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lunes, 20 de enero de 2014

Lenin, sobre dependencia y liberación nacional

Rolando Astarita


En la izquierda está muy generalizada la idea de que la mayoría de los países de América Latina, a excepción de Cuba, y tal vez Venezuela, mantiene una relación de tipo semicolonial, o neocolonial, con las grandes potencias, EEUU en primer lugar. Y que por este motivo, es necesario luchar por realizar la tarea histórica de la liberación nacional, o “la segunda independencia”. En contraposición a esta postura, desde hace años sostengo que países como Argentina, México o Chile, no son semicolonias, y que no está planteada, como demanda pendiente, la liberación nacional. Esta postura conecta con la distinción de Lenin entre países dependientes, por un lado, y países coloniales y semicoloniales; y su noción del contenido de la liberación nacional. En términos generales, podemos decir que se trata de un enfoque muy minoritario en la izquierda, aunque ya ha sido avanzado por diferentes marxistas. Entre ellos, por Dabat y Lorenzano (1984); por mi parte, he desarrollado estas ideas en Economía política de la dependencia y el subdesarrollo (UNQ, 2010), y en los años 1990, en la revista Debate Marxista.

En lo que sigue presento primero la postura de Lenin; la comparo luego con la interpretación instalada en la izquierda, según fue presentada por Milcíades Peña; en tercer lugar, argumento por qué es superior el enfoque leninista, y las consecuencias que se derivan para un programa socialista en los países dependientes. La nota se divide en tres partes.

Países dependientes y coloniales

Lenin consideraba -comienzos del siglo XX- que había tres tipos fundamentales de países atrasados: los dependientes, las colonias y las semicolonias. Los primeros, según Lenin, eran políticamente independientes, pero dependientes económicamente de los países más ricos, y del capital financiero. Entraban en esta categoría naciones como Argentina, Serbia, Bulgaria, Rumania, Grecia, Portugal y hasta Rusia. “No sólo los pequeños Estados, sino aun Rusia, por ejemplo, es enteramente dependiente, económicamente, del poder del capital financiero de los países burgueses ricos” (Lenin, 1914). También consideraba que EEUU había sido una “colonia económica” de Europa en el siglo XIX. A pesar de lo escueto de las referencias, pareciera que consideraba que los países dependientes eran explotados por los países ricos, aunque no especificaba el mecanismo. En algunos pasajes los caracterizaba como “colonias económicas” de los países imperialistas. Argentina, por ejemplo, era una “colonia comercial” de Inglaterra, y Portugal un “vasallo”, aunque ambos conservaran su independencia (Lenin, 1916).

Los países coloniales, en cambio, estaban sojuzgados por vías político-militares, y esta coerción de tipo no económico determinaba la extracción del excedente. Esto es, la explotación se realizaba mediante la imposición, por vía de la fuerza y la violencia directa, de un gobierno directamente vasallo de la metrópoli colonizadora. Este sistema colonial permitía la transferencia de recursos, como materias primas, desde las periferias al centro, así como la apertura de mercados para la sobreproducción crónica que, según Lenin, existía en los países adelantados. Por eso, implicaba la imposición de una minoría extranjera sobre la población nativa, a partir de una relación de fuerza.

En este respecto, el libro de Hobson, Imperialism: A Study, -que cita Lenin en su conocido folleto “El imperialismo, fase superior del capitalismo”-, es muy claro sobre el significado de la relación colonial. La ocupación de las colonias, según Hobson, era llevada adelante por una minoría de funcionarios, comerciantes, organizadores industriales, asentada en el poder militar, y ejercía su poder económico y político sobre grandes masas de población a las que consideraba inferiores e incapaces de autogobernarse política o económicamente. La explotación podía darse por medio del uso compulsivo de mano de obra (portadores de cargas en África, trabajadores de plantaciones, etcétera); economía de trata, que consistía en el monopolio comercial del país dominante sobre los monocultivos; impuestos a los campesinos y artesanos y acaparamiento de tierra por parte de los colonos. A las clases burguesas o pequeño burguesas nativas -comerciantes y artesanos- no se les permitía tomar decisiones políticas, económicas o diplomáticas con un mínimo de autonomía. La sociedad nativa era dominada por un aparato militar, político y administrativo importado y mantenido con una violencia que podía llegar al etnocidio (Hobson, 1902). Precisemos que Hobson era un liberal, que buscaba reformar el sistema, en tanto Lenin pensaba que la lucha contra el imperialismo era inseparable de la lucha revolucionaria por acabar con el capitalismo. Pero la descripción hobsoniana del dominio colonial es, en lo básico, mantenida por Lenin (también la importancia que daba Hobson al capital financiero).

