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jueves, 14 de noviembre de 2013

A once años: Estación Darío y Maxi

A once años: Estación Darío y Maxi Por Andrea Sosa Alfonzo. 

A 11 años de la Masacre de Avellaneda, el Congreso aprobó el cambio de nombre de la estación donde fueron asesinados Darío Santillán y Maximiliano Kosteki. Ahora la estación Avellaneda llevará el nombre de los dos militantes populares.

Se palpitaba desde temprano la posibilidad de que el Congreso de la Nación, a once años de la Masacre de Avellaneda y a siete de la presentación del proyecto, convirtiera en ley nacional el cambio del nombre de la estación Avellaneda del ferrocarril Roca, por el de “Darío Santillán y Maximiliano Kosteki”.

A las 14 hs y convocados por el Frente Popular Darío Santillán, comenzaron a acercarse al Congreso para aguardar la votación, Alberto y Leo Santillán, padre y hermano de Darío respectivamente. Participaron también organizaciones sociales y políticas, referentes sociales y de derechos humanos, sindicatos, legisladores y senadores, colectivos comunicacionales y culturales, entre otros.

Pasadas las cuatro y media de la tarde, el proyecto que ya contaba con la aprobación de la Cámara de Diputados, y desde el año pasado esperaba el tratamiento del Senado, fue aprobado por 46 votos a favor y 2 en contra. Las negativas fueron de la presidenta Provisional del Senado, la tucumana Beatriz Rojkés de Alperovich, y el representante del Movimiento Popular Neuquino (MPN), Horacio Lores. La primera es la actual vicepresidenta de la Argentina hasta que Cristina retome su cargo, esposa del gobernador Alperovich, y una fiel representante de la derecha. El otro, el representante del MPN, partido feudal de Neuquén que cuenta en su haberel asesinato del docente Carlos Fuentealba.
Dentro de dos meses aproximadamente será obligatorio el cambio de nombre de acuerdo a la ley. Desde Constitución, o cualquier otra estación de los ramales del Roca se podrá sacar boleto a Dario Santillan y Maximiliano Kosteki.

Una lucha que hace historia

La memoria colectiva que toma anclaje en los acontecimientos que forman parte de nuestra historia, estará presente en las generaciones futuras que crucen cada pasillo y que esperen en cada andén de la ex estación Avellaneda. Cuando cada niño y adolescente se pregunte por esos nombres y surjan ahí mismo, en el lugar que los vio caer, la lucha y las reivindicaciones de quienes dejaron su vida por un proyecto de cambio social para un país sumido en las perversas lógicas de acumulación y exclusión.
La ex estación Avellaneda fue el lugar donde fueron asesinados los militantes Kosteki y Santillán el 26 de junio de 2002, en lo que fue la represión más brutal después del 2001, coordinada por cuatro fuerzas represivas a manos del entonces presidente de la Nación, Eduardo Duhalde.




La espera fue larga y comenzó en el año 2006, cuando el ex diputado Eduardo Macaluse presentó un proyecto de ley para cambiar el nombre de la estación ferroviaria, reemplazandolo por el de Darío y Maxi.

La fundamentación por aquella época consensuada con sus familiares, amigos y compañeros, residía en un aporte a la memoria colectiva y rescataba que “sus nombres representan la dignidad y la solidaridad, en contraste con la prepotencia y la crueldad de los poderosos que planificaron y ejecutaron sus crímenes”. Sin embargo, iban a necesitarse unos cuantos cortes más sobre la Av. Pavón, como todos los 26 de junio desde aquel junio de 2002. Cuando la iniciativa perdió estado parlamentario, la diputada de Unidad Popular, Liliana Parada presentó el proyecto nuevamente y recibió un dictamen favorable en las comisiones de Transportes y de Derechos Humanos, apoyado por todas las fuerzas parlamentarias, exceptuando el Peronismo Federal y el PRO. Luego, obtendría media sanción por unanimidad y algunas pocas abstenciones en la sesión general de la Cámara de Diputados de la Nación.

Este miércoles las palabras, las imágenes, la historia de más de una década se hizo carne en los gritos de emoción cuando apenas pasadas las cuatro y media de la tarde el anuncio de “salió, salió, el nombre de nuestros compañeros para siempre” hizo estallar las lágrimas de los referentes que lucharon al lado de Darío, pero también de los jóvenes que tomaron su ejemplo como modo de vida. Ahí nomas, Alberto, el papá de Darío y Leo, su hermano, se abrazaron con lágrimas en los ojos mientras levantaban los puños a un cielo muy celeste que coronaba la tarde, gritando “Darío Santillán, presente, Maximiliano Kosteki, presente”.

Liliana Parada mencionó que “este paso significa la responsabilidad del Estado frente a un reclamo legítimo y el reconocimiento de la lucha de un pueblo que ya decidió”. Por su parte Alberto mencionó que estar allí presente significaba “mucho orgullo por Dari, por Maxi, por Leo, sobre todo por ustedes. Hoy se ha demostrado que se puede. Se puede meter preso a quienes mataron a Darío y a Maxi, se pudo bajar el nombre de un genocida como Avellaneda. Ahora, nos falta ir por los asesinos: Duhalde, Solá, Atanasoff y Aníbal Fernandez. Once años y la justicia todavía nada”.

Rodeado de militantes, Alberto mencionó que uno de los mayores logros de este cambio de nombre reside en que “los pibes y la juventud van a saber por qué le cambiaron el nombre y eso va a quedar en la memoria colectiva. Es el lugar donde ninguno se va a olvidar de la lucha de Darío, de los caídos y de los pibes de los barrios. Tampoco se van a olvidar de quién es Duhalde”, concluyó.

El reclamo es también histórico para el pedido de justicia y cárcel para los responsables políticos y materiales como el fallecido Carlos Soria, gobernador por su partido, del Frente Para la Victoria, en Río Negro, y que estuviera al frente de la SIDE durante el gobierno de Duhalde. O Aníbal Fernández, integrante del gabinete presidencial que orquestó aquella represión y vocero del discurso policial que complementó los crímenes. Hasta el mismo Eduardo Duhalde, responsable máximo del crimen de ambos jóvenes.



La reapropiación es también una herramienta de lucha en este sentido. El lugar donde Maximiliano Kosteki agonizó hasta fallecer y Darío Santillán se quedó a su lado asistiéndolo y fue fusilado por la espalda, no podía tener el nombre del ex-presidente de la Nación, Nicolás Avellaneda, impulsor de otra Masacre, la denominada Campaña del Desierto.

Darío y Maxi viven en la lucha, y así fue y será, de hoy en más, por siempre.

Fuente : Marcha

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