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sábado, 22 de marzo de 2014

Chavismo o independencia de clase

Rolando Astarita [Blog]

Como lo ponen en evidencia los intercambios que he tenido en “Comentarios” a raíz de la nota sobre control bonapartista, mis diferencias con la izquierda chavista son profundas. Alguna gente se sintió ofendida porque planteé que, de hecho, estamos en “veredas opuestas”, ideológica y políticamente, pero no hay otra manera de decirlo. Es que hay dos visiones contrapuestas: una que hace eje en que el movimiento obrero mantenga una actitud autónoma y hostil hacia el conjunto de la clase dominante y el Estado. Y otra que pone el acento en la colaboración con el proyecto del socialismo siglo XXI, dirigido desde el Estado. En esta entrada amplío sobre qué significa un accionar independiente, autónomo, de clase.

Carácter irreconciliable del antagonismo

El fundamento último de una estrategia política autónoma de las fuerzas del trabajo es la conciencia de clase. En términos leninistas, conciencia de clase es conciencia del carácter irreconciliable del antagonismo entre el capital, de conjunto, y el trabajo. Es también conciencia de la naturaleza burguesa del Estado, de su rol en el sostenimiento de la relación de explotación, y de la imposibilidad de reformarlo “desde adentro”. Este carácter del Estado no se altera en los países dependientes (ver más abajo).

Por eso la independencia de clase exige una actitud hostil de los explotados hacia la clase dominante de conjunto. Es un criterio general que ordena las orientaciones tácticas y los programas de acción. De ahí el rol de la crítica. La critica hacia toda forma de explotación y sujeción de los trabajadores es la condición indispensable para avanzar en la autonomía de la clase trabajadora. La raíz última de esta crítica es la teoría de la plusvalía de Marx (esto es, la teoría de la explotación del trabajo por el capital). Por esta razón no puede haber política socialista y revolucionaria sin teoría, sin crítica, sin debates y elaboración colectiva.

Contradicción de clase en el país dependiente

Precisemos también que la autonomía de clase tiene como fundamento el reconocimiento de que en los países dependientes la relación social fundamental es capitalista. Esta afirmación se enfrenta al discurso “nacional marxista”, o “nacional y popular”, que sostiene que los trabajadores de los países dependientes deberían colaborar con las fracciones “nacionales” de la clase dominante, o de las instituciones estatales, para liberar al país o sostener la independencia nacional. Como he argumentado en otras notas, en prácticamente ningún país de América Latina está pendiente la liberación nacional. Y en particular en Venezuela, hoy no existe ninguna fracción de la clase dominante que tenga como proyecto convertirla en una colonia o semicolonia. Así como el ascenso del chavismo al poder no cambió el carácter dependiente del país, un eventual ascenso de la burguesía opositora no implicará algún cambio significativo del estatus de dependencia. Agrego: hoy no hay ninguna posibilidad de que EEUU lance una operación colonialista sobre Venezuela. No hay, por lo tanto, razón para que el movimiento obrero se plantee alguna forma de “unidad de acción antiimperialista”.

Golpes militares o fascistas e independencia de clase
A lo largo de la historia, la independencia de clase no fue impedimento para que los marxistas distinguieran entre diversas formas de regímenes políticos burgueses. Hay una diferencia apreciable entre ir a parar a un centro de detenciones clandestino, a ser detenido con derechos al habeas corpus y abogado defensor. Los socialistas defendemos una democracia burguesa frente a un golpe fascista, o una dictadura militar. Ningún marxista dejó de luchar contra Pinochet o Videla; y la izquierda de conjunto estuvo en contra del intento de golpe militar en Venezuela de 2002. Pero se trata siempre de defensas de la democracia burguesa ante ataques concretos, identificables.

