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martes, 19 de abril de 2016

La circular 1050 de Macri

14 de abril de 2016 | #1406 | Por Pablo Heller  
 
CREDITOS HIPOTECARIOS 
 
El principal atractivo del nuevo sistema de créditos hipotecarios, según reza la propaganda oficial, consistiría en una cuota inicial un 40 por ciento inferior a la actualmente vigente. El interesado en comprar un departamento podría pagar una cuota más baja y exhibir ingresos demostrables menores a los que se exigen hoy. Se adoptará una unidad de vivienda (UVI) ajustable mes a mes de acuerdo a la variación de los precios al consumidor, que se medirá a través del índice CER. 
 
El problema es que la cuota se actualiza según la inflación y la política oficial consiste en que los salarios corran por debajo de la inflación. La devaluación, la liberación de precios y de las tarifas apuntan a restablecer la tasa de ganancia de la clase capitalista y en esa medida, van de la mano de un retroceso de los “costos laborales”. En ese marco, la cuota hipotecaria tenderá a devorarse una porción cada vez mayor del ingreso. 
 
El proyecto oficial abre el paraguas sobre este punto al señalar que en caso de desfasaje entre las cuotas y el ingreso superior al 10%, podrían agregarse más cuotas. El préstamo previsto originalmente para 15 años podría ir extendiéndose en el tiempo y la deuda podría convertirse en “eterna”. El valor final de la cuota, por otra parte, sería aún mayor, al incluir ítems como los seguros y gastos de escrituración.
 
Así el anzuelo de la cuota inicial accesible podría tornarse en su contrario. Es lo que ocurrió con la tristemente conocida circular 1050, que, aunque se ajustaba por otro parámetro (la tasa de interés), compartía con el proyecto anunciado el principio de la indexación de las cuotas y de la deuda. “En un escenario de alta inflación como el actual, bien puede ocurrir que al cabo de un año y luego de pagar 12 cuotas, la deuda sea mayor que al arranque” (Uno, 9/4). 
 
Esto explica que un sector del oficialismo considerara “inoportuno” el lanzamiento del nuevo régimen, en momentos en que la carestía está haciendo estragos. 
 
Por otra parte, el nuevo índice de precios al consumidor ha debutado con una truchada, la súbita sustitución del índice porteño por el elaborado por San Luis, que arroja una cifra inferior. Esto cuestiona de raíz cualquier régimen que pretenda ajustarse por las variaciones operadas en el costo de vida
 
Esta manipulación de los índices ya se ha reflejado en el derrumbe de los títulos ajustables con el CER, que están cotizando bajo la par. Si quieren tener alguna chance de competir con estos títulos, los nuevos depósitos indexados que van a salir al ruedo -y que aspiran a aportarle fondos a los créditos hipotecarios- deberán ofrecer rendimientos más altos. Ello encarecería aún más los costos de la nueva operatoria.
 
Este cúmulo de contradicciones explica que el presidente del Banco Nación haya anunciado que está estudiando un régimen distinto. El ala del gobierno que viene fogoneando este sistema, encabezada por la cúpula del Banco Central, confía en que los temores que inspira el nuevo régimen hipotecario se aplacarán cuando ceda la inflación. Eso está por verse, pero lo que se omite señalar es que si esta tendencia se verificara, sería un subproducto de la recesión que ya está en marcha. La política oficial apunta a valerse de este escenario recesivo para neutralizar los reclamos salariales y consolidar definitivamente el ajuste. En el marco de un congelamiento o rebaja salarial, la distancia entre los ingresos y los precios de la vivienda tenderán a agrandarse. 
 
Bicicleta financiera 
 
Los fondos para esa operatoria serían otorgados por los bancos a partir de los recursos que capten por depósitos indexados. Para los bancos, el riesgo de este mecanismo está, sin embargo, en el “descalce” de plazos. En la actualidad, casi el 90% de los depósitos están colocados a menos de 60 días de plazo, mientras que los créditos hipotecarios son otorgados a plazos no menores a los 10 años. “Las entidades que se comprometieron a adoptar el sistema asumirán ese riesgo, pero tienen posibles garantes… la Anses participó en las charlas para la creación de las UVI y estaría dispuesta a comprarles parte de la cartera a los bancos” (Uno, 9/4). Una vez más, la plata de los jubilados será utilizada por armar una bicicleta financiera. La Anses correría con el riesgo que implica una operatoria incierta y que puede terminar colapsando con una masa de deudores incobrables. La nueva operatoria, por otra parte, sería el pretexto para ponerle broche final al plan Recrear, que viene siendo financiado por la Anses. Creado por el gobierno K, venía otorgando, aunque a cuentagotas, préstamos para viviendas a valores más accesibles. En contraste con ello, los bancos terminarían haciendo un pingüe negocio, pues dispondrían de fondos adicionales provenientes de los ahorristas para colocarlos en inversiones más seguras y rentables, en primer lugar en títulos de la deuda. 
 
Conclusión 
 
Lejos de facilitar el acceso a la vivienda, el nuevo régimen hipotecario habilitaría a una nueva confiscación y los grandes beneficiarios serían los bancos y no la población necesitada. Esto en el supuesto de que el nuevo régimen logre prosperar. Por el momento, todo está atado con alambre. 
 
Los recursos sobran, pero se privilegian otros intereses y fines sociales. Lo único que hay que hacer es invertir la fórmula. Una banca nacionalizada destinaría una parte de su capacidad prestable en créditos destinados a la vivienda popular, con un plan de
cuotas que no debería superar el 20 por ciento del ingreso.

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