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lunes, 27 de enero de 2014

Acorralados por el fantasma del Rodrigazo


Por Javier Milei, Diego Giacomini, Federico Ferrelli Mazza.

En su libro La economía en una lección (1946), Henry Hazlitt señalaba: “Hoy es el mañana que nos aconsejaba despreciar el mal economista de ayer. Las repercusiones remotas de ciertos métodos económicos pueden hacerse tangibles dentro de escasos meses; otras quizá requieran el transcurso de varios años, y tal vez precisen el paso de décadas. Pero, en todo caso, las consecuencias remotas se hallan contenidas en la política en cuestión tan fatalmente como el polluelo en el huevo o la flor en la semilla”. Más allá de las diferencias individuales, es posible identificar cuatro etapas en las políticas populistas. En la primera, la política macroeconómica luce exitosa, porque los inventarios y las reservas permiten acomodar la expansión de demanda, aumentado el nivel de actividad con muy poco impacto en la tasa de inflación. En la segunda etapa aparecen los cuellos de botella. En la tercera los desequilibrios se exacerban, la inflación se acelera, se desmonetiza la economía y la restricción externa precipita la salida de capitales. En la cuarta etapa se aplica una política de estabilización.
A la luz de los hechos, Argentina ya ha transitado las tres etapas iniciales. La primera de ellas tuvo lugar desde el tercer trimestre de 2002 hasta 2006, donde la economía se expandió a un ritmo del 9%, mientras que la tasa de inflación promedio fue del 8%. A su vez, el período que va desde 2007 hasta 2011 se muestra en línea con la segunda de las etapas donde el resultado fue una caída en la tasa de crecimiento promedio al 5,7% y un aumento de la tasa de inflación promedio al 22%. Naturalmente, el inicio de la tercera etapa viene dado por la implementación del cepo cambiario que, ante la inconsistencia entre las políticas fiscal, monetaria y cambiaria, tuvo como objeto “devaluar sin tocar el tipo de cambio” instrumentando un ajuste de cantidades, es decir, sin modificar el nivel de paridad cambiaria ni perder reservas. Así, luego de dos años de bajas tasas de crecimiento, tasa de inflación creciente, brecha cambiaria en aumento y fuerte pérdida de reservas del BCRA, nos encontramos en la fase final del proceso: la necesidad de implementar un plan de estabilización.

Las condiciones objetivas de la economía demuestran que un nuevo Rodrigazo es posible. Hoy el circulante (M1) alcanza un 15,5% del PBI (previo al Rodrigazo era 14,8%) cuando el promedio histórico de los últimos cuarenta años es de 8,8% y el valor de la tendencia de largo plazo es 5%. Sin embargo, el salto estructural en dicha variable luego de la salida de la convertibilidad señala que su valor de equilibrio se ubica en torno al 10,5% del PBI. Esto es, hoy en la economía sobran por lo menos $ 150 mil millones (5% del PBI) y de mediar un cambio de humor que redujera la demanda de dinero a su valor de equilibrio, el salto en los precios sería del 50%. Si a esto le sumamos niveles de emisión del 30% (esto es, no hay mayor deterioro de las cuentas públicas), la tasa de inflación sería del 100%. Por otra parte, si la demanda de dinero se moviera hacia la tendencia de largo plazo, el salto en el nivel de precios sin emisión sería del 210%, mientras que de mantenerse la presente situación fiscal (suponiendo que no habría efecto Olivera-Tanzi –caída de la recaudación real por aumento de la inflación–) la inflación sería del 300%.

Sin embargo, más allá del desequilibrio monetario que muestra la economía, la pregunta es cuán probable es que se presente dicha situación. Acorde a nuestro modelo de probabilidad de crisis existen dos equilibrios. En un equilibrio con confianza plena nuestras estimaciones señalan una probabilidad de crisis del 30%. Por otra parte, de haber un cambio en el humor de los agentes, la probabilidad de crisis se ubica en 98%. En este último caso, la crisis sería un hecho a no ser que el BCRA contara con un monto de reservas del orden de los US$ 100 mil millones. De más está decir que el actual nivel de reservas es insuficiente, pero el dato relevante es que si el BCRA no hubiera sido víctima de “la recuperación de la política como el arte de lo posible” las mismas se ubicarían en US$ 80 mil millones, el Banco Central no estaría quebrado (desde lo técnico), la inflación sería menor al 5% y la economía podría crecer al 6% con una probabilidad de crisis casi nula.

