The people united will never be defeated - ¡Proletarios del mundo, uníos!

domingo, 30 de junio de 2013

Un espejo cruel

Por Eric Nepomuceno

Desde Río de Janeiro

No por inesperado ha sido menos impactante para Dilma Rousseff y su gobierno: en la noche de ayer se conoció el resultado del primer sondeo realizado luego de la ola de manifestaciones que vienen sacudiendo al país en las últimas semanas. La aprobación del gobierno se derrumbó nada menos que 27 puntos. Si cuando las movilizaciones empezaban a alzar vuelo, Dilma todavía contaba con 57 por ciento de aprobación popular, ahora cuenta con 30 por ciento. Eso significa, entre muchas otras cosas, que si las elecciones de octubre del año que viene fueran hoy, habría seguramente una segunda vuelta. Hasta ahora, Dilma ganaba en la primera, y con cierta tranquilidad.

Cuando la pregunta a los entrevistados se limita al voto en 2014, hasta la primera semana de junio Dilma obtenía 54 por ciento de votos seguros. Ahora, logra 30 por ciento. La difusa Marina Silva, que ni siquiera tiene partido, creció de 16 a 21 por ciento. El candidato del principal partido de oposición, Aécio Neves, del PSDB, fue de 14 a 17 por ciento. Y el gobernador de Pernambuco, el socialista Eduardo Campos, ha sido el único que no logró salir del lugar en que se encontraba: tenía 6 por ciento, ahora tiene 7 por ciento.
Más que el crecimiento de Marina Silva, una mezcla rara de ambientalista radical que militó por décadas en el PT hasta sumar a su raíz original la de militante activa de sectas evangélicas, y más aún que el tímido crecimiento de Aécio Neves, impacta el desplome de Dilma Rousseff. Ella sigue siendo favorita, pero ya no como antes.

Los analistas dicen que es natural que haya ocurrido ese desplome, y que todavía hay mucho espacio para que Dilma recupere el terreno perdido, inclusive logrando reelegirse en la primera vuelta. Pero el escenario, para la presidenta, cambió de manera radical.

La rara mezcolanza de partidos que integran la base aliada del gobierno reaccionó con estupor. Todos se dicen sorprendidos, como si no fuese evidente que la imagen del gobierno como un todo, y de la presidenta en particular, serían duramente afectados. Asesores de Dilma dicen que no hay que sorprenderse, sino esperar que las cosas decanten, pasada la tensa emoción del momento, y el panorama vuelva a aclararse.
El mismo sondeo que indica la fuerte caída de la presidenta y de su gobierno indica que un 58 por ciento de la población aprueba la respuesta de esa misma presidenta y de ese mismo gobierno a los reclamos de las calles.
El resultado del sondeo, realizado por la Datafolha, vinculada con el diario Folha de S. Paulo, ocurre en el momento en que el país realiza una especie de catarsis. Las manifestaciones callejeras pusieron en evidencia una insatisfacción colectiva que se encontraba represada y era ignorada por todos, gobierno y oposición, y, en buena medida, por la misma población.
Ha sido necesario que las multitudes saliesen a las calles para que los quejosos se sintieran identificados, conociesen a sus pares.

Es, vale reiterar, un movimiento difuso, sin organicidad, sin organización, sin líderes visibles, lo que significa también sin interlocutores representativos junto a los canales institucionales, o sea, las autoridades. ¿Con quién conversar? ¿A quién, de esa masa multiforme y sin forma, invitar al debate, a la negociación?
Brasil vive un momento curioso, delicado, único y, quizá por eso, estimulante. Y peligroso, muy peligroso.
Hay energía en las calles, nadie lo puede negar. Hay un impulso renovador, que, bien aprovechado, puede ayudar a mejorar al país, a sus instituciones, a la misma democracia recuperada.

Además, lo que ocurre pone en evidencia una serie de desviaciones que resultaron en que nadie se sienta representado por los pilares básicos de la democracia, o sea, los canales institucionales.

Nadie siente que los partidos políticos los represente. Se impone la impresión de que los partidos tienen pautas electorales, pero no proyectos para el país. Queda evidente que el Poder Legislativo, cuya misión sería fiscalizar al Poder Ejecutivo, promover el debate de los grandes temas nacionales y, finalmente, legislar, no hace nada de eso.

En lugar del debate democrático, lo que existe es la negociación. Y esa negociación no siempre busca una solución que lleve al bienestar común: busca solamente satisfacer a intereses menores y, en la mayoría de los casos, indignos.
El Poder Judicial igualmente está acosado. ¿Cómo seguir justificando que se pague a los jueces un “auxilio alimentación” retroactivo a diez años? ¿Qué otra clase de trabajador brasileño tiene ese derecho?

Y más: ¿cómo seguir justificando vacaciones de 90 días a los señores magistrados? ¿Y ajustes salariales decididos por ellos mismos, al margen de cualquier negociación con los demás poderes? ¿Cómo justificar las prebendas y ventajas de un sistema cerrado? En Brasil, cuando un integrante del Poder Judicial es flagrado en delito, su única condena es jubilarse y seguir cobrando su sueldo integral. El Poder Judicial, que pretende juzgar la corrupción, se asegura una impunidad inadmisible. ¿Con qué derecho semejante poder puede juzgar a alguien?
En los últimos días, y a razón de la presión de las calles, se votaron proyectos a todo vapor en el Congreso. Por ejemplo: hace catorce años –catorce– duermen en algún rincón del Poder Legislativo una enmienda constitucional que decidía la apropiación, por parte del Estado nacional, de tierras donde se comprobase la práctica de trabajo esclavo. La esclavitud fue abolida por ley en Brasil en 1888. Pero sigue existiendo.

Bueno: catorce años después, esa mudanza legislativa fue aprobada en un par de horas. ¿Por qué tardó tanto? Sin el clamor de las calles, ¿pasaría algo?
Todo eso puede sonar bien a oídos entusiasmados o ingenuos. Pero hay que ver que, al mismo tiempo, el Congreso brasileño, integrado en buena parte por diputados y senadores de los cuales se puede decir cualquier cosa, menos que sean íntegros y dedicados al interés nacional, aprueba proyectos inviables, absurdos, con tal de satisfacer a la opinión pública. Asumen compromisos que nadie podrá cumplir, en nombre de atender las voces de la calle.
Ese es el laberinto en el cual vaga, solitaria y buscando un norte, la presidenta Dilma Rousseff.
Enfrenta adversarios y enemigos, y también deslealtades y traiciones entre aliados y en el mismo PT.
Lo que el país vive muestra que lo que está en jaque no es un gobierno, ni un partido, y menos una presidenta. Es el mismo sistema político, la estructura de las instituciones, el funcionamiento de los partidos, las muchas farsas creadas en nombre de la gobernabilidad.
Brasil es, hoy, un país que se enfrenta a un espejo que le devuelve una imagen que el sistema prefería seguir desconociendo. 

Fuente: Página 12

sábado, 29 de junio de 2013

Atilio Borón gana Premio Libertador al Pensamiento Crítico

Prensa Latina

29.Jun.13 :: Cultura de la rebelión


La obra América Latina en la geopolítica del imperialismo, del argentino Atilio Borón, fue reconocida con el Premio Libertador al Pensamiento Crítico.

Caracas, 28 jun (PL) La obra América Latina en la geopolítica del imperialismo, del argentino Atilio Borón, fue reconocida con el Premio Libertador al Pensamiento Crítico en su octava edición correspondiente al 2013, informaron hoy los organizadores.

El ministro venezolano de Cultura, Fidel Barbarito, destacó la importancia del premio -creado por iniciativa del fallecido presidente Hugo Chávez en el 2005- para habilitar espacios a creadores que expresan ideas dirigidas a incentivar la construccion de un modelo distinto.

