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miércoles, 16 de octubre de 2013

Adiós a la soberanía



Por Francisco J. Cantamutto.

A la par que se intenta reabrir el canje de 2005 y 2010, el gobierno nacional avanzó con el arreglo con el Banco Mundial para pagar deudas para futuros nuevos préstamos. Los intentos desesperados por mostrar responsabilidad ante el capital especulativo internacional y la encrucijada de lo popular.

Nuevamente, las obligaciones de pagos al exterior están en el centro del debate. Discutir las fugas de recursos al exterior apunta a uno de los nudos del kirchnerismo: la promocionada política de desendeudamiento se choca contra una realidad palmaria que la contradice. Tal como repitió la presidenta hace menos de dos semanas, “Argentina, que durante muchísimo tiempo había sido una deudora serial, hoy es una pagadora serial”. Se trata de una abierta declaración de intereses: la intención a toda costa de cumplir con obligaciones de dudosa legitimidad o legalidad.

La semana pasada, el ministro de economía Lorenzino se reunió en pleno con las autoridades del Banco Mundial, el Fondo Monetario, el Banco Interamericano de Desarrollo, el Tesoro de Estados Unidos, miembros del G20. Es decir, como señala Julio Gambina, se reunió con el conjunto de autoridades que componene el Consenso de Washington, con las que además, se llegó a un acuerdo.

La noticia de esta semana, justamente, ha sido el arreglo con el Banco Mundial. El gobierno recibiría unos US$ 3.000 millones, a cambio de aceptar pagar deudas con empresas trasnacionales. Tras más de una década de litigios, un conjunto de empresas extranjeras logró que el gobierno acepte cumplir la sentencia de pago del Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones. Este órgano se encarga de resolver conflictos legales internacionales ligados a inversiones, y su trayectoria ha sido de claro favor a las trasnacionales. Por esta razón, Bolivia, Ecuador y Venezuela decidieron retirarse del mismo, bajo una reivindicación de soberanía nacional. El camino elegido por Argentina no ha sido el mismo: además de permanecer bajo la órbita del órgano, acepta sus fallos como extorsión para acceder a nuevas líneas de crédito.
Hace algo más de una década, el gobierno de De la Rúa dio pasos semejantes, aceptando cualquier demanda de los organismos multilaterales para obtener fondos. En aquel momento, esos fondos fueron utilizados para financiar la fuga de reservas. Es decir, el país se endeudó para que algunos pocos pudieran pasar su capital dólares. Esa misma lógica de aceptar exigencias externas, sin miras de sus efectos, tuvo mucho que ver con el estallido de la Convertibilidad. Por un lado, porque al dar más poder a estos organismos, las exigencias no disminuyen, sino -al contrario- ganan en intensidad, exacerbando sus nocivos efectos sobre el país. Por otro lado, esto mismo hace que las organizaciones populares acrecienten sus reclamos ante el despojo.

A pesar de lo ingrato, el paralelismo parece válido. Las empresas litigantes fueron de las mayores beneficiarias del despojo social que fue la Convertibilidad, en especial, por las privatizaciones. Esas empresas se salieron del país porque encontraron negocios más rentables en otras partes del globo, dejando en ruinas sus activos en Argentina (Azurix, por ejemplo, comprometió por años el abastecimiento de agua de Buenos Aires). La decisión de pagarles ahora es una forma de validar el crimen social que cometieron. Todo por obtener algunos fondos frescos: la necesidad de divisas del país resulta tan acuciante, que toda alternativa parece válida (par dtee los pagos de deuda se deberían invertir en bonos argentinos). Frente a la suposición de que los controles de cambio son indicios de un nuevo modelo, esta medida viene a demostrar más bien lo contrario. La voluntad de pagar a toda costa –incluso deudas ilegítimas- debe respaldarse de gestos, contratos y fondos. Eso es lo que Lorenzino hizo la semana pasada.

Se propone en el trato que exista alguna quita, algo que el gobierno ensayó durante el canje de 2005, reabierto en 2010. Justamente, este arreglo con el Banco Mundial ocurre en medio de las negociaciones por el pago de la deuda en default desde 2001. El 23 de agosto, la Corte de Apelaciones del Segundo Circuito de Nueva York confirmó un fallo de primera instancia del juez Thomas Griesa que obliga a Argentina a pagar US$ 1.300 millones a los fondos buitres. El gobierno argentino esperaba una salida “racional”: esta sentencia básicamente anula toda posibilidad de negociaciones con acreedores, en el medio de una crisis que no transige. ¿Cómo saldrá España o Grecia del pantano, si se les dice a los acreedores que siempre pueden cobrar todo? Con este argumento, el gobierno apeló a que las autoridades estadounidenses intercedan ante la Corte. Claro, la delegación argentina parece olvidar que Estados Unidos está cerrando masivamente dependencias gubernamentales por su incapacidad de garantizar pagos de deuda. Es decir, está muy ocupado enfrentando su propia trampa para atender los intereses de Argentina.

“Es simplemente sentido común, cordura económica, racionalidad económica y además una salida para muchísimos países que están en situación similar a la que estaba Argentina”, dijo Cristina Fernández. El problema es que el capitalismo no es, como la presidenta supone, un sistema de racionalidad sistémica. Es un sistema donde el interés de cierta clase (la capitalista) es el que gobierna y manda, basadándose en la maximización de las propias ganancias, aun a expensas de toda estabilidad.

Argentina, ni lenta ni perezosa, ha vuelto a abrir la posibilidad de entrar al fraudulento canje abierto y reabierto en el pasado. La oportunidad de este negocio es increíble: el propio INFOBAE incitaba hace un mes a comprar los bonos a US$ 44, ¡¡porque la oferta de reconocer US$ 51 significaba una ganancia inmediata del 16%!! Es decir, aunque se promocionen quitas, se está ofreciendo al capital especulativo mundial la posibilidad de realizar un nuevo negociado con enormes ganancias.

El gobierno kirchnerista se encuentra atrapado en su intención de satisfacer intereses contradictorios: no se puede ser popular al mismo tiempo que pagador serial.

Fuente: Marcha

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