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viernes, 18 de abril de 2014

La pinochetista ley antipiquetes de los K

Foto: Antimarxistas weones. 

«Der Steppenwolf»Por: Diego Rojas  

El diputado Carlos Kunkel, un kirchnerista de paladar negro, ( que ayer nego el ser kirchnerista y dijo ser peronista como Menem y Duhalde ) acaba de enviar un proyecto de ley al parlamento que regimienta la protesta social. Las consideraciones del proyecto, que más adelante serán detalladas, muestran no sólo el declive del gobierno, sino el modo en el que se realiza: mediante la ruptura total con el campo popular, en medio del temor del Estado a la movilización, a través de la profundización de la tendencia fascistizante al control de todo aspecto de la vida social y, en última instancia, a la realización de la historia.

Sería posible imaginar ¿que el 20 de diciembre de 2001 los centenares de miles de manifestantes hubieran designado mediadores para discutirle a De la Rua la decisión del Estado de Sitio? ¿Podría considerarse que los obreros de Avellaneda hubieran elegido representantes para solicitarle a Edelmiro Farrell la liberación del teniente Juan Domingo Perón, preso en la isla Martín García, para luego movilizarse por dos horas antes de ser reprimidos por la policía, en el marco legítimo de la ley? ¿Es pertinente pensar siquiera que los trabajadores y estudiantes cordobeses le hubieran anticipado al gobierno de Onganía cuarenta y ocho horas antes que tomarían el barrio Clínicas con barricadas y autos quemados para determinar el fin de ese tramo de la dictadura?

El absurdo que atraviesa el proyecto de Kunkel podría hacer presumible que su autor es un ignorante absoluto acerca de los procesos sociales y el desarrollo no tan sólo de la historia argentina, sino de la universal. Pero no es así. Kunkel fue uno de los diputados de la Juventud Peronista que en 1974 renunció a la bancada oficialista ante la presentación por parte del entonces presidente Perón de la ley de Asociaciones Profesionales, que todavía rige, y que abrió el camino a la eternización de las burocracias sindicales y al bloqueo de direcciones alternativas en todas las ramas de la producción. El proyecto de ley de Kunkel no es ingenuo ni absurdo. Es peligroso. Y da cuenta de la total degradación del proyecto político del oficialismo.

La ley está inspirada en otra que aplicó el régimen dictatorial de Augusto Pinochet en Chile. El “Decreto Supremo 1086”, promulgado por Pinochet el 15 de septiembre de 1983, años en los que la lucha democrática lanzaba a miles a las calles a desafiar a la opresión militar. Su artículo segundo indica los datos que los manifestantes deben avisar a los funcionarios de gobierno con dos días de anticipación: “El aviso indicado deberá ser por escrito y firmado por los organizadores de la reunión, con indicación de su domicilio, profesión y número de su cédula de identidad. Deberá expresar quiénes organizan dicha reunión, qué objeto tiene, dónde se iniciará, cuál será su recorrido, donde se hará uso de la palabra, qué oradores lo harán y dónde se disolverá la manifestación”. 

El proyecto de ley kirchnerista calca a la ley dictatorial y señala en su artículo séptimo: “Toda manifestación pública debe ser notificada ante representación policial con una antelación no menor a las 48 horas. En esa notificación deberá indicarse: a) El lugar en que se llevará a cabo. b) El tiempo estimado.c) El objeto de la manifestación. d) El manifestante delegado.”

El proyecto K introduce la figura del “manifestante delegado”, que tendría la misión de parlamentar con los representantes estatales o privados a los que se dirijan las peticiones de la manifestación por el lapso de dos horas. Pasado ese período, se declararía la ilegitimidad de la protesta y las fuerzas de seguridad deberían disolverla –aunque, según indica la norma, la fuerza debería usarse en su “mínima expresión” y (gracias Ley de Medios) la protesta declarada “legítima” debería ser difundida en los medios públicos-. Dos horas es el tiempo de legitimidad que le otorgaría el Estado antes de quedar libre de manos para la represión. Félix Uriburu, Juan Carlos Onganía y Jorge Rafael Videla palmearían los hombros de los diputados que aprueben esta ley.

La actual coyuntura marca un incremento exponencial de la protesta social, que tuvo un pico la semana pasada con la realización del paro general, de carácter activo debido a los piquetes de la izquierda sindical. Estos sectores impulsan la continuidad de la protesta, con paros progresivos de 36 y 72 horas
aunque el moyanismo se manifiesta proclive a llegar a acuerdos y acomodamientos políticos de cara al 2015 antes que verificar el cumplimiento de sus reclamos-. Frente a esta alza de luchas es que se erige la muralla represiva de la ley antipiquetes de los K.  

No está de más recordar que el periodo que se inició con la convulsión social de 2001 y 2002 encontró a Néstor Kirchner reprimiendo a los vecinos asambleístas que se reunían en Río Gallegos, Santa Cruz. Cristina Fernández da fin al ciclo kirchnerista con una reaccionaria ley para seguir reprimiendo.
Fuente : Infobae 

1 comentario:

Gonzalo Pereyra Saez dijo...

Hola, me gustaría mucho que mi blog este entre sus favoritos!! Veritas Vos Liberabit! De todas formas muchas gracias por el espacio.

http://actanonverba1810.blogspot.com.ar/

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Coordinadora Sindical Clasista - Partido Obrero

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