Esta propuesta, añadió, se inspira en la pasión de Chávez por el debate y el conocimiento, además de apoyar a quienes aportan con su trabajo para la transformacion de nuestra propia realidad.

El Ministro anunció también la creación de una colección en la Biblioteca Ayacucho para recoger las obras ganadoras en las ediciones anteriores.

A nombre del jurado, el uruguayo Antonio Elías destacó en el trabajo ganador la adecuada contextualización del tema y el uso preciso de las fuentes, además de ser una temática oportuna desde el punto de vista político-social.

Elías señaló, además, que el autor desarrolló las particularidades de los procesos revolucionarios en la región, unido a los rasgos de la ofensiva imperialista por diversos métodos.
Por su parte, el intelectual cubano Pablo Guadarrama -integrante del jurado- comentó a Prensa Latina la relevancia del premio al asegurar que no puede haber práctica revolucionaria sin teoría.

Estamos obligados a ser portavoces de estos premios, añadió al reconocer la necesidad de divulgar los trabajos por la relevancia de sus aportes.

Según el Ministerio de Cultura, 62 ensayos de 16 naciones optaron en este año por dicho lauro, sometidos a consideración de un tribunal que contó además con el español Pascual Serrano y los venezolanos Miguel Ángel Contreras y Laura Antillano.

Fuente:La Rosa Blindada

Pensar y actuar con Marx para la revolución



Para analizar la coyuntura se requiere considerar un par de supuestos que organizan el pensar para actuar. Por un lado un enfoque de crítica de la Economía Política, articulando la coyuntura de la economía (lo que se dice, se piensa y se hace) y de la política (también lo dicho, pensado y actuado). Por otro lado una consideración de Economía Mundial (del sistema mundial capitalista), que implica pensar a cada país en el marco de lo que ocurre en su región y en el mundo.

Desde ese encuadre, la coyuntura está presidida por la crisis mundial del capitalismo y nos remite a los dos supuestos previamente mencionados. No existe el análisis local al margen del mundial, ya que las condiciones de posibilidad, del crecimiento, la desaceleración o la recesión, se asocian a la forma de inserción mundial de cada formación económica y social. Al mismo tiempo, al radicar el problema en el capitalismo, en tanto relación social contradictoria, es obligado el análisis económico no disociado del conflicto social, la lucha de clases y las tensiones diversas que se manifiestan en el plano de la política.

La Argentina entonces es parte de la crisis capitalista en curso y en su interior se juegan las disputas por sostener el capitalismo o superarlo, es decir, revolucionar la sociedad argentina. En esa contradicción actúan los diferentes proyectos, no sin tensiones. Es que la continuidad capitalista local y global viene hegemonizada por la ofensiva capitalista iniciada hace cuatro décadas con el terrorismo de Estado en Chile y las dictaduras del Cono Sur, las que articularon su proyecto mediante el represivo Plan Cóndor.
Ante este diagnóstico, algunos me consultan si es posible ir contra el capitalismo a más de dos décadas del fracaso socialista en el este de Europa. Eso nos lleva nuevamente a Marx y a sus continuadores, e intentar proseguir el propósito de la crítica del fundador de la teoría y práctica de la revolución a 130 años de su fallecimiento y a unos 150 años de su formulación sobre la ley del plusvalor. Con la plusvalía se resolvía el enigma sobre el origen del excedente económico, y con ello, la justificación histórica de la posibilidad de “expropiar a los expropiadores” mediante la revolución. Ese fue el intento en Rusia y el este de Europa, en China y Vietnam, en Cuba y en las concepciones que emergen del laboratorio “nuestro americano” en el comienzo del Siglo XXI.

Ofensiva del capital y respuesta popular en lucha

Esa ofensiva del capital se encuentra desmantelando el remanente de “estado benefactor” subsistente en Europa, afirmando el proyecto liberalizador sustentado históricamente por el capital. El objetivo es la libre circulación y movimientos de capital, servicios y mercancías, la liberalización. O lo que es lo mismo, el antiguo logro por la mercantilización de la sociedad y la vida cotidiana.

Ese proyecto está siendo limitado y condicionado en este Siglo XXI, principalmente en territorio “nuestro americano”. Este fenómeno tiene su origen en la crítica al modelo hegemónico “neoliberal” construido en el último cuarto del Siglo XX. Es una crítica política y de pensamiento, construida en acciones sociales diversas que involucra a ambas dimensiones, el pensar y el actuar.
La resistencia social y política se manifestó de diversas maneras, primero como negativas en sucesivas campañas contra las privatizaciones, las flexibilizaciones salariales y laborales, el pago de las deudas públicas, la militarización, la discriminación de género, por edad o sobre diversas minorías. En ese proceso emergieron consignas que identificaban proposiciones afirmativas, por la soberanía alimentaria, energética, financiera, por otra economía e integración de los pueblos. Cada uno de estos momentos, por la negativa y la afirmativa, demandó síntesis teóricas y conceptuales sostenidas en la crítica al orden existente y en una propuesta renovada por la emancipación de los pueblos.

Pretendemos señalar que el pensamiento es inescindible de la práctica social, y en todo caso, la propia práctica teórica se inspira en la dinámica de las tensiones y el conflicto social, por cual, el pensamiento es también crítica, es lucha. Carlos Marx escribe junto a Federico Engels el Manifiesto en simultáneo con la revolución de 1848. Es la etapa de la ilusión en el triunfo revolucionario. Luego del final de la Asociación Internacional de Trabajadores en 1876 y la derrota de la Comuna de París en 1879, Marx analizará las potencialidades de la revolución más allá de la Europa capitalista desarrollada, en Irlanda o Rusia por ejemplo. En esa perspectiva retomamos la agenda de pensamiento y política para pensar la revolución en Nuestramérica.

No alcanza con la crítica al neoliberalismo

No hay emancipación sin lucha teórica, social y política. La orientación principal de esa lucha en los 80’ y 90’ fue en la ofensiva liberalizadora contra el neoliberalismo. Pero en el nuevo tiempo de “cambio político” en Nuestramérica contemporánea, las tensiones de la lucha se bifurcan porque no alcanza la dimensión contraria al neoliberalismo. Se requiere la discusión sobre el modelo productivo y de desarrollo, lo que supone el debate crítico sobre el capitalismo actual y las posibilidades de un orden social emancipatorio, anticapitalista, antiimperialista y por el socialismo.

La discusión no es por el crecimiento o no, sino tratar de responder las clásicas preguntas de ¿qué producir, cómo, con quién, de qué modo, para qué y para quién? Son interrogantes que atraviesan la producción, la distribución, el cambio y el consumo, que discuten el patrón de consumo, de cambio, de distribución, en definitiva el patrón productivo en curso. Se trata de discutir la sojización, la mega minería o el ensamble de automotores y otros productos de exportación. Responder las preguntas nos llevará a resolver las necesidades alimentarias, energéticas, de infraestructura, transporte y comunicaciones para atender las necesidades sociales en nuestro tiempo, incluso integradamente a la región y al mundo.

En rigor, es un retorno a la crítica de la economía política, aquella forjada en origen por Carlos Marx desde el Siglo XIX y continuada esforzadamente por variadas corrientes de pensamiento crítico y práctica social y política de carácter anti capitalista. Es un desafío en nuestro tiempo de crisis capitalista mundial y de demanda emancipadora en indignaciones múltiples.

