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miércoles, 14 de enero de 2015

Colombia: Un proceso de impacto regional

Edición Impresa #1346 | Por Gustavo Montenegro

El restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos ha enderezado el proceso de paz colombiano, al punto que las Farc anunciaron un cese al fuego unilateral y por tiempo indeterminado casi en simultáneo con los discursos de Obama y Raúl Castro. Ambos procesos se encuentran enlazados, puesto que Cuba y Venezuela son copatrocinadores del proceso de paz. Más aún: la negociación con las Farc, iniciada con anterioridad, ha sido con toda probabilidad un factor de deshielo en el progreso de las conversaciones entre norteamericanos y cubanos que tuvieron lugar en Canadá a lo largo de 2013.

Negocios

El proceso de paz en Colombia produjo desde sus orígenes un alineamiento notable de intereses agrarios, petroleros y mineros. El programa "Colombia país minero 2019" prevé llegar a ese año con una duplicación de la producción de carbón, una cuadruplicación de la producción de metales preciosos y la liberación de territorios para la explotación minero-energética. Las petroleras están interesadas en el fin de los atentados contra los oleoductos. Pero también se añaden importantes proyectos de infraestructura para conectar el Pacífico y el Caribe, atravesando los Andes (nada menos que 8.170 kilómetros de construcción y reparación de carreteras a nivel nacional, que despiertan la codicia de constructoras yanquis, brasileñas y españolas). En cuanto a los intereses agrarios, 7 millones de hectáreas de suelo colombiano (de caña de azúcar y palma) son susceptibles de ser empleadas en la producción de biocombustibles. Y no sólo eso: "grandes agricultores argentinos y brasileños viajan a Colombia, atraídos por los cuatro millones de hectáreas que podrían incorporarse a la producción de soja y maíz si prospera el acuerdo" (El País, 12/8). El precio de la tierra se ha disparado.

Esta convergencia de negocios, que alguien bautizó como la "paz del extractivismo", es lo que otorga un fuerte impulso al proceso de paz. La caída de los precios del petróleo, que explica la mitad de las exportaciones colombianas y la caída general de los precios de las materias primas, todavía no afectó el apetito de las patronales por un acuerdo, pero habrá que ver como la marcha de la crisis mundial , en caso de persistir este derrumbe, afecta estos proyectos.
Pero, más allá de esta circunstancia, la línea que prevalece en el imperialismo en el plano político apunta a un desplazamiento del centro del escenario latinoamericano de la derecha más fundamentalista Los acuerdos entre Estados Unidos y Cuba, por lo pronto, son un mazazo para el uribismo, que queda aún más aislado. Kerry volvió a visitar Bogotá para apoyar las negociaciones, y la OEA les dio un nuevo espaldarazo. Alemania ha prometido casi 100 millones de dólares en los próximos dos años para apoyar el proceso, y la Unión Europea promete fondos en caso de que se arribe efectivamente a un acuerdo. España se ha ofrecido para organizar una rápida conferencia de donantes para la reconstrucción del país si se materializa el acuerdo. El otro aspecto que empuja el acuerdo y disipa los choques incidentales que pudieran presentarse (como la reciente suspensión de las negociaciones debido a la retención de un general por parte de la guerrilla) es el respaldo de los gobiernos 'progresistas' de la región, lo que a su vez encuadra políticamente a la propia Venezuela dentro de un gran 'bloque pacificador'. Ahora se dice, inclusive, que Colombia avanzaría en el reconocimiento de Palestina.

El proceso

Aunque se ha llegado a un acuerdo provisorio en tres puntos de la agenda de negociaciones (participación política, tierra y narcotráfico, todos ellos con modestas resoluciones), y están en curso negociaciones secretas con el ELN, al proceso le quedan por delante los puntos más espinosos: la cuestión de las víctimas (reparación material y esclarecimiento de crímenes) y el fin del conflicto (desmovilización, reinserción, amnistía). Los militares colombianos, que cargan en su haber con un prontuario de crímenes a lo largo de 50 años de conflicto, ya reclaman su punto final. Santos, ex ministro de Defensa de Uribe, no los quiere desairar: "Lo justo es que si hay beneficios jurídicos para los enemigos, por supuesto que habrá beneficios jurídicos para nuestras fuerzas" (El País, 12/11). La burguesía colombiana, por medio del Ejército y del terror paramilitar (30 mil muertos y seis millones de desplazados), se apropió de 8 millones de hectáreas de tierra. La ley fantoche de restitución de tierras de Santos sólo devolvió 29 mil hectáreas a campesinos. Un investigador de Amnistía Internacional ha dicho: "¿Cómo va a regresar alguien a casa sabiendo que los mismos que lo desplazaron por la fuerza y mataron a sus familiares podrían estar esperándolo?". Es que en Colombia todo sigue intacto: el Plan Colombia, el asesinato de activistas sindicales y los paramilitares reconvertidos en bandas criminales. Los acuerdos de paz no pondrán fin a esta calamidad.

La 'retirada ordenada' de las Farc y el apoyo de casi todo el Polo Democrático (mosaico de fuerzas que integra al "progresismo" local) a la candidatura de Santos en las elecciones de este año ponen al rojo vivo los problemas de dirección. La clase obrera y las masas campesinas colombianas necesitan emprender una acción histórica independiente del capital y un partido revolucionario.

Fuente: http://www.partidoobrero.com/prensaObrera/1346/internacionales/colombia-un-proceso-de-impacto-regional

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Coordinadora Sindical Clasista - Partido Obrero

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