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sábado, 31 de octubre de 2015

Ballotage, temblor político y después



De manera impensada, el fin de ciclo K cobra realidad de un modo dramático. Pero no sólo por la llegada al ballotage entre Daniel Scioli y Mauricio Macri, que nadie previó. Aníbal Fernández, un compadrito orillero, construyó la derrota del oficialismo en el principal distrito de la nación, la provincia de Buenos Aires. 

Fernández —uno de los responsables políticos de los crímenes del Puente Pueyrredón y de la liberación de la zona que permitió el asesinato de Mariano Ferreyra fue derrotado por María Eugenia Vidal, futura gobernadora, que integra una fracción que se presenta como pospolítica y alejada de cualquier vicisitud ideológica o política relevante, más allá de la necesidad postulada de darle fin a la década kirchnerista.

¿Hay un giro a la derecha por parte de la sociedad argentina al votar de ese modo a Cambiemos, el partido de Macri y Vidal? Cambiemos, la alianza que postula a Macri, hizo una campaña que la presentaba como alejada de los ideologismos y sustentada en la necesidad de una renovación del personal político del Estado, a la vez que planteaba mantener los supuestos logros del kirchnerismo. En definitiva, no se trató de una candidatura de derecha para acabar con un movimiento popular ascendente, sino de una construcción del marketing político para posicionar unos candidatos desideologizados contra un supuesto kirchnerismo hiperideologizador.

¿Implica esto que Cambiemos no defienda un programa político y económico de centroderecha? No. Así como sus pares de España llamados Ciudadanos (que son la continuidad del fenómeno Podemos, pero sin el tinte izquierdizante), el uso de la comunicación política construyó un discurso alejado de definiciones positivas fuertes —que plantearían cuál sería su programa político y económico de Gobierno—, pero que se consolidó como una alternativa de cambio a los doce años de Gobierno kirchnerista.

Por otro lado, si Macri intentaba ocultar cualquier sesgo político derechizante, Scioli planteaba como ministros a Sergio Berni, Ricardo Casal y Alberto Barbieri en Seguridad, Justicia y Educación, respectivamente, a la vez que desarrollaba una campaña chauvinista y clerical, mostrando de este modo su propia adhesión a una derecha consolidada en el peronismo. Macri, evitando definiciones, se mostraba como un camino diferente, aunque el programa de ambos confluya en la misma avenida del ajuste.

En parte, esta consolidación de Macri como alternativa posible al kirchnerismo provocó que el voto a la centroizquierda que postulaba a Margarita Stolbizer huyera en manada hacia esas huestes, lo que provocó el derrumbe “progre”. Los logros electorales de Cambiemos replican la performance de Martín Lousteau cuando casi derrota a Horacio Rodríguez Larreta en su campaña para ser jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires: más que un voto pro Lousteau, se trataba de una rebelión en ciernes —expresada electoralmente— contra el macrismo en el distrito. El 25-O se votó contra el kirchnerismo. La posibilidad del triunfo de Macri fue alentada por la propia Stolbizer, que hizo alianzas con Macri en ocho provincias y cuyo dirigente Gerardo Milman anunció que votaría por Macri en segunda vuelta. Así, Progresistas quedó en el quinto lugar, luego de su derrumbe.

El Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) obtuvo, entonces, el cuarto puesto, dato que implica un nuevo sitial para el sector político que plantea una salida anticapitalista al actual estado de cosas. Sin embargo, alcanzar ese espacio no se debió a que la candidatura presidencial hubiera avanzado frente a las demás sino, principalmente, a que la de Stolbizer se hundió estrepitosamente por el exilio de sus votos hacia la candidatura de Macri. Respecto de las PASO, el Frente de Izquierda obtuvo porcentajes similares e incluso cayó unos puntos (en agosto había obtenido 3,31% y el domingo alcanzó el 3,27%). Si bien es cierto que aumentó la cantidad de votos respecto a las elecciones de agosto hasta alcanzar los 798 mil votos, esto se debería a que el porcentaje de la población que sufragó se incrementó globalmente entre quienes lo hicieron en las PASO y quienes votaron el 25-O. En 2011 el Frente de Izquierda, en su primera presentación, había sacado quinientos mil votos; en 2013, las candidaturas a diputados habían obtenido un millón trescientos mil votos. En 2015, las cifras indican ochocientos mil para presidente, poco más de un millón para parlamentarios.

En los centros urbanos más importantes las candidaturas a diputados del Frente de Izquierda obtuvieron performances notables. El único diputado que ingresó (cuando estaba planteado que pudieran ingresar cuatro diputados de la izquierda para engrosar la actual bancada) fue Néstor Pitrola, que consiguió el favor de 398 mil bonaerenses, la mitad de los que votaron por el FIT a nivel nacional.

En Salta se retomó la tendencia ascendente de la izquierda, que llegó a obtener el 10% a diputados en la capital provincial, cuando la candidatura presidencial alcanzó el 3 por ciento. Lo mismo sucedió en Jujuy, donde la candidatura presidencial obtuvo 2,5% y el candidato a diputado provincial llegó al 7,2 por ciento. En la misma Córdoba que selló el destino de ballotage de Macri (más del 50% del electorado votó por Cambiemos), Liliana Olivero obtuvo con su candidatura a diputada nacional un 9% de los votos en la capital cordobesa que no logró equilibrarse con los porcentajes del interior para determinar su ingreso al Parlamento. En Mendoza la candidatura a diputada de Noelia Barbeito alcanzó el 11,5% y la presidencial del local Nicolás del Caño llegó a 7,6 por ciento.

En CABA, Gabriel Solano dobló su votación de las PASO, pero no pudo ingresar al Congreso debido a la obturación de votos que produjo la candidatura de Luis Zamora, que tampoco logró su propia banca. En una elección que estuvo marcada por un corte de boleta masivo —es decir, por una meditada (con sus límites) intervención del electorado— las diferencias entre el voto a presidente y a diputados del FIT, aunque no hayan sido fructíferas, señalan un momento de la conciencia de ciertos sectores —minoritarios— que ven en la izquierda un resguardo electoral parlamentario, pero no una alternativa política potente.

Ninguno de estos resultados alcanzó para que el objetivo de incrementar la bancada fuertemente se cumpliera, en el marco de un retroceso respecto de la elección de 2013. Sin embargo, los cuatro diputados del FIT que conformarán la bancada a partir de diciembre podrían transformarse en tribunos contra el ajuste que llevarán adelante Scioli o Macri, cualquiera sea quien gane el ballotage. Se trata de una situación indefinida: la izquierda no obtuvo los resultados que esperaba ni avanzó de un modo determinante, pero conserva las posibilidades de marcar una orientación política para enfrentar el ajuste que vendrá. Por eso, la decisión de realizar una campaña por el voto en blanco —que diferenciaría a este espacio de uno u otro candidato en pugna— podría repercutir en la consolidación del sector en cuanto a la percepción de su independencia política.

El ballotage que se realizará el 22 de noviembre supone un mes de intensa disputa entre las fracciones que luchan por la Presidencia (y, por ende, el modo de realizar el ajuste). Se ingresa de este modo al tramo final de un año hiperpolitizado y poblado de eventos electorales, y a la apertura de un nuevo ciclo. En este período inmediato, la izquierda no se mostrará fisionomizada como una alternativa, pero su posición contra las dos variables del ajuste podría brindarle una autoridad para intervenir en el porvenir más próximo. Un período que todo indica como convulsivo. La crisis económica se acerca tomada de la mano de una aguda crisis política, con el peronismo reacomodándose en estallidos. Toda crisis implica una oportunidad, indica un refrán antiguo. La clase trabajadora argentina —y los partidos que bregan por su organización política— debería tomar nota de este refrán y también de sus propias virtudes, a la vez que de sus propias deficiencias, para determinar de qué modo actúa y, entonces, a qué sectores y hasta dónde llega. 