Pensar la coyuntura en nuestro tiempo supone pensar un nuevo ciclo de la lucha de clases desde el comienzo de la última década del Siglo XX, donde se cerró un ciclo iniciado con la revolución europea de 1848 y los primeros esbozos críticos de la teoría de la revolución. La ruptura de la bipolaridad clausuró, transitoriamente, en el imaginario social extendido la posibilidad de una realidad más allá del capitalismo, y por eso emergió la teoría de los “fines”, de la historia, del marxismo o del socialismo. La extensión de las protestas sociales y políticas, desde el caracazo, al levantamiento de Chiapas, la pueblada argentina del 2001, los cambios políticos en nuestra región y más recientemente múltiples manifestaciones de indignación en el norte de África, en Europa, de estudiantes chilenos o colombianos, como las recientes movilizaciones en Brasil, dan cuenta del nuevo comienzo de una historia de luchas por la emancipación social.

Sujetos en pugna

En ese camino es que debe considerarse la coyuntura y la intervención de diferentes actores en pugna. Por un lado los defensores del orden, a la cabeza de ellos las corporaciones transnacionales, los organismos supra nacionales construidos para potenciar el programa de la liberalización, sean el FMI, el Banco Mundial o la Organización Mundial de Comercio, y claro, los propios estados nacionales, especialmente aquellos con mayor capacidad e iniciativa mundial en el plano económico, militar o cultural. Por otro lado los pueblos en tanto actores constituidos en lucha por otro orden, puesto de manifiesto en las protestas de los trabajadores, los campesinos, los indígenas, las mujeres y jóvenes, los estudiantes y todas y todos los que critican y contraponen al orden vigente una propuesta por un nuevo orden social.

Sobre cada uno de esos actores intervienen los proyectos en disputa, por lo que se requiere intervenciones intelectuales que puedan dar cuenta de los nuevos fenómenos. Existe la ilusión del desarrollo capitalista autónomo o independiente, recuperando una discusión de los años 50’ y 60’ del siglo pasado, pero ahora bajo dominación de las transnacionales y en proceso de crisis. ¿Es posible el desarrollo del capitalismo autónomo, independiente? ¿Hay lugar en el capitalismo para la emergencia de nuevos desarrollos desde el subdesarrollo, algo pregonado desde los “emergentes”? De paso, es “país emergente” aquel que ofrece condiciones adecuadas para la valorización de las inversiones, no en vano los BRICS son países de empobrecidos y de mucha población. Son territorios para la expansión del capitalismo en tiempo de transnacionalización. Son territorios con fuerza de trabajo barata para la valorización del capital.

El desarrollo autónomo es una ilusión y por eso se requiere pensar en términos de emancipación, lo que significa confrontar con la dominación capitalista local y mundial. El proyecto por la emancipación requiere síntesis teórica. Desde la ruptura de la bipolaridad emerge una nueva camada de luchadores y pensadores por el nuevo tiempo. En el plano intelectual destaca la existencia de redes regionales de pensamiento crítico que intentan dar cuenta de los nuevos fenómenos de la lucha social, entre ellos la Red de Estudios de la Economía Mundial, la REDEM, surgida en los 90’, o la Sociedad de Economía Política de Nuestramérica, la SEPLA, emergente en el nuevo siglo, que junto a la dinámica del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, CLACSO, toman contacto con la dinámica social en el Foro Social Mundial, FSM, en desarrollo desde el 2001 y múltiples formas que asume la coordinación popular continental, en campañas y cumbres sociales para otorgar programa a la demanda por la emancipación social.
En ese camino es que se promovieron en la Argentina las Jornadas de Economía Crítica, las JEC desde el 2006 para cristalizar ahora en la Sociedad de Economía Critica, SEC y el desafío por construir intelectualidad orgánica para pensar críticamente la economía y la política de nuestro tiempo. Se trata de una iniciativa impulsada por estudiantes y jóvenes graduados que contacta con una camada de docentes e investigadores militantes desde los 60’ y 70’ que recrean en las condiciones presentes el ideario y práctica de la transformación. Se trata de un espacio en debate entre la crítica al neoliberalismo y al capitalismo, en la búsqueda de nuevos horizontes para el pensamiento crítico y la práctica emancipadora. 

Buenos Aires, 27 de junio de 2013

Fuente: http://juliogambina.blogspot.com.ar/2013/06/pensar-y-actuar-con-marx-para-la.html

viernes, 28 de junio de 2013

Decir “traidor” es decir “disparen”

Pueblos originarios
Opinión


“Son traidores como Félix Díaz”, le dijo el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas a una comunidad mapuche que reclama su personería jurídica. En medio de una disputa entre dos grupos hegemónicos dominantes, las organizaciones indígenas que se oponen al modelo agropecuario del monocultivo, la explotación petrolera, la minería a cielo abierto o el desarrollo turístico son planteadas como “traidoras”. ¿Traidoras a quiénes?

Por Marcelo Musante.

Por ANRed - L


Otra vez el Estado vuelve a definir quiénes son las comunidades indígenas amigas y cuáles las enemigas. Y a partir de esa línea discursiva demarcatoria se definen acciones. Los beneficios para la construcción de una radio o una salvaje y brutal represión. El mismo Estado, como un monstruo de dos cabezas.

O para no ser simplistas, no es el mismo y único Estado. Es más bien un entramado complejo burocrático con distintas instancias de ejercicio del poder en el que en cada piso de la pirámide abre la misma pregunta clave: ¿son amigos o “traidores”?

Así respondió el INAI, el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas, al lof mapuche Tuwun Kupalmeo Maliqueo cuando, ayer, 16 representantes de la comunidad se acercaron a reclamar por el otorgamiento de su personería jurídica. Son “traidores”. “Traidores como Félix Díaz”, le dijeron.

La comunidad Mapuche Maliqueo es de la zona de Aluminé en la provincia de Neuquén. En el 2008 fueron desalojados por Pedro Laurentino Duarte, un ex juez federal de la dictadura militar devenido terrateniente. Igual que muchos otros. Y que para reprimirlos tuvo el apoyo de la policía provincial. Como siempre.

Dos años antes, desde 2006, se encuentra en vigencia la ley 26.160 que declara “la emergencia en materia de posesión y propiedad de las tierras que tradicionalmente ocupan las comunidades indígenas originarias del país”. Es decir, debe suspenderse todo tipo de desalojos hasta tanto no se haga un censo en el que participen las propias organizaciones indígenas.

Pero esa ley nacional, su correcta aplicación, choca contra los intereses locales. Choca, se estrella, se deshace.

Félix Díaz reclama por su justa implementación en La Primavera, en Formosa. Entonces es un “traidor”. Un traidor a Gildo Insfrán, gobernador de la provincia.

La comunidad Tuwun Kupalmeo Maliqueo reclama su implementación en Neuquén. Entonces son “traidores” a Jorge Sapag, gobernador neuquino alineado al gobierno de Cristina Fernández. Igual que Insfrán.

El lof Tuwun kupalmeo Maliqueo se encuentra constituido hace un centenar de años pero igual se tomó el trabajo de completar los requerimientos administrativos necesarios para ser incorporada en el RENACI, el Registro Nacional de Comunidades Indígenas. Pero no alcanza.

Los pueblos indígenas en nuestro país primero deben demostrar que son argentinos (ni chilenos, ni bolivianos, ni paraguayos), después comprobar que son indígenas (y registrarse como tales), y ahora también deben confirmar que no son “traidores”.

Antes de la campaña militar de Julio Argentino Roca, el Estado argentino iba definiendo qué grupos indígenas podían ser considerados amigos o enemigos. Con los amigos se hacía un pacto de no agresión que, enseguida, el propio Estado iba rompía unilateral y militarmente. Los amigos se convertían pronto enemigos.

Lo mismo sucedió en el norte. Los “indios amigos” eran los que aceptaban (en una completa desigualdad de fuerzas) ser corridos hacia tierras que el Estado no necesitaba. Con los años, cuando esos territorios tomaran valor los indígenas amigos serían vistos como ocupantes indeseables de tierras destinadas al progreso de la patria.

Ser amigo o enemigo implica la posibilidad de “dejar vivir” o “hacer morir”. Por estos tiempos, como dicen en el INAI, la palabra enemigo cambió por la de “traidor”.

