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lunes, 21 de octubre de 2013

Entre las PASO y octubre: Desafíos electorales y tareas para el nuevo escenario

octubre 21, 2013 - Número 7, Revista, Slider

Por Adrián Pulleiro
Las paso como figura y fondo
Las PASO dejaron una foto compleja, por eso hay que distinguir los fenómenos que responden a una situación coyuntural de esos otros elementos que ponen de manifiesto hechos más determinantes y que pueden estar definiendo un cambio de escenario de más largo aliento.

Hay algunas cosas que están claras. Por un lado, el principal perdedor fue el kirchnerismo. A su vez, las opciones que más crecieron fueron las que se paran a su derecha, ya sea en la versión populista que se presenta como una edición más moderna y moderada del propio “modelo” (cuya cara más visible es Massa) o en la variante progresista republicana que expresa el espacio UCR-PS-Carrió. Junto con el PRO, estos sectores expresan un imaginario conservador muy volátil que, alimentado por los medios de comunicación contrarios al gobierno, se manifestó en el último tiempo durante algunos cacerolazos masivos y se caracteriza por levantar una agenda que tiene como puntos principales a la inseguridad, la corrupción y la arbitrariedad del gobierno. En tercer lugar, en un marco de creciente insatisfacción y desgaste del oficialismo, una parte de ese descontento se manifestó por izquierda, fundamentalmente a través del FIT, pero también por medio de las opciones presentadas por la izquierda independiente.
Las elecciones de medio término suelen plantear dificultades a los oficialismos porque el voto tiende a dispersarse más que cuando están en juego cargos ejecutivos. También suelen ser escenarios proclives a un tipo de voto que busca “repartir” las cuotas de poder.

Sin embargo, el factor determinante ha sido el estancamiento y el retroceso del kirchnerismo como forma de construcción política y orientación de la política económica. El fenómeno de desacumulación electoral respecto del 2011 es la expresión de ese proceso más general, cuyas raíces son múltiples. Los límites del “modelo” se expresan fundamentalmente en la inflación, la escasez de divisas, el colapso del sistema de transporte y la incapacidad del sistema productivo para regularizar a más de un tercio de los trabajadores. Hay que tener en cuenta la repercusión de estos fenómenos en la agudización de la precarización de la vida de los sectores populares y la menor holgura de las cuentas públicas para desplegar políticas audaces. La realidad supera siempre los fríos números; en el conurbano profundo, por ejemplo, ya se empieza a “vivir peor”. Asimismo, no hay que subestimar el impacto que han tenido sucesos como la Tragedia de Once, la puesta en escena de casos de corrupción y las protestas caceroleras que ya mencionamos, sobre todo en los sectores medios urbanos. En la misma línea, hay que ubicar la política de prescindencia que ha tenido el kirchnerismo respecto de ciertos sectores sindicales que fueron aliados en la etapa previa (con cierto doiscurso antisindical de tinte bastante facho antilaburante por parte de Cristina contra la huelgas en el subte o en el mismo congreso calificando los paros como chantaje y extorsion y tomando partido por la UIA contra la posibilidad de participación de los trabajadores en las ganancias empresarias y luego dandole a la UIA la ley de ART para bajar sus costos )  y, fundamentalmente, la debilidad que supone para un proyecto tan centrado en el papel dirigente de una figura, la imposibilidad de reelección de Cristina en 2015.

En suma, todos estos ingredientes confluyen en un escenario de cambio de ciclo; en el debilitamiento de una fuerza política, que si bien sigue siendo la primera minoría a nivel nacional y probablemente la estructura más importante, ha encontrado problemas serios para reproducir su política en marcos de mayor austeridad y para hacer confluir voluntades cuando de la épica que miraba hacia el corto plazo se pasa a un menos atractivo llamado a defender lo logrado.

Un nuevo escenario

En este punto, existe la tentación de trazar un paralelo con el resurgimiento kirchnerista que le siguió al retroceso que significaron la crisis del campo y las elecciones de 2009. Pero si comparamos uno y otro momento aparecen algunos elementos objetivos que entonces estaban ausentes. Por un lado, la emergencia de una figura desde el interior del peronismo con capacidad de colocarse a la cabeza de un espacio político y social opositor (donde ya están jugando importantes actores empresariales que ven allí una versión más “previsible” del modelo) con posibilidades ciertas de disputar la presidencia en 2015. Por otro, se conjugan los límites internos del “modelo” económico que refuerza los niveles de precarización de las condiciones de vida del pueblo trabajador, con el cuello de botella histórico que sufre la economía argentina ante cada período de crecimiento por la incapacidad de generar las divisas necesarias para financiar el crecimiento industrial, en un momento en que la fase de la crisis en las economías centrales no tiene en el horizonte un escenario de catástrofe pero hace dudar si un cambio en el destino de las inversiones hacia la economía estadounidense no generaría una merma en el precio de los commodities, sostenido en gran parte por inversiones especulativas.

