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lunes, 6 de junio de 2016

Blanqueo: las imposturas del relato oficial

2 de junio de 2016 | #Prensa Obrera 1413 | Por Pablo Heller 

Una de las cuestiones que ha quedado relativamente relegada en los comentarios periodísticos es que el proyecto oficial permite que el blanqueo se haga por medio de la compra de títulos públicos. Por esta vía se llega a la paradoja de que el evasor, en lugar de ser deudor, termina convirtiéndose en acreedor del Estado

Esto desmiente toda la propaganda oficial sobre los supuestos beneficios que traería aparejado el blanqueo a las arcas fiscales. En lugar de aportar fondos, el país deberá cargar con los intereses que terminen devengando las nuevas obligaciones que contraiga el Estado. Por otro lado, no se ha advertido el hecho de que los títulos públicos, a diferencia de los que ocurre en la mayoría de los países, están exentos del Impuesto a los Bienes Personales, por lo cual esos fondos blanqueados no reportarían un peso de recaudación. Para colmo, el gobierno ya anunció la desaparición del llamado impuesto a la riqueza a partir de 2019, el cual será sustituido por un anodino impuesto a la herencia. El gobierno se privaría incluso de recaudar lo que podría haber ingresado por el blanqueo por otro tipo de activos (inmuebles, cuentas bancarias del exterior). 

A esto habría que agregar la moratoria que contempla la condonación de multas y punitorios, y un recorte sensible de los intereses. Esto implica una enorme licuación por las deudas impositivas que están ya declaradas y en gestión administrativa y judicial.  

Nueva deuda

Si se examina con cuidado, no es exagerado decir que bajo la forma de un blanqueo, estamos ante una nueva variante de endeudamiento. El blanqueo es una confesión de que el horizonte idílico que el gobierno auguraba a partir del arreglo con los buitres, está muy alejado de la realidad. El capital ha sido tentado a entrar al país a partir de tasas usurarias, propias de un país en defol. Pero ese ingreso de capitales sólo ha redundado en una nueva bicicleta financiera y aún así no ha impedido que siga habiendo huida de capitales -que en los tres primeros meses ascendió a la friolera de 3.000 millones de dólares. Estamos muy lejos de la lluvia de dólares que se pronosticaba. Prat Gay se quejó de la falta de inversión genuina de los empresarios, emulando al viejo ministro de Alfonsín, Pugliese (quien pasó a la historia por la célebre frase: “les hablé con el corazón y me respondieron con el bolsillo”). En este cuadro, la política oficial está ensayando incentivos adicionales para atraer inversiones, complementarias a la siderales tasas de interés. El blanqueo se inscribe en esta dirección. 

Pero los resultados económicos de este jubileo están por verse. 
Contradictoriamente, la entrada de dólares amenaza convertirse en una pesadilla. El actual ingreso de capitales tiene un carácter puramente especulativo y viene alimentando la emisión monetaria y las tendencias inflacionarias en pesos y en dólares, provocando un atraso en el tipo de cambio y nuevas presiones devaluatorias. Estas contradicciones, que atizan las divisiones y choques en la burguesía serían reforzadas por el blanqueo. 

Estamos en presencia de un premio formidable para los capitalistas. Por una tasa irrisoria que oscila entre el 5 y el 10% logran blanquear capitales radicados en el exterior que iban a quedar, de todos modos, al descubierto y a disposición del fisco argentino a partir de las disposiciones internacionales de intercambio de información financiera que se pondrán en marcha en 2017. A medida que pasan los días, el gobierno viene inflando los montos que se acogerían al blanqueo. Aún tomando las hipótesis más optimistas de 60 mil millones de dólares, la recaudación estaría por debajo de los 5.000 millones -lo que el gobierno tuvo que gatillar sólo por el dólar futuro. Pero a esto habría que restar, además de lo que pagará por las letras que suscriban los evasores, lo que se prive de recaudar el fisco “para adelante”, gracias al blanqueo. Es una práctica corriente de los capitalistas dibujar una parte de lo que se blanquea en vistas a justificar el origen de inversiones u operaciones que tienen en carpeta.  

El blanqueo admitiría ciertos delitos de evasión y hasta a funcionarios públicos anteriores a 2011. Esto permitiría que, entre los beneficiarios, entrara Cristóbal López.Este amplio manto de impunidad, cuenta con el respaldo de oficialistas y opositores, incluso los kirchneristas. Ni qué hablar que el blanqueo desnuda toda la hipocresía sobre “la lucha contra la corrupción” y habría que agregar “contra la droga”, pues como, es sabido, es imposible establecer una frontera entre el narcotráfico y la evasión fiscal.

Resumiendo, lejos de ser una expresión de vitalidad, es una señal de la creciente y temprana impasse de la política económica oficial que debe operar en medio del tembladeral de la crisis mundial que conmueve a Brasil y a toda América Latina. El blanqueo refuerza el hipotecamiento del país y aviva todas las contracciones acumuladas e irresueltas durante la década kirchnerista y pavimenta el camino a una nueva bancarrota. 

"Intervención de Néstor Pitrola en el debate sobre el blanqueo"

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Coordinadora Sindical Clasista - Partido Obrero

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