Entonces se reprime a los “traidores” de Santiago del Estero, a los de Tucumán, a los de Chaco, a los de Formosa, a los de Misiones, a los de Neuquén. A los Cristian Ferreyra, Javier Chocobar, Ely Juárez, Roberto López, Miguel Galván, Imer Flores, entre otros. Todos indígenas, todos campesinos. Todos en los últimos cuatro años.

Pero este listado de muertos tampoco aparece escrito en los medios opositores al gobierno. Tampoco les importan porque esos indígenas, para ellos, también son “traidores”. Traidores al modelo agropecuario del monocultivo, la explotación petrolera, la minería a cielo abierto o el desarrollo turístico.

Y es entonces cuando esos grupos antagónicos, enfrentados, que parecen representar dos modelos opuestos encuentran lugares comunes.

Es cuando definen la división entre amigos y “traidores”. Pero la definen en silencio. La definen omitiendo. Si no se dice, si no se muestra, no sucede. No hay que negarlo, hay que no contarlo.

Entonces los “traidores” quedan a merced de patotas parapoliciales y de caudillos provinciales impunes, lo que significa colocar a las comunidades indígenas “traidoras” contra una especie de pelotón de fusilamiento. Porque los que tienen el poder político, económico y las armas, cada tanto suelen repetir una frase vieja como el tiempo: “en este lugar, a los traidores: se los mata”.

Hace apenas un mes, en la localidad de Mal Paso, Santiago del Estero, la policía provincial puso de rodillas a personas de una comunidad Toconoté. Mientras tanto les apuntaban a la cabeza y detrás pasaban las topadoras arrasando con el monte. No salió en Telenoche. Tampoco salió en 678.

Justamente recién en ese programa de la tv pública -mientras esta nota se terminaba de escribir- decían que Félix Díaz era apenas “un sector minoritario de los Qom” sin reconocer muertos ni represiones. Y el presidente del INAI, Daniel Fernández, se jactaba de los avances en la política indígena sin mencionar ni una palabra de reclamo de la comunidad Maliqueo que se encuentra reclamando en las instalaciones de INAI por el otorgamiento de la personería jurídica.

Una de las tareas para la que fue creado ese organismo público, incluso, cuando las organizaciones sean consideradas “traidoras”.

Foto portada: Comunidad Maliqueo reclamando en la sede central del INAI

Video de Gonzalo Infante, Represión a la comunidad Tonocoté de Mal Paso, Santiago del Estero: http://goo.gl/AuKhr

Marcelo Musante es sociólogo e integrante de la Red de Investigadores en Genocidio y Política Indígena en Argentina.

Información relacionada:

Aclaración de la Confederación Mapuche de Neuquén
16hs: Tercera ronda por los DD.HH. para los Pueblos Indígenas
Mapuches permanecen en la sede del INAI

  Fuente: Anred

América Lachina


Por Leandro Morgenfeld*.

China avanza, discretamente, en América Latina. Ya no solamente como succionadora de recursos naturales, sino como líder en inversiones y créditos. La región, además, se transforma en un mercado creciente para las baratas manufacturas chinas. Ilusiones y riesgos de una nueva dependencia.

A principios de junio, el presidente Xi Jinping realizó una gira por América Latina, siendo éste su segundo viaje al exterior desde que asumió su cargo hace menos de un año. Llegó a Trinidad y Tobago apenas horas después de la visita del vicepresidente estadounidense Joe Biden. Después visitó Costa Rica y México, dos destinos también elegidos por Obama en mayo. Así como Estados Unidos, a través de la Asociación Trans-Pacífico, acecha el patio trasero chino, las autoridades del gigante asiático están haciendo lo propio en América Latina y el Caribe.

Esta inusitada actividad diplomática en la región ya no debería sorprender. Hace exactamente un año, el entonces premier Wen Jiabao había visitado Argentina, Brasil, Uruguay y Chile. Ante la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), estableció cinco propuestas concretas para potenciar la presencia china en la región:

1) profundizar la relación estratégica en base a la confianza mutua, mediante la creación del Foro de Cooperación China-América Latina y el Caribe (mecanismo para mantener un diálogo permanente entre la CELAC y Pekín); 2) duplicar el intercambio comercial, llegando a los 400.000 millones de dólares (en 2012 alcanzó los 262.000 millones, frente a los 834.000 que la región tuvo con Estados Unidos); 3) fortalecer las inversiones y asistencia financiera, creando un Fondo de Cooperación China-América Latina y el Caribe, al cual los bancos del país asiático aportarían un primer paquete de 5.000 millones de dólares, al tiempo que el Banco de Desarrollo de China impulsaría una línea de crédito de 10.000 millones destinada a la construcción de infraestructura; 4) garantizar la seguridad alimentaria, a través de la creación de una reserva de 500.000 toneladas de alimentos para fines humanitarios y la puesta en marcha de un foro de ministros de agricultura, para fortalecer la agroindustria, la manufactura, la ciencia y la tecnología; 5) incrementar el intercambio cultural, la comunicación, el deporte y el turismo bilateral.

Este ambicioso plan se sustenta en la creciente demanda china de alimentos, metales, energía y minerales que exporta nuestro continente. Ya en 2011, China desplazó a la Unión Europea como abastecedor de América Latina y el Caribe. El comercio interregional, en la última década, tuvo un incremento superior al 30% anual, lo cual más que duplica las tasas de aumento del comercio global.

En el caso argentino, y a modo de ejemplo, China es el segundo socio comercial y aumentó su participación como destino de las exportaciones argentinas del 1% al 10% en apenas dos décadas. Segunda economía mundial, la locomotora asiática es hoy el socio comercial principal de 144 países. En 2009 se transformó, además, en el primer exportador mundial de capitales, superando a Estados Unidos y Alemania. Tres años después, pasó del sexto al tercer lugar como mayor inversor global. En nuestra región, las inversiones directas chinas superaron los 250.000 millones de dólares. Sus bancos, además, prestaron más que los de Estados Unidos, revirtiendo una tendencia histórica.
Mientras gran parte de las burguesías latinoamericanas están deseosas de profundizar estos vínculos económicos con el gigante asiático, entre los analistas hay un gran debate al respecto. Algunos, como Jorge Castro o Carlos Escudé, exaltan las bondades de la relación con China, mientras que otros advierten sobre la posibilidad de recrear un vínculo neo-colonial, similar al que, por ejemplo, Argentina mantuvo por décadas con Gran Bretaña en la etapa agroexportadora.

Si bien la demanda china de soja y otros bienes primarios permitió en la última década a muchos países latinoamericanos sostener balanzas comerciales positivas y capear la crisis internacional, hay serios riesgos de una reprimarización de las economías regionales y de una profundización del modelo agro-minero exportador. La orientación "neodesarrollista", hoy puesta en debate en Brasil a partir de las enormes movilizaciones populares, está mostrando los límites del esquema económico exodirigido. Hasta la poderosa burguesía industrial paulista advierte sobre las consecuencias nefastas que puede tener la apertura indiscriminada y la competencia con las importaciones provenientes de china, producidas con una fuerza de trabajo que percibe salarios bajísimos.

Una serie de interrogantes se plantean a partir de la novedosa omnipresencia china en América Latina: ¿Qué impacto tendrá el ascenso económico y político del gigante asiático en el sistema capitalista, pero en particular en el Cono Sur? ¿Consolidará el nuevo patrón de especialización comercial regional primario exportador que se esbozó en la primera década del siglo XXI? ¿Pueden las exportaciones chinas, con mayor escala de producción y baratura de su fuerza de trabajo, tronchar la todavía incipiente reindustrialización latinoamericana? ¿Permite el ascenso de Pekín morigerar la hegemonía de Washington en el continente americano? ¿Qué carácter tendrá esa eventual transición hegemónica y cómo impactará en la inserción internacional latinoamericana?