Fuente:http://opinion.infobae.com/diego-rojas/2015/10/28/ballotage-temblor-politico-y-despues/

Votemos en blanco y preparemos la lucha contra los ajustadores

#Prensa Obrera 1387 |

Por Partido Obrero

La elección del domingo pasado parece haber dejado la sucesión presidencial entre dos opciones -Scioli o Macri.

Pero desde el lugar de los trabajadores, las “dos” opciones cada vez se parecen más.
Con Scioli o con Macri, la ‘salida’ a la bancarrota nacional que deja el kirchnerismo es la misma:

• un arreglo con los usureros internacionales, para agravar el endeudamiento del país; 

un tarifazo, para que el bolsillo popular rescate a los monopolios petroleros y a todas las privatizadas. 


una devaluación, para salvar a los monopolios exportadores a costa del salario y las jubilaciones. (con el acompañamiento de la burocracia, que negocia sus prebendas a cambio de “garatizar la paz social”) 


Scioli viene aplicando este programa -ajuste y endeudamiento- en la provincia de Buenos Aires, a costa de los maestros, los inundados y la población sin techo. Sus socios de La Cámpora lo hacen en el orden nacional, con la carestía y el impuesto al salario. 

Macri ha endeudado fuertemente a la capital del país, en beneficio de los contratistas y monopolios inmobiliarios.

Como toda “segunda vuelta”, quieren someternos a una extorsión política. A que votemos a Scioli, contra el derechista Macri. A que votemos a Macri, contra la “prepotencia oficialista”.  

Pero el kirchnerismo, que nos llama a votar “contra la derecha”, se ha apropiado él mismo del programa de la derecha. Por eso, Scioli nomina para su gabinete a economistas del FMI, junto al represor Berni.
Y el macrismo, que se acordó ahora de la patota, armó él mismo sus patotas y persecuciones contra cualquier trabajador que, en la Ciudad de Buenos Aires, pretende defender sus derechos.

Estos dos ajustadores reclaman nuestro voto con un solo objetivo: que el ajuste que preparan para después de diciembre se encuentre “bendecido” por el voto popular.

Los trabajadores combativos y luchadores tenemos que rechazar este chantaje, y concretar el próximo 22 de noviembre un acto de autonomía política: ni Scioli ni Macri, votemos en blanco.

Cada voto en blanco será un pronunciamiento contra el ajuste que preparan unos y otros. Cada voto en blanco preparará, con más fuerza, la lucha de los trabajadores contra los ajustadores.

El Partido Obrero y el Frente de Izquierda, que hicimos de esta campaña electoral una gran lucha por la independencia política de los trabajadores, llamamos a dar un paso más en ese camino, rechazando en noviembre a estas dos opciones del gran capital y batallando por un programa propio.   

Por un salario igual a la canasta familiar, por el 82% móvil, contra el ajuste y los tarifazos, por la prohibición de despidos y suspensiones, por el repudio de la deuda usuraria y la reorganización económica y social del país bajo la dirección de los trabajadores 

Fuente: http://www.po.org.ar/prensaObrera/1387/politicas/votemos-en-blanco-y-preparemos-la-lucha-contra-los-ajustadores

viernes, 30 de octubre de 2015

Ciudad de Buenos Aires: un balance para abrir un debate

#Prensa Obrera 1387 | Por Gabriel Solano

Las elecciones en la Ciudad de Buenos Aires marcaron el punto más alto de rechazo al gobierno nacional. El macrismo logró recuperar sus mejores resultados y superó el 50% de los votos. Es cierto que fueron las comunas de la zona norte donde esta tendencia fue más aguda, con porcentajes que llegan casi al 70%. Pero incluso en la zona sur, donde viven los sectores más explotados de la Ciudad, el macrismo logró imponerse. Este triunfo aplastante contrasta con lo ocurrido en el balotaje del 19 de julio pasado, cuando Rodríguez Larreta casi pierde frente a Lousteau.
 
Sería aventurado afirmar que este resultado deja atrás la crisis social que vive la Ciudad y que en esa oportunidad se puso de manifiesto. Sólo que esta elección estuvo cruzada por otra agenda: la disposición de la inmensa mayoría del electorado porteño de derrotar al kirchnerismo. La bancarrota económica actual afecta de manera peculiar a todas las clases sociales de la Ciudad. El cepo cambiario ha paralizado la construcción y la compra y venta de propiedades, afectando de manera distinta a los especuladores inmobiliarios como a quien pretende comprar o alquilar una vivienda para vivir. También han votado contra el kirchnerismo quienes se ven afectados por el impuesto al salario o quienes sufren la parálisis del comercio como resultado de los bajos salarios. 
 
La menguada votación obtenida por el oficialismo nacional prueba su incapacidad para canalizar la crisis social de la Ciudad. Esto ya había ocurrido en las elecciones locales, cuando Recalde quedó fuera del balotaje. De fondo, marca a fuego el carácter conservador del kirchnerismo, que ha cogobernado con el macrismo en la Legislatura, siendo socio menor de los negocios inmobiliarios. La candidatura de Scioli sepultó cualquier veleidad progresista, algo que se confirmó luego con los anuncios de ministros para su posible gabinete. En síntesis, los porteños no le hicieron caso a Horacio González y no se taparon la nariz para votar por la fórmula Scioli-Zannini. 
 
Massa tampoco pudo crecer, lo cual indica una desautorización de sus planteos reaccionarios, especialmente los levantados en materia de seguridad. Mientras el macrismo explotó una línea democratizante desde la derecha, Massa quiso correrlo con el Código Penal en la mano. Marcamos este dato porque habla a las claras del carácter contradictorio del voto recibido por el macrismo y que está lejos de ser identificado con un mero giro a la derecha. La lista de Stolbizer, por su lado, hizo una pobre elección sin lograr recoger los votos radicales que en las Paso habían votado por Sanz y Carrió. Su carácter de colectora del PRO hizo que este electorado se incline por la versión original. Victoria Donda, de Libres del Sur, sí logró un corte de boleta a su favor, con una campaña corrida a la izquierda de la de Stolbizer. Aunque ya en las Paso habían obtenido más votos que para presidente, lograron un crecimiento de un 30%.
 
El resultado del Frente de Izquierda en la Ciudad marcó una diferencia importante en relación con las Paso. En aquella oportunidad habíamos logrado más votos a presidente que a diputados, sumadas ambas listas que compitieron en la interna. Ahora, en cambio, tuvimos un leve retroceso en la categoría presidencial pero un crecimiento superior al 30% para diputados, con unos 106.000 votos (5,5%). El resultado supera incluso la muy buena elección que habíamos logrado con Marcelo Ramal en julio pasado. Sin embargo, no logramos el objetivo que nos habíamos propuesto de obtener una banca por la Ciudad. El voto de Zamora operó como un factor divisionista, algo que se sabía de antemano que iba a ocurrir. Sin embargo, la lucha contra él fue encarada sólo por nuestro partido.
 
La campaña realizada por el Frente de Izquierda en el distrito recayó íntegramente sobre nuestras espaldas. Fue una campaña militante, basada en desarrollar la agenda de los explotados de la Ciudad en todos los terrenos y apoyados con la acción que llevamos adelante desde la Legislatura. Se hicieron asambleas en barrios, actos de denuncia sobre la crisis habitacional, el enorme trabajo en los hospitales con el plebiscito por las seis horas de enfermería, un asado del movimiento obrero, agitaciones en las calles y reuniones y asambleas en locales. En la última impulsamos videos de trabajadores que desde sus lugares de trabajo llamaron a votar al FIT con un impacto importante. Gracias a esta campaña logramos recoger en la categoría de diputados los votos de la izquierda que no pasó las Paso, algo que no se logró en la categoría presidencial.
 
