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lunes, 4 de mayo de 2015

Ciudad de Buenos Aires: La victoria de Caputo e Iron Mountain

Edición Impresa #1361 | Por Marcelo Ramal

En la elección de la Ciudad se impuso la camarilla de negocios que viene regenteando la Ciudad desde 2008, de la mano de Mauricio Macri. A la cabeza de los grupos contratistas e inmobiliarios que se apropiaron del presupuesto porteño está Nicolás Caputo, cofundador del PRO.
 
La victoria en las quince comunas de la Ciudad expresa un dominio político que se extiende sobre realidades sociales muy diferentes. Es cierto que la especulación inmobiliaria, que el PRO encarnó como nadie, conduce a una suba de los alquileres, de los impuestos y la carestía, lo que acentúa la tendencia a expulsar a los trabajadores. Sin embargo, una parte importante de la población asocia esa "burbuja" a la ilusión de la prosperidad personal o familiar. Esa realidad ha acentuado la polarización social -la nueva generación de villeros se reforzó con aquellos que ya no podían pagar un alquiler formal en la Ciudad.
 
El PRO, que se opone a transformar a las villas en barrios, ha construido al interior de ellas un aceitado aparato asistencial y de punteros, reforzando la sujeción política sobre los explotados. Por lo demás, el elogio de la gestión PRO encubre que Macri extendió el subte a cuentagotas; que no resolvió las crisis de las inundaciones, que tiene al hospital y a la escuela pública en estado de colapso y que endeudó fuertemente a la Ciudad.
 
Bajo la gestión PRO, la protección de intereses capitalistas condujo al fatal incendio de Iron Mountain, una empresa amiga. Una deliberación abierta de ésta u otras cuestiones hubiera llevado a Macri o a sus ministros al juicio político -del cual zafó en el episodio de las escuchas telefónicas. Pero el dinero de los "desarrolladores inmobiliarios" ha servido para proteger a Macri.
 
La oposición al PRO
 
El dominio de la Ciudad por parte de las camarillas políticas y empresariales identificadas con el macrismo abarca incluso a sus principales opositores. La candidatura de Lousteau, segundo en la elección porteña, fue impuesta por la misma UCR que armó el acuerdo nacional con Macri. Para subrayarlo, Carrió señaló que "el 70% de la gente había votado por la república" (sumando los votos de Lousteau -Ocaña a los del PRO). Los que exaltan la votación de Lousteau, ocultan, sin embargo, su retroceso en más de diez puntos respecto de 2013, cuando el Unen se presentó como alternativa al macrismo. Hoy, el armado que lleva a Lousteau es sólo un hijo putativo del PRO. Antes que se vuelva a votar en la Ciudad, asistiremos a la inscripción de la alianza nacional entre Macri, Carrió y Sanz. Una polarización porteña entre Larreta y Lousteau choca con esa contradicción de fondo. Los otros deudos de Unen -Tumini y el candidato de Stolbizer- no llegaron al 1%.
 
La elección porteña ha significado otro golpe a la camarilla presidencial. EL FPV aspiraba a obtener el segundo lugar para polarizar contra el PRO, y salió tercero. Su candidato más votado, Recalde, resultó cuarto en la prelación de candidatos.
El 19% que obtuvieron los siete candidatos K juntos está siete puntos por debajo de lo que obtuvo el "perdedor" Filmus en 2011, en su última postulación a jefe de gobierno. La debacle de la elección camporista estuvo precedida por una campaña absolutamente insulsa, con sus dos cabezas de lista -Recalde y Tomada- ausentes de los debates públicos o televisivos. Este silencio delató la completa falta de autoridad de los K para denunciar al macrismo, con quien cogobernaron legislativamente. Mayor aún fue la debacle de los elementos centroizquierdistas cooptadas por el gobierno nacional, como Ibarra, Heller y otros. Ninguno de éstos alcanzó el piso para ingresar en el reparto de legisladores. 
 
 
El Frente de Izquierda
 
 
En este cuadro, el Frente de Izquierda consiguió pasar a la elección general y quedó cuarto entre las 31 listas que se presentaron. Obtuvimos el 2,2% de los votos a jefe de gobierno y el 2,5% -unos 5 mil votos más- en la categoría a legislador. La votación obtenida es modesta -por caso, la mitad de lo que alcanzamos en las Paso nacionales de 2013 en el distrito. Sin embargo, triplicamos lo alcanzado en la última elección ejecutiva de la Ciudad. 
 
Nuestra elección debe ser valorada en el cuadro de una intensa dispersión de listas y de la tentativa de polarización en torno de las internas de los partidos ‘oficiales’.Con excepción de (la mentira ) Zamora (quien también retrocedió respecto de sus votaciones anteriores), el resto de la izquierda no resistió esa polarización, y quedó por abajo del piso restrictivo del 1,5%. Como consecuencia de ello la elección general sólo contará con cinco listas. 
 
A partir de ello, nuestra votación debe considerarse como un piso, con un importante campo de crecimiento de cara a las generales. Para avanzar en ese objetivo, es necesario un mayor empeño para explicar un programa y una plataforma de reivindicaciones vinculadas a la situación de los trabajadores de la Ciudad, muchas de las cuales se relacionan con nuestra acción legislativa.
 
A partir de allí, el objetivo es claro: consagrar un bloque de legisladores del Frente de Izquierda, para desarrollar una oposición consecuente al PRO desde el campo de los trabajadores.

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