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viernes, 22 de julio de 2016

El tarifazo, de los “nac & pop” a los “neoliberales”

21 de julio de 2016 | #Prensa Obrera 1420 | Por Marcelo Ramal 
 
Los partidarios del gobierno anterior sostienen que, de haber ganado las elecciones, “de ninguna manera hubieran aplicado el tarifazo”. Con esa afirmación, ocultan que la redolarización de las tarifas de energía y combustibles comenzó bajo la era CFK-Kicillof-Gallucio. En efecto: después de haber consentido el vaciamiento de YPF a manos de Repsol y del empresario amigo Ezquenazi, el kirchnerismo reestatizó parcialmente a YPF para sellar una alianza estratégica con el pulpo Chevron, cuyo núcleo consistió en la “internacionalización” de los precios de los combustibles.  
 
En los dos años que siguieron a la reestatización, los precios de las naftas aumentaron un 85%. Pero no sólo eso: Kicillof-Galuccio pusieron en marcha el programa “gas plus”, por el cual aumentaron en alrededor de un 60% el precio del gas en boca de pozo pagado a los concesionarios privados. Argentina registra hoy contratos que cotizan el gas de los nuevos yacimientos a 7,50 dólares la unidad calórica, un valor que triplica a su precio de referencia en América del Norte.
 
Recientemente, Aranguren-Macri subieron el precio del gas de los yacimientos viejos en un 100%. Mientras los precios se duplican o triplican, los verdaderos costos de extracción, e incluso la magnitud de las reservas de hidrocarburos, continúan siendo un secreto celosamente guardado por los monopolios privados. Esto explica la negativa cerrada a publicitar el contrato de YPF con Chevron, una decisión que compartieron el kirchnerismo, el macrismo y la Corte Suprema de Justicia. 
 
Aunque el kirchnerismo no aumentó directamente la factura del gas, sostuvo esa remuneración a los monopolios gasíferos a través de subsidios crecientes. Un nuevo capítulo de este rescate comienza a escribirse cuando, en 2015, los precios del petróleo y el gas se desplomaron en el mercado internacional. Entonces, el gobierno K sostuvo los valores anteriores en favor de los productores de hidrocarburos, llegando a pagar por el petróleo hasta el doble del precio internacional. Esta política, sostenida en nombre de la “producción y el empleo”, no sacó del parate a la producción petrolera ni, por supuesto, a sus trabajadores, que soportaron suspensiones y despidos en masa. 
 
Escasez provocada 
 
Con el tarifazo, el macrismo no ha hecho sino trasladar a las facturas de gas y luz este gigantesco rescate en favor del capital. Para justificar el megatarifazo, el gobierno alega que “no hay gas”, e incluso que se han agotado las posibilidades técnicas de importarlo. La tarifa, por lo tanto, no obedecería a un cálculo de costos previo, sino que apuntaría sólo a desalentar el consumo. Pero lo que no dicen es que este mismo “precio de escasez” es el que el gobierno reconoce en los contratos de gas, y que ese precio no guarda relación alguna con los costos de extracción del recurso, tampoco con la tasa media de beneficio del capital. De este modo, los mismos pulpos que provocaron la escasez de gas -como resultado de una prolongada huelga de inversiones- se benefician ahora de ella, cuando el gobierno los premia reconociendo la extracción de hidrocarburos con un valor exorbitante. Los “neoliberales” -y también los “nac y pop”- han justificado su política con el argumento de que, en una economía mercantil, “nadie sacaría el gas a un valor inferior a lo que cuesta importarlo”.  
 
Pero a diferencia de cualquier bien perteneciente a productores privados, el petróleo y el gas corresponden al dominio estatal: si el Estado acepta un precio “de mercado” para su extracción, ello significa que el Estado cede la totalidad de la renta gasífera a los capitalistas privados. Pero además, y desde que cayeron los precios internacionales, los valores pagados a los pulpos representan otro resarcimiento adicional, incluso por encima de tales precios. Semejante nivel de rescate de los monopolios petroleros sólo puede progresar en base a una confiscación a gran escala, por eso la resistencia popular al tarifazo. 
 
Estado y parasitismo 
 
Sostener esta exacción en nombre del “incentivo a la producción privada” es otra impostura, en este caso, ‘neoliberal’. La vasta corriente de subsidios al capital revela que la industria energética ha sido sometida a una estatización peculiar y de contenido capitalista. A través de la mediación del Estado, los recursos de trabajadores y consumidores sostienen los beneficios extraordinarios de un conjunto de parásitos. Infinitamente más certera y económica resultaría la estatización de los hidrocarburos dispuesta por un gobierno de trabajadores, que explotaría las condiciones ventajosas de explotación de los recursos para una industrialización integral. La primera tarea de esta gestión obrera sería una auditoría integral de las reservas de energía y de sus costos, lo que pondría de manifiesto el prolongado desfalco de los pulpos petroleros contra el país -con la complicidad de ‘neoliberales’ y ‘nacionales y populares’. 
 
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