Lo importante aquí es que al estar sometidas a la extracción violenta del excedente, las colonias no podían formar una unidad autónoma. Una idea que es consustancial a la relación colonial, y ha sido destacada por autores posteriores. Por ejemplo Sonntag (1988), refiriéndose a las colonias en América Latina, escribía: “Hasta que conquistan la independencia política y se constituyen nuevamente en formaciones sociales propias, (las colonias) forman una unidad con la respectiva llamada madre patria… La acumulación de capital en ella era unitaria: el capital acumulado revertía mayormente a la economía del poder colonial que separaba de ello un mínimo para los costos de reproducción sociopolítica de la colonia” (p. 148). Agregaba que los instrumentos de acumulación en la colonia consistían en relaciones de producción o formas de organización social del trabajo no capitalistas: esclavismo, encomienda, formas de servidumbre feudal. Lo cual significaba que en la economía del poder colonial – colonia existía lo que se conoce como acumulación originaria (p. 149). En síntesis, la no constitución de una unidad autónoma –relativamente autónoma- parece central en rol que da Lenin a la autodeterminación nacional, esto es, al derecho a la constitución como Estado nacional.

Las semicolonias, transición a la colonia

Como adelantamos, Lenin distinguía una tercera categoría de países, los semicoloniales. La semicolonia era una forma transicional hacia la colonia, ya que, a pesar de ser formalmente independientes, las potencias ejercían sobre esos países una injerencia directa, de tipo colonial. Los casos típicos eran, hacia 1915, China, Turquía y Persia, a los cuales las potencias habían impuesto obligaciones por medio de la violencia militar o la semi-ocupación. Por ejemplo, Gran Bretaña había obligado a China a firmar, en 1842, el tratado de Nankin, por el cual los chinos debieron liberar sus puertos, fijar un tope a los derechos aduaneros de importación y permitir que los extranjeros tuvieran áreas residenciales y comerciales fuera de la justicia local. Más tarde, China fue obligada a conceder nuevos derechos de navegación fluvial, privilegios comerciales y a permitir la fundación de más factorías extranjeras a Francia, Gran Bretaña, Alemania, Rusia y Japón. Las potencias tenían estacionadas tropas y barcos, y sus zonas estaban bajo administradores propios. Persia y Turquía también estuvieron ocupadas parcialmente por tropas extranjeras; Persia había sido dividida en zonas de influencia, que correspondían a Gran Bretaña y Rusia, en 1907. En cuanto a Turquía, Gran Bretaña dominaba su Estado, y en 1920 las tropas inglesas llegaron a ocupar Constantinopla. Aunque Lenin no lo menciona, también deberíamos considerar semicolonias, a principios de siglo XX, a Panamá, Nicaragua, Cuba, Haití y República Dominicana, sobre los cuales EEUU tenía injerencia directa, muchas veces vía intervenciones militares. En cualquier caso, es inherente a este tipo de relación la ausencia del derecho a la autodeterminación del país sometido.

La liberación nacional

El significado de la demanda de liberación nacional deriva de la naturaleza de la relación colonial o semicolonial, ya que se trata de obtener el derecho a la autodeterminación política y “a la existencia de un Estado separado” (Lenin, 1916). Por eso, es una demanda democrático-burguesa, del mismo tenor que otras reivindicaciones democráticas; por ejemplo, el derecho al voto, o al divorcio. La autodeterminación constituye un derecho formal, pero de consecuencias económicas, ya que la constitución de un Estado independiente termina con el pillaje y el robo del país sometido por medios extraeconómicos. Por eso también, la autodeterminación genera mejores condiciones para el desarrollo capitalista (Lenin, 1916). Un país que deja de ser colonia, o semicolonia, y se constituye como Estado autónomo pasa así al estatus de “dependiente”. Esto implica que el Estado tiene jurisdicción sobre su territorio: “En el momento en que una colonia ha luchado y conquistado su independencia política, se constituye nuevamente en una formación social propia” (Sonntag p. 151). Sonntag sostiene que después de la independencia se continúa acumulando capital para la economía dominante (o las economías dominantes), pero también “debe iniciarse un proceso de acumulación interna y de reproducción ampliada de capital que tenga como objetivo el sustentamiento y la expansión interna de las formaciones sociales creadas, incluso cuando sea muy bajo su volumen” (pp. 151-2).