En un reciente libro, Regionalismo y orden mundial: Suramérica, Europa, China, diversos autores debaten y abordan esos interrogantes. Raúl Bernal-Meza y Julio Sevares advierten allí contra las ilusiones acerca de una relación "sur-sur" con China. El primero concluye que, hasta ahora, Pekín está recreando un patrón de comportamiento de realpolitik, bastante similar a los modelos hegemónicos que sufrió América del sur en los siglos XIX y XX. El segundo detalla los riesgos de un énfasis en la exportación de commodities y productos primarios, y plantea la necesidad de enfrentar los desafíos que supone China mediante políticas cambiarias, comerciales y productivas, con más cooperación intrarregional, que permita incrementar el valor agregado de la producción y la exportación y mejorar la competitividad de las industrias manufactureras. Sin embargo, estos objetivos no son fácilmente alcanzables, dadas las asimetrías en América Latina y la puja entre divergentes estrategias de inserción internacional.

Nuestro continente debe repensar la relación con la potencia asiática para evitar repetir el esquema de dependencia que recreó en el siglo pasado con Gran Bretaña y Estados Unidos.

* Docente UBA e ISEN. Investigador del CONICET. Autor de Vecinos en conflicto. Argentina y Estados Unidos en las conferencias panamericanas (Ed. Continente, 2011), de Relaciones peligrosas. Argentina y Estados Unidos (Capital Intelectual, 2012) y del blog www.vecinosenconflicto.blogspot.com

Fuente: Marcha

jueves, 27 de junio de 2013

Día del Estatal

Entre el crecimiento del empleo público y la precarización laboral.

A fines de noviembre del año pasado, la Cámara de Diputados le dio media sanción al proyecto de ley que Víctor De Gennaro había presentado unos meses antes, con motivo de declarar al 27 de junio como el Día del Trabajador del Estado. Dicha fecha es planteada en los considerandos de la propuesta como conmemoración al día en que la Organización Internacional del Trabajo (OIT), allá por 1978, adoptó el convenio 151 por el cual se reconocía a los empleados públicos el derecho a la negociación colectiva.

Hoy, a 35 años de ese señalamiento internacional, el panorama de los trabajadores que forman parte del Estado en la Argentina – en sus distintos ámbitos: nacional, provincial y municipal– exhibe una serie de paradojas signadas por la etapa político-económica de la última década. Por un lado, ha sido notable el crecimiento de la planta de empleados públicos, debido en parte al incremento de las atribuciones estatales si lo comparamos con la década del 90 así como la incorporación de nuevas funciones. En esa línea, el kirchnerismo, aún en momentos de cierta contracción o estancamiento, ha sostenido una baja tasa de desocupación a partir de la capacidad receptiva del aparato estatal respecto a los mayores límites – reales o no – del ámbito privado.
Sin embargo, en una de las deudas más notables de 2003 a esta parte, las condiciones de trabajo de la nueva generación de laburantes estatales han estado signadas por la precariedad, expresada esta última en las múltiples modalidades de contratación que se implementan y que dejan al trabajador en una situación caracterizada por la inestabilidad de su puesto. Hoy, aproximadamente, casi un tercio de los trabajadores que se desempeñan en el Estado aparecen contratados bajo diversas figuras que no son las de planta permanente. Como complemento, eso ha permitido que la idea de “igual tarea, igual remuneración” lejos esté de cumplirse, en función de los distintos contratos existentes.

“No hay trabajadores de primera ni de segunda, ni en el Estado ni en ninguna parte, hay trabajadores de una sola clase, afirmó Cristina Fernández de Kirchner en mayo de 2010 al anunciar un mecanismo de incorporación a planta permanente de empleados estatales que, a la fecha, no ha cambiado sustancialmente el estado de situación que reflejamos. Como trabajadores del Estado – en los planos de la Nación y de la Ciudad de Buenos Aires – levantamos ese discurso que lamentablemente no ha tenido un correlato en la práctica. Y como militantes sindicales seguiremos en la disputa no sólo por aquellos puntos que hoy cuestionamos, sino también con la apuesta a futuro de construir otro proyecto de Estado, más justo e igualitario que el vigente. 

Fuente : Marea Popular - Corriente Sindical La Tosco

Administrar el neoliberalismo: lecciones desde Brasil

Por Alejandro Nadal 

Para la izquierda institucional en América latina, las lecciones son claras. Las contradicciones del neoliberalismo son insuperables: ni desarrollo, ni rostro humano


La gestión del neoliberalismo por regímenes de centro izquierda es un ejercicio incómodo. La retórica desde el palacio de gobierno insiste en pintar un cuadro de progreso social en un marco de desarrollo económico. Pero las ataduras del modelo neoliberal conspiran para anular los éxitos que podrían obtenerse. El neoliberalismo no está hecho para promover el desarrollo.

En los últimos años surgió el mito del milagro económico en Brasil. La tasa de crecimiento del PIB estuvo por encima de la media de América Latina y su desempeño exportador le permitió mantener un superávit significativo. Además, el aumento en el gasto social le permitió reducir la pobreza y disminuir el hambre. ¿Qué podía salir mal?

Las manifestaciones en las ciudades brasileñas son producto de muchos factores. Desde la pésima calidad de los servicios públicos y el hartazgo por la corrupción, hasta la represión aplicada por los cuerpos de seguridad. El movimiento también está animado por el fastidio con la clase política que sólo ambiciona adueñarse de cargos públicos para vivir de sus rentas. Por el momento, la desaprobación no tiene más perspectivas que la simple protesta. Pero esta coyuntura obliga a examinar la estructura y desempeño de la economía brasileña bajo el peculiar enfoque del PT.

Para empezar hay que despejar el mito del crecimiento económico en Brasil. Entre 1999 y 2011 el crecimiento promedio anual fue de 3 por ciento, nada espectacular y ciertamente muy por debajo de las necesidades de generación de empleo que tiene el gigante sudamericano. En estos años la economía brasileña ha ido dando tumbos, alternando años de rápido crecimiento (7 por ciento en 2010) con otros de mal desempeño (baches de menos 0.2 por ciento en 2003 y 2009).

El desempleo abierto en Brasil alcanza el 6 por ciento de la PEA (2011). Para los estándares europeos en plena crisis ese dato parece reducido. Pero debe manejarse con cautela. Entre 2000 y 2007 el 51 por ciento del empleo total en Brasil se concentró en el sector informal. Como en toda América latina, el sector informal es un gran "generador de empleo" y el perfecto disfraz del principal problema económico del capitalismo.

En la década de los años noventa se aplicaron en Brasil fuertes programas de estabilización con esquemas de contracción salarial, ajuste fiscal y hasta la creación de la nueva moneda, el real. La inflación se redujo de niveles superiores al 2.000 por ciento hasta niveles históricos bajos (alrededor del 5 por ciento). Desde entonces impera la política macroeconómica restrictiva con las tasas de interés más elevadas en América latina.

Los dos gobiernos de Lula buscaron conciliar las directrices del neoliberalismo con objetivos de justicia social. Para no trastocar los equilibrios de la macroeconomía neoliberal, se optó por el camino del asistencialismo. Para obtener los recursos necesarios se incrementó la presión fiscal hasta alcanzar el 36.2 por ciento del PIB en 2012. Este es un nivel que corresponde al de un país con buenos servicios públicos, pero en Brasil predomina la mala calidad en materia de salud, educación y transporte.

La política fiscal es de corte neoliberal puro y su principal objetivo es generar un superávit primario (diferencia entre ingresos y gastos netos sin cargas financieras). El superávit primario es un monto que podría invertirse en salud, educación y transporte, pero se destina a cubrir cargas financieras. El año pasado rebasó los 53 mil millones de dólares, monto equivalente a 2.3 por ciento del PIB, pero inferior a la meta de 3 por ciento del PIB: Brasil ha mantenido uno de los niveles más altos de superávit primario en el mundo.

