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domingo, 12 de julio de 2015

Hace 60 años: El golpe de junio de 1955

Edición Impresa #1371 | Por Christian Rath

Al mediodía del 16 de junio de 1955, aviones de la Marina bombardearon la Plaza de Mayo y otros puntos de la ciudad provocando una de las grandes masacres de la historia argentina. El informe oficial reseñó 360 muertos y 1.000 heridos, de los cuales sólo 25 y 80, respectivamente, pertenecían a las fuerzas armadas. A las 12:40 comenzó una oleada de descargas sobre la Casa Rosada con el objetivo declarado de matar a Perón, pero oleadas sucesivas se fueron descargando sobre la población indefensa, que en gran número había comenzado a ocupar las calles ante el llamado de la CGT a concentrarse "sin violencia" contra el golpe al gobierno.

El plan de los conspiradores era entregar el poder a una junta cívico militar, que integrarían Adolfo Vicchi, conservador; Américo Ghioldi, del Partido Socialista, exiliado en el Uruguay, y Miguel Angel Zavala Ortiz, de la UCR, que participó de los bombardeos.

A las 17, el golpe militar había fracasado. La conspiración había llegado a dominar las bases de Punta Indio, Ezeiza y Morón, pero no había logrado plegar ninguna unidad del Ejército que, finalmente, terminó con la rebelión.
Fue, sin embargo, el ensayo general del golpe que terminaría con el gobierno de Perón tres meses después. 
 
La Iglesia 
 
El 9 de junio de 1955, una marcha por Corpus Christi hacia el Congreso bajo la consigna "Cristo Vence" había reunido a radicales, socialistas, conservadores, nacionalistas y comunistas.  
Hacia mediados de 1954, la jerarquía eclesiástica había comenzado a alentar una campaña sistemática para derrocar al gobierno peronista; Perón respondió con la anulación de la enseñanza religiosa (que el peronismo había restablecido en 1946), la ley de divorcio y una ley de profilaxis -que dejaba de reprimir a la prostitución. El 11 de junio se fundó en Córdoba la Democracia Cristiana. La Acción Católica fue transformada en una fuerza de movilización y de choque. 
 
La situación de prosperidad de la posguerra se había desvanecido hacia 1952. Las reservas monetarias se habían reducido en forma drástica; una sequía había derrumbado las exportaciones, ya afectadas por una política de exportaciones subsidiadas por parte de Estados Unidos; la inflación llegaba al 38% anual. El "Plan de estabilización", lanzado en febrero de 1952, significó eliminar el impuesto a las ganancias rurales, abrir las puertas al capital extranjero, subsidiar a la oligarquía, por parte del Instituto de Intercambio (IAPI), y la suspensión de las negociaciones colectivas, en principio por dos años, reemplazadas por aumentos por decreto. 
(cualquier semejanza con la caida de reservas actual , la caida de las exportaciones , la inflacion del 30 o 40% anual , o que la economia argentina no crezca desde 2012 y continue el aumento de la precarizacion laboral , el incremente del fraude de  la tercerizacion y desocupacion actual son puras coincidencias sistemicas del capital  ) 
 
La clase obrera
 
El plan fracasó y una de las razones determinantes fue la impotencia del gobierno peronista para trasladar íntegramente a los trabajadores el peso de la crisis. El humor de los trabajadores se puso de relieve en el acto conmemorativo del 17 de octubre de 1952, cuando el secretario general de la CGT, José Espejo, fue estruendosamente silbado y abucheado. El número de asambleas sindicales y participantes en ellas comenzó a crecer de manera vertiginosa, contra los bajos niveles de 1950/52 y comenzaron a arrancarse aumentos extraoficiales de salarios a partir de conflictos de fábrica. Esto explica que, entre 1952 y 1953, los salarios reales hayan crecido un 6%, a pesar del congelamiento, y que Perón saliera a atacar las demandas salariales de algunas comisiones internas, en particular del gremio gráfico. Es en ese momento cuando Perón va a defender la "centralización" de los conflictos contra la embestida obrera: "ningún afiliado tiene el derecho de exigir aumentos de salarios si no es a través de sus propias direcciones sindicales nacionales"1. 
 
Es esta intervención del movimiento obrero lo que lleva a Perón a promulgar la Ley de Convenios Colectivos en septiembre de 1953 (14.250), que condiciona los convenios colectivos a la aprobación por parte del Ministerio de Trabajo y a que no afecte "disposiciones dictadas en protección del interés general". Este va a ser el preámbulo a una explosión de conflictos laborales a un nivel desconocido desde 1950. 
 
Perón reabrió las paritarias en abril de 1954, prometiendo la nula intervención del Estado -buscaba el respaldo obrero contra el golpe inminente. Pero fue superado con la huelga de la UOM, impuesto por los delegados de Capital en oposición a la dirección del sindicato. El número de huelguistas y días perdidos en 1953 se había multiplicado por veinte respecto al año anterior. La CGT no pudo cumplir el papel que se propuso y el balance de la central fue inocultable: "nuestra organización ha sufrido una seria pérdida de prestigio dentro del movimiento obrero"2. Más tarde, en el Congreso de la Productividad -abril y mayo 1955- Perón plantearía una reedición de la política de ajuste. 
 
Prólogo a la Libertadora 
 
Frente a la embestida golpista del clero, de la Unión Democrática renacida de la mano de la Iglesia, Perón adoptó las medidas laicistas ya señaladas, pero además anuló la exención de impuestos a la propiedad de la Iglesia e hizo aprobar una ley para llamar a una Constituyente para separar a la Iglesia del Estado. Con motivo de este conflicto, varios dirigentes peronistas renunciaron a sus cargos (entre ellos Cafiero, invocando una "cuestión de conciencia").
El golpe de junio de 1955 sacó a luz una conspiración golpista que contaba con el apoyo de la burguesía y los partidos "democráticos". 
 
Perón respondió con una política que anunciaba la capitulación. Reivindicó al Ejército, donde simplemente el plan del golpe no había madurado. Minimizó la movilización de las masas. Ordenó la confiscación del arsenal en manos de la CGT (unos 5.000 rifles y revólveres). La burocracia de la CGT siguió la misma línea de reivindicación del generalato. Perón llamó enseguida a la "conciliación nacional" y abrió los medios de comunicación a los golpistas. Cuando comprobó que los discursos opositores funcionaban como pantalla de un golpe que seguía siendo organizado a todo trapo, presentó la renuncia al Congreso. En la escenificación al rechazo a este abandono voluntario del gobierno por parte de la Asamblea Legislativa, Perón se despachó con un "cinco por uno"3, que puso en evidencia un estado de impotencia.
 
 
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1. El Tranviario Automotor, diciembre 1953.
2. CGT, Libro de Actas, junio 1954.
3. "Cuando uno de los nuestros caiga, caerán cinco de los de ellos", fue una frase del último discurso de Perón en Plaza de Mayo , 31 de agosto de 1955, antes del golpe de la Libertadora.
 

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