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martes, 3 de marzo de 2015

La unidad de la CGT y el paro del 31 de marzo

Edición Impresa #1352 | Por Christian Rath

Un paro dispuesto por la burocracia sindical con cuarenta días de antelación es un compromiso escrito en el agua. Es lo que acaba de resolver el plenario de los gremios del transporte de ambas CGT el pasado 19 de febrero. Dispuso una huelga general para el 31 de marzo, invitando expresamente a adherir a otros gremios, para -es lo que dice el texto aprobado- "retomar la agenda de reclamos (ganancias, jubilaciones, obras sociales, inseguridad e inflación)". Además, enjuicia los acuerdos con China por los daños que causa al trabajo argentino, no sólo por la carta blanca al ingreso de trabajadores extranjeros sino por la provisión de material rodante llave en mano.
 
Entre los convocantes estuvo Roberto Fernández, de la UTA, que no adhirió al último paro general porque estaba negociando con el gobierno los subsidios al transporte automotor y el otorgamiento de una suma puente a cuenta del convenio anual, y Maturano, de La Fraternidad, que viene de compartir con Randazzo el acto por la renovación del ramal José León Suárez de la Línea Mitre y acaba de plantear que el "año sindical" se terminó antes de empezar, porque CFK no va a otorgar nada y sólo tiene sentido "marcar la cancha" al gobierno que viene. Moyano, por su parte -un representante de Camioneros estuvo en la mesa del plenario-, "no quiere endurecerse en medio de la convulsión política a raíz de la muerte del fiscal Nisman" y es la línea que bajó a los gremios y a Barrionuevo (Clarín, Mundo Gremial, 2/2). Está negociando febrilmente la integración de hombres de la burocracia en las listas de Massa y Macri.
 
Es decir, el paro del 31 de marzo no sólo está lejos en el tiempo. Está concebido por sus convocantes, en caso de concretarse, como un paro ritual. Lo que no debe llevar a ignorar que se producirá en un momento de debate agudo por el salario porque culminan algunos de los acuerdos "puente" firmados por la burocracia y habrá dado una vuelta de tuerca más el peso insoportable del impuesto al trabajo. "Un trabajador soltero que en 2014 tuvo un ingreso mensual de bolsillo de 16.000 pesos, le descontaron de Ganancias 18.980. Dejó de cobrar un poco más de un sueldo. Si este año gana un 30% más, similar a la inflación esperada, manteniendo el mismo salario real que el percibido el año pasado, por Ganancias le descontarán 38.974 pesos, unos 20.000 más. Perderá de cobrar casi dos sueldos" (Bermúdez, Clarín, 28/1).
 
 
La unidad de la CGT
 
Lo más importante del plenario no fue la convocatoria al paro sino un paso concreto hacia la unidad de la CGT. Los 22 gremios reunidos resolvieron un congreso para el 8 de abril para dar vida a una sola organización gremial del transporte bajo la sigla de una de las dos existentes, Confederación de Trabajadores del Transporte (CATT). Allí formalmente Schmid (moyanista, Dragado y Balizamiento) dejará su puesto de secretario general de la organización y asumirá una nueva conducción. Como expresión de compromiso, Maturano y Fernández renunciaron formalmente en el plenario a su afiliación a la UGATT, el sello creado por la CGT oficialista para competir con el de Moyano. El propósito sería que un sindicalista del transporte lidere una CGT unificada sin Moyano ni Caló como dirigentes.
 
En el reducidísimo campo de los leales al gobierno ha quedado, por ahora, la burocracia de Taxistas, la UF y el Somu.
 
El contenido de esta unidad es claro: por un lado, asegurar una sucesión presidencial sin los "tropiezos" de la convulsión social. Por el otro, ofrecer ese papel de contención al futuro gobierno, que varios avizoran de coalición, ante las conmociones que plantea la bancarrota económica en curso y que afecta el conjunto de los reclamos de los trabajadores. La burocracia coloca el acento en unificar a la CGT, por otra parte y no en último lugar, frente a la descomposición irreversible del gobierno y la necesidad de frenar el ascenso de una nueva generación combativa en el movimiento obrero. No existe editorial sindical de cualquier medio que hoy no mencione la presencia de los "troskos" como un protagonista del movimiento de lucha de la clase obrera.
 
 
"Nuestra" agenda
 
La crisis del gobierno y aún de la oposición debilita el poder político de la burguesía. A la tregua unánime de la burocracia, opongámosle la deliberación para imponer la agenda de los trabajadores, para organizar la lucha contra los despidos y suspensiones, por la anulación del impuesto al trabajo, por el salario igual a la canasta familiar, por el aumento de emergencia para los jubilados. Empeñémonos en un frente único del activismo y de las agrupaciones sindicales y políticas que lo representan con un doble objetivo: fortalecer el movimiento de lucha contra las patronales y disputar a la burocracia el dominio de los sindicatos.
 

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