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viernes, 10 de enero de 2014

Keynes y la ley del valor trabajo: a propósito del ministro Kicillof y su tesis doctoral

Por Paula Bach 


Con afirmaciones de cuño propio como que “No se tomará ninguna medida (…) que perjudique a los trabajadores, a los sectores de menores ingresos, ni a los empresarios”1 (misión imposible, si las hay), y elogios ajenos como el del CEO de Ternium Siderar, que en medio de un torneo de golf dijo a sus gerentes (mientras arrimaba un approach, imaginamos), que la empresa “pierde un director, pero gana un ministro”2, asumió Axel Kicillof como Ministro de Economía del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Hasta hace apenas unos días, algunos periodistas de la derecha vernácula de La Nación insistían en rotularlo como marxista. Otros, más cautos, preferían definirlo como keynesiano, aunque no faltaron quienes hablaron de una suerte de marxismo keynesiano, entre ellos el amigo de Kicillof y reemplazante de Moreno, Augusto Costa. Con sorprendente sensatez, Morales Solá editorializó que “La fórmula es casi un oxímoron de la teoría económica. Keynes imaginó formas nuevas para que el Estado salvara al capitalismo en momentos de crisis.

Marx fue directamente la refutación del capitalismo, al que veía como un obstáculo insalvable en la construcción de la felicidad colectiva”3. Pero las especulaciones respecto de la filiación ideológica de Kicillof no terminan acá. También Alfredo Zaiat aportó a su modo a la confusión general. En una nota cargada de alabanzas al Ministro, subraya que “Kicillof escribió en el libro Fundamentos de la Teoría General. Las consecuencias teóricas de Lord Keynes que estudiarlo fue ‘un descubrimiento liberador’. Sólo los promotores de la ignorancia pueden asociar Keynes con Marx. Y un keynesiano con un marxista” 4. La afirmación resultaría exacta si no fuera porque justamente en Fundamentos de la Teoría General…, tesis mediante la cual Kicillof se doctoró en Economía y que en 2007 publicó bajo formato de libro, es el propio Ministro quien busca travestir a Keynes con el ropaje de la teoría del valor trabajo. A ese aspecto y a echar algo de luz sobre su filiación teórica, dedicamos el presente artículo.

Keynes y la teoría del valor trabajo

En Fundamentos de la Teoría General, Kicillof señala que: “Para Keynes, el trabajo, ayudado por el estado de la técnica y operando en cierto ambiente natural, es la única fuente del nuevo valor”5. Agrega además que: “En la Teoría General Keynes utiliza la palabra ‘simpatizo’ para señalar su adhesión a la llamada teoría del valor trabajo”6. Para afirmar más adelante que “es posible reconstruir el argumento de Keynes en base a una teoría que funda el valor sólo en el trabajo”7. Con estas aseveraciones Kicillof busca situar a Keynes en la zaga de los grandes pensadores burgueses que, como Smith o Ricardo, realizaron un invalorable aporte científico a la teoría económica, sentando las bases de la teoría del valor trabajo8. En gran parte debido a su origen de clase, estos autores abandonaron o dejaron inconclusa dicha teoría que sin embargo dio pie a Marx, quien al develar la diferencia entre trabajo y fuerza de trabajo, descubrió la mercancía que por sus particularidades intrínsecas de ser fuerza de trabajo vivo, y sin violar las leyes del intercambio mercantil, era capaz de crear valores nuevos. Este descubrimiento, que fue el resultado de la crítica a la economía política clásica, aportó una teoría científica de la explotación, dando forma concluyente a  la ley del valor trabajo, al definir al trabajo no retribuido como único origen de la ganancia en el sistema capitalista.

