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viernes, 18 de abril de 2014

La usina del piquete


El ataque a los piquetes en el paro del 10 de abril, es “el” punto común entre el gobierno, la oposición patronal y las burocracias sindicales ligadas a estos partidos del sistema. Por eso vale la pena entenderlo en toda su dimensión.

El piquete obrero emerge de la tradición de nuestra clase, con casi dos siglos de experiencia y maduración. Nació como un método de extender y asegurar las huelgas, el método colectivo de clase contra las presiones de la patronal: “el esfuerzo por hacer prevalecer la voluntad colectiva de la clase obrera”(1) y es, por lo tanto, una herramienta de educación política fundamental. Es la fuerza contraria al carneraje, la extorsión y la represión del Estado: “los piquetes anarquistas y socialistas de principios de siglo, de la Semana Roja de 1909, de la Semana Trágica de 1919 y de la Patagonia Rebelde (…) los grandes piquetes de huelga de la Década Infame y con los combativos piquetes obreros de la época de la dictadura ‘Libertadora’ y del gobierno de Frondizi, y con los Cordobazos, Rosariazos, Tucumanazos y las grandes puebladas de fines de los ‘60 y comienzos de los ‘70.”(1)

Luego, es la catástrofe capitalista, con la masividad de la desocupación de los gobiernos “carnales del imperialismo” de Menem y De la Rúa, que crea la condiciones para su ampliación a los desocupados. Así el movimiento piquetero, desde 1996, toma las rutas, generalizando los piquetes y llevándolos a la rebelión popular de 2001, unidos a las cacerolas. Es el que desarrolla un planteo político de salida a la desocupación, con sus Asambleas Nacionales de Trabajadores.

Hoy, el piquete reúne toda esta experiencia obrera y la recrea en las actuales condiciones históricas contra el nacionalismo burgués, que embiste con el Rodrigazo K-K. Desde el plenario obrero del Sutna, han cambiado el paro a una huelga activa, donde los piquetes generalizan una política independiente, no atada al peronismo en ninguna de sus variantes y ni las demás variantes burguesas, una línea de unión del movimiento obrero con la izquierda revolucionaria, que ubica a la burocracia sindical oficialista y opositora, en el terreno contrario a los intereses políticos de los trabajadores, como su freno político. En esto radica su triunfo contra el ajuste del gobierno. Enorme maduración. Un periodista dijo en la TV, que los piquetes eran de la izquierda que había recibido muchos votos en la última elección.
Lo que no dicen los medios, entre otras cosas, es lo que ocurre dentro del piquete, donde hierven todo tipo de lazos revolucionarios: las agrupaciones clasistas organizan sus reuniones y charlas, se lee y vende la “Prensa Obrera”, se debaten los planteos de movilizaciones, reclamos y las declaraciones del gobierno contra el paro, se recuerda llamar a tal o cual compañero para que no falte a la charla política, se recibe a las columnas de las fábricas con “unidad de los trabajadores”, se habla de teatro, poesía, música, mientras se arma el cordón, se trepa la loma para cortar y se cantan las consignas. Y mientras se tiene de frente a los gendarmes, se intercambian ideas sobre nuestra fortaleza política. Un verdadero combate en los términos de transformación social de la clase obrera, con la izquierda revolucionaria.

Silvia Jayo

1. Luis Oviedo: “Una historia del movimiento piquetero”.

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Politica Obrera

Coordinadora Sindical Clasista - Partido Obrero

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