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lunes, 16 de noviembre de 2015

La brújula rota de Mauricio Scioli y sus economistas

Por Jorge Altamira 

¿Una ‘pelea’ por quién devalúa menos? Para los Cambistas del Pro, la próxima devaluación sería igual a cero, porque el ‘mercado’ ya habría oficializado o descontado la que se registra en el paralelo – sea en el de efectivo o de la bolsa. A su vez, para los llamados ‘yiolistas’ ni siquiera sería necesaria, pues de lo que se trataría es de “recomponer reservas”, o incluso con “recapitalizar el Banco Central”, de forma indolora. El economista jefe de la UIA, en Clarín del domingo reciente, asegura que “En eso hay consenso”, en referencia a la necesidad de recomponer las reservas que han evaporado. En el espacio de media página que le ofreció (o reclamó) el diario no menciona nunca la palabra tabú, – incluso cuando es ‘vox populi’ que Techint y Arcor son devaluacionistas. 
 
El mango del viejo Gómez
 
Si es cierto, sin embargo, que las llamadas “reservas líquidas” o “disponibles” se encuentran entre los u$S 7 mil y 3 mil millones de dólares, el Banco Central enfrenta una corrida cambiaria, que por otro parte ya ha comenzado a pesar de todos los controles establecidos. El vocero de la UIA está convencido, contra las evidencias más elementales, de que la crisis cambiaria no se convertiría en una bancaria, con el argumento de que el “el sistema financiero está líquido y (sic) en moneda doméstica” (si estuviera en moneda extranjera tendría divisas). Pero una liquidez bancaria con tasas de interés de casi el 30% anual y depósitos a corto plazo es un eufemismo, en especial si ese dinero se encuentra invertido en papeles del Banco Central que lo ha remitido, a su vez, a un Tesoro insolvente. La retención del dinero en los bancos a un costo tan elevado cumple la misma función que el ‘corralito’ de Cavallo, aunque la coacción se halle disfrazada ahora de disuasión. El mantenimiento de semejante nivel de tasas de interés, como en su momento el ‘corralito’, es sinónimo de desfinanciamiento industrial. 
 
Tanto la UIA como Miguel Bein, el asesor de Yioli, confían la “recomposición de reservas” a un blanqueo de capitales y a la obtención de “préstamos para infraestructura”. Es claro que la realización de estos objetivos llevará un tiempo que la crisis no concede. Al planteo se ha unido Martín Redrado, uno de los economistas de Massa, para quien se podrían obtener u$s 10 mil millones por ese método de financiar infraestructuras, cuyo listado y viabilidad técnica ni siquiera tiene (Urgente24, 8/11). Bein ha dejado incluso claro que para estos objetivos ‘modestos’ necesitara llegar a un principio de acuerdo con los ‘fondos buitres’, para que Griesa le conceda a Argentina un paréntesis de seis meses en la disputa legal. Estamos entonces frente a un puro ‘discurso’, que no aporta un cobre pero busca justificar un alineamiento opositor en el caso de que Yioli pierda. Si gana veremos otra cosa. 
 
Falsos pasaportes 
 
Un punto fundamental de coincidencia entre tirios ‘restauradores’ y troyanos ‘populares’ es que la política de “desendeudamiento” ha sido un éxito, esto porque habría dejado a Argentina sin deuda externa que Miguel Bein y el vocero de la UIA sitúan por abajo del 10% del PBI. El dato impresiona, claro, si se compara con el 90% de EE.UU, el 140% de China o el mayúsculo 300% de Japón. Se trata, sin embargo, de una falsificación, que combina manipulación estadística y falacias lógicas, para justificar un objetivo preciso. La deuda externa registrada es, en primer lugar, de un todavía módico 16%, cuando se incluye la contraída con el Club de París y diversos organismos internacionales, y más arriba, un 21%, si se admite en la cuenta al cupón del PBI, aunque el pago de este certificado recién tendrá lugar cuando la economía vuelva a crecer. Se trata de un 100% superior al imaginado por la UIA, que no incluye todavía los fallos adversos en el Ciadi ni la deuda con los ‘fondos buitres’ con sentencia firme, que alcanza por ahora a los u%s 15 mil millones pero podría alcanzar a u$s 30 cuando se sumen otros litigantes de último momento. Como piso, la deuda externa alcanzaría a unos u$s 140 mil millones – siempre un escaso 25% del PBI. El Presupuesto 2016 dice que hay que pagar U$S 6.525 millones con reservas del BCRA, además de refinanciar los vencimientos deuda intra-estatal (BCRA), prácticamente sin superávit comercial. 
 
Preguntamos: ¿La deuda de importadores y empresas con su proveedores y casas matrices por giros pendientes de utilidades, contraída por falta oficial de dólares ¿sería deuda privada, a pesar de que requiere dólares del BCRA para cancelarla? La moneda extranjera en un Banco Central es un crédito sobre el país que la emite y la obligación de entregarla para saldar deuda privada la convierte en una deuda púbica o semipública. La historia de la crisis mundial demuestra que toda deuda privada ha sido convertida en pública. Llegaríamos así, en concepto de esta deuda, de una parte, y el pago de los intereses de deuda financiera privada, de la otra, a casiu$s 180 mil millones – todavía un escasísimo 30% del PBI, pero ya no por debajo del 10 por ciento.
 