A pesar de que la acumulación del capital “hacia afuera” sigue siendo dominante, según Sonntag, la acumulación interna da lugar a una paulatina estabilización de la dominación de la clase capitalista local, y a la posibilidad de formación de Estados con autonomía relativa. El énfasis que pone Lenin en la constitución de un Estado propio puede vincularse con esta dinámica de acumulación interna. En una descripción más dialéctica del proceso, y con centro del análisis en Argentina, Oszlak (2012) pone el énfasis en la relación entre la formación de una economía capitalista y el Estado nacional: “… la formación de una economía capitalista y un Estado nacional son aspectos de un proceso único, aunque cronológica y espacialmente desigual. Pero además implica que la economía en esa formación va definiendo un ámbito territorial, diferenciando estructuras productivas y homogeneizando intereses de clase que, en tanto fundamento material de la nación, contribuyen a otorgar al Estado un carácter nacional” (p. 18). Y agrega poco más abajo que “la formación de un Estado nacional es el resultado de un proceso convergente, aunque no unívoco, de constitución de una nación y un sistema de dominación” (p. 19). Se trata, naturalmente, de un sistema de dominación con base principal en la clase dominante local. Es en este sentido, hay que subrayarlo, que se distingue radicalmente de la colonia y la semicolonia.
Sin embargo, la autodeterminación nacional no elimina –ni puede hacerlo- la dependencia económica, que en el enfoque de Lenin, está asociada al predominio del capital financiero, y no puede desaparecer en tanto haya capitalismo (véase 1916). Por eso, la superación de la dependencia económica de un país atrasado excede lo que puede lograr una revolución nacional burguesa y democrática, o anti-imperialista. En otros términos, acabar con la dependencia no puede plantearse como tarea nacional burguesa y democrática. Por ejemplo, y siempre según el enfoque de Lenin, Noruega, al independizarse de Suecia, había alcanzado su liberación nacional, esto es, el derecho formal a ser un Estado independiente. Sin embargo, desde el punto de vista económico, seguía siendo dependiente, y esto no podía ser de otra manera en tanto subsistiera el sistema capitalista. “Ninguna medida política puede prohibir un fenómeno económico” observa Lenin. Noruega, Polonia y otros países atrasados podían acceder a la independencia política, pero esto no cortaría la dependencia del capital financiero. “La independencia de Noruega, ‘lograda’ en 1905, fue solo política. No podía afectar su dependencia económica, ni era su intención” (1916). Subrayaba que “la autodeterminación concierne sólo a lo político”, y no tenía sentido siquiera hablar de la imposibilidad de la autodeterminación económica. Noruega había logrado la autodeterminación política, pero el capital financiero británico, por ejemplo, ejercía una gran influencia en su política (así como el capital alemán influenciaba en Suecia).

Por eso, la consigna de autodeterminación figuraba en el programa mínimo de los socialistas, esto es, en el programa de demandas que, en principio, podían obtenerse bajo el sistema capitalista. Se trataba de una medida burguesa, que no detenía la expansión del capital financiero (ídem). “Dado un resultado de la presente guerra (se refiere a la Primera Guerra mundial) la formación de nuevos Estados en Europa es plenamente ‘lograble’ sin que perturbe de ninguna manera las condiciones del desarrollo del imperialismo y su poder. Por el contrario, esto aumentaría la influencia, los contactos y la presión del capital financiero. Pero dado otro resultado, la formación de nuevos Estados en Hungría, Checa, etcétera, es del mismo modo ‘lograble”. Los imperialistas británicos ya están planeando este segundo resultado en anticipación de su victoria” (Lenin, 1916, nota). Todo apunta a lo mismo; la demanda de autodeterminación, o liberación nacional, afecta directamente a la esfera política, a la libertad formal de un país de constituirse como Estado separado. No puede torcer las leyes que gobiernan el mercado mundial.

Textos citados:

Dabat, A. y Lorenzano, J. L. (1984): El conflicto Malvinas y la crisis nacional, México, Teoría y política.
Hobson, J. A. (1902): Imperialism. A Study, Londres, Allen and Unwin.
Lenin, N. (1914): “The Right of Nations to Self-Determination”, en http://www.marxists.org/archive/lenin/works/cw/volume20.htm
Lenin, N. (1916): “A Caricature of Marxism and Imperialist Economism”, en http://www.marxists.org/archive/lenin/works/1916/carimarx/index.htm
Oszlak, O. (2012): La formación del Estado argentino, Buenos Aires, Ariel.
Sonntag, H. R. (1988): “Hacia una teoría política del capitalismo periférico”, en Sonntag y Valecillos, (eds), El Estado en el capitalismo contemporáneo, México, Siglo XXI.


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“Lenin, sobre dependencia y liberación nacional”

2 comentarios:

Nando Bonatto dijo...

Las carencias de la izquieda criolla empezaron cuando no pudieron resolver nada sin citar a Lenin
cero creacion o pensamiento critico pura religiosidad masturbatoria

http://poesiayramosgenerales.blogspot.com.ar/2013/12/revolucion-mito-y-religiosidad.html

Javier dijo...

Se cita a Lenin porque fue el que mejor engfrento las tesis refiormistas de mierda de kausky y la socialdemocracia alemana y logra la revolucion proletaria sin bajar las banderas , pero claro todos son temerosos uoportunistas y terminan tranzando con la burguesia y hablan de que los trabajadores no son mas el sujeto d ela revolucion porque ni creen en la revolucion ni que haya que destruir al estado burgues y al capitalismo . Pero a los defensores del reformismo que siempre juegan para la derecha les encanta pensar como el comentario previo , de hecho no hay mayor ejemplo de la mierda reformista que el pelotudo de Jorge Abelardo Ramos y la llamada izquierda nacional http://www.abelardoramos.com.ar/me-voy-con-menem-para-que-puedan-gobernar-los-criollos/

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