¿Cómo hemos llegado a esto? La respuesta también debería caer de cajón. Al igual que durante los últimos setenta años de historia argentina, la madre de todos los males es el déficit fiscal emergente de un gasto público descontrolado. Acorde a nuestras estimaciones, el resultado primario (dada la recuperación cíclica) debería ser positivo en un 4,8% del PBI, mientras que las cifras del gobierno nacional sin maquillaje muestran un déficit del 2,5%. Puesto en blanco y negro, el desequilibrio fiscal es del 7,3% del PBI. Sin embargo, este descalabro fiscal ha tenido lugar con la presión tributaria más alta de la historia argentina. En este contexto de deterioro de las finanzas públicas y (afortunadamente) sin acceso a fuentes de financiamiento externo, el desequilibrio fiscal fue financiado con emisión de dinero. Esto no sólo aumentó la tasa de inflación, sino que tal como predicen los libros de texto básicos en la materia, al no acompañar el tipo de cambio este proceso, las reservas comenzaron a caer. Frente a esta situación, el Gobierno reaccionó con controles de precios (ignorando la historia de los últimos cuarenta siglos) y un cepo al dólar, dando lugar a la creación del dólar blue, esto es, un termómetro que mide el reciente grado de intoxicación fiscal.

Por lo tanto, usted estará preguntándose: ¿Cuándo estalla? Para dar respuesta a esta pregunta, en Política Económica Contrarreloj hemos instrumentado una pequeña adaptación del modelo de crisis de balanza de pagos de Flood & Garber (1984). En tal modelo, el momento de la crisis está determinado por el nivel de reservas, el déficit fiscal, la demanda de dinero y la tasa de interés local. En este sentido, si consideramos que el BCRA debería contar por lo menos con cuatro meses de importaciones, esto es US$ 25 mil millones, que el resultado comercial del año será positivo en US$ 9 mil millones y que los pagos de deuda estarán en torno a los US$ 6 mil millones, las reservas disponibles para frenar un ataque especulativo son sólo US$ 8 mil millones. Así, si el déficit fiscal monetizado a un tipo de cambio promedio para 2014 de $ 8,32 fuera de US$ 12 mil millones, el modelo indica que el ataque está en curso y que las medidas del BCRA sólo intentan comprar tiempo para que Economía ponga las cuentas en orden.

En definitiva, todo indica que vamos camino hacia una nueva crisis y lo único que podría evitarla es una corrección fiscal de 7 puntos del PBI y un aumento de la tasa de interés a niveles de por lo menos el 35%. Al margen de lo poco agradable que resulta encarar un proceso de este tipo, la verdadera disyuntiva, más allá de los discursos políticos que violan de manera flagrante los equilibrios macroeconómicos, consiste en elegir entre un reacomodamiento ordenado de la economía minimizando el daño social, o uno desordenado impuesto por la propia dinámica de los hechos (un nuevo Rodrigazo). Por lo tanto, a su pregunta le contestamos con otra pregunta. ¿Cree usted que Cristina Fernández de Kirchner y Axel Kicillof tendrán el temple para implementar un programa de este tipo? El resultado esperado será en función de lo que usted esté pensando.

Me gustaría que alguien me explique que persigue el kirchnerismo mas allá de postergar la crisis para que le explote al siguiente gobierno como hizo Menem antes . Nunca plantearon una reforma impositiva para reducir el déficit fiscal , menos aún una nacionalización del comercio exterior , un ajuste a los capitalistas , no siempre el ajuste es a los trabajadores , por eso desde 2011 Cristina dejo claro que estaba en contra de la participación de los trabajadores en las ganancias empresarias y rápidamente le aprobó a la UIA su ley de ART para seguir perjudicando a los trabajadores y ahora devalúan el peso un 100% en un año para seguir tirando mientras el salario sigue siendo la variable de ajuste y ni siquiera frente a esta situación se les ocurre plantear una duplicación de las indemnizaciones y prohibición de los despidos justamente para que no sean los trabajadores quienes siempre pagan las crisis sistémicas del capitalismo nacional . Realmente creen que la inflación se soluciona con un acuerdo de precios con los grandes supermercados y echando al funcionario que ose hablar de la inflación ?



Fuente:: http://www.perfil.com/columnistas/Acorralados-por-el-fantasma-del-Rodrigazo-20140125-0009.html

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