Sin embargo, se plantea una situación muy distinta cuando el gobierno o alguna fracción de la clase dominante agitan el peligro del golpe, o del fascismo, con la única intención de impulsar a la conciliación con la burocracia y el Estado, o reforzar el control sobre las masas populares. Y todo indica que esto es lo que está sucediendo en Venezuela. A diferencia de 2002-3, hoy la línea mayoritaria de la oposición burguesa no es favorable al golpe, y el Ejército está alineado con el proyecto chavista. ¿Quiénes entonces va a dar ese golpe de Estado? Estudiantes haciendo barricadas y tirando bombas molotov no son sinónimo de golpe fascista o militar, por más que pidan el cambio de gobierno.

Tener claridad en este tema es vital para la actitud frente al Estado, y al conjunto de la clase dominante. Tal vez en este punto tiene sentido traer al recuerdo una vieja enseñanza de Lenin. También en Rusia el ala menchevique del partido socialista y los liberales agitaban el peligro de la extrema reacción (los centurianegras) para aconsejar la conciliación de clases. Respondía entonces el dirigente bolchevique que “el partido obrero debe rechazar con desprecio el acostumbrado método liberal de atemorizar al filisteo con el espectro del peligro centurionegrista” (diciembre de 1906). Y en otras notas destacaba que el “cuento del peligro centurionegrista” sólo sirve para proteger a los liberales del peligro de la izquierda, y embota la conciencia de las masas, pues no las impulsa a distinguir las verdaderas líneas de clase. Mutatis mutandi, la idea mantiene su vigencia. Agitando el peligro del fascismo, o del golpe de Estado, la dirección nacional burocrática chavista confunde y paraliza. Los análisis deben basarse en relaciones de las fuerzas sociales y políticas objetivas.

Tomar distancia de todas las variantes burguesas

Mucha gente sostiene que aun cuando Capriles no esté hoy por una salida fascista, los socialistas deben alinearse con el chavismo porque éste es progresivo frente al resto de la oposición burguesa. El criterio que defiendo es muy distinto: tratándose de variantes políticas propias de cualquier democracia burguesa, la clase obrera no gana nada sustancial apoyando a una u otra. O como decía el viejo dirigente socialista Wilhem Liebknecht, aun cuando pudiera haber alguna ventaja apoyando “el mal menor contra la reacción y el enemigo común”, el verdadero mal reside en oscurecer los antagonismos de clase, e inducir a la idea de que con falsos “amigos” los obreros pueden avanzar en organización y conciencia socialista.
Es con este criterio que hace un tiempo firmé un manifiesto internacional en apoyo de la candidatura obrera, en Venezuela, de Orlando Chirino, que se presentó como alternativa independiente frente a Chávez y Capriles. La idea central era: ni Chávez ni Capriles, sino una alternativa no subordinada a corriente burguesa alguna. Muchos trabajadores, desilusionados con el chavismo, votaron a Capriles; otros, temerosos de la oposición burguesa, siguieron alineados con Chávez, pero un pequeño grupo obrero, con un programa socialista, se presentó con su propuesta. Sin coincidir totalmente con ese programa (no soy trotskista), lo consideré altamente progresivo. Una pequeña voz que se levanta para decir que no hay que conciliar es fundamental.
¿Significa esto que los marxistas negamos la defensa de conquistas? En absoluto. La clase obrera puede defender conquistas sin embanderarse políticamente detrás de una corriente burguesa, o burocrática estatista. Para dar algunos ejemplos: los socialistas en Argentina defendieron la limitación legal de la jornada de trabajo de 8 horas, sin por ello apoyar políticamente al gobierno de Alvear (que por cierto, era bastante reaccionario); defendemos el pago del aguinaldo, sin adherir al peronismo; y consideramos progresivo el derecho al divorcio, sin por ello apoyar políticamente al gobierno de Alfonsín. De la misma manera, los socialistas en Venezuela pueden defender conquistas -por ejemplo, avances en el cuidado de la salud de los sectores más sumergidos- sin por ello adherir al chavismo. Así como también defender libertades democráticas -por caso, en los sindicatos- cuando son atacadas por el Gobierno, sin adherir a las fuerzas de la oposición burguesa que denuncian esos ataques. Todo esto se resume en una vieja táctica del marxismo, “golpear en unidad de acción por demandas concretas, mantener banderas separadas”. Incluso desde un punto de vista “práctico”, la autonomía de clase potencia la capacidad de defensa de libertades democráticas o reivindicaciones económicas de la clase obrera.