Por otro lado, la estructura del impuesto sobre la renta no es progresiva y una buena parte de la carga la soportan los trabajadores de pocos ingresos. Además, el peso del IVA en la recaudación total es desmedido: el 48 por ciento de la recaudación total proviene de este impuesto regresivo que grava con la misma tasa a ricos y pobres. Lo recaudado por el IVA representa alrededor del 12 por ciento del PIB en Brasil, un escándalo.

Las bases del sector exportador no son robustas. Alrededor del 55 por ciento de las exportaciones provienen del sector primario [agro y minería], con un enorme costo social y ambiental. La volatilidad de los precios de estos productos básicos es bien conocida y por ello en 2012 Brasil tuvo su peor superávit comercial en diez años. La industria brasileña tuvo un mal año en 2012 y subsisten señales de fragilidad en el sector manufacturero. Por otro lado, el modelo de agro-negocios brasileño es un fracaso social, ambiental y económico, pero los grandes consorcios de ese país, con el beneplácito del gobierno, pretenden exportarlo a Mozambique y otros países de África.

Finalmente, en materia social la reducción de la pobreza en Brasil ha sido real, pero modesta. Ese país sigue siendo no de los de mayor desigualdad en el mundo. Para los partidos de la izquierda institucional en América latina, las lecciones son claras. Al fin del camino, las contradicciones del neoliberalismo son insuperables: ni desarrollo, ni rostro humano.

: Fuente: La Jornada

miércoles, 26 de junio de 2013

Si no es ahora ¿Cuándo?

El mal estado de la red metropolitana y nacional de los ferrocarriles volvió a estar en el tapete de la agenda mediática a partir del choque de trenes de la línea Sarmiento que dejó un saldo de 3 muertes y cientos de heridos. La tragedia de Once vuelve otra vez para reiterarnos que, lamentablemente, es a partir de muertes evitables que se desnudan las consecuencias todavía no alteradas de las concesiones y negociados, de la falta de mantenimiento y de planificación de la red ferroviaria nacional. Los “accidentes” no son hechos aislados, son la expresión de décadas de decadencia en esta materia.

La política de privatizaciones del sistema ferroviario empezó en 1991, aunque desde mucho antes se abandonó todo proyecto serio de modernización. En ese momento se redujo drásticamente la cantidad de trabajadores (en 1989 había 93.445 empleados y en 1992 se pasó a 36.557) así como el kilometraje de vías en explotación. Allí comenzó período más importante del desguace y abandono del sistema ferroviario nacional. Es larga, apasionante y llena de episodios de lucha y resistencia la historia de los trabajadores ferroviarios, lo cierto es que desde que el neoliberalismo puso su mano siniestra asistimos a un vertiginoso proceso de desestructuración.

Ante esta situación el Estado Nacional desplegó desde el 2002 una orientación fundamentalmente destinada a contener los precios de las tarifas de transporte y energía en el área metropolitana de Buenos Aires. Luego de la “tragedia” de Once, el gobierno rescindió la concesión a Trenes de Buenos Aires (TBA), para dejar el negocio del Ferrocarril Mitre y Sarmiento a los grupos Roggio (Metrovías) y Romero (Ferrovías) quienes gerencian todos los servicios suburbanos de pasajeros. En este esquema el Estado se hace cargo de los gastos operativos y también de las inversiones, mientras que los gerenciadores cobran un determinado porcentaje por su administración. Con el reciente accidente en Castelar se anunció la decisión de la estatización el Tren de la Costa y de los tramos Mesopotamia y Mendoza (tren de carga) por incumplimiento de los servicios de mantenimiento e inversión. Una política que permite, aunque tardíamente, empezar a revertir la política de desguacea a condición de que sea una discusión más completa el estado general del sistema ferroviario, la calidad de los servicios y los recursos gastados en esta etapa.

Ya pasaron 10 años: ¿Qué pasa con los subsidios?

Los subsidios al transporte son una gran transferencia de recursos del Estado a manos de la gestión privada de servicios públicos. Estos crecieron de manera exponencial desde 2002 a la fecha, a fines de mantener el pasaje barato, principalmente en el área metropolitana. Se calcula que ajustados a una escala actual, en 1991 los subsidios en millones de pesos fueron de 1.586 creciendo al año 2012 a la cifra de 4.603. Se convirtieron así en recursos fundamentales para mantener los costos operativos de los servicios de transporte y su destino es prácticamente nulo en materia de mantenimiento y renovación de las unidades.

En cuanto a los trabajadores y usuarios en general, los precios de las tarifas se mantuvieron bajos, lo que permitió una salvaguarda parcial de sus ingresos, mientras se argumentaba que esta política funcionaba como vector de competitividad generando costos más bajos para las firmas.

Otro aspecto clave es el transporte de cargas, ya que si estuviera en su totalidad en manos del Estado, podría ser una empresa pública rentable y servir para financiar al transporte de pasajeros. Habría que considerar que un 24% del transporte de cereales, granos y ganado podría hacerse a través del ferrocarril, cuando en la actualidad ese porcentaje no alcanza si quiera un cuarto de esa proporción. Esto abarataría múltiples costos de exportación y comercialización, además de aliviar las rutas y generar más recursos para el Estado.

Los subsidios van a la zaga de los problemas: al tener que hacerse cargo de las líneas colapsadas la solución encontrada no fue otra que darlas en gerenciamiento a grupos empresarios, los mismos que se beneficiaron de la privatización y que hoy continúan con la activa participación de la cúpula sindical que perpetró el asesinato de Mariano Ferreyra.

Entonces, mientras los subsidios siguen creciendo el servicio se deteriora cada vez más, resultando ineficiente y altamente peligroso. Esto no es una casualidad: las concesionarias utilizan el dinero para hacer negocio en lugar de las obras necesarias.
Por la recuperación de Ferrocarriles Argentinos

Rescindir los contratos de concesión es vital ya que las empresas no cumplieron con los pliegos licitatorios, tampoco con los contratos renegociados en 2006. No han invertido, no han hecho mantenimiento de acuerdo a normas, no pagaron los cánones establecidos ni los inventarios que se les transfirieron a precio vil.

El quite de las concesiones es un paso adelante pero sólo eso. El Estado debe revertir de inmediato las privatizaciones y hacerse cargo integralmente del subsistema ferroviario, incluidos los servicios de carga que son los verdaderamente rentables, que deben subsidiar a los de pasajeros. Hay suficientes razones para que la recuperación de los ferrocarriles sea a través de la reconstrucción de la industria nacional ferroviaria en lugar de seguir insistiendo con costosas importaciones. Es decir una empresa de dominio público que funcione en la órbita estatal, con un fuerte protagonismo social en la gestión y el contralor, que integre por ejemplo a los familiares de las víctimas de Once.

Esta propuesta sería incompleta si no está integrada en un Plan Nacional de Transporte que coordine y complemente distintos modos alternativos, reconociendo que en un país de la extensión del nuestro el modo ferroviario debe ser el eje articulador del sistema. Hay además un aspecto adicional que hace al beneficio público del ferrocarril como vector del sistema de transportes: la menor ocupación de espacio, mayor capacidad de transporte, menor impacto ambiental y siniestralidad.

Por eso es fundamental abrir una discusión amplia en la sociedad, en los movimientos y organizaciones populares, entre los trabajadores ferroviarios, colectivos de usuarios, muchos de los cuales hace años vienen acumulando una experiencia y estudio del tema para configurar un proyecto de recuperación de los Ferrocarriles Argentinos, capaz de reactivar la industria ferroviaria tanto en lo que hace al servicio de carga como al de pasajeros, insistiendo una vez más que el transporte es materia de soberanía de un país. 
 