El no haber logrado el objetivo de obtener una banca marca, a la vez, la necesidad de profundizar el trabajo entre las masas explotadas de la Ciudad, reforzando un polo político de los trabajadores.

El balotaje parió una crisis política

28 de octubre de 2015 | #Prensa Obrera 1387 | Por Gabriel Solano 
 
Foto: Ignacio Smith 
 
Aunque Daniel Scioli obtuvo el primer lugar en las elecciones generales, el oficialismo recibió una derrota política de envergadura, que alcanza a todas sus fracciones por igual. No sólo no ganó en primera vuelta, además deberá ir al balotaje habiendo obtenido una diferencia mínima sobre Macri, muy inferior a la lograda en las Paso. El plan para llegar al 40% elaborado por Scioli salió exactamente al revés: esperaban sumar votos entre quienes no habían concurrido a las urnas en las Paso y recuperar puntos en Córdoba. Pero los nuevos votos fueron en masa a Macri y en Córdoba el candidato del PRO logró el 53%, aplastando literalmente al PJ. 
 
La madre de todas las batallas 
 
Lo más importante, sin embargo, ocurrió en la provincia de Buenos Aires. El triunfo de Vidal sobre Aníbal Fernández es un golpe demoledor a todas las fracciones oficialistas. Golpea a Scioli, que gobierna hoy el principal distrito del país. Pero también a La Cámpora, que preveía recluirse en un gobierno de Fernández para armar un operativo retorno de CFK en 2019. Ese sueño se transformó ahora en una pesadilla, pues la camarilla kirchnerista ha quedado recluida a Santa Cruz, y eso sólo gracias al recurso fraudulento de la ley de lemas.
 
La candidatura del actual jefe de Gabinete fue una señal lacerante para el electorado, que se volcó en masa contra la pretensión de que el patotero de la Casa Rosada fuese consagrado gobernador. El operativo fue dirigido por el Vaticano, que llamó a votar en su contra identificándolo como responsable del crecimiento del narcotráfico en la provincia. Hay informes que dan cuenta que desde los púlpitos de las iglesias se convocó a votar contra Aníbal Fernández. El kirchnerismo fue incapaz de responder a esta ofensiva del Vaticano, por el simple motivo de que era comandada por el nuevo amigo de CFK, el papa Francisco. Otro tanto ocurrió con Scioli, que nombraba al Papa en todos sus discursos. 
 
La derrota de Aníbal Fernández resulta inseparable de la debacle de los llamados “barones del conurbano” y más en general, pone en evidencia el estado de descomposición avanzada del peronismo. Este fenónemo no se limitó a la provincia de Buenos Aires, como lo prueba la derrota de Eduardo Fellner en Jujuy, presidente nacional del PJ, o el paupérrimo resultado obtenido en Córdoba o el retroceso electoral en Tucumán, precedido por la movilización popular contra el fraude de Alperovich. 
 
Bancarrota económica 
 
El repudio a la candidatura de Fernández se enlazó con las consecuencias de la bancarrota económica actual. En la provincia, el interior agrario votó en masa por Macri porque fue quien más a fondo presentó una propuesta devaluatoria, de eliminación de las retenciones y levantamientos del cepo cambiario. La casi totalidad de las intendencias del interior bonaerense pasaron a manos de Cambiemos. Pero el 53% de Córdoba no puede entenderse por fuera de la presión del capital agrario y de sectores de la burguesía industrial que hacen suyo también ese programa. Incluso en la Ciudad de Buenos Aires, el macrismo logró una recomposición electoral importante al superar el 50% de los votos: la clase media porteña sufre el impasse de una situación económica que ha paralizado la construcción e incluso la compra y venta de propiedades. 
 
La suba generalizada de las bolsas y de los títulos de la deuda pública durante el lunes 26 indica que el gran capital vio en el resultado electoral un triunfo propio. Aunque Scioli había mandado a Urtubey a Estados Unidos a plantear su disposición a negociar con los fondos buitre, o mediante Miguel Bein había anticipado un generoso proyecto de blanqueo de capitales, el triunfo de Macri plantea la posibilidad de un desarme completo de la economía regulada del kirchnerismo. El ajuste “gradual” de Scioli entrañaba el peligro de no cambiar nada. La envergadura de la crisis podía devenir en parálisis. 
 
“Renovación política” 
 
El macrismo explotó todas las contradicciones y debilidades del kirchnerismo. A Aníbal Fernández y a los “barones del conurbano” les opuso un planteo de renovación política, con un sesgo de tipo generacional o de la antipolítica. Con un chef famoso en Quilmes y un periodista conocido en Tres de Febrero logró derrotar a los dos intendentes que formaban parte del aparato de la UOM. En Mar del Plata se valió de un elemento derechista que se ufana de no usar celular. Este planteo de renovación y antipolítica, que elude cualquier modificación del régimen social vigente, ha mostrado su característica contrarrevolucionaria, puesto que es asimilable por la derecha para llevar adelante sus propios propósitos políticos. Para la izquierda se trata de una advertencia importante, sobre todo para aquella que busca progresar, no sobre la base de la lucha de clases, sino del marketing político “renovador”. 
 
Que la derecha pueda explotar una línea democratizante contra un gobierno que se jacta de “nacional y popular” muestra las limitaciones insalvables del nacionalismo capitalista, que concluye en engendros bonapartistas en favor de camarillas parasitarias, y en medidas represivas y antidemocráticas. Antes de que Scioli anunciara su gabinete con Blejer o Berni, el gobierno “nac & pop” empleó al mismo Berni contra las luchas obreras, mientras recolonizaba YPF de la mano de Chevron. El último antecedente político de los “nac & pop” ha sido el fraude tucumano, que hizo empalidecer al de la “década infame”. Esa crisis sólo fue sofocada con el concurso de Macri y sus socios políticos, que llamaron a cerrarla en nombre de la “gobernabilidad”. 
 
Crisis de fondo y pronóstico 
 
El resultado electoral ha dejado abierta una crisis de fondo, que obligará a nuevos e improvisados desplazamientos políticos. La carrera del balotaje lo tiene ahora como favorito a Macri, después de haber logrado un virtual empate y de ganar la provincia de Buenos Aires. Scioli no tendrá el apoyo del aparato justicialista, ya sea por los que ganaron y salvaron su ropa, o por los que perdieron y deben buscar otro rumbo. Macri buscará pactar por abajo con los punteros pejotistas, lo que demostrará enseguida la impostura de su planteo “renovador”. Ya en la Ciudad ha comprado llave en mano la estructura punteril de las villas, que en el pasado sirvió al PJ y también al “progresista” Ibarra. En la previa, Macri ya había buscado el apoyo de la burocracia sindical, anudando acuerdos con Moyano. Dos días antes de las elecciones se realizó una reunión para reunificar la CGT, donde quedó excluida el ala más sciolista de la burocracia (Caló y Pignanelli). Macri y Scioli ya anticiparon que defenderán el “modelo” sindical y prometieron apoyo para “enfrentar a los zurdos” en los sindicatos.
 
La transición política a la que asistimos se sigue alimentando de la crisis final del peronismo, pero es comandada claramente por la derecha, que busca improvisar una nueva estructura de gobierno. De cara al ajuste de envergadura que preparan, esa improvisación puede arrojar un resultado incierto. 
 
