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viernes, 1 de abril de 2016

Provincia de Buenos Aires: “reforma” policial y crisis política

31 de marzo de 2016 | #Prensa Obrera 1404 | Por Alejandro Guerrero 
 
El gobierno provincial no quiere “reformar” la policía para mejorar la seguridad de la población, es imposible reformar en ese sentido a la Bonaerense 
 
La criminalidad de la Policía Bonaerense ya no se limita a la organización del delito y el gatillo fácil, ahora también matan a la gente atropellándola con los patrulleros. Hubo tres casos en 40 días, en los que asesinaron de esa manera a una anciana, a un niño y a un joven que dormía en su habitación. Esa policía patrulla con camionetas disfuncionales para la tarea, aunque seguramente muy funcionales en materia de “retornos” cuando las compraron; además, Scioli incorporó efectivos a mansalva sin requisitos mínimos. Ahora hay una crisis política (una más) por la puja entre la Bonaerense y la gobernadora, María Eugenia Vidal, junto con su ministro de Seguridad, Cristian Ritondo, quienes han comenzado la “reforma” policial que necesitan; Sergio Massa, que de arreglos con la policía sabe mucho, advirtió:La van a reformar a ella”. 
 
La “reforma” (la enésima en veinte años) consistiría en cambiar la cúpula, dar de baja efectivos, reducir el número de superintendencias y modificar el régimen de ascensos, entre otros detalles. Un esquema repetido y fracasado. Los aparatos políticos están entrelazados con la policía y, por lo tanto, con el narcotráfico, las redes de trata, la prostitución, el juego clandestino y los desarmaderos de autos robados, entre muchos otros rubros, y de ese entrelazamiento se nutren y se financian. La “reforma” empeorará las cosas en cuanto dispondrá el traspaso progresivo de la policía a los municipios, algo que comenzó a suceder hace tiempo. Se reforzará más aún el vínculo policial con los punteros y las intendencias, que centralizan el delito con las comisarías. 
 
Otro punto de conflicto será el reequipamiento policial, que servirá, por supuesto, para mejorar la organización de delito y la represión a los barrios, a la juventud y a los trabajadores, pero además generará una disputa fortísima por el presupuesto (pueden preguntarle a Massa, que también sabe de eso: véase si no el negociado jugosísimo que armó en Tigre con las cámaras de seguridad y otros elementos).
 
Entretanto, la Bonaerense se dispone a negociar la “reforma” a su mejor estilo: amenazas de secuestro a los hijos de Ritondo, un robo violento al intendente de La Plata, advertencias a la gobernadora (se mudará a una unidad militar), avisos de bombas (por ahora falsos) y zonas liberadas. En la jerga lumpen-policial, eso se llama “pudrir la calle”. Ahora, incluso, un agrupamiento denominado “Policías Argentinos Unidos” anuncia un “paro y sirenazo” el 2 de abril en la provincia. En este contexto, es una convocatoria puramente sediciosa y extorsionadora. 
 
El gobierno provincial no quiere “reformar” la policía para mejorar la seguridad de la población, es imposible reformar en ese sentido a la Bonaerense. 
 
Quiere poner bajo su control a la policía para negociar desde una mejor posición el manejo de la provincia con el aparato mafioso de los intendentes, y para aceitar los mecanismos represivos ante los tiempos convulsos que ya llegan. Corresponde insistir: en materia de seguridad, el Estado y su aparato de represión son el mayor de los problemas.

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