Pero, ¿por qué Kicillof afirma la posibilidad de reconstruir a Keynes en base a una teoría que funda el valor solo en el trabajo? Porque construye una hipótesis que pone en relación la “simpatía” de Keynes por la ley del valor –esbozada al pasar en la Teoría Generalpor un lado, y su definición de la ganancia capitalista, por el otro. Refiriéndose al motivo por el cual el capital arroja un excedente sobre su costo original, Keynes señala que “la única razón por la cual un bien ofrece probabilidades de rendimiento mientras dura, teniendo sus servicios un valor total mayor que su precio de oferta inicial, se debe a que es escaso (…) Si el capital se vuelve menos escaso, el excedente de rendimiento disminuiría, sin que se haya hecho menos productivo –al menos en sentido físico–”9. En el océano de eclecticismo que caracteriza la teoría de Keynes, lo que quiere significar con esta afirmación es que existe una limitación en la producción de bienes de capital con respecto a las necesidades existentes de dichos bienes, y que esa limitación se manifiesta en un incremento del precio de sus “servicios”10. Esta diferencia es la que explicaría que los bienes en cuya producción se incorpora capital, posean un precio mayor a su costo que, en condiciones de abundancia del capital, estaría determinado solo por el trabajo incorporado en ellos. Esta relación es la que conduce a Kicillof a sostener la supuesta adhesión de Keynes a la teoría del valor trabajo destacando el siguiente razonamiento: si el capital se volviera absolutamente abundante, el valor de los bienes que utilizan capital para su producción, se determinaría solo conforme al trabajo incorporado en ellos. Hay sin embargo en esta conclusión, un error de matriz porque siendo cierto que, siempre según el razonamiento de Keynes, si el capital no fuese escaso, todo el valor se explicaría por el trabajo, el resultado sería que… el rendimiento del capital se acercaría a cero, con lo cual tendería a anularse la ganancia y por tanto, el propio capitalismo.

Esta imposibilidad lógica de compatibilizar ambas teorías, prueba que el quid de la cuestión no se encuentra, como afirma Kicillof, en la “simpatía” de Keynes por la teoría del valor trabajo, sino en su formulación de la teoría de la escasez del capital como determinante de la ganancia. Teoría que no sólo no es compatible sino que es sencillamente contradictoria con la teoría del valor trabajo.

El “derecho de excepción” de los bienes de capital

Keynes toma prestado el concepto de escasez de la economía política clásica, uno de cuyos máximos representantes, Ricardo, establecía la existencia de dos fuentes de valor: la escasez y la cantidad de trabajo tanto presente como pretérita, requerida para obtenerlos. En la teoría de Ricardo, la determinación del valor por la escasez estaba asociada a la imposibilidad de que algunos bienes particulares fuesen multiplicados. Se refería en especial a los recursos naturales que no podían ser reproducidos por el trabajo. El caso paradigmático era la tierra que traía asociada una renta de escasez. Ricardo se encargó no obstante de subrayar que: “Estos productos, sin embargo, forman una parte muy pequeña de la masa de mercancías cambiadas diariamente en el mercado. Muy por el contrario, la mayor parte de las mercancías que son objeto de deseo, se procuran por el trabajo y pueden ser multiplicadas”11. Echando mano a la idea de escasez de Ricardo, Keynes va a efectuar una operación de naturalización literal del capital, en tanto lo coloca en un lugar similar al de la tierra. Keynes atrasa con respecto a Ricardo, y en un sentido invierte su lógica otorgando centralidad y poder explicativo a la escasez justo en el secreto más profundo del modo de producción capitalista que debe ser revelado: el origen de la ganancia.

Ricardo se detuvo precisamente en este último punto y por ello no pudo formular una teoría que fundara el valor solo en el trabajo. Keynes retrocede más de un siglo y para completar su operación, apela a otro truco. Como señala Kicillof, “Keynes denomina escasez a toda situación que sostiene al precio de un producto en un nivel superior al de sus costos reales de trabajo. Para las mercancías en general, en condiciones de competencia pura, el precio de escasez es meramente accidental”12. Pero justamente Keynes explica el rendimiento de los bienes de capital, a través de la transformación en norma de un hecho que para el resto de los bienes considera meramente accidental, negando de esta forma que en el modo capitalista de producción los bienes de capital funcionan como cualquier otra mercancía.
Transforma de este modo la contingencia en norma, justo en el caso del problema más agudo que debe ser explicado, justo en la determinación de la ganancia. El problema es que, siguiendo nuevamente el razonamiento de Keynes, si la escasez de capital pierde su estatus normativo, la ganancia capitalista desaparece o se vuelve extremadamente pequeña, con lo cual y como señalamos en el apartado anterior, el capitalismo no es más capitalismo. De este modo, la conclusión es que en el modelo teórico de Keynes la “ley del valor” solo rige si el capitalismo tiende a desaparecer, cuestión que constituye simplemente una contradicción en los términos.