Fuente : http://mareapopular.org/nacionales/si-no-es-ahora-cuando/

Significado y perspectivas de las movilizaciones en Brasil


Publicamos en exclusiva la primera parte de la versión en castellano de la entrevista que Brasil de Fato realizó con Joao Pedro Stedile, líder del Movimiento Sem Terra, acerca de las movilizaciones que sacuden hace veinte días el país más grande de sudamerica.

-¿Cuáles son las bases económicas de las protestas? 

Hay muchas evaluaciones de porque están ocurriendo estas manifestaciones. Me sumo al análisis de la profesora Erminia Maricato, que es nuestra mayor especialista en temas urbanos y ya actuó en el Ministerio de las ciudades durante la gestión de Olivio Dutra. Ella defiende la tesis de que hay una crisis urbana instalada en las ciudades brasileras provocada por esta etapa del capitalismo financiero. Hubo una enorme especulación inmobiliaria que elevo los precios de los alquileres y de los terrenos un 150% en los últimos 3 años. El capital financió sin ningún control gubernamental la venta de automóviles para enviar el dinero hacia el exterior y transformó nuestro transito en un caos. Y en los últimos 10 años no hubo inversión en transporte público. El programa habitacional 'Mi casa, mi vida', empujó a los pobres hacia las periferias, sin condiciones de infraestructura. Todo eso generó una crisis estructural en la que las personas están viviendo en un infierno en las grandes ciudades, perdiendo tres o cuatro horas por día en el transito, cuando podrían estar con la familia, estudiando o teniendo actividades culturales. Se suma a eso, la pésima calidad de los servicios públicos, en especial de la salud y la educación, desde la escuela primaria y media, en la que los estudiantes salen sin saber hacer una redacción. Y la educación superior se convirtió en tiendas de venta de diplomas a crédito, donde está el 70% de los estudiantes universitarios.

-¿Y desde el punto de vista político?

Los quince años de neoliberalismo sumados a los últimos diez años de gobierno de conciliación de clases transformaron a la política en rehén de los intereses del capital. Los partidos quedaron viejos en sus prácticas y se convirtieron en meras siglas que aglutinan, en su mayoría, a oportunistas para ascender a cargos públicos o disputar recursos para sus intereses. Toda la juventud nacida después de los gobiernos de derecha, no tuvo oportunidad de participar en política. Hoy, para disputar cualquier cargo, por ejemplo, de vereador - miembro del gobierno local (NdT)- se necesita tener más de un millón de reales. Para un diputado cuesta alrededor de diez millones. Los capitalistas pagan y después los políticos obedecen. La juventud está harta de esa forma de hacer política burguesa y mercantil. Pero lo más grave fue que los partidos de la izquierda institucional, todos ellos, se amoldaron a esos métodos. Y por lo tanto generaron en la juventud una repulsión a la forma de actuar de los partidos. La juventud no es apolítica, al contrario, tanto lo es que llevó la política a las calles, aún sin tener consciencia de su significado. Pero está diciendo que no aguanta más ver por televisión esas prácticas políticas, que secuestran el voto de las personas, basadas en la mentira y en la manipulación.

-¿Y porqué las manifestaciones explotaron sólo ahora?

Probablemente haya sido más producto de la suma de diversos factores de carácter de la psicología de las masas, que de alguna decisión política planificada. Se sumó todo el clima que comenté, además de las denuncias de sobrefacturación de las obras de los estadios, que es una provocación al pueblo. Vean algunos casos: la red Globo recibió del gobierno del Estado de Río y de la Intendencia, 20 millones de reales de dinero público, para organizar el showcito de apenas dos horas del sorteo de los partidos de la copa de las confederaciones. El estadio de Brasilia costo 1400 millones y no hay colectivos en la ciudad! Es la dictadura explicita que la FIFA impuso y todos los gobiernos se sometieron. La reinauguración del Maracaná fue una bofetada para el pueblo brasilero. Las fotos eran claras, ¡en el mayor templo del fútbol mundial no había ningún negro o mestizo! Y ahí con el aumento de las tarifas de colectivo, fue la gota que rebalso el vaso. Fue apenas la chispa para encender el sentimiento generalizado de revuelta, de indignación. En buena hora la juventud se puso de pie.

-¿Porqué la clase trabajadora todavía no salió a las calles?

Quienes están en la calle son los hijos de la clase media, de la clase media baja y también algunos jóvenes de lo que Andre Singer llamaría sub-proletariado, que estudian y trabajan en los sectores de servicios, que mejoraron las condiciones de consumo, pero quieren ser escuchados. La reducción de la tarifa interesaba mucho a todo el pueblo y ese fue el acierto del movimiento Passe Livre, supo convocar movilizaciones en nombre de los intereses del pueblo. Y el pueblo apoyó las manifestaciones y esto se expresa en los índices de popularidad de los jóvenes, sobre todo cuando fueron reprimidos. La clase trabajadora tarda en movilizarse, pero cuando se mueve, afecta directamente al capital. Cosa que todavía no comenzó a pasar. Creo que las organizaciones que hacen de mediadoras con la clase trabajadora todavía no comprendieron el momento y están un poco tímidas. Pero la clase, como clase, creo que está dispuesta también a luchar. Vea, que el número de huelgas por mejoras salariales ya recupero los valores promedio de la década del '80. Creo que es apenas una cuestión de tiempo, y si las mediaciones aciertan en las banderas que pueden motivar a la clase a movilizarse. En los últimos días, ya se percibe que en algunas ciudades menores y en las periferias de las grandes ciudades ya comenzaron a haber manifestaciones con banderas de reivindicaciones bien localizadas. Y eso es muy importante.

-Pero ustedes del MST y los campesinos tampoco comenzaron a moverse...

Es verdad. En las capitales donde tenemos asentamientos y agricultores familiares más cerca ya estamos participando. E inclusive soy testigo de que fuimos muy bien recibidos con nuestra bandera roja y con nuestra reivindicación de reforma agraria y alimentos saludables y baratos para todo el pueblo. Creo que en las próximas semanas podrá haber una adhesión mayor, inclusive realizando manifestaciones de los campesinos en las rutas y municipios del interior. Dentro de nuestra militancia está todo el mundo loco para entrar en la pelea y movilizarse. Espero que también se muevan rápidamente.

-¿Cuál es el orígen de la violencia en las manifestaciones?

Primero vamos a relativizar. La burguesía a través de sus televisoras ha usado la táctica de asustar al pueblo colocando sólo la propaganda de los alborotadores y rompelotodo. Son minoritarios e insignificantes delante de las miles de personas que se movilizaron. A la derecha le interesa colocar en el imaginario de la población que esto es sólo desorden, y al final si hay caos, colocar la culpa en el gobierno y exigir la presencia de las fuerzas armadas. Espero que el gobierno no cometa esa bestialidad de llamar a la guardia nacional y a las fuerzas armadas para reprimir a las manifestaciones. ¡Es todo lo que la derecha sueña! Quien está provocando las escenas de violencia es la forma de intervención de la policía militar. Son grupos derechistas organizados con orientaciones de hacer provocaciones y saqueos. En San Pablo actuaron grupos fascistas. En Río de Janeiro actuaron las milicias organizadas que protegen sus políticos conservadores. Es claro, hay también un sustrato de lumpenismo que aparece en cualquier movilización popular, sea en los estadios, carnaval, hasta en las fiestas de la iglesia, intentando sacar sus provechos.

-¿Hay entonces lucha de clases, o es sólo juventud movilizada?

