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lunes, 23 de septiembre de 2013

Giro mediático

Giro mediático Por Ulises Bosia

La derrota en las PASO también trajo aparejado un cambio en la política hacia los medios de comunicación por parte del kirchnerismo. Reflexiones sobre las entrevistas a la presidenta de Hernán Brienza.

La aparición del programa “Desde otro lugar”, emitido por la televisión pública, trajo a las pantallas una larga entrevista a Cristina Fernández, de la que hasta ahora fueron transmitidas las dos primeras partes.


Desde el 2003, el kirchnerismo estableció una relación distante de la figura presidencial con los medios de comunicación, con el objetivo de preservarla del desgaste sufrido desde fines de los años noventa. A cambio designó como voceros a sus ministros. En esta línea, la última vez que la presidenta había brindado una entrevista de este tipo había sido en el año 2009.

Pero actualmente el uso cada vez más frecuente de su cuenta de Twitter abrió una nueva, fluida y directa vía de comunicación, mucho más cercana y amigable para los ciudadanos que las cadenas nacionales. Sumado a eso está la decisión de que distintos candidatos del Frente para la Victoria accedan a ser entrevistados en Todo Noticias, así como a participar de los almuerzos de Mirtha Legrand. De conjunto, estos hechos expresan un principio de cambio de la política oficialista hacia los medios de comunicación, tras la evidencia que dejaron las PASO de un fuerte retroceso del apoyo popular a la gestión del gobierno nacional. Es evidente que el circuito de comunicación oficialista solamente es consumido por los kirchneristas convencidos, y que repele a cualquiera que no se considere miembro de esa tribu.

Es curioso que el momento de mayor hegemonía kirchnerista haya sido al mismo tiempo una etapa de repliegue sobre los propios medios. Quizás esto pueda explicarse por las propias palabras de la presidenta, que afirmó en la entrevista mencionada que el poder político “en realidad es el poder que menos poder tiene, debe representar el 30% o el 40%”. Además, también afirmó que en la actualidad “los poderes corporativos suplantaron los golpes de Estado por la acción de los medios de comunicación y por ciertos sectores de la Justicia”, de lo que se deduce una actitud defensiva.

El (otro) lugar de la presidenta
La actividad política en nuestro país, y en general en el mundo occidental, cada vez es menos protagonizada por partidos políticos.
Lo que resaltan son personas, políticos de carne y hueso, vendidos por el marketing electoral.
En ese sentido, Cristina siempre mantuvo una implícita anacronía, mostrándose como una jefa de Estado y evitando mezclar lo privado y lo público. O mejor dicho, evitando hacer de las cuestiones privadas un argumento de la actividad pública, con la excepción del duelo por la muerte de Néstor, que difícilmente pueda ser considerado estrictamente un hecho privado.

Cristina Fernández es una militante política, particularmente marcada a fuego por su experiencia de juventud en los años setenta. Durante la entrevista de repente habla de Mao, de Abelardo Ramos o de Ezeiza con naturalidad, la historia argentina está presente en su pensamiento, está acostumbrada a temas que es casi imposible imaginar en boca de los principales políticos de la actualidad. Scioli hablando del maoísmo, Massa de la izquierda nacional o Macri recordando la vuelta de Perón son contradicciones en sí mismas, distintas formas de oximoron político que demuestran por el absurdo la pertenencia de Cristina a otra generación, o también a otra cultura política, la de la militancia organizada.

Sin embargo gobierna en la actualidad. Tal vez pensando en eso afirma que su “gran arma política no es la argumentación, sino que la gran arma de este proyecto son las cosas que hemos hecho, la realidad”. Se trata de un viejo leit motiv del peronismo, que al mismo tiempo es un puente entre la ideología y la gestión, entre el espíritu de los setenta y los tiempos del capitalismo globalizado, es lo que hace que Cristina no sea una intelectual sino una funcionaria pública.

Estas entrevistas intentan correrla de ese lugar excesivamente solemne y formal para los tiempos que vivimos, algo mejor logrado en la segunda parte. Allí habla de la familia, de sus hijos y especialmente de su hija. Deja entrever su desconcierto por la distancia que muestra Florencia hacia la actividad política, aunque prefiere tranquilizarse porque “ella también hace política, tal vez sin darse cuenta”, con su cámara, en la medida en que “todo es política”.

Aún vestida con el negro del duelo, se muestra confiada en sus atractivos como mujer. Entre risas confiesa: “Amo a Belgrano, hubiera tratado de seducirlo en aquella época”. Cuando el periodista le replica que era un hombre mujeriego, ella le contesta “no sé si me hubiera dejado a mí.”

Este otro lugar de la presidenta, su costado más humano por así decir, convive con las más usuales explicaciones de sus políticas públicas. Aunque el tono pedagógico de sus explicaciones sólo se aplica a la comprensión de su gestión, no se traslada a la formación de la militancia, a la usanza del viejo general. A ella las palabras le salen de manera espontánea, como cuando explica lo que para ella es escuchar: “Yo escucho mucho a la gente común, inesperada”. “Escuchar en sí mismo no es un fin, es un medio para saber, para que vos puedas saber más, decidir mejor, no equivocarte”, asegura en una velada respuesta a quienes afirman que el kirchnerismo no escucha a la sociedad porque no acepta ciertas demandas.

Aún así, por las mismas características del ciclo, la apuesta es limitada. Brienza se ubica como un facilitador de la comunicación presidencial. En ningún momento intenta poner en aprietos a su entrevistada sino ayudar a que su mensaje se comunique. Y en eso pierde una oportunidad. Sería interesante ver una entrevista como estas con periodistas que no adscriban al gobierno nacional. No deja de ser raro imaginar a Cristina por ejemplo en el estudio de Fantino, donde seguramente el rating de la entrevista sería mucho más alto.

El resumen para mi al ver las dos charlas que hubo es que la charla es tan intranscendente que me resultaron poco interesantes para ver . En la primera Brienza pregunta vamos a hablar del presente y terminan embarcandose en un debate sobre los que vivieron en los 70 cuando yo recien habia nacido y que en lo personal no me importaba para nada y me sonaba una forma de huir del presente y del futuro hablando de algo que paso hace 40 años . La de ayer me pareció aun peor ya que la vida de los hijos de la presodenta no es algo que me incumba , es mas desearia no saber quienes conforman la familia presidencial , ya que considero que eso es parte de la nefasta herencia menemista posmoderna . La verdad lo que hagan los hijos de la presodenta o su nieto son parte de la vida privada y no tienen nada que ver con la gestiión de un gobierno . O sea ambos programas me resultaron intrascendentes realmente frente a la coyuntura actual , si estaria bien para alguien que escribe las menorias para un libro de historia . Justamente el mayor deficit del gobierno para mi es que no brinda ninguna ilusion de futuro y se recuesta excesivamente en hechos del pasado y no veo que eso haya cambiadao en nada hasta ahora , tal vez lo mas importante es si en el proxiimo programa Cristina dijera la verdad respecto de lo que piensa ella del 2015 y de paso plantear que proyectos piensa llevar adelante en los 2 años que quedan hasta el fin del mandato y que piensa hacer luego de dejar su cargo actual , como se atiende el tema de la restriccion externa y la falta de dolares , como hacemnos para no llegar al 2015 sin reservas , como piensa cerrar el tema expropiacion de Repsol , le dja el regalito de la deuda al prximo gobierno? Digo yo le haria muchas preguntas a Cristina antes que hablar de su familia y de cortar rosas , en ese aspecto ...

Fuente: Marcha

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