Un “oxímoron de la teoría económica”

Al afirmar que “mientras posiblemente haya razones intrínsecas para la escasez de la tierra, no las hay para la del capital”13, Keynes se da cuenta que no puede tratar al capital del mismo modo que a la tierra y que la supuesta escasez de capital, debe expresar algún tipo de relación de origen social. En este sentido, Kicillof señala que: “Tiene que existir alguna circunstancia particular que mantenga vigente la condición de escasez en la producción de bienes de capital”14 y esa circunstancia es en Keynes la tasa de interés que compite con los bienes de capital, transformándose “en un dique que limita la producción de equipos de capital y sostiene su escasez en relación con la demanda, convirtiéndose así en el origen último de sus rendimientos”15. En la medida en que el mismo Kicillof reconoce que de este modo Keynes “desplaza el interrogante sobre el origen de la ganancia desde el capital hacia el dinero”16, enigma cuyos fundamentos últimos quedan sin explicar, debería concluir que Keynes contribuye a erigir una nueva entelequia ontológicamente contradictoria con la ley del valor trabajo. Por el contrario, su insistencia en emparentar a Keynes con dicha ley, lo hace permanecer en un oxímoron.

La teoría de la ganancia basada en la escasez del capital, fundada en la existencia de una tasa de interés “naturalmente social”, se encuentra incluso por detrás de la aún insuficiente teoría del valor de Ricardo. En sus Principios ya Ricardo consideraba que el tipo de interés, más allá de múltiples causas circunstanciales, se regulaba en definitiva y permanentemente por el “tipo de beneficios”17. A su vez, el “beneficio” y la “retribución de la mano de obra” eran los únicos componentes en los que se resolvía elvalor total de los bienes18, con lo cual y en términos generales, la disminución o aumento de uno redundaba en el movimiento inverso del otro. Ni hablar que Keynes siquiera alude a la existencia de trabajo excedente no retribuido, desconociendo por tanto al trabajo no pago como fuente única de la ganancia –formulación más acabada de la ley del valor trabajo enunciada por Marx– en condiciones normales, es decir, en las condiciones que explican la existencia misma del modo de producción capitalista. De modo que en Keynes, sólo en términos generales y ahistóricos, el trabajo es la única fuente del nuevo valor, con lo cual no está diciendo nada más que una generalidad abstracta que deja indefinido al modo de producción capitalista y el origen de la ganancia. La teoría de Keynes, lejos de poder reconstruirse en base a una teoría que funda el valor solo en el trabajo como afirma Kicillof, representa un retroceso histórico frente a la propia teoría de Ricardo, incluso frente a las primeras formulaciones de Smith y ni hablar frente a la crítica marxista de la economía política clásica. Su teoría no es ingenua y no puede representar más que una nueva y más sofisticada forma de fetichismo.