Es claro que hay una lucha de clases en la calle. Si bien todavía concentrada en la disputa ideológica. Y lo que es más grave, la propia juventud movilizada, por su origen de clase, no tiene consciencia de que está participando en una lucha ideológica. Miren, ellos están haciendo política de la mejor forma posible, en las calles. Y ahí escriben en los carteles: somos contra los partidos y la política? Es por eso que han sido tan difundidos los mensajes en los carteles. Está ocurriendo en cada ciudad, en cada manifestación, una disputa ideológica permanente de la lucha de los intereses de clase. Los jóvenes están siendo disputados por las ideas de derecha y por la izquierda. Por los capitalistas y por la clase trabajadora.

Traducción: Facundo Ramos

Fuente: Marcha


Significado y perspectivas de las movilizaciones en Brasil (II)







Publicamos la segunda parte de la versión en castellano de la entrevista que Brasil de Fato realizó con Joao Pedro Stedile, líder del Movimiento Sem Terra. El rol de la derecha y el gobierno en las movilizaciones que sacuden el país desde hace tres semanas.

-¿Cuáles son los provechos que la derecha quiere sacar de esto?
-La clase dominante, los capitalistas y sus portavoces ideológicos que aparecen en la televisión todos los días, tienen un gran objetivo: desgastar al máximo al gobierno de Dilma, debilitar las formas organizativas de la clase trabajadora, debilitar las propuestas de cambio estructural en la sociedad brasilera y ganar las elecciones de 2014 para recomponer una hegemonía total en el comando del estado brasilero, que ahora está en disputa.

Para alcanzar esos objetivos ellos todavía están tanteando, alternando sus tácticas. A veces provocan la violencia para desenfocar los objetivos de la juventud. A veces colocan en las pancartas de los jóvenes sus mensajes. Por ejemplo, la manifestación del sábado, si bien pequeña, en San Pablo, fue totalmente manipulada por sectores derechistas que pautaron solamente la lucha contra el PEC 37. Ciertamente, la mayoría de los jóvenes ni saben de lo que se trata. Y es un tema secundario para la clase trabajadora, pero la derecha está intentando levantar las banderas de la moralidad, como hizo con la UDN en tiempos pasados.

He visto en las redes sociales controladas por las derechas, que sus banderas, además de la PEC 37, son: Salida de Renan del senado; CPI o transparencia de los gastos de la COPA; declarar a la corrupción crimen grave y terminar con los fueros especiales para los políticos. Ya los grupos más fascistas dicen FUERA DILMA y abajo firman con estas acusaciones. Felizmente esas banderas no tienen nada que ver con las condiciones de vida de las masas, aunque ellas puedan ser manipuladas por los medios de comunicación. Y objetivamente son un tiro en el pie. Al final es la burguesía brasilera, sus empresarios y políticos los que son los mayores corruptos y corruptores. ¿Quien se apropió de los gastos exagerados de la copa? La Red Globo y las empresas contratistas.

-¿Cuáles son los desafíos de la clase trabajadora y la izquierda en esta coyuntura?

-Los desafíos son muchos. Primero debemos tener consciencia de la naturaleza de estas manifestaciones y salir todos a la calle, disputar corazones y mentes para politizar a esa juventud que no tiene experiencia en la lucha de clases.

Segundo, la clase trabajadora precisa movilizarse. Salir a la calle, manifestase en las fabricas, campos y construcciones, como diría Geraldo Vandré. Levantar sus demandas para resolver los problemas concretos de la clase, desde el punto de vista económico y político. Necesitamos tomar la iniciativa de pautar el debate en la sociedad y exigir la aprobación del proyecto de reducción de la jornada de trabajo a 40 horas; exigir que la prioridad de las inversiones púbicas sea en salud, educación, reforma agraria. Pero para esto el gobierno necesita reducir intereses y dislocar los recursos del superávit primario, aquellos 200 mil millones que todos los años van apenas para 20 mil ricos, rentistas, acreedores de una deuda interna que nunca contrajimos, dislocarlo para inversiones productivas y sociales. Aprobar en régimen de urgencia para que entre en vigencia en las próximas elecciones una reforma política de aliento, que mínimamente instituya el financiamiento público exclusivo de la campaña, derecho a la revocación de mandatos y plebiscitos populares auto convocados. Necesitamos una reforma tributaria que vuelva a cobrar ICms de las exportaciones primarias, penalice la riqueza de los ricos, y alivie los impuestos de los pobres, que son los que más pagan.

Necesitamos que el gobierno suspenda las subastas del petróleo y todas las concesiones privatizantes de mineras y otras áreas públicas. De nada sirve invertir todos los royalties del petróleo en educación, si los royalties representaran apenas el 8% de la renta petrolera, y los 92% restantes irán para las empresas transnacionales que se van a quedar con el petróleo en las subastas.

Una reforma urbana estructural, que vuelva a priorizar el transporte público, de calidad y con tarifa cero. Ya está comprobado que no es caro, ni difícil instituir transporte gratuito para las masas de las capitales. Y controlar la especulación inmobiliaria.

Finalmente, necesitamos aprovechar y aprobar el proyecto de la conferencia nacional de la comunicación, ampliamente representativa, de democratización de los medios de comunicación. Para acabar con el monopolio de la Globo, y para que el pueblo y sus organizaciones populares tengan amplio acceso a comunicarse, crear sus propios medios de comunicación, con recursos públicos. ( en Argentina se aprobó la ley pero no se hace nada por los medios no comerciales ) Escuché de diversos movimientos de la juventud que están articulando las marchas, que tal vez esa sea la única bandera que los unifica a todos: ¡abajo el monopolio de la Globo! Pero para que esas banderas resuenen en la sociedad y presionen al gobierno y los políticos, se tiene que movilizar la clase trabajadora, solamente así esto sucederá.

-¿Qué debería hacer el gobierno ahora?

-Espero que el gobierno tenga la sensibilidad y la inteligencia de aprovechar este apoyo, este clamor que viene de las calles, que es solo una síntesis de una consciencia difundida en la sociedad, de que es hora de cambiar. Y de cambiar a favor del pueblo. Y para eso el gobierno necesita enfrentar a la clase dominante, en todos los aspectos. Enfrentar a la burguesía rentista, dislocando el pago de intereses para inversiones en áreas que resuelvan los problemas del pueblo. Promover pronto las reformas políticas, tributarias. Encaminar la aprobación del proyecto de democratización de los medios de comunicación. Crear mecanismos para inversiones pesadas en transporte público, orientados a la tarifa cero. Acelerar la reforma agraria y un plan de producción de alimentos sanos para el mercado interno. Garantizar pronto la aplicación del 10% del PBI en recursos públicos para la educación en todos los niveles, desde los jardines infantiles en las grandes ciudades, educación primaria de calidad hasta la universalización del acceso de los jóvenes a la universidad pública.

Sin esto, habrá una decepción, y el gobierno entregará a la derecha la iniciativa de las banderas que llevarán a nuevas manifestaciones, queriendo desgastar al gobierno hasta las elecciones del 2014. Es hora de que el gobierno se alíe al pueblo, o pague las facturas en el futuro.

-¿Y qué perspectivas pueden traer estas movilizaciones para el país en los próximos meses?

-Todo es una incógnita todavía. Porque los jóvenes y las masas están en disputa. Por eso es que las fuerzas populares y los partidos de izquierda necesitan colocar todas sus energías para salir a las calles. Manifestarse, colocar como banderas de lucha las demandas que interesan al pueblo. Porque la derecha va a hacer las mismas cosas y colocar sus banderas, conservadoras, atrasadas, de criminalización y estigmatización de las ideas de cambio social. Estamos en medio de una batalla ideológica, de la cual nadie sabe todavía cuál será el resultado. En cada ciudad, cada manifestación, precisamos disputar corazones y mentes. Y quien se quede afuera, quedará afuera de la historia.

Traducción: Facundo Ramos
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Politica Obrera

Coordinadora Sindical Clasista - Partido Obrero

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