La votación del Frente de Izquierda 
 
El resultado electoral del Frente de Izquierda ha sido condicionado por todos estos factores. Ya en las Paso habíamos señalado que el proceso político estaba monopolizado por los candidatos del ajuste, que habían recibido el 95% de los votos. En esa oportunidad señalamos que encarábamos una lucha defensiva, que requería de una plataforma de los trabajadores frente al ajuste en marcha. Las posibilidades electorales nos permitían aspirar a pelear por algunas bancas parlamentarias, para lo cual se requería un crecimiento importante de votos.
 
La campaña del Partido Obrero estuvo determinada por esa orientación de fondo. Hicimos una fuerte agitación mostrando que la votación al Frente de Izquierda y la conquista de bancas parlamentarias eran un recurso de los trabajadores para enfrentar el ajuste en marcha y el que se prepara. Advertimos sobre la experiencia de Brasil, donde Dilma Rousseff encaró una campaña requiriendo el voto contra el ajuste para -luego de ganar- ser ella quien lo aplicara. Desarrollamos un programa por un salario mínimo igual a la canasta familiar, el 82% móvil, la lucha contra la precariedad laboral y el impuesto al salario, como una forma de blindar a los trabajadores.
 
Los casi 800.000 votos recibidos en la categoría de presidente, que se extienden a casi 1 millón para diputados, son un recuento de fuerzas para encarar una nueva etapa. Es cierto que no representan un crecimiento en relación con las Paso -al menos en la categoría presidencial-, pero a la vez marcan una línea de resistencia que no logró armar el centroizquierdismo de Stolbizer, barrido del mapa por el crecimiento del PRO. El ingreso de Néstor Pitrola como diputado nacional ha sido resultado de una dura batalla, porque se dio en un cuadro de fuerte disputa por la gobernación de la provincia de Buenos Aires. La votación alcanzada es un fuerte punto de apoyo para la intervención política de la izquierda revolucionaria en una nueva fase de la lucha de clases, y de una transición política que está marcada fundamentalmente por la crisis del peronismo.
 
Hacia el balotaje, la campaña por el voto en blanco no sólo es una obligación principista del Frente de Izquierda. También es la oportunidad para profundizar una lucha para separar a los trabajadores de los candidatos capitalistas, preparando los acontecimientos que se avecinan. Por eso será importante desarrollarla muy especialmente en los lugares de trabajo y de estudio, para fortalecer el reclutamiento y la organización de trabajadores y luchadores detrás del Frente de Izquierda. 
 

jueves, 29 de octubre de 2015

Caso Mariano: el camarista Eduardo Riggi a indagatoria

Causa por las presuntas coimas
 
29 de octubre de 2015 | #Prensa Obrera 1387 | Por Claudia Ferrero (Apel) 
 
Cuando José Pedraza aún no estaba imputado por la muerte del joven militante Mariano Ferreyra, la fiscal y la jueza que lo investigaban habían pedido intervenir sus teléfonos y los de sus colaboradores. Las escuchas revelaron cómo el ex titular de la Unión Ferroviaria (UF) intentó desplegar una maniobra para evitar el procesamiento de su patota e impedir que llegaran a él. El soborno a los jueces de la Cámara Federal de Apelación, de la cual formaba parte Eduardo Riggi, nunca se concretó porque los investigadores allanaron el estudio del ex juez Octavio Aráoz de Lamadrid, donde encontraron los 50.000 dólares que le habían entregado para la coima. 
 
La fiscalía actuante ha concluido que la maniobra, desplegada por el ahora condenado por el crimen José Pedraza, alcanza al juez Eduardo Riggi, considerando que hubo un pacto previo de todas las personas involucradas. El objetivo era lograr la revocación de los procesamientos y la liberación de los siete imputados por el crimen de Mariano, de manera que José Pedraza no sería involucrado. 
 
El fiscal sostiene, también, que la maniobra se frenó porque se allanó el estudio jurídico de Aráoz de La Madrid, pero esto no implica que los jueces (Riggi y Wagner Gustavo Mitchell) no estuvieran al tanto de todo. Ambos, puestos de acuerdo, conseguirían la mayoría necesaria para torcer la suerte de los recursos interpuestos en la causa del asesinato de Mariano Ferreyra, dictando el procesamiento de los imputados.
 
Para el llamado a indagatoria de Riggi (Mitchell falleció en agosto de este año, por lo cual no llegó a esta instancia) se tienen en cuenta los numerosos contactos telefónicos con el miembro de inteligencia José Riquelme (el agente de la Secretaría de Inteligencia que efectuaba junto a Aráoz de La Madrid el nexo con los jueces) y la declaración de quien se desempeñara como vocal de la secretaría N° 9 del juez Riggi, actual juez penal económico Diego Alejandro Amarante, quien dio cuenta de que Riquelme había ido a ver al magistrado en varias oportunidades. 
 
En uno de los llamados de Riquelme a Pedraza, donde aquel dice "acá estoy con Eduardo", su celular se activó en la célula donde se encuentra el domicilio del juez. 
 
El juez Riggi, en su descargo, no negó que conociera a Riquelme, pero lo atribuyó a cenas de "camadería" de años atrás, organizadas por la Escuela Nacional de Inteligencia para jueces y fiscales federales. 
 
La querella de los compañeros de Mariano, Elsa Rodríguez y Nelson Aguirre, patrocinada por Apel, acompañaran la petición de la fiscalía, exigiendo su inmediata indagatoria y procesamiento.

El que gana conduce (a la derrota); el que pierde, dinamita

29 de octubre de 2015 | #Prensa Obrera 1387 | Por Néstor Pitrola 
 
"Fuego amigo", dijo Aníbal Fernández para referirse a su derrota. Apuntó a Casal, futuro ministro de Scioli, y "a los intendentes que tuvieron su castigo, porque perdieron". El fuego amigo empezó por arriba, porque fue de conocimiento público el reparto de boletas cortitas de parte de Scioli en múltiples distritos bonaerenses cuando advirtió que la candidatura de Aníbal lo hundía, entre otros lugares, nada menos que en Lomas de Zamora. Pero por abajo, fue un sálvese quien pueda, tanto de los intendentes del FpV como de Massa. Estos últimos, con autorización de su jefe repartieron boletas cortas y tijeras para defender sus kioscos y así, y sólo así, el massismo defendió una decena de intendencias. El macrismo ganó 65 intendencias bonaerenses, de manera que el peronismo oficial quedó con menos ante la gobernación de Vidal. 
 
Otro afluente del fuego amigo fue la Iglesia. Según la revista "Crítica", con monseñor Arancedo a la cabeza, desde los púlpitos de las parroquias se impulsó "detener al narcotráfico con la voluntad popular". Nadie desconoce los vínculos de Julián Domínguez -otro ministeriable-, tanto con el clero de cabotaje como con el romano. Otro que llamó en provincia a votar a Felipe Solá fue La Alameda, que aunque sin votos en la provincia, es un indicativo directo de las posturas de Francisco. 
 
El corte de boleta no ha sido reflejo de la "madurez del peronismo", sino de un salto en su descomposición. Es interesante ver que, con la buena votación que logra Massa compitiendo con sus propuestas fascistizantes por derecha con el macrismo, no está en condiciones de colocarse como candidato a una reorganización del peronismo. Sus votos fueron netamente opositores y negociará con Macri, lo que agravará la crisis del peronismo y la disgregación de sus filas de punteros. Por otro lado, el massismo tiene nueve diputados dispuestos a retirarse del Frente Renovador, con Roberti a la cabeza (su mujer ya se fue), pero hacia Scioli. 
 
¿Seguirán ese curso? 
 
