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sábado, 2 de julio de 2016

España: Después del Brexit, la crisis en una nueva etapa

27 de junio de 2016 | #Prensa Obrera 1417 | Por Lucas Poy 
 
La foto de las elecciones españolas del domingo es la del festejo de Mariano Rajoy. El Partido Popular obtuvo el primer lugar con el 33% de los votos y pasó de 123 a 137 bancas en el Parlamento. El PP ganó en casi toda España, incluso en el tradicional bastión socialista de Andalucía, y creció en 700 mil votos respecto a la elección de diciembre pasado, a pesar de que la participación total cayó en más de un millón de votantes. El PSOE quedó en segundo lugar, con 22,6% y 85 diputados, cinco menos que en diciembre. Si a pesar de esta caída hubo celebración en la sede socialista fue porque lograron evitar el temido “sorpasso” de Unidos Podemos, la coalición entre Podemos e Izquierda Unida que, según todas las encuestas, incluso las de boca de urna, iba a arrebatarles el segundo lugar. Nada de eso ocurrió: Unidos Podemos, con el 21%,  apenas logró mantener las 71 bancas que habían obtenido, en diciembre, sus listas y las de Izquierda Unida, pero en conjunto obtuvo un millón de votos menos que la suma de ambas fuerzas. Ciudadanos, una fuerza liberal de centroderecha que había crecido en las últimas elecciones, terminó cuarto con 13%, perdiendo casi 400 mil votos y ocho bancas respecto a diciembre. 
 
Tanto la prensa española como la internacional coincidieron en celebrar el resultado de las elecciones y caracterizaron que abre la posibilidad de salir del impasