícito de la estrategia conservadora en lo que hace al terreno de disputa política principal hoy, que se da dentro de la maquinaria electoral del Partido Justicialista.

De ahí que la estrategia progresista neodesarrollista perdió posiciones, en tanto que su principal fortaleza es al mismo tiempo su principal debilidad: contar con la dirección del Estado nacional, lo cual permite el alineamiento de estructuras conservadoras de gobiernos municipales y provinciales para garantizar la gobernabilidad.

En ese marco es importante sacar conclusiones que vayan más allá del escenario electoral 2013, pudiendo entrever las formas de acumulación de poder a la hora de dar una disputa que pueda incidir sobre la coyuntura política a mediano plazo.
En ese sentido, el avance de la derecha en los armados electorales debe alertarnos respecto de las tácticas que debe darse el movimiento popular y la forma de abordar este terreno de disputa; teniendo en claro lo que implica meterse en la disputa del poder institucional, sin reducir las tareas políticas a la mera lógica electoral, sino pudiendo dinamizar cualquier forma de participación en ese terreno, considerando las alianzas y la construcción de fuerzas que se impone.

El avance de la derecha en los frentes electorales

La derecha avanzó en todas las alianzas electorales. Basta con ver que los partidos y candidatos que representan a la tendencia liberal, aparecieron en las primeras posiciones en el armado de las listas. Y las tendencias democráticas y anti-imperialistas van como furgón de cola a la hora de presentar los candidatos.

En lo que era el FAP hubo una serie de movimientos donde los liberales avanzaron posiciones al punto de desprenderse de las expresiones más progresistas. Esto se expresa fundamentalmente en el alineamiento nacional entre la UCR, el PS y la Coalición Cívica; y el desdoblamiento en el Frente Popular Democrático y Social y Frente Progresista Cívico y Social.

La Alianza UDESO entre Alfonsín y De Narvaez quedó entonces descompuesta, y este último se fue con el moyanismo en Unidos por la Libertad y el Trabajo.
El Pro dio un salto en calidad, aparentando no romper el cerco de capital federal¸ tejió una alianza con el Massismo, recientemente desprendido del kirchnerismo.
Como ya lo planteamos, esta oposición dura se enmarca en una táctica que se inscribe en el desgaste institucional del kirchnerismo; pero que por el momento, es incapaz de presentarse como una alternativa política real. A tal punto que si uno mira las votaciones legislativas no han logrado prácticamente en ningún caso expresar una unidad política a la hora de votar.

En ese sentido, la disputa más fuerte de las dos estrategias del bloque dominante se da al interior del peronismo. La correlación de fuerzas al interior del Partido Justicialista en términos de garantizar la gobernabilidad, obligó al kirchnerismo a que el Frente Para la Victoria repliegue hacia la disputa interna y ceda posiciones a las estructuras políticas neoliberales del peronismo, dándole preponderancia a los candidatos de los gobernadores e intendentes más retrógrados y conservadores.

En la Provincia de Buenos Aires se expresó claramente esa disputa, donde la salida a la cancha del Frente Renovador con Massa a la cabeza, obligó al kirchnerismo a evitar la mayor cantidad de deserciones para ese frente, elevando las posiciones de los intendentes “similares” a Massa en las listas, y haciendo retroceder a las nuevas camadas de diputados y consejales de Unidos y Organizados.

En Santa Fé, por ejemplo, el corrimiento de Rossi de la disputa territorial de la provincia, dio lugar al reagrupamiento del justicialismo hacia el FPV. 
De hecho, los lugares para Unidos y Organizados fueron en las provincias donde los acuerdos con el peronismo local estás rotos, tales como Córdoba o en los municipios que se alinearon a Massa, como Tigre o Almirante Brown, donde es necesario llenar e impulsar el Frente Para la Victoria frente al vaciamiento de los justicialistas locales.

Así las cosas, la estrategia conservadora dispone sus fichas para salir del 2013 lo más airosa posible, esto es con fichas afuera y dentro del kirchnerismo, preparando el escenario político de forma tal que la “restauración conservadora” se haga carne en el 2015. Ya sea polarizando fuerte en las presidenciables, o surgiendo de dentro mismo del kirchnerismo.

De una u otra forma, hay algo de lo que ya no quedan dudas, la restauración conservadora se forja al calor de una dirección política, que proviene de las estructuras de gobierno provinciales y municipales, peronistas y radicales en algunos casos, que hasta la fecha sostuvieron y sostienen al kirchnerismo.


Los límites de estas elecciones

Ese avance de la derecha no implica por el momento un avance en lo que hace a la conducción política del Estado Nacional. Sino que expresa más bien un problema a largo plazo, en tanto materializa un avance de posiciones concretas, que sin embargo se da en el marco de la disputa institucional del espacio de poder más formal y superficial de los tres grandes poderes del estado, el poder legislativo.
Si hacemos un repaso rápido de por ejemplo dos leyes muy importantes que fueron legitimadas desde ese poder, tales como las la Ley de Medios y la Reforma Judicial, podemos decir que no viene siendo muy eficiente esa instancia. Estas leyes que son trascendentes a la hora de desarrollar una agenda democrática en Argentina, en tanto afectan intereses privados importantes, no han podido prosperar.

El caso es que la reforma judicial que se aprobó, fue frenada sin problemas. De hecho se frenó una jugada electoral que le hubiera permitido ganar posiciones a la estrategia progresista en tanto que se hubiera nacionalizado la elección de cara al Consejo de la Magistratura, lo que hubiera planteado a las elecciones de medio término de este 2013, en un nivel de disputa y polarización de intereses mayor. Estaríamos hablando de otro escenario electoral.
Es por eso que la estrategia progresista está debilitada. Las iniciativas más democráticas del kirchnerismo no han logrado hacerse realidad, frente al poder de veto que tiene la derecha en este país.

Esto muestra la debilidad de la estrategia progresista, porque hasta el día de la fecha, salvo pequeñas excepciones, reduce su accionar a lo institucional formal, a la hora de dar una disputa política de mayor alcance.
De esta manera se hace visible la extrema debilidad del parlamentarismo como única vía para profundizar la democracia, poniendo de manifiesto a su vez que sin la participación y movilización popular, y el consecuente recambio político necesario de las estructuras políticas municipales y provinciales, esa tarea es imposible.
Para ser claros, si la estrategia progresista desarrollista, continúa sin impulsar la renovación política de las estructuras municipales y provinciales, la “restauración conservadora” será un hecho en el 2015. Esperar a que los sectores más conservadores del justicialismo rompan con el Frente para la Victoria, para impulsar esa renovación, no es más que un movimiento defensivo de último momento, que ni siquiera rasguña a la estrategia conservadora.

Algunas conclusiones:

La disputa por el poder estatal implica definir lineamientos en la disputa institucional y electoral. Es en este sentido que el movimiento popular empieza a preocuparse por participar de la disputa política, lo cual implica meterse en una lógica en la cual se cuenta con poca experiencia. Es por esto, que para poder atravesarla es necesario tener claridad del tipo de acumulación de poder que se está buscando, no cayendo en ser un engranaje más que entra al círculo de denuncias abstractas y del desfile de candidatos, tal como sucede con la izquierda tradicional.
Al respecto hay que considerar un dato no menor: más del 80% de la lucha electoral se resuelve al interior del peronismo (en todas sus variantes desde el FPV, pasando por el Frente Renovador, hasta el Peronismo Federal).

De aquí es que se desprenden dos observaciones:

1) La fuerza territorial que tienen las estructuras políticas del peronismo, principalmente conservadoras, a lo ancho y largo del país, es realmente grande, lo cual obliga a pensar la acumulación de poder en los territorios de una manera mucho más seria de la que se viene planteando. Es decir, existe experiencia en la lucha reivindicativa y social, pero muy poca referencialidad política territorial. No se puede hacer una equivalencia de la acumulación de fuerza social y la acumulación política. Son tareas combinadas, pero que a la vez implican terrenos de disputa diferentes. Es más: las organizaciones populares han tenido mucha capacidad de generar crisis política y voltear gobiernos locales, pero una nula capacidad de darle una salida política a esa crisis.

Por tanto, al movimiento popular le falta fuerza. Esto implica profundizar aún más la construcción de poder popular en los territorios y combinar esa construcción con la disputa por el poder estatal. Hay que problematizar más las construcciones en torno a qué estructuras hay que disputar, qué alianzas hay que tejer, qué tipo de fuerza hay que construir en los territorios, qué sujetos sociales van a dirigir las transformaciones y los grandes cambios.

En ese sentido, la disputa territorial a nivel local abre grandes posibilidades para desarrollar la lucha política. Ahora bien, lo nacional es importante y no se puede relegar. Y aquí va la segunda observación:


2) El peronismo es un movimiento con tendencias, que tiene la capacidad de disciplinarse y garantizar la gobernabilidad de este país. Si miramos bien, es el único movimiento político que pudo sobreponerse a las rebeliones populares anti-neoliberales que se dieron en el continente americano hace ya más de una década (fuerzas tales como el MNR boliviano, el APRA peruano o el PRI mexicano fueron devoradas por la crisis neoliberal). A diferencia de otros países donde surgieron nuevas direcciones políticas, producto de esos procesos, aquí en Argentina la dirección política de ese proceso surgió de una fracción progresista del PJ, que se constituyó a lo largo de estos años como “el Kirchnerismo”.
En ese sentido, es un problema estratégico que debe ser pensado.

En consecuencia, construir la fuerza necesaria para avanzar en un proceso revolucionario en nuestro país implica que no se puede ir del todo afuera del peronismo, ni se puede reducir la construcción de fuerzas a la disputa interna del peronismo.
Ese es un dilema histórico que una acumulación estratégica de fuerzas en este país debe resolver.

Por todo lo dicho, es tarea del movimiento popular construir la fuerza necesaria para no retroceder en las conquistas sociales y de derechos de los últimos años, dotándola de un proyecto político que reactualice al siglo XXI las banderas de la soberanía política, la independencia económica y la justicia social. Y esto cabe tanto para las fuerzas del movimiento popular que hoy integran el kirchnerismo, como a las que se ubican en el antikirchnerismo.

De no ser capaces de construir dicha fuerza política y social, el bicentenario de la independencia nacional en el 2016, nos encontrará con la restauración conservadora dirigiendo al Estado Nacional.

Hoy luego de las PASO se observa que el Kirchnerismo no llega mas que al 26,3% a nivel nacional con lo cual parecería que hoy fuera cuasi-imposible evitar una restauracion neoconservadora en 2015


http://www.resultados.gob.ar/paginas/paginas/dat99/DDN99999.htm


Fuente : http://elnuestrotiempo.blogspot.com.ar/2013/07/octubre-2013-se-reacomodan-las-fichas.html

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