Actitud crítica frente al capitalismo de Estado

Uno de los pilares de la autonomía de clase es la postura ante el capitalismo de Estado. En varias notas de este blog me referí al tema, recordando la crítica de Marx y Engels a los socialistas estatistas alemanes. Con las adaptaciones del caso, la crítica se aplica al estatismo venezolano. Hay que llamar a las cosas por su nombre: las estatizaciones y la administración chavista de empresas no mejoraron un ápice la fuerza social ni política de la clase obrera. De hecho, el país se desindustrializó y la economía se primarizó. Los conflictos de Guayana, donde está ubicada la industria pesada, siderúrgica y aluminio, son expresión del desastre de la administración burocrática; desastre que fue denunciado repetidas veces por los trabajadores. Algo similar ocurre en el sector eléctrico. Incluso la producción de PDVSA (2,8 millones de barriles diarios) está estancada. ¿Qué tiene esto de progresivo para la clase obrera?

Por otra parte, los trabajadores no tienen participación real en la conducción de las empresas estatales. Las conducciones son jerárquicas y burocráticas, y la relación entre la burocracia “socialista” y los obreros es una relación de explotadores y explotados. El burócrata puesto a dirigente estatal no es un “compañero con contradicciones”, sino un enemigo de clase de los productores directos. En donde los conciliadores nacionalistas ven unidad esencial, nosotros vemos antagonismo de clase. Las diferencias en este punto no pueden ser más marcadas.

Hay que agregar que las estatizaciones han sido utilizadas por el chavismo para atacar al movimiento sindical en las empresas. Entre otras cosas, el Gobierno ha planteado que siendo las empresas “propiedad del pueblo”, no tienen sentido las huelgas, ni la acción sindical; y el control del Estado se ha utilizado para perseguir opositores, o discriminar a trabajadores que no adhieren al “socialismo siglo XXI”. Sólo gente que concibe el socialismo “a lo Corea del Norte” puede ver algo progresivo en todo esto.

El manejo estatal de la renta no crea poder obrero

La actitud crítica y hostil hacia el Estado se extiende al manejo de la renta petrolera. A lo largo de estos años Venezuela ha recibido una gigantesca renta petrolera, posibilitada por el aumento de los precios del petróleo. El chavismo ha utilizado una parte importante de esta renta para mejorar las condiciones de vida de amplias masas de la población. Como resultado, en 2011 los hogares por debajo de la línea de pobreza eran el 24,6% del total, contra el 33% en 2001; los hogares de extrema pobreza representaban el 11,4%, contra el 7%. A su vez, el índice Gini, que mide la desigualdad, bajó de 0,486 en 1998 a 0,398 en 2013. Se trata de avances importantes, pero también deben ser relativizados.Hoy la pobreza afecta a casi un cuarto de la población, y la situación está agravándose a raíz de las devaluaciones, la inflación y el desabastecimiento. La desigualdad disminuyó, pero sigue siendo mucho más elevada que la media de los países europeos, por caso, o aproximadamente igual a la que existe en Uruguay. Cuando se ponen las cosas en contexto -en casi toda América Latina mejoraron los índices de desarrollo humano en los 2000- se toma distancia crítica.

Pero además, y por sobre todas las cosas, el reparto de una parte de la renta por el Estado no crea poder obrero, ni es sinónimo de socialismo. En Venezuela la clase obrera no tiene ninguna incidencia en el manejo y destino de la renta. Cuando el Gobierno decide pagar religiosamente los intereses de los bonos de la deuda externa, y como contrapartida suspende los pagos de proveedores de insumos básicos (entre ellos, alimentos y remedios), la clase obrera no tiene arte ni parte en tales decisiones. Y la desindustrialización, el desquiciamiento de la economía, el desabastecimiento, las colas para conseguir lo indispensable y la especulación, no contribuyen en nada a mejorar la relación de fuerzas en favor de los explotados.

