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martes, 20 de octubre de 2015

Se llamaba Mariano


Se llamaba Mariano 

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Marzo de 2005. Primer gobierno del proyecto Nac&Pop. El presidente Néstor Kirchner se abrazaba con las Madres de Plaza de Mayo y con otros organismos de derechos humanos. Un discurso antiimperialista se esbozaba desde Casa Rosada. Organizaciones sindicales y de lucha piquetera suman su apoyo al gobierno. “La lucha terminó” era la frase que recorría los espíritus de un sector de la lucha social. A principios de ese año, sin embargo, la tragedia de Cromañón mantenía al país y a la juventud conmocionados. Semanas después de aquel hecho se anunciaba un canje para pagar la deuda. Un plenario fue convocado por el Partido Obrero en el CBC de Avellaneda para discutir esta situación, para “caracterizar la situación política”. Para saber de qué mierda venía todo esto. 

A esa aula de la facultad sureña llegaron estudiantes y luchadores del movimiento piquetero. Quien pasara un tiempo con ellos no podía dejar de escucharlos hablar sobre “Nico y el Bala”: parecía el nombre de un dúo de boleros románticos, pero se trataba en realidad de dos jóvenes activistas que se destacaban en la militancia escolar. El segundo de aquella dupla ya había escrito una nota para una revista periódica de los secundarios del partido (que siempre recordará con orgullo). 

Aparentemente, este joven renombrado era una “joyita” de la militancia de la zona sur. Una promesa, como quién dice.  Un tal “Jacyn” lleva la batuta del plenario y, antes de comenzar, lanza una reprimenda chistosa, hasta con cariño, hacia un joven (por sus facciones se diría que casi un niño) que llegaba tarde.  

—¿Y este quién es?
Este es el Bala.
—Ah, acá está, el famoso Bala… Pero qué feo apodo. ¿Cómo se llama?
—“Mariano”.
—Bueno, así está mejor.

Sin embargo, la recriminación no se relacionaba con su llegada tarde. Resulta que Mariano, esta “joyita” del trotskismo de la zona sur, acababa de terminar el secundario y, al comenzar sus estudios en el CBC de Avellaneda, daba inicio, también, a su militancia en el campo universitario, reforzando así la actividad en este frente. Pero claro, y de ahí la reprimenda de su amigo, a Mariano se le había pasado la fecha para inscribirse en el CBC. Por un torpe olvido se quedó afuera de la universidad. Todo mal. Todo recontra mal. En fin, no pasaba nada. Mariano empezó a ir al CBC de todas maneras, a aportar lo que había aprendido de la lucha estudiantil y piquetera. En 2005 Mariano comenzó su militancia en el CBC de Avellaneda, donde a lo largo de los años conoció las maravillas y las miserias de la vida.

Enero de 2010. Gobierno de Cristina Fernández. El proyecto venía de una derrota electoral y aumentaba sus denuncias hacia la derecha y el imperialismo. El golpe en Honduras estaba presente en todos los pueblos y el gobierno decía ser víctima de otro golpe en marcha en el país. La pelea con Clarín daba sus primeros pasos. La ley de Medios también. Todo parecía claro: la derecha, el imperialismo, los monopolios mediáticos y la oligarquía agraria contra el gobierno. Sin embargo, los trabajadores del subte son atacados por el Gobierno con más saña de la que utilizaron para atacar el paro agrario. La CTA comienza un proceso de fractura. Y el gobierno lanza una reforma política proscriptiva. Finalmente, una nueva crisis de deuda golpea al gobierno, que pretende echar mano a las reservas del Banco Central para afrontar los vencimientos. La crisis financiera internacional le marcaba el paso a la economía nacional. 

Mariano era el responsable político de la regional de Avellaneda. Como apuesta a los nuevos jóvenes cuadros del partido, en enero se lanza un curso intensivo de economía marxista y de la crisis financiera mundial en el local central del partido. Las clases estaban a cargo del dirigente y profesor Pablo Rieznik. El curso era intensivo. El calor, agobiante. Las clases eran largas. A mitad de la primera clase se decidió hacer un receso. Mariano salió a fumar al patio. Luego contó que Pablo Rieznik salió atrás de él y le pidió si le convidaba un cigarro. Mariano le dio uno. Pablo lo tomó, lo manipuló con la derecha, se lo pasó a la izquierda, lo volvió a pasar a la derecha. Mariano seguía con la mirada el cigarrillo que había convidado. Los minutos pasaron. Mariano y Pablo seguían en el patio. La gente comenzó a retornar al salón donde se dictaba el curso. Se hizo la hora de volver. Pablo paseaba el pucho por entre sus dedos y Mariano no se movía del lugar esperando ver el desenlace final de aquella escena. Finalmente, Pablo rompió el cigarrillo que tenía en la mano y lo arrojó al suelo. Mariano vio cómo el cigarro que había convidado se despedazaba entre los dedos del orador del curso, quien volvía a entrar al salón para reiniciar su exposición sobre la crisis económica mundial. Mariano finalizó este relato con un “con lo que me cuesta comprarme los puchos”. 

Año 2015. Octubre. Son las últimas elecciones del año. El candidato del proyecto es el motonauta Scioli y promete un arreglo con los fondos buitres. Las proclamaciones sobre los derechos humanos intentan en vano resucitar luego de que el Gobierno designara como jefe del ejército a César Milani y lo mantuviera allí por dos años. Ya nadie se acuerda de la Ley de Medios. Nadie se olvida de la represión en Lear. Scioli, Macri y Massa vienen con la devaluación bajo el brazo. Las luchas obreras necesitan un canal de expresión. 

Mariano estuvo en el local de Avellaneda. Sentado en un banco haciendo rollos con los afiches. Se fumó un solo cigarrillo, porque la jornada es larga y hay que racionar. Luego salió con sus compañeros a afichar por cada pared que encontró en la calle, y mientras afichaba pensaba que ya era hora de cambiar esos cepillos que no dan más. Es probable que así haya sido. Otros dicen, sin embargo, que estuvo en un local de Capital haciendo pintura con ferrite. Lo vieron con las manos sucias de negro y de rojo. Dicen también que luego estuvo tirando letra por unas paredes altas recién blanqueadas. Es una posibilidad. Pero otros me contaron, quién sabe si sea verdad, que lo vieron volanteando en una esquina, en una provincia del interior. No sería raro, Mariano viajó varias veces para dar una mano en la agitación de las provincias. Estaba parado con su campera marrón, hablando con la gente y explicando sus propuestas. La misma versión escuché por otro lado, pero que no era en una esquina sino en una plaza. Me llegó también el rumor, pero esto ya es sólo un rumor, de que estuvo en una escuela, hablando ora con los estudiantes, ora hablando con los docentes. Que andaba pidiendo permiso para entrar a las aulas con tono amable pero firme. Sí, es posible. Aunque lo del tono “amable pero firme” parece una idealización de quien lo cuenta. No falta quien dice que Mariano estuvo en la puerta de un hospital con voz firme convocando a pacientes y a enfermeros. Debe ser una exageración, pero es factible que tenga algo de verdad. Una versión, y cómo no darle veracidad, dice que estuvo hablando con los trabajadores en una fábrica, en algún lugar. Finalmente, hay quien dice que a Mariano Ferreyra lo mataron hace cinco años. Eso me parece realmente difícil de creer.

Imágenes de un asado de la UJS de Avellaneda de 2007. 
Fotos: gentileza El Be
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   Fuente: http://www.revistaelotro.com/2015/10/20/se-llamaba-mariano/

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