Es el propio Gobierno quien ha tomado nota de la nueva situación si analizamos las medidas adoptadas en las semanas posteriores a las primarias. Sacando la modificación al impuesto a las ganancias (una demanda sindical pero que apareció en las plataformas de fuerzas diversas, incluyendo la de Massa), el resto de las medidas por ahora responden a la agenda regresiva que vienen promoviendo los grandes medios de comunicación y la oposición por derecha. Sólo si no tuviéramos en cuenta los otros datos que le dan forma al escenario político podríamos leer en el envío de miles de gendarmes a patrullar la Provincia de Buenos Aires, el nombramiento de Granados (ícono de la “mano dura” como hombre fuerte de Ezeiza) en la cartera de Seguridad de ese distrito y la disposición de Insaurralde a promover la baja de edad de imputabilidad, meros gestos oportunistas para arañar algún voto más.

Así, si bien habrá que ver qué pasa con la iniciativa del kirchnerismo después de octubre, puesto que su modo de acumulación habla de una fuerza proclive a “morir en la suya”, en estas semanas ha incorporado una conducta novedosa: conceder legitimidad ya no sólo a reclamos puntuales de la oposición sino al imaginario que sustenta esos reclamos. Eso es un dato que deja huellas más allá de una campaña electoral.

Por otra parte, el voto a las izquierdas –en donde resalta el voto al FIT– también habla de un cambio de escenario. En primer lugar porque es un resultado inédito en la última década, comparable solamente con el desempeño demostrado en 1989 y 2001. Segundo, porque ha canalizado un voto de descontento y desencanto hacia los partidos tradicionales. Tercero, porque también responde a la crisis de propuestas ubicables en la centro-izquierda (Proyecto Sur, Nuevo Encuentro, etc.). En el caso del FIT, su desempeño está vinculado sin dudas también a la presencia territorial extendida de los partidos que lo componen y más aún a la referencia lograda a partir de las elecciones de 2011.  

En gral la centroizquierda ha sido lo peor que tuvo este pais , por aliarse alternatiovamente con el PJ y la UCR , con el entrismo  y luego no luchar nunca en serio contra el neoliberalismo , menos aun ser anticapitalista y luchar por el socialismo siempre temerosa buscando carguitos institucionales para ser espectadores de como el PJ va cambiando su orientación ideologiica segun sopla el viento . Es buenisimo que pierda preponderancia la centroizquierda  ( aunque lo mas probable es que con sus alianza derechosa Pino logre en definitiova llegar al senado ) y sea reemplazada por una izquierda que luche contra el sistema capitalista y no tenga miedo ni pruritos es ser anticapitalista en serio , romper los esquemas e ir por cambios profundos que se ganan ganando la conciencia social 


El árbol y el bosque de la izquierda independiente

En el corto y mediano plazo, este nuevo escenario supone nuevos debates y desafíos para la izquierda independiente. Antes que nada, el saldo positivo de las primeras experiencias electorales abre el camino para construir una plataforma unitaria de carácter nacional. En la misma línea, tenemos que avanzar en mayores niveles de síntesis política y organizativa para afrontar en mejores condiciones los desafíos que hacen a nuestra proyección política en un momento definido por los reacomodamientos, más o menos importantes, por arriba y por abajo.

En otro plano, se resignifican los debates en torno a cómo construir políticas alternativas desde la izquierda. La idea de que los pueblos forjan sus luchas a partir de tradiciones políticas y culturales diversas no es una máxima construida en nombre de un pluralismo abstracto, sino que está fundada en la experiencia política. Lo mismo con la crítica a la idea de que los modos de organización y los objetivos están dados de antemano a las propias luchas. Por eso una de las tareas de la izquierda independiente, por su matriz no sectaria, es forjar articulaciones en las que las izquierdas tengan un papel central pero no exclusivo.

Las elecciones de octubre se presentan como un momento muy importante para avanzar en estos debates y desafíos. Eso sin pasar por alto el objetivo particular –y el papel que este juega en un despliegue más general– de acceder a instancias de representación a nivel local o nacional, como es el caso de MAREA.

En definitiva, lo que está en juego en octubre y en lo que viene es el desarrollo de una izquierda que hasta ahora tuvo la capacidad de recrear las formas de construir organización por el cambio social en los territorios y diversos movimientos sociales; de percibir la importancia de nuevas luchas en función de un capitalismo que ha generado en el agronegocio, la megaminería, el boom inmobiliario, el narcotráfico y la trata nuevas formas de reproducirse; y de ratificar la convicción de que la transformación radical de nuestros países supone un proceso continental. O sea, el desarrollo de una fuerza con anclaje social que no sólo dé cuenta de los problemas de los sectores populares sino que exprese en su discurso y en su práctica un proyecto de país alternativo.

Fuente  Marea Popular

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Coordinadora Sindical Clasista - Partido Obrero

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