Interesan, en este marco, los movimientos de la burocracia sindical. El balotaje vuelve a complicar la estrategia de unidad sindical peronista de Moyano, que con seguridad acentuará el apoyo a Macri puesto que por primera vez en varios años su olfato habría funcionado un poquito. La trenza de Caló se aferra más todavía a Scioli. La "unidad para garantizar la paz social", como marcó Maturano, deberá esperar y luego deberá pasar por el tironeo de prebendas con el nuevo gobierno para garantizarla, contra los trabajadores que deberán enfrentar el ajuste. 
 
El triunfo macrista tiene en provincia dos vertientes claras de fondo. Un voto democratizante, digamos de orientación progresista, contra la tenebrosa candidatura del responsable político de los crímenes de Kosteki y Santillán y del territorio liberado del crimen de Mariano. Contra el hombre de vínculos directos con las fuerzas de seguridad represivas y los servicios corruptos de espionaje. Contra "la morsa". 
 
Por otro lado, el interior bonaerense se pintó de amarillo por el vuelco en masa del capital agrario devaluacionista a Vidal. El debate de gobernadores que no hubo fue en el Congreso de Carbap, al que Aníbal pegó el faltazo, por razones bien distintas que nosotros, desde luego. Stolbizer firmó todo tipo de compromisos con los reclamos del capital agrario, pero se votó el original, ante una copia sin destino. 
 
Sectores de trabajadores han votado a Macri. No sólo por repudio a la confiscación impositiva e inflacionaria. También pesa la creencia de que la devaluación y el levantamiento del cepo liberarán una economía en recesión y con perspectivas de agravamiento de suspensiones y despidos. Lo vimos en los ferrocarriles, en las siderúrgicas y gráficas y también en porciones enormes entre docentes y aún estatales.
 
El macrismo se ha dotado en la provincia de no pocos aparatos de Estado, el provincial y la mitad de las intendencias, y, muy probablemente tenga el nacional como viene la ola. Pero se trata de un rejunte político heterogéneo y que siendo la derecha, ha tenido que vestirse de "progre". "La revolución del amor" del macrismo termina el 11 de diciembre cuando empiecen a gobernar las fabulosas contradicciones sociales de la provincia de Buenos Aires. 
 
El macrismo ha sido el vehículo electoral en la apertura de esta nueva fase de la crisis del peronismo y el radicalismo. El hundimiento de Stolbizer y nuestra victoria sobre ella en su provincia, marca otro aspecto que es el fin de la centroizquierda, en línea con la jubilación de Binner en Santa Fe. Sabbatella, aliado a Aníbal y a Scioli, perdió hasta Morón. 
 
Resistimos esta ola, por la decidida campaña del Partido Obrero, en soledad en la provincia por parte del FIT, con una clara agenda de clase, marcando una perspectiva a los trabajadores ante los verdugos de la clase obrera, caracterizando la crisis y el ajuste que preparan y denunciando a las izquierdas kirchneristas, unas aliadas a Aníbal -como La Cámpora y Nuevo Encuentro-, las otras, como el Evita, nuevos sciolistas fanáticos. 
 
Allí, nuestros 400 mil votos son un lugar político conquistado formidable, preparatorio de las grandes batallas en el movimiento obrero, contra el ajuste y contra la promesa macrista de limpiar los sindicatos de troskos. La madre de las batallas empieza ahora en la provincia y pondrá a prueba al clasismo y al Frente de Izquierda para dar otro salto político en el nuevo período de lucha de clases que se avecina y para intervenir como construcción política histórica en la crisis del peronismo.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Jujuy: el derrumbe emblemático de Fellner

| Prensa Obrera Digital - 26 de Octubre del 2015 | Por Gustavo Montenegro

Las elecciones en Jujuy marcaron una derrota aplastante del gobernador Eduardo Fellner, del Frente Para la Victoria, que quedó más de quince puntos debajo de Gerardo Morales. Fellner pierde más de veinte puntos si se compara su performance con la de 2011. En la categoría nacional, el Frente para la Victoria fue derrotado por Massa. Indudablemente, se trata de uno de los ejemplos más sobresalientes de la debacle nacional del oficialismo. 
 
Morales ganó en la capital y también en bastiones históricos del peronismo, como San Pedro, Palpalá y Ledesma. El derechista candidato de Cambia Jujuy posó de demócrata y capitalizó la descomposición de un régimen provincial, ilustrada en el crimen del militante radical Ariel Velázquez.
 
El proceso electoral expresó el realineamiento de sectores clave de la burguesía, como Blaquier, que apoyaron a Morales. Parte de este apoyo obedece al objetivo de recuperar atribuciones estatales que, sobre todo después de la rebelión de 2001, quedaron en manos de organizaciones sociales, especialmente la Túpac Amaru de Milagro Sala. El vasto frente que coronó a Morales se extendió a sectores del aparato peronista que cambiaron de bando y a la CGT provincial. Al mismo tiempo, y gracias al fraudulento sistema de colectoras, Morales pudo pegar su boleta a la de varios candidatos presidenciales (Macri, Massa, Stolbizer, Rodríguez Saa), de los que recibió un respaldo importante. El candidato de Cambia Jujuy cosechó también el apoyo del sindicato azucarero de Ledesma, ligado a la CTA. 
 
En contraste, el frente de Fellner exhibió una fuerte disgregación política, con rivalidades en su seno entre el aparato del PJ y el aparato de la Túpac Amaru de Milagro Sala. También cabe remarcar el derrumbe político y electoral de Sala, que apenas estaría superando el piso para ingresar a la Legislatura. 
 
De todas maneras, hay indicios que apuntan a un acuerdo de gobernabilidad. Fellner reconoció inmediatamente su derrota y las elecciones transcurrieron bajo relativa calma, en lugar de la presumible guerra de aparatos. 
 
Gran elección de la izquierda 
 
Pese a que la confrontación entre Fellner y Morales ocupó el centro electoral, y pese al perjuicio del fraudulento sistema de colectoras (el radicalismo presentó 187 listas y 14 el FpV), el Frente de Izquierda desarrolló una extraordinaria elección (cerca del 8% para diputado provincial, con el 12,2% en San Salvador, guarismo similar al conseguido en 2013), que lo colocaba disputando el ingreso a la legislatura provincial, cuya concreción definitiva depende de la superación del piso de proscripcion del 5% del padrón electoral. El "Perro" Santillán lograba una discreta votación como candidato a gobernador (2%), pero los resultados de su partido disminuían en el resto de las categorías. 
 
El FIT se ha consolidado como la tercera fuerza política provincial.

