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miércoles, 8 de julio de 2015

Marx y la Guerra de Secesión

Edición Impresa #1370 | Por Pablo Heller (segunda nota)

Marx veía la Guerra de Secesión como una segunda revolución americana. Así se expresaba en el prefacio del primer volumen de El Capital: "Así como la guerra norteamericana por la Independencia, en el siglo XVIII, agitó a la clase media de Europa, la guerra civil norteamericana del siglo XIX, hizo otro tanto con la clase obrera europea". El veía la guerra civil americana como una revolución burguesa y democrática que podía ser precursora de una revolución comunista en Europa. Su pronóstico no era desacertado, como lo probó la Comuna de París, la insurrección obrera que estalló en Francia pocos años después del final de la guerra civil norteamericana.

Para Marx, "deshacer el poder esclavista y liberar a los esclavos no necesariamente destruirían el capitalismo, pero crearían condiciones mucho más favorables para organizar y concientizar a los obreros, sean blancos o negros". De ese modo, la guerra crearía nuevas posibilidades para la clase obrera americana, negra y blanca.

La guerra civil tenía además importantes implicaciones económicas relativas a la tierra y a la propiedad. La emancipación de cuatro millones de esclavos, sin compensación para sus "propietarios", significaría, en términos económicos, la mayor expropiación de propiedad privada en la historia hasta entonces. Marx participaba de la esperanza de los abolicionistas y de los republicanos liberales -y de manera general de los socialistas- de que en el Sur ocupado, las políticas de reconstrucción de la posguerra se encaminarían, más allá de la creación de nuevos derechos políticos para los antiguos esclavos, hacia una real revolución agraria que destruiría las antiguas plantaciones esclavistas y redistribuiría las tierras. El programa de los republicanos-radicales, que encabezaba el vicepresidente estadounidense Wade, prometía conceder 16 hectáreas (forty acres) y una mula a los esclavos liberados. Ese programa quedó archivado cuando ascendió al gobierno, luego de la muerte de Lincoln, el ala más conservadora del partido republicano.

Marx, en definitiva, vislumbró en dicha guerra el choque de dos sistemas económicos: "la lucha ha estallado porque los dos sistemas no pueden coexistir en paz por más tiempo sobre el continente americano. Esa lucha sólo puede terminar con la victoria de uno o del otro"1.

Si bien el Norte se estaba expandiendo a mayor velocidad que el Sur, este último estaba acuciantemente urgido de expandirse territorialmente por tres motivos: una agricultura extensiva en busca de nuevas tierras; la necesidad de los Estados esclavistas de acuñar nuevos Estados para mantener su poder de veto en el Senado; la existencia de una base de jóvenes blancos deseosos de hacer fortuna e insatisfecho con sus condiciones de existencia.

El número de los esclavistas en el Sur de la Unión apenas alcanzaba 300.000; es decir, una oligarquía muy exigua a la que se enfrentaban 5 millones de "pobres blancos", cuya masa crecía "sin cesar en razón de la concentración de la propiedad de tierras y cuyas condiciones son comparables a las de aquellos plebeyos romanos en la época del declive definitivo de Roma. Sólo mediante la adquisición -o la perspectiva de adquisición- de nuevos territorios, o mediante expediciones de filibusteros es posible nivelar los intereses de estos "pobres blancos" con los de los esclavistas y dar a su turbulenta necesidad de actividad una dirección que no sea peligrosa, ya que así pueden tener el espejismo de una esperanza de que también ellos pueden llegar a ser un día propietarios de esclavos". 

La Primera Internacional

Marx apoyó firmemente al Norte, incluso desde el principio de la guerra, cuando Lincoln aún se negaba a introducir en la agenda política la abolición de la esclavitud.
 
Hay que señalar también que cuando la Primera Internacional se fundó en 1864, se basaba en buena medida en las redes de obreros y socialistas de toda Europa occidental que habían apoyado al Norte. 
 
Desde el inicio de la guerra se temía una intervención británica o francesa al lado del Sur. La aristocracia terrateniente europea intentaba avivar los sentimientos de la población contra el Norte. Alegaba que el bloqueo de los puertos sudistas por parte del Norte, impedía la exportación de algodón, que afectaba a los obreros del textil de Manchester y otros centros industriales.
 
Marx describe en diversos artículos la manera cómo las clases obreras británica e irlandesa se negaban a prestar atención a los gritos de guerra de la clase dirigente británica. 
 
En dicho período tuvieron lugar grandes mítines de los obreros ingleses que sostenían la causa nordista, incluso sabiendo que eso les costaba a corto plazo el puesto de trabajo en su propio país. Fue uno de los mejores ejemplos en aquella época de internacionalismo proletario. Estos mítines de apoyo al Norte en la guerra eran cruciales para la formación de las redes de las que emergería la Primera Internacional. Estas redes de los movimientos obreros europeos que apoyaban al Norte -como apoyarían más tarde la insurrección polaca de 1863- se fusionaron y fueron la base en 1864 para formar la Primera Internacional. 
 
En la década de 1870, la Internacional tenía 50 secciones en las 12 zonas urbanas y, en 1871, fue lo suficientemente fuerte como para convocar una manifestación de 70.000 hacia arriba en Nueva York en protesta por la masacre de los comuneros de París. 
 
Conclusiones
 
En la época en que Marx y Engels desarrollaron su actividad, el capitalismo estaba aún en expansión. Esto realza el carácter anticipatorio del pensamiento de Marx y Engels en el sentido de que despliegan un programa y una táctica concreta ajustada al momento histórico. La elaboración de Marx en torno de la guerra de secesión es parte de este arsenal.
 
En este contexto fue muy natural que la primera declaración pública de la recién fundada Primera Internacional fuera una carta abierta de felicitación a Lincoln en ocasión de su reelección. 
 
La clase obrera norteamericana
 
La América de la guerra civil era una sociedad impregnada de grandes impulsos revolucionarios. Sólo para 1853 llegaron a los Estados Unidos más de un cuarto de millón de emigrados alemanes, que huían de la reacción que cundió en la Confederación Germánica tras la derrota de 1848, y que contribuyeron a la difusión del republicanismo y la causa de la emancipación racial y de clase, alistándose masivamente en los ejércitos unionistas bajo estas banderas. Una milicia americana alemana en Saint Louis jugó un papel clave contra las operaciones de los esclavistas en el estado de Missouri. 
 
El apoyo de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) a la causa unionista fue expresión orgánica de esta tendencia.
 
Terminada la Guerra de Secesión, Marx plantea, en una carta a Engels, que "Acabada la Guerra Civil, es ahora cuando los Estados Unidos están entrando en una fase verdaderamente revolucionaria"2. Blackburn señala el acierto de esta lógica al describir la radicalización del proletariado norteamericano que sobrevino con posterioridad a la guerra de secesión y la multiplicación de secciones de la AIT. 
 
Los socialistas vislumbraron en la lucha contra la esclavitud un elemento esencial en la creación de condiciones para la lucha por la emancipación de la clase obrera.
  
Referencias
1. Karl Marx y Friedrich Engels: La Guerra Civil en los Estados Unidos, en Andres de Francisco (comp): Guerra y Emancipación. Lincoln & Marx, Capitán Swing, Madrid, pág. 169.
2. Idem, pág. 46.
 

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Coordinadora Sindical Clasista - Partido Obrero

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