¡Todo esto no tiene en cuenta, sin embargo, la deuda en dólares con el Banco Central y otros organismos, en especial, la Anses, que es de cerca de u$S 100 mil millones! Si la UIA, Bein, Prat Gay, Frigerio y Redrado no la computan es porque, como en el tango, se la dejan “al otario”. Pero, entonces, ¿de qué clase de “recapitalización” del Banco Central hablan? ¿Y el Fondo de Sustentabilidad de la Anses? Sin un Banco Central ‘saneado’, el ingreso de divisas sumaría más pesos a una circulación monetaria recargada, que obligaría al Banco Central a absorberla mediante nuevas deudas a tasas de interés elevadas. Los que aseguran que su propósito es “combatir la inflación” tienen un programa inflacionario de mayor emisión monetaria. 
 
Volvé Aristóteles 
 
Hasta aquí la distorsión estadística. La primera falacia tiene que ver con la exclusión del “desendeudamiento’ de la deuda pública contraída en pesos desde 2005. Se repite entre todas las corrientes establecidas de economistas, que la deuda “doméstica” en “moneda nacional”, no representa una carga financiera y fiscal como la deuda externa. Esta deuda ‘doméstica’, junto con sus intereses usurarios, obligan a registrar un elevado superávit fiscal, al mismo tiempo que se dice que Argentina sufre una elevada “presión fiscal”. Si en lugar de superávit se registra déficit, cae la cotización de la deuda pública doméstica, los pesos se van al dólar y se produce la ‘fuga de capitales’; es que se teme su no pago o la licuación de su precio. La caída de la cotización de una deuda representa, en forma simultánea, la suba de su tasa de interés, y por lo tanto un encarecimiento de los costos financieros de la industria. Exactamente como ocurre con la llamada deuda externa. Conclusión: toda la deuda pública real no está por debajo del 10% del PBI ni debajo de los u$s 60 mil millones, sino que supera los u$s 300 mil millones y es el 50% del PBI. Si aún sigue siendo inferior a la de Japón, Argentina no tiene el capital acumulado de la economía japonesa.
 
Del mismo modo, ¿Por qué no computar en la hoja del balance de la crisis financiera los dolares-futuro ya negociados que compromete al Banco Central a una enorme emisión ($ 35.000 millones). ¿Y los $ casi $400 mil millones de depósitos en plazo fijo que se encuentran secuestrados en papeles comprados por los bancos locales al Banco Central? Una fuga de parte de estos depósitos al mercado de cambios pulverizaría el peso y desataría una crisis bancaria. La superchería del mercado de capitales doméstico tuvo su origen en el FMI, esto como un mecanismo para ampliar el campo de operaciones del capital financiero internacional en los diversos mercados nacionales, especialmente los periféricos. Arrancó con la formación del mercado de euro-dólares en los 60; siguió con la declaración de inconvertiblidad del dólar al oro en los 70; y siguió con la flotación de monedas luego de la crisis norteamericana de los 80. Cavallo abrazó esta causa con fanatismo y ahora es la piedra filosofal de Kicillof. El derrumbe financiero de Argentina es parte de la crisis capitalista mundial.
 
La peor de las falacias es, por supuesto, la que se jacta del ‘desendeudamiento’ para proponer el ‘reendeudamiento’ para reconstituir las condiciones financieras destruidas por el ‘desendeudamiento’. Entre 2005 y 2010, Argentina amasó, antes del ‘desendeudamiento’, más de u$s 50 mil millones de reservas bancarias. O sea que su deuda NETA, en cualquier cálculo, baja. La pérdida completa de esas reservas equivale a un aumento de esa misma deuda NETA – en términos netos ha habido un endeudamiento, no un ‘desendeudamiento’. A los negociados del ‘desendeudamiento’ se quiere añadir el del ‘reendeudamiento’ – un retorno al punto de partida más los intereses correspondientes. 
 
La ruta del dinero 
 
La conclusión de este artículo la hemos anticipado hace varios meses. Desde el desplome de la bolsa de Shangai y la devaluación de la moneda china se ha acentuado una ola de salida de capitales de la periferia, que golpea fuerte a cualquier política de devaluación monetaria. L–por de prontoos Estados más débiles han perdido el control de sus monedas –como lo revela Brasil y en general en América Latina. Estas condiciones precarias podrían agravarse más si la Reserva Federal aumenta las tasas de interés oficial. A los Macri y a los Yioli los aterra esta incertidumbre , un dólar oficial a 13/14 pesos aumentaría la inflación entre 15 y 20 puntos, llevándola al 40% interanual (Levy Yeyati, Ferreres); ni qué decir del tarifazo – un punto en el cual los dos se muestran ‘gradualistas’. Por eso uno –Macri- propone tragar el aceite de ricino de una vez y el otro en cuotas. Pero ni el primero cree que evitará una estampida inflacionaria que obligue a controles de cambios, ni el segundo que una corrida cambiaria y bancaria no lo precipite en una mega devaluación. Al final, compiten por quién devalúa más.
 
Jorge Altamira (9/11/2015)
 

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