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martes, 3 de septiembre de 2013

Una ausencia (casi) total en las elecciones



Por Tomás Guevara. 

Los problemas del suelo y la vivienda están entre los principales que afectan a la sociedad argentina. Cómo los abordan los distintos espacios políticos. Lo que se dice, lo que se hace y lo que no de cara a las elecciones legislativas.


Se fueron las PASO y abundan los análisis sobre el escenario político de cara al 2015. Al margen de estos análisis necesarios, puede indagarse por el contenido de las campañas, donde llama la atención la pobreza de las propuestas. Del lado kirchnerismo, reafirmar lo hecho y prometer más de lo mismo, sin mayores precisiones. La oposición, casi toda por igual, criticar lo mal que le hace el gobierno a la República y poco más. Habria que decir que Massa fue prácticamente el único (obviamente con apoyo de los medios con los cuales edifico gran parte de su buena imagen como gestor de su municipio ) que metió temas en la agenda y obligo a reaccionar al kirchnerismo con la actualizacion del MNI , el envío de gendarmes a la PBA y ahora hasta Insurralde adminitiendo el dibujo trucho del Indec que hizo el kirchnerismo 
Específicamente pensando en el problema del suelo y la vivienda, el tema ha estado prácticamente ausente. Sacando apelaciones vagas de algunos candidatos, prácticamente no hubo fuerzas que tomaran la problemática seriamente.

El kirchnerismo aplica a la temática el axioma de su campaña: seguir haciendo lo mismo. Es necesario reconocer que ha invertido en vivienda más que otros gobiernos en las últimas décadas. Más de un millón de soluciones habitacionales terminadas o en ejecución a través de Planes Federales. No obstante, esta inversión no logró romper la lógica del proceso de urbanización vigente, liderado por el interés privado: suelo urbanizado demasiado caro, alta demanda especulativa para urbanizaciones cerradas, casi inexistente crédito hipotecario, mercado inmobiliario informal que da respuesta en condiciones de extrema precariedad, son las características sobresalientes de este proceso de urbanización que nadie del gobierno parece cuestionar. Sumó recientemente dos novedades, una de cal y una de arena. La buena, la creación del PROCREAR, que financia construcción de vivienda con créditos a tasas subsidiadas y promueve la utilización de lotes que ya están en posesión de las familias, además de incorporar cientos de hectáreas de tierras fiscales para desarrollos habitacionales. Demasiado reciente para poder evaluarla, ciertamente es una medida interesante. La mala, los por ahora fracasados CEDIN, que retroceden en la decisión de pesificar el mercado inmobiliario y buscan reactivarlo para captar dólares. Una medida que no cuestiona la lógica de funcionamiento que hace que cada vez más familias tengan que resolver su situación habitacional informalmente, mientras existe una subutilización importante de las viviendas construidas.

El sciolismo, el massimo y el macrismo, cada uno con sus matices, muestran una postura retrógrada en esta materia. El PRO se ha cansado de reducir y subejecutar las partidas destinadas a vivienda y desarticuló lo poco que había en materia de urbanización de villas y autogestión. Mientras, destina cuantiosos recursos a obras de maquillaje en villas y a extender un control territorial mediante cooperativas de trabajo, cerrando un círculo perverso pero eficaz. Su política de desarrollo urbano se basa en intervenciones que buscan valorizar áreas degradadas para incorporarlas a lógica de la valorización inmobiliaria. Apela para ello a la creación de distritos especiales, exenciones impositivas, subsidios, bonificaciones, obras emblemáticas, que sólo redundan en una transferencia de valor al sector privado.

El sciolismo sancionó una más que interesante Ley de Acceso Justo al Hábitat en 2012, que planteaba entre otras cuestiones cargas sobre los desarrollos inmobiliarios de alta gama, en aras de generar una mayor oferta de suelo urbanizado. Tal vez por eso, duerme el sueño de los justos, esperando una reglamentación que nunca llega. Una salida bien sciolista: ceder para evitar el conflicto, sancionar la ley y pasada la efervescencia dejarla morir en un cajón.
El massismo tiene menos para mostrar, pero también menos responsabilidad. Sus principales dirigentes son intendentes, que en la Provincia tienen menguadas capacidades para generar políticas propias. Lo que no puede ocultar es el modelo de desarrollo territorial de Tigre caracterizado por la desigualdad socioterritorial y la fragmentación, donde pocos viven muy bien en urbanizaciones cerradas que ocupan una gran porción del territorio, mientras que las grandes mayorías viven en precarias condiciones en barrios que poco o nada han mejorado su situación. Si bien dicho modelo es preexistente a Massa, nada hizo para cambiarlo, se montó sobre él y lo profundizó.

El resto de la oposición no aporta demasiado. El socialismo podrá aducir que Santa Fe fue relegada en los Planes Federales, pero gobierna un distrito grande y con recursos para generar política propia, cosa que hizo de manera limitada. Poco hizo también para contrarrestar la lógica especulativa que transformó gran parte de la ciudad de Rosario al calor de los dólares de la soja, al tiempo que las barriadas de la periferia muestran una situación cada vez más comprometida, con el agravante de la creciente actividad del narcotráfico.

Como excepción se puede mencionar, entre las propuestas de izquierda y progresistas, la del nuevo frente Camino Popular de la CABA, que incluyó explícitamente como uno de sus ejes de trabajo para el congreso a la problemática habitacional. Su propuesta combina la regulación de alquileres, la urbanización de villas y la promoción de procesos de autogestión colectiva del hábitat, incluyendo entre sus listas a candidatos provenientes de experiencias de organización de base. El eje conceptual articulador es la noción del derecho a la ciudad, que reúne diversas reivindicaciones y demandas relacionadas con el desarrollo integral de la vida en el entorno urbano.

En promedio, poco han aportado las campañas a instalar alternativas a la lógica de producción del espacio urbano de este capitalismo agroexportador. Cada vez es más necesario alumbrar un modelo de desarrollo económico, social pero también territorial que contemple de forma integral a nuestro pueblo.

Fuente : Marcha

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