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miércoles, 22 de enero de 2014

El “momento de la ciencia” y los Kirchneristas


“Este es el mejor momento de la ciencia en la Argentina”, según Alberto Kornblihtt, un notable investigador de nuestro país, considerado una eminencia en Biología molecular y celular, miembro de la Academia de Ciencias de los Estados Unidos y acreedor de un reconocimiento mundial por su labor profesional. Es el título a doble página, además, de un largo reportaje que publicó Página/12 el 22 de diciembre pasado.

La fecha importa particularmente en este caso. Corresponde a los días en que la población de la Capital Federal era castigada con privaciones inauditas debido al colapso del sistema energético. ¿Cómo es posible, entonces, que en el “mejor momento” de nuestra “ciencia”, el gobierno supuestamente responsable de semejante mérito histórico nos someta a un desastre previsible e inevitable que degrada la vida a los límites de la falta de lo más elemental? Es algo que, por supuesto, está en las antípodas de cualquier ejercicio científico de la administración y bien más próximo al ejemplo de la barbarie irracional en el ejercicio del poder.

El caso del manejo de la energía como fuente de la vida y la producción social es de por sí relevante, pero sólo un ejemplo de una larga lista en la cual los criterios propios de un diseño científico y los que orientan la política oficial se oponen por el vértice. Pero basta para mostrar que el rigor que aplica Kornblihtt en su trabajo como investigador en la disciplina que le es propia, se transforma en lo contrario cuando se trata de analizar la conducta del gobierno.

Podría objetarse que la opinión del renombrado biólogo se limitaba al terreno más restringido de una observación sobre la línea oficial en materia de estímulo a la ciencia como actividad específica. Pero no sería esa una objeción legítima, porque Kornblihtt como intelectual progresista considera a la ciencia como actividad indisociable de su manifestación en la mejora de las condiciones de existencia de la sociedad y de las formas que deben regir la conducta de quienes dominan el gobierno de esa misma sociedad.

Pero, aún admitiendo que el juicio sobre la opinión del científico debiera limitarse a su elogio de la política particular de los Kirchner en el área de la ciencia, las cosas no cambian. El gobierno anunció, en los mismos días del reportaje que nos ocupa, que dejaba afuera del Conicet, el mayor organismo de ciencia y técnica del país, a más de 500 investigadores. Desde 2010, en las últimas convocatorias han quedado fuera del Conicet casi 5.000 profesionales con títulos de postgrado, algo que representa un 50% de los postulantes totales en el Conicet con doctorado aprobado.
La denuncia es del “Grupo de Gestión en Política Científica”. De su página web copiamos lo siguiente: “las políticas aplicadas en Ciencia y Tecnología (CyT) en los últimos años han sido orientadas a apoyar al sector privado”, es decir, al negocio y no a la promoción del conocimiento y el desarrollo de las fuerzas productivas nacionales.  
 
El “Grupo…” es enfático en criticar los beneficios millonarios a la industria farmacéutica y biotecnológica, mientras desde el Poder Ejecutivo se bloquea la emergencia de un plan nacional de producción de medicamentos, que reduciría drásticamente los costos, potenciaría recursos físicos y humanos ya existentes y beneficiaría enormemente a la población. Un ejemplo, además, que podría extenderse a diversas áreas de la labor propia en CyT.
Resumen: en el “mejor momento de la ciencia”, el gobierno promueve la desocupación masiva de los recursos humanos más calificados, se orienta a promover el lucro con la excusa de promover la ciencia y carece de todo plan en la materia que tome en consideración las necesidades populares. No es casual que en estas mismas páginas, además, aparezcan las denuncias recurrentes de los “Jóvenes Científicos Precarizados”, una auténtica ‘creación’ de la política oficial en este terreno, dada la flexibilización laboral que se ha extendido al terreno de la CyT.

Habrá que separar las condiciones de Kornblihtt como investigador de su evaluación política sobre la orientación gubernamental en la materia que, en absoluto, aparece confirmada por los hechos (en el reportaje Kornblihtt no aporta otros datos que desmientan los que aquí señalamos y se explaya, en cambio, en asuntos sobre su especialidad). Nada original por otra parte: es la posición de la cúpula de la facultad en la cual desempeña su labor (Ciencias Exactas) y de otras casas de estudio de su universidad (UBA), que han promovido una gestión común con los radicales y el macrismo, y abandonado algunos planteos “críticos” con los cuales coquetearon en el pasado. Eso es todo; no tiene que ver con la biología ni con los atributos propios de la investigación científica.

Sergio Fedorosky (bioquímico)

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