La unidad del trabajo

Desde las filas de la corriente nacional y popular se sostiene que trabajadores de los sectores salud, educación o periodismo que se manifiestan y protestan son fascistas de las “clases medias” que “defienden sus privilegios”. Sin embargo, desde un análisis materialista, un asalariado de la salud, de la educación, del sector financiero, los medios de comunicación o el comercio, no pertenece a la “clase media”; por el contrario, es explotado y forma parte de la clase obrera. Este enfoque pone el acento en la base material, social, de la unidad obrera: la fuerza productiva del trabajo está conformada por todos los que están subsumidos bajo la relación capitalista y contribuyen, directa o indirectamente, a la generación de plusvalía. La perspectiva del socialismo se basa en esta gigantesca capacidad transformadora de la principal fuerza productiva. Por eso, cuando hablamos de independencia de clase, aludimos a la independencia de todas las fuerzas del trabajo. No es casual el empeño de los ideólogos del campo “nacional” por ocultar y disimular esta cuestión.

Es necesario, además, decir que no existe nada particularmente reaccionario en reclamos contra el desabastecimiento, la falta de insumos en los hospitales, el cierre de periódicos, o a favor de libertades sindicales, que han levantado esos sectores del trabajo. Alguno podrá objetar que las demandas de los docentes, periodistas o trabajadores de la salud son apoyadas por políticos de derecha. Pero eso no las convierte en fascistas y reaccionarias. Después de todo, la inmensa mayoría de las movilizaciones obreras y populares que ocurren en el mundo tienen direcciones burocráticas o burguesas, y a nadie se le ocurre repudiarlas por reaccionarias o fascistas. Exigir el freno de la represión, mejoras en los aprovisionamientos, o protestar contra el cierre de periódicos, en nada perjudica a la clase obrera. Por el contrario, debilita el control burocrático de la sociedad, y quita banderas a la derecha que los socialistas no tienen por qué ceder.

Ataques a la actividad sindical y poder militar

En los últimos años organismos defensores de derechos humanos, sindicatos independientes y partidos de izquierda han denunciado el ataque a las libertades sindicales en Venezuela (ver referencias). Entre otros hechos, se señala la apertura de juicios penales a líderes sindicales por ejercer el derecho a huelga; el dictado de cautelares que prohíben a los sindicalistas acercarse a los lugares de trabajo; las amenazas de despido a trabajadores si participan en asambleas; la prohibición de asambleas en horarios laborales; y los despidos injustificados de sindicalistas. También se denuncia que se somete a sindicalistas a investigaciones penales, se los procesa, y en algunos casos se los encarcela por convocar a manifestaciones; y que desde el Estado se fomenta el “paralelismo sindical”, esto es, la creación de sindicatos paralelos cuando no se domina a los existentes.

Además, sindicalistas y organismos defensores de derechos humanos señalan que el Gobierno tiene una amplia injerencia -establecida por ley- en la organización de elecciones gremiales, lo que ha merecido quejas ante la OIT. También que se ha recortado el derecho de huelga, ya que la Ley Orgánica de Seguridad de la Nación y el Decreto Ley para la Defensa de las Personas en el Acceso a los Bienes y Servicios castigan con prisión a quienes paralicen servicios públicos o impidan el traslado de bienes esenciales para la población. Esta normativa ha sido utilizada para perseguir sindicalistas y activistas. A esto se suman los asesinatos de sindicalistas. Sólo entre junio de 2008 y agosto de 2010 se contabilizaron 122 sindicalistas asesinados, pero el presidente Chávez declaró (1/08/10) que no había asesinato de sindicalistas . Y la Defensoría del Pueblo y la Fiscalía General de la Nación no toman el problema. Todo esto, que ha sido silenciado por el “nacional marxismo”, parece encajar muy bien en la concepción burocrático bonapartista de “construcción socialista”.