Keynes, la socialización del capital, Chevron, Repsol…

Kicillof no da este rodeo por mera especulación teórica sino para recrear, como señalamos al principio, un Keynes imbuido de “ideas de izquierda”. Porque de la conjunción de la “teoría keynesiana del valor” con su teoría de la ganancia por la escasez, resulta una lectura más “progre” de la Teoría General. Como señala Kicillof: “Si el Estado se ocupara de incrementar sustancial y sostenidamente el monto de la inversión, la escasez que caracteriza a la producción de equipos de capital podría ser superada. Keynes imagina una situación (…) en la que el Estado consiguiera reducir la eficiencia marginal del capital prácticamente a cero. ¿Cómo? Mediante la ‘organización social de las inversiones, es decir, creando una situación de abundancia del equipo de capital’”19. Se entiende que estamos hablando nuevamente de un capitalismo casi sin ganancia20, porque si el rendimiento se determina por la escasez y el Estado garantiza en este “modelo teórico” la abundancia de capital, la ganancia resultaría prácticamente nula, siempre manteniéndose la propiedad privada. Se trata de una contradicción insalvable que aún estando presente en la Teoría General, asume el estatus de una especulación teórica, de un modelo abstracto, ilusorio y poco especificado. Hurgando no obstante el concepto de organización social de las inversiones, al que hace mención Kicillof, nos alejamos de la especulación acercándonos a los verdaderos elementos programáticos que Keynes aconseja llevar a la práctica. Lo que en realidad sugiere, es que cuando las políticas de disminución de la tasa de interés resultan de dudosa eficacia, el Estado deberá intervenir llevando a cabo las inversiones que no interesan a los capitales privados porque arrojan baja o nula rentabilidad21. El término socialización de las inversiones, a diferencia de lo que podría pensarse, no implica nacionalización ni, mucho menos, forma alguna de expropiación. Incluso Keynes sostenía que los sectores rentables de la economía debían permanecer en manos de los capitales privados22.
De modo que, a decir verdad, más que una socialización de la inversión, Keynes parecería estar promoviendo en particular, una socialización de las inversiones no rentables23. Es decir, que el Estado se haga cargo de los sectores económicos que no arrojan ganancia o dan pérdida, pero que son necesarios para el normal funcionamiento del sistema capitalista. En ausencia de todo tipo de expropiación y garantizando el Estado la rentabilidad del capital, normalmente esas pérdidas son absorbidas por los “contribuyentes” cuya amplia mayoría, más allá de políticas tributarias más o menos regresivas, resultan ser los trabajadores y los sectores más pobres de la sociedad. No hay dudas de que Kicillof logró confundir al auditorio respecto de su filiación ideológica pero puede que ahora las cosas estén algo más claras: una vez que a YPF la habían vaciado, el Estado argentino, bajo la dirección de Kicillof, se hizo cargo del 51 % del paquete accionario (con el discurso de no pagar ni un peso a Repsol que había quedado en deuda con el Estado); apenas se pudo hacer un acuerdo en el marco de las posibilidades de ganancias petroleras en Vaca Muerta, otra vez bajo la conducción de Kicillof, el Estado firmó rápidamente un acuerdo con Chevron; poco tiempo después y nuevamente bajo la conducción de Kicillof, se convino pagarle una muy buena indemnización a Repsol porque en palabras del Ministro, no pagarle, sería ilegal… En fin, parece que no hace falta hurgar en las especulaciones teóricas más ilusorias de la Teoría General para comprender la pertenencia ideológica y las prácticas políticas de Kicillof.

1. La Nación, 22/11/13.
2. BAE, 22/11/13.
3. La Nación, 24/11/13.
4. Página/12, 24/11/13.
5. A. Kicillof, Fundamentos de la Teoría General. Las consecuencias teóricas de Lord Keynes, Bs. As., Eudeba, 2007, pág. 440.
6. Ibídem, p. 442.
7. Ídem.
8. En términos muy generales puede decirse que la teoría del valor trabajo tiene como punto de partida el concepto de que valor y por tanto los precios de las mercancías están determinados por el tiempo de trabajo humano contenido en ellas. 9. J. M. Keynes, Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, Bs. As., FCE, 2007, p. 183.
10. A. Kicillof, ob. cit., p. 446.
11. D. Ricardo, Principios de Economía Política y Tributación, Bs. As., Editorial Claridad, 2007, p. 20.
12. A. Kicillof, ob. cit., p. 446.
13. J. M. Keynes, ob. cit., p. 310.
14. A. Kicillof, ob. cit., p. 448.
15. Ibídem, p. 450.
16. Ibídem, p. 477.
17. D. Ricardo, ob. cit., p. 231.
18. Ibídem, p. 83.
19. A. Kicillof, ob. cit., p. 471.
20. Keynes siempre mantiene en el modelo una suerte de ganancia “modesta” asociada al margen para el riesgo, costo de habilidad y supervisión del empresario. Para ahondar sobre el tema ver P. Bach, “Apuntes a propósito de Keynes, el marxismo y la época de crisis, guerras y revoluciones”, Lucha de Clases, 2009.
21. J. M. Keynes, ob. cit., p. 142-143.
22. Ídem.
23. Ídem.

Fuente: Ideas de Izquierda

1 comentario:

raul racedo dijo...

excelente post. que se repitan los post de esta naturaleza, por favor

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