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miércoles, 21 de octubre de 2015

De Presidente a concejales votemos en masa al Frente de Izquierda

 
Cuando falta menos de una semana para las elecciones generales, la delimitación política entre las diversas fuerzas en disputa es muy clara. Ámbito Financiero, un diario paraoficialista, dio a conocer con bastante precisión el planteo de Scioli. Describe el lanzamiento de un nuevo blanqueo de capitales (para evasores de impuestos y divisas), con la expectativa de traer fondos del exterior y una nueva ronda de negociaciones con los fondos de buitres, que habilite al juez Griesa a permitir el pago de la deuda externa a los acreedores regulares. La intención de este plan es evitar una devaluación brusca y a las apuradas del peso, a sabiendas que ella desataría una crisis social y política en el comienzo de su eventual mandato.
 
Advertido de que esto no alcanzaría para acercar un mango desde afuera, Ámbito señala que Scioli les daría a cambio un título de deuda externa, que hoy cotiza a una tasa de interés del 10% anual. Lo que el diario no menciona, pero se deduce de todo el planteo, es que esto solamente tendría consistencia con una fuerte reducción del déficit público, o sea con un ajuste. Lejos de esquivar la devaluación, este esquema sería el marco que la haría posible, porque sin una devaluación importante nadie entraría en un blanqueo, como tampoco entraron en los dos que armó Kicillof. Una negociación con los buitres y un acuerdo con Griesa solamente sería viable con un preacuerdo, lo que involucraría un aumento de la deuda externa en 15.000 millones. La tasa de ganancia del capital ha caído en forma considerable en Argentina, tanto en el agro como en la industria, por lo que cualquier política de salida capitalista hace eje en una considerable recuperación. Esta crisis se manifiesta en los despidos en la siderurgia y la industria automotriz y metalúrgica.
 
Ninguno de los cinco candidatos capitalistas salió a denunciar este planteo, y menos que nadie los K y Kicillof, a pesar de la andanada de imputaciones que se hacen en la campaña. Están todos en el barco de la devaluación y del endeudamiento en gran escala. Argentina se encuentra de nuevo en 'defol' -las reservas netas del Banco Central no superan los 4.000 millones. A esto nos ha llevado la política del 'desendeudamiento', o sea la política del vaciamiento financiero de Argentina, por casi 200.000 millones de dólares, que han saludado todas las tendencias políticas patronales y centroizquierdistas. 
 
La otra delimitación política sustancial la produjo Sergio Massa con el planteo de mandar a militarizar los barrios. Massa retoma de este modo el proyecto del kirchnerista Milani, del sciolista Berni y del 'metropolitano' Macri. El envío de las fuerzas armadas a los barrios, con el pretexto del 'combate' al narcotráfico, es la "hipótesis de conflicto" del Pentágono norteamericano para América latina. El gobierno PT-evangélicos de Brasil ha hecho varios intentos por esta vía y ahora los está reanudando con motivo de los Juegos Olímpicos. El 'progresismo' se desbarranca hacia la militarización en el mismo momento en que acucia la crisis mundial en los llamados países emergentes. El Frente de Izquierda es la única fuerza que se yergue contra esta política, y por eso ocupa el primer lugar en la orientación del pueblo contra la nueva etapa de confiscaciones económicas y de represión política. Los políticos oficiales van en la línea contraria de una mayor autonomía nacional y de la cacareada 'profundización de la democracia'.
 
La pretendida polarización y el reiterado voto útil no tienen lugar en estas elecciones, por una razón muy elemental: el electorado no participa de la campaña de los oficialismos. Los candidatos del ajuste se disputan la desconfianza de la ciudadanía, de ninguna manera el entusiasmo, que intuye la intención de descargar la crisis sobre las espaldas de los trabajadores. En los últimos días se ha hecho visible el condicionamiento que imponen los grupos empresariales, que prácticamente monopolizan la agenda de los candidatos del ajuste. El fastidio y el descontento con la política tradicional se canaliza únicamente hacia el Frente de Izquierda, incluso si todavía está lejos de ser un torrente, pero sí una tendencia. Como factor adverso tenemos un inmovilismo en el movimiento obrero y hasta un recule; esta falta de protagonismo impide un vuelco mayor hacia la izquierda, que de todos modos está descontado en un futuro inmediato.
 
Llamamos a votar al Frente de Izquierda con un criterio estratégico, que es el de desarrollar un polo político de la clase obrera y los explotados en un cuadro de bancarrota capitalista y de crisis mundial. En función de esto nos empeñamos en duplicar la presencia parlamentaria o incluso más. El descontento popular y el fastidio político que llevan a contingentes cada vez mayores a votar a la izquierda debe transformarse progresivamente en una conciencia política definida. La agitación electoral no debe perder de vista que su función de fondo es el reclutamiento y la organización. Para la generación más joven, las ataduras a las fuerzas y símbolos políticos tradicionales no significan nada -es más, sufren a esas camarillas y a sus supuestos mitos como una carga. Una lucha electoral obrera y socialista debe tener presente siempre la actualidad histórica de la revolución. 
 
En oposición a cualquier tentativa de colocar la batalla electoral en una perspectiva democrático burguesa, convocamos a meter en la urna la boleta entera del Frente de Izquierda en una perspectiva de organización y de militancia para desarrollar una salida obrera y socialista.

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