La significativa y dura batalla en la provincia de Buenos Aires

En provincia alcanzamos el diputado nacional con 390 mil votos, un 4,5%. El piso fue superado mediante un corte a favor en el tramo a diputados, que superó los 355.000 (3,71%) requeridos por el piso proscriptivo del 3% del padrón. Aumentamos un 32% lo obtenido en las Paso, aunque sacamos 60.000 votos menos que en las definitivas de 2013 (5,05%).
El valor de la elección debe ser tenido en cuenta en el contexto de la ola macrista de votación y la feroz disputa con un peronismo herido de muerte, que termina perdiendo la provincia. La conquista en diputados se alcanza con un corte favorable al Frente de Izquierda que la ubica por encima del voto a Presidente y gobernador por un lado, y por encima del voto a intendentes y concejales por el otro. En el medio de una boleta de siete cuerpos y 84 centímetros, logramos un incremento a diputados del 22%, lo que a la postre se transforma en la llave de la conquista alcanzada.
Vidal derrotó a Aníbal Fernández a pesar de que Scioli retiene la supremacía en la presidencial; pero, al mismo tiempo el macrismo se alza con la mitad de los 135 municipios, tal vez el golpe más brutal a la dominación política nacional del PJ. El peronismo perdió ciudades gigantes como la capital platense, Bahía Blanca, Mar del Plata, Pilar y distritos tan emblemáticos del conurbano como Lanús -la cuna del inoxidable Manolo Quindimil—, Quilmes y Tres de Febrero... oh, casualmente los dos cotos políticos de la burocracia de la UOM. Por otro lado perdieron Morón, gobernado por el sabatellismo desde hace dieciséis años. Martín Sabbatella ahora fue vice de la tenebrosa candidatura de Aníbal Fernández. 
Es decir que a las derrotas en las Paso de Raúl Othacehé (Merlo) y Mariano West (Moreno), dos caracterizados barones del conurbano, a manos de nuevos elementos pejotistas, se suma ahora esta debacle generalizada a manos del macrismo. 
Herido, el aparato tradicional del PJ quedó confinado al conurbano y obligado a entenderse con una gobernación macrista y una eventual presidencia del mismo signo, lo que no hará más que profundizar los saltos de charco y la disgregación política. Massa es otro componente de esta descomposición política que llega con votos y con capacidad de negociación en una eventual salida de coalición; pero absolutamente menguado en su dominio territorial, que sufrió la migración en las instancias previas al domingo 25. 
La provincia deberá ser gobernada como parte de un ajuste de tipo nacional, cuando el gobierno que se va perdió por el cúmulo de reclamos populares de todo orden, color y pelaje que están en la base de la votación opositora: el derrumbe de la salud y la educación, la crisis de obras hídricas, viales y de todo tipo y la lacerante crisis de vivienda que produce una ocupación de tierras a cada momento. La vice del jefe de gobierno que no urbanizó una sola villa en la Ciudad de Buenos Aires con el presupuesto más ventajoso del país, se enfrenta a la crisis social más imponente del país cuando la crisis de endeudamiento y de las cuentas provinciales requeriría un rescate mayúsculo de la Nación. Vidal, en línea con Macri, apuntará a un arreglo con el capital financiero que tendrá como contrapartida un ajuste contra los bonaerenses.
Es una incógnita determinar cómo aplicará semejante política un gobierno nacional que no cuenta como propia a la burocracia sindical -aunque busque un acuerdo con ella. Esa incógnita se duplica ante el derrumbe del aparato punteril del peronismo que fuera modelo de dominación "manzanera" en tiempos de Duhalde. 
En este marco debe ser examinado el voto al Frente de Izquierda para diputados, distrito por distrito, en toda la provincia. Alcanzamos el pico en Ensenada con el 7,13% (Astilleros, YPF), con guarismos elevados en La Plata (6,89%), Bahía Blanca (6,33%), y por encima del promedio en Tigre (5,16%), Almirante Brown (5,44%), Matanza (4,73%), Ituzaingó (5,08%) y Hurlingham (4,87%). El conurbano estuvo levemente por encima del promedio provincial, lo cual demuestra el carácter esencialmente parejo de la elección en toda la provincia. Ese hecho refleja fundamentalmente el desarrollo territorial alcanzado por el Partido Obrero y la puntillosa campaña política, que no se detuvo nunca, ni antes ni después de las Paso.
La campaña pudo morigerar el retroceso de no pasar el piso de las PASO en agosto en decenas de distritos en los que el PTS no tenía lista. Al dividir el voto general, la categoría local quedó en blanco y no sumó al piso. El lugar más expectable para consagrar concejal, La Plata, quedó una vez más abajo por el voto a Patria Grande que, como Zamora en Capital, obstaculizó el ingreso de la izquierda. 
Una fracción de la clase obrera nos ha votado en enclaves fabriles como Campana, Olavarría, Tigre, Escobar, Almirante Brown, San Fernando o Ensenada. Más aún entre docentes y estatales. La mayoría de los luchadores de ATE y la CTA nos votaron; del mismo modo, el voto fue enorme en la base docente y en el movimiento estudiantil. La conquista parlamentaria vale como tal, pero más vale de cara al nuevo período en la lucha de clases y la crisis política que se abrirá después del balotaje. 
El macrismo ha logrado concitar incluso el voto de sectores de trabajadores, pero se trata de una salida por derecha, contra los trabajadores, que rápidamente encontrará sus límites y contradicciones insalvables. La transición política marcada por la crisis del peronismo y el radicalismo conocerá una nueva etapa y el Frente de Izquierda tendrá un enorme desafío político para intervenir y desarrollarse a partir de ella. 

El voto a cambiemos en este caso es una salida por derecha pero es un voto para terminar con un parato punteril y mafioso afincado por años a los negocios de cada municipio , por eso no es un voto conciente a la derecha sino la salida renovadora que encontraron un sector de los trabajadores para derrotar a los barones del conurbano y a la morsa asesina , de ahi que rapidamente saltaran las contradicciones cuando la renovcacion viene de la mano del sectormas reaccionario aunque en este caso los discursos mas reaccionarios siempre vinieron desde Massa durante toda la campaña hablando de mandar al ejercito a reprimir a los barrios , mientras Macri jugaba al cambio adaptando su discurso derechista a sostener los planes sociales , en relacion a libertades individuales y clericalismo retrogrado no esta claro si el PRO y los K no le chupan por igual las bolas a Bergoglio mientras niegan el debate del abosrto legal en el congreso nacional y aprueban un codigo civil retrogrado y clerical o votan en conjunto la reprivatizacion ferroviaria y el rescate a Repsol luego de agotar las reservas nacionales de gas y petróleo 

martes, 27 de octubre de 2015

“El FIT tiene clara posición tomada, llamamos a votar en blanco”

Néstor Pitrola, electo nuevamente diputado nacional por el FIT, conversó con Mañanas Mortales, el programa que conduce Gonzalo Rodríguez (Gonzalito, ex CQC) por Radio El Mundo, e hizo una primera aproximación al balance post electoral. Aquí algunas de las reflexiones:

Pitrola resaltó el cuarto lugar que obtuvo el FIT a nivel nacional, quedando por encima del espacio de centroizquierda, encabezado por Margarita Stolbizer. Al respecto, dijo: “Hemos logrado 800 mil votos a nivel presidencial y en la categoría a diputados llegamos al millón”, destacando el importante corte de boleta en distintas provincias para nuestro ingreso al Congreso, lo que permitió conquistar una banca por la Provincia, y en la Capital hacer una gran elección, quedando cerca de consagrar un diputado.

Y siguió: “Hemos quedado en cuarto lugar por el desplome del centroizquierda. Stolbizer actuó como colectora del macrismo, señaló Pitrola.

Asimismo, Pitrola destacó la campaña del FIT: “Además de la votación, hemos dejado un mensaje importante en la campaña, colocamos una agenda que fue defender las reivindicaciones de los trabajadores frente al ajuste que se viene. “Scioli y su gabinete, como Macri y el suyo, representan esa perspectiva empeñada en un acuerdo con los buitres, devaluación y tarifazos mediante, que agravarán los despidos y suspensiones que ya tenemos”.

Consultado por la posición del Frente de Izquierda en el ballotage, Pitrola fue enfático: “El FIT tiene clara posición tomada, llamamos a votar en blanco y vamos a defenderlo porque es defender el programa del Frente de Izquierda”.

