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viernes, 29 de julio de 2016

El sindicalismo combativo sale a las calles contra el ajuste

28 de julio de 2016 | #Prensa Obrera 1421 | Por Miguel Bravetti
 

9 de agosto, de Obelisco a Plaza de Mayo 
 
La sede central del Sutna (Neumático) fue el escenario de una nutrida reunión de sindicatos, agrupaciones estudiantiles, movimientos sociales, jubilados y organizaciones de izquierda constituyó la continuidad de una anterior que se realizó en AGD, con el propósito de impulsar una acción de los sectores combativos contra el ajuste. 
 
Al Sutna, la AGD, el Sipreba, internas gráficas, los delegados telefónicos y la minoría del Subte, se sumaron el Sitraic, los secretarios generales de los Sutebas de La Matanza, La Plata, Ensenada, Tigre, ATE-Mendoza, los ferroviarios del
Sarmiento, la agrupación Jubilados Clasistas y la Fuba, entre otros. 
 
La convocatoria resume los principales reclamos del movimiento obrero: la anulación del tarifazo, la reapertura de las paritarias y la abolición del impuesto al salario, el freno a los despidos y el aumento de emergencia para los jubilados. El debate, con sus matices, fue unánime respecto a la necesidad de ganar las calles ante la defección de las centrales obreras. 
 
La reacción que desató el aumento del gas (y “obligó” a la intervención de la Justicia), las numerosas luchas fabriles como las de El Tabacal en Salta y Aluar en Chubut, el paro de los estatales y el PiqueTetazo que pobló las plazas del país en defensa del derecho de amamantar, marcan la temperatura social que crece (en proporción inversa a la popularidad de Macri) y contrasta con el inmovilismo de las centrales. 
 
Cada vez es más claro que el ajuste que está en ejecución involucra también a los gobiernos provinciales, la oposición patronal, la Justicia y sobre todo a la burocracia sindical. 
 
Cruje la unidad de la CGT 
 
Mientras la carestía y los tarifazos pulverizan el salario y los despidos se multiplican, las cúpulas sindicales se encuentran ocupadas en “rosquear” cargos en la futura CGT unificada. Se trata de un operativo dirigido a reforzar su capacidad de contención del movimiento obrero y en esa medida negociar mejor con el gobierno. El punto que más interesa a la burocracia es la devolución de los 30 mil millones de pesos de las obras sociales, empezando por el “adelanto” de 2.700 millones que Macri aseguró y nunca llegaron. 
 
La moción de “paro general o marcha” que la CATT (Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte) promete llevar al plenario de secretarios generales del 5 de agosto se explica sobre todo por este incumplimiento.
Con la excusa de esperar una definición de la CGT, Yasky postergó sin fecha la anunciada Marcha Federal (aunque es probable que ese cambio tenga más que ver con las divisiones dentro de la propia CTA).
 
El planteo de adoptar una “pose” más confrontativa chocó con la crítica de otros sectores, que reclaman esperar hasta el congreso del 22 de agosto para cualquier definición. Tampoco el triunvirato anunciado por Moyano, Caló y Barrionuevo fue aceptado mansamente. Tanto el Movimiento de Acción Sindical Argentino (que agrupa a gremios poderosos como Taxistas, Luz y Fuerza, Smata y la Unión Ferroviaria) como la fracción de Venegas (que reúne a unos 50 sindicatos menores pero actúa como “la voz del gobierno”) reclaman que se respete el estatuto de la central y se elija un solo secretario general. Incluso advirtieron que -sin romper- podría ausentarse del congreso. 
 
Por otro lado, la Corriente Político Sindical Federal, en la que militan los gremios cercanos al kirchnerismo, cuestiona el lugar de Barrionuevo (un operador político con escaso poder de fuego) y postula a Palazzo para sumarse a una dirección colegiada. Los pocos días que faltan para el congreso de reunificación son una “eternidad” para la burocracia. Cualquiera sea la fórmula que termine imponiéndose, se puede afirmar con buena dosis de certeza que: 1) no habrá medida de fuerza (a menos que las negociaciones se pudran antes del 22); y 2) de concretarse la reunificación será sólo un episodio que precederá a nuevas crisis. 
 
La destrucción laboral  “en carpeta” 
 
La marcha que el sindicalismo clasista resolvió convocar para el 9 de agosto -del Obelisco a Plaza de Mayo- promueve la realización de asambleas en los lugares de trabajo y plenarios de delegados, para quebrar la tregua de las centrales. La oportunidad de un paro general activo y un plan de lucha se desprende tanto de la situación actual como de las medidas que el gobierno tiene en carpeta: las (contra) reformas de las leyes de ART, previsional y del régimen laboral constituyen una ofensiva estratégica del capital contra conquistas históricas centenarias, como la indemnización por despido. 
 
El salario por productividad, el desentendimiento empresario por la seguridad en el trabajo o la negociación convencional por empresa (¡precisamente cuando la Corte falla contra la posibilidad de que los cuerpos de delegados llamen a la huelga!) son algunos de los cambios reclamados por los voceros editoriales de la burguesía como La Nación y El Cronista. 
 
La clase obrera se enfrenta a una disyuntiva de hierro. Como nunca antes su futuro depende de una acción independiente; lo que supone recuperar los sindicatos de manos de la burocracia y desarrollar su propia alternativa política como factor de poder.
 
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Coordinadora Sindical Clasista - Partido Obrero

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