Por otro lado, se asiste al aumento del poder e injerencia de las Fuerzas Armadas en el Estado. De los 23 Estados de Venezuela, 12 son gobernados por militares. Los militares también están en alcaldías, ministerios, viceministerios, en la Asamblea Nacional, en consulados y embajadas. Por la ley Orgánica de Seguridad de la Nación, de 2002, se les dio participación en el desarrollo nacional y mantenimiento del orden interno. Lo cual fue reafirmado por una nueva Ley Orgánica en 2005, que contempló también la reincorporación de militares retirados al servicio activo, por decisión presidencial. Los militares conducen las políticas de defensa y seguridad, tienen puestos de responsabilidad política, gran influencia en la dirección de la obra pública. Los ascensos en las Fuerzas Armadas son potestad del Presidente y de los militares. La clase obrera, como clase, por supuesto, no tiene ninguna participación en esta estructura. La izquierda nacional y el nacional marxismo miran para otro lado, en tanto siguen parloteando sobre “la construcción de poder popular”.

Naturalmente, la situación no cambió con la creación, en 2007, de la Milicia Nacional Bolivariana. Ésta constituye un quinto componente de las FFAA venezolanas (Ejército, Armada, Aviación y Guardia Nacional), organizado desde el Estado, y cuyos integrantes son, mayoritariamente, afiliados al partido del Gobierno. La MNB no tiene ninguna autonomía práctica; depende del Presidente en todos los aspectos operacionales, a través del Comando Estratégico Operacional, y del Ministerio para la Defensa, en lo que hace a los aspectos organizativos. En cuanto a las Comunas, se trata de entidades locales donde, formalmente, la ciudadanía ejerce el poder popular y autogobierno comunal. Pero en los hechos son organizadas y supervisadas por el Estado, a través del Ministerio de las Comunas.

La liberación de los trabajadores será obra de los trabajadores

Lo desarrollado hasta aquí puede explicar la ausencia casi absoluta de una respuesta de clase, independiente, a la crisis y al desquicio de la economía. Respuesta que permitiría atraer a sectores medios, incluso a muchos estudiantes, que hoy están bajo la influencia de la derecha y no ven salida, como aliados de la clase obrera. Pero manifestaciones más o menos regimentadas de trabajadores estatales no son sinónimo de intervención autónoma de la clase obrera. Alguna vez Lenin escribió que “la fuerza de los combatientes sólo es real cuando es la fuerza de las masas obreras con conciencia de clase”. Sin embargo, no puede haber conciencia de clase cuando se llama a confiar en un “poder efectivo” que está en manos de la burocracia bonapartista militar, autoproclamada “socialista”. Son los resultados prácticos de la “construcción de poder popular desde adentro del movimiento popular, bajo conducción del comandante Chávez”.
Como he planteado en otra nota, todo esto fue un fraude ideológico, alimentado y celebrado por muchos intelectuales y militantes de izquierda de todo el mundo que alegremente saltaron al barco del “socialismo siglo XXI”. Algunos llegaron a anunciar que el chavismo había puesto de nuevo en la agenda de la clase obrera mundial la construcción del socialismo. Por supuesto, nada de esto sucedió. El socialismo, en tanto programa liberador, en tanto crítica radical de toda forma de opresión y explotación, sólo podrá reinstalarse en la agenda de la clase obrera mundial desde la autonomía y autodeterminación de los explotados. Jamás podrá regenerarse bajo la conducción de bonapartes “socialistas”, cultos a la personalidad, enriquecimiento del lumpen burgués, milicos en las cumbres del Estado y absurdas mezcolanzas de nacionalismos y socialismos burgueses. Es hora de empezar a volver a las concepciones fundantes del comunismo. Y en particular, a la idea rectora de la independencia de clase: la liberación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos.

Referencias sobre situación de libertades sindicales:

http://www.conflictove.org.ve/criminalizacion-de-la-protesta/informe-sobre-el-derecho-a-la-libertad-sindical-en-venezuela-presentado-a-la-comision-interamericana-de-derechos-humanos.html.
http://desinformemonos.org/2013/10/avanza-el-control-estatal-sobre-los-sindicatos-en-venezuela/).

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