Fuente: http://www.po.org.ar/comunicados/politicas/el-fit-tiene-clara-posicion-tomada-llamamos-a-votar-en-blanco

Adónde va el Medio Oriente

#Prensa Obrera 1386 | Por Jorge Altamira

La crisis desatada en Europa por la ola de refugiados de Medio Oriente y el norte de Africa elevó la crisis en esta región a un nuevo estadio internacional. El régimen migratorio de la Unión Europea fue sacudido de cabo a rabo, cuando aún se hacían sentir los peligros para la zona euro planteados por la bancarrota de Grecia. Alemania se vio sometida de inmediato a una crisis política, por ejemplo con la resistencia a la recepción de refugiados por parte del Estado de Baviera. Significativamente, en el gabinete de Merkel empezaron a circular iniciativas para confiscar las propiedades sin alquilar en su territorio a fin de paliar la escasez de espacios habitacionales para acoger a los refugiados. Ni más ni menos. La crisis humanitaria de los refugiados había sacudido a la opinión pública de todos los continentes. 
 
Es precisamente en estas circunstancias -o sea cuando la crisis de la periferia invade a las metrópolis que la desataron-, que Rusia decide intervenir militarmente en Siria. La situación creada en Europa era una prueba irrefutable del fracaso de los planes políticos de los Estados imperialistas para ‘pacificar’ a Siria como a Irak, y convertirlas o consolidarlas como Estados títeres. Putin justificó la intervención rusa como el recurso necesario para que la desintegración de esos países no se transforme en una crisis directamente mundial, e incluso que la huida de refugiados la afecte a Rusia en un plazo relativamente corto. En contraste con la política occidental, Putin planteó de inmediato el envío de tropas sobre el terreno -incluso de la Guardia Revolucionaria de Irán. Irán, Irak y Rusia anunciaron un acuerdo de intercambio de informaciones, y la dictadura militar de Egipto saludó la intervención militar de Rusia. 
 
El objetivo invocado para la intervención fue el combate al Estado Islámico, pero enseguida quedó claro que era planteado a partir del sostenimiento al gobierno de Al Assad. El propósito estratégico de Putin es defender su única base en el Mediterráneo, más necesaria que nunca ante la precaria situación internacional de su ocupación de Crimea -que comunica a Rusia con el Mediterráneo a través del Mar Negro. 
 
Más allá de esto, para Putin no existe ninguna fuerza con capacidad para enfrentar al EI fuera del ejército de Siria y de las guardias de Irán y de Hizbollah. Si faltaba alguna prueba para esto, Obama anunció el cese del entrenamiento de sectores opositores a Al Assad pocos días después, alegando un fracaso rotundo en los resultados. Putin contó para su operación con el guiño de hecho del propio Obama, que pasó a admitir la continuidad de Al Assad para organizar una transición política en Siria. Putin no hubiera podido enviar tropas a Siria sin el consentimiento de Estados Unidos y del Estado sionista. Esto quedó de manifiesto, adicionalmente, cuando Netanyahu viajó a Moscú. Dentro de la Unión Europea, Rusia tuvo el respaldo inequívoco de Alemania. Quienes han visto en estos hechos un retorno a la ‘guerra fría’ tienen el reloj atrasado: asistimos a un acuerdo político de grandes potencias, incluso si en un futuro inmediato se desatan nuevas crisis internacionales e incluso más violentas. Luego de la disolución del ejército de Saddam Hussein en Irak, hace mucho que los analistas militares norteamericanos han llegado a la conclusión de que en cualquier cambio de régimen que promueva Estados Unidos sería necesario preservar a las fuerzas armadas del viejo régimen. Cuando se habla de una transición negociada en Siria, se tiene en cuenta la necesidad de conservar a las fuerzas armadas de Al Assad. En la reunión que tuvieron en los márgenes de la asamblea reciente de la ONU, Obama y Putin coincidieron en la finalidad de asegurar la "unidad de Siria". 
 
La intervención rusa representa con toda claridad un golpe para el régimen de Turquía, pues entierra la pretensión de éste de crear una base al interior de Siria, bajo su tutela, para proceder a la liquidación de Al Assad y convertir a Siria en un satélite. El turco Erdogan buscaba de este modo acabar con el gobierno kurdo en el norte de Siria -frontera con Turquía-, que había sido el único en resistir en forma victoriosa al EI, con la ayuda del PKK -el partido kurdo en Turquía e Irak. También está acusada de complicidad con EI. ¿Cómo pretenden Obama y sus secuaces acabar con EI sin quebrar al principal régimen político de la región que avala sus acciones militares y sus masacres? Turquía se ha convertido ahora en un epicentro de la crisis, luego de haber sido su promotora, incluido su apoyo a EI, del cual esperaba que pusiera fin al régimen de Al Assad. La necesidad militar había llevado a Obama a apoyar a los kurdos contra EI y a chocar también con el gobierno de Turquía, al cual el curso que han tomado los acontecimientos podría llevar a un colapso. Luego del aplastamiento de la primavera árabe, el territorio del viejo imperio otomano podría conocer en poco tiempo una nueva crisis revolucionaria. Los atentados criminales reiterados contra la izquierda y la población kurda en Turquía son una confección hecha y derecha de Erdogan, incluso si usa para ello a EI.
 
Rusia repite, contra EI, la táctica de Alemania contra la URSS en la Segunda Guerra: ataca a los opositores de Al Assad que ocupan el noroeste de Siria, como Hitler atacó primero a Gran Bretaña y Francia para cuidar sus espaldas. Ese sector opositor está representado principalmente por una fracción de Al Queda -con vasos comunicantes con EI. El gobierno kurdo de esa región ha declarado su apoyo a Rusia y reclama una autonomía en una Siria unida. Obama y compañía conocen estos planes de antemano y reconocen su consistencia militar. Esta unidad de circunstancias entre Estados Unidos y Rusia, y entre Obama y Putin, de ningún modo ponen fin o siquiera limitan las contradicciones explosivas entre uno y otro. Es la misma unidad que los juntó para imponer a Irán el acuerdo de control de su programa nuclear por parte de Estados Unidos. Es la unidad de conveniencia que está tejiendo Arabia Saudita con Rusia, a partir del fracaso de la coalición militar de los Estados del Golfo Pérsico y Estados Unidos para doblegar la rebelión en Yemen. Asistimos a un acuerdo limitado y circunstancial entre Obama y Putin, del cual cada uno quiere sacar ventajas en su confrontación de orden general. En el marco de la bancarrota mundial del capitalismo, la estrategia del imperialismo es doblegar las resistencias que bloquean su dominación completa del ex espacio soviético y de China. 
 
Las mismas razones que empantanaron a Estados Unidos en Afganistán e Irak deberán empantanar a Putin en Siria, como ya empantanaron a la ex URSS en Afganistán. Rusia, por otra parte, no tiene los recursos económicos ni políticos para capitalizar una victoria en Siria, que siempre será transitoria. Afectada por una fuerte recesión y una quiebra bancaria, los gastos de la acción militar en Siria comprometerán más su situación económica. La conclusión es que así como contó con la venia del viejo imperialismo para intervenir en la guerra siria, acabará arreglando una salida con Estados Unidos y la UE, si es que logra consumar el trabajo sucio de pelear con tropas propias contra las milicias contrarias a Al Assad. 
 
Como se ha dicho más arriba, el epicentro de la crisis se ha desplazado a Turquía, cuyo régimen  fracasó en todos sus objetivos de convertirse en potencia regional. Asimismo, la ferocidad de la crisis humanitaria y social vuelve a colocar en el primer plano la cuestión del sionismo y la opresión de Palestina, cuando el protagonismo gana a la población que habita dentro de las fronteras de Israel. Es necesario despertar a los trabajadores de todo el mundo a la necesidad de una acción internacional contra el imperialismo y por la autodeterminación de las naciones y la revolución socialista.
 

lunes, 26 de octubre de 2015

UN PRIMER BALANCE DEL 25-O


Contra lo que habíamos previsto, la novedad en el escenario electoral tuvo lugar en el campo de los partidos capitalistas del ajuste – no en el lugar que ocuparía allí el Frente de Izquierda. Las señales anticipatorias estaban, sin embargo, a la vista, pues, incluso desde las PASO, emergía la posibilidad de que la candidata del macrismo derrotara al FpV y al PJ en la provincia de Buenos Aires, y en este caso de que Macri entrara a la segunda vuelta. La agenda política que centró la preocupación de los electores no fue el ajuste, en el que coincidían los principales candidatos, a pesar de que la discusión sobre la salida a la crisis económica ocupó una atención dominante en la última fase de la campaña. La motivación principal del electorado fue impedir una victoria de Hannibal Fernández en la provincia de Buenos Aires y del aparato de intendentes bonaerenses, y más allá de la Provincia la continuidad de aparatos como el de Milagro Sala o la Cámpora. “Hannibal Fernández fabricó la caída de ‘Scioli para la Victoria’”. El voto progresista contra los exponentes del autoritarismo, la represión y el espionaje, por un lado, se combinó, por el otro, con el apoyo al campo que se definió con mayor contundencia por una salida devaluatoria. La fuerte ‘dolarización’, fomentada por el gobierno K, sea por medio del ‘dólar-ahorro’ o las operaciones de Bolsa, pone a una parte de la clase media a favor de la devaluación. Los ‘mercados’ han saludado la victoria de Macri con una fuerte suba de los bonos de la deuda pública y de las acciones. Los votos progres de Stolbizer en las PASO se pasaron en masa al macrismo, no al Frente de Izquierda – sin afectar a la candidatura de Massa, que creció algunos puntos respecto a las PASO. 

LOUSTEAU

En la semana previa a los comicios se empezó a dar “la gran Lousteau”: así como hubo una corrida electoral hacia Lousteau contra Macri-Larreta en el último tramo del balotaje porteño, ahora ha habido una corrida hacia Macri contra Scioli-Hannibal en la elección nacional. Los que pedían al Frente de Izquierda que votáramos a Lousteau para derrotar a Macri en la Capital, ahora le pedirán que vote a este Macri en la segunda vuelta electoral contra Scioli. Curiosamente, el ‘voto útil’ que inventó Massa para sacarle votos a Macri, favoreció a Macri contra Sciloli. El llamado ‘voto útil’ no fue un instrumento publicitario ingenioso para sustraer votos a las terceras fuerzas sino la expresión de una corriente electoral para impedir que los Hannibal Fernández, los Berni, los Curto y los Fellner-Sala siguieran en el gobierno. Es lo que había anticipado la rebelión en Tucumán contra el fraude, donde ahora Scioli retrocede respecto a las PASO. Se plantea la posibilidad de una salida a la De la Rua, donde el voto progresista apuntala una salida ajustadora. El ascenso del macrismo tiene como base esta contradicción política, cuya dimensión se verá con el desarrollo de la política de devaluación y tarifazos. La tapa de Clarín en el fin de semana de la veda, que anuncia la victoria de Scioli en primera vuelta, es un testimonio de la desorientación que ha caracterizado al ‘establishment’ en esta etapa, de un lado, y de la fragilidad del ascenso macrista, del otro. El macrismo ha sido el beneficiario fundamental del planteo de la ‘renovación’, en el sentido generacional y candidatos sin trayectoria.

FRENTE DE IZQUIERDA

De acuerdo a los resultados provisorios del domingo a la noche, nuestro Frente de Izquierda repitió el porcentaje de las PASO, o sea que no capitalizó los votos que dejaron la izquierda y centroizquierda que no superaron el piso de las PASO. El Frente de Izquierda no ha conseguido la aspiración mínima de agregar tres diputados nacionales, aunque pelea el ingreso de Néstor Pitrola por el distrito bonaerense. Este resultado no indica para nada una derrota política, pero sí un fuerte frenazo, que relega el nivel de protagonismo político de cara a la nueva etapa que se iniciará luego del balotaje del próximo noviembre. Un balance completo exige conocer cuál ha sido el grado de reclutamiento militante que hubieran conquistado el Frente y sus partidos, que es el criterio decisivo. La experiencia enseña que los ajustes y crisis que se prevén no garantizan un crecimiento de la izquierda revolucionaria en un futuro inmediato si ella no ingresa a esa etapa de ajustes y crisis con una mayor penetración previa en la clase obrera y la juventud. Una característica de estas elecciones es que el electorado no parece tener conciencia del alcance del ajuste que se viene, a diferencia de lo que ocurrió en 2001, pero repitiendo lo de 1999. Este desnivel entre la tendencia objetiva de la crisis, por un lado, y la comprensión que tiene el electorado, por la otra, ha sido el factor objetivo de los resultados menores a los esperados del Frente de Izquierda. No se puede reivindicar un cuarto lugar electoral cuando es el producto de un derrumbe espectacular de Stolbizer y no de un crecimiento propio. La auto proclamación electoral a cualquier precio es una manifestación de electoralismo.

AMÉRICA LATINA

Es muy probable que el ascenso espectacular del frente macrista tenga un impacto grande en los países gobernados por el sector bolivariano, en especial Venezuela y Ecuador, y en el futuro del gobierno de Dilma Roussef. Le da un impulso poderoso al macrismo continental. En Argentina, la experiencia ‘nacional y popular’ ha caído bajo su propio peso, su propia responsabilidad, sus propios límites de clase y sus propias contradicciones. Pero este macrismo latinoamericano no tiene la base social ni la capacidad política para implementar los violentos ajustes que impone la crisis en América Latina, sin atravesar convulsiones igualmente violentas. Es imperioso que en el continente la izquierda combativa se separe del cadáver del chavismo y del centroizquierdismo y se organice políticamente en forma independiente para capacitar a las masas a librar una lucha de alcances históricos. El Frente de Izquierda debería convocar a una conferencia latinoamericana para debatir sobre la nueva situación que han creado, la enorme crisis económica, de un lado, y el agotamiento bolivariano y centroizquierdista, del otro. Todo indicaría que una victoria de Macri en el balotaje debería reforzar considerablemente al macrismo de España, la nueva organización Ciudadanos, donde habrá elecciones nacionales el 20 de diciembre próximo. Ciudadanos, que reúne la mayor parte de las características del macrismo, es un cuestionamiento a la derecha franquista de España desde una derecha ‘renovada’, que arma alianzas, donde le conviene, con el Psoe e incluso Podemos.

BALOTAJE

La segunda vuelta se presenta ahora de un modo completamente imprevisto. Scioli se presentaba, en el escenario anterior, como el ajustador que contaba con el aparato para imponer políticamente el ajustado los gobernadores, intendentes del conurbano, burocracia sindical. Pero con la victoria descomunal del macrismo en la provincia de Buenos Aires, el acercamiento del cordobés Schiaretti al macrismo y la disposición del salteño Urtubey a lo mismo, el frente de Macri – que ya tiene el gobierno de la Capital - entra al balotaje con el respaldo de un aparato estatal más sólido que el de Scioli. Se trata de un giro violento en la competencia política. La gran burguesía y Obama van a cambiar de caballo y podrán apoyar a su candidato preferido. Es un escenario que margina al Frente de Izquierda, que llama a votar en blanco, como no podría ser de otro modo, y deja en evidencia el frenazo recibido el domingo pasado. Proponemos una campaña de asambleas de militantes y simpatizantes que discutan un balance a fondo de las elecciones y de la situación política que ha derivado de ella, y que elaboren un plan de movilización y objetivos prioritarios para la nueva etapa. Las contradicciones y conflictos de esta nueva etapa darán un impulso decisivo a la izquierda revolucionaria.



Jorge Altamira


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Coordinadora Sindical Clasista - Partido Obrero

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