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domingo, 13 de abril de 2014

La “política” de ellos y la nuestra

Por  Marcelo Ramal*


La alusión a “la política”, como un aparato o funcionariado separado por completo de la sociedad, parece estar en boga en estos días.

Por caso, lo hacen los demagogos derechistas, cuando buscan distancia de los partidos tradicionales. Se trata de una impostura: el PRO, por ejemplo, no es más que un rejunte de dirigentes pejotistas y radicales circunstancialmente cobijados por Mauricio Macri.

Esta manipulación, sin embargo, tiene su origen en un hecho objetivo e inocultable: la descomposición de los partidos históricos de la Argentina, asociada al retroceso y a la crisis de la clase y el régimen político y social que defendieron. Hace tiempo que el peronismo es un aparato sostenido por los presupuestos nacionales y provinciales, por un lado, y la burocracia de los sindicatos, por el otro.

El lopezreguismo primero, y el menemismo después, completaron el agotamiento del peronismo como referencia popular. La tentativa de relanzamiento político encarnada por el kirchnerismo estuvo asociada a la pretensión de “reconstruir la burguesía nacional”, tantas veces proclamada por los actuales gobernantes. El modelo, sin embargo, termina su década pactando con Repsol y los fondos buitre, y tramitando un nuevo régimen económico bajo la supervisión del FMI. Al compás de esa retirada, se ha resignado también cualquier expectativa de revitalización política: el “nuevo movimiento nacional” o “los unidos organizados” terminan cobijando a sus armados políticos bajo la batuta de Scioli y de los capitostes del pejota.

En otro orden, lo mismo puede decirse del radicalismo. La experiencia de la Alianza y su final –la bancarrota y la rebelión popular de 2001– completaron la demolición del viejo partido, hoy convertido en una suma de camarillas ligadas a diferentes intereses capitalistas en el país y en las regiones. Las “terceras alternativas” que no rompieron con la defensa de la organización social existente concluyeron del modo más ominoso: Proyecto Sur, que disputó la Ciudad en nombre de una expresión progresista o de centroizquierda, ha terminado como tributaria de agentes más o menos directos del capital financiero.
 

La reforma política de 2011 y las internas abiertas, votadas por todo el Congreso, buscaron remediar –o más bien disimular– esta fragmentación política, recurriendo al expediente de las internas abiertas.

La conclusión es clara. Históricamente, la vitalidad de las expresiones políticas estuvo asociada a la mayor o menor vigencia de los intereses sociales que procuraron representar. La declinación de la burguesía argentina y de sus partidos tiene como contracara a la vitalidad de la izquierda revolucionaria en los sindicatos, en las organizaciones juveniles y territoriales y también en el plano político, como lo ha expresado el Frente de Izquierda en las últimas elecciones. El régimen político y social vigente se empeña en separar a los explotados de cualquier conciencia respecto de los fines estratégicos de su lucha. Es la política de los punteros, financiada por el Estado y el capital. Nuestra política, por el contrario, lucha por fusionar al movimiento obrero con el programa y la experiencia histórica del socialismo y la izquierda..

*Diputado de la Ciudad por el Frente de Izquierda y de los Trabajadores
 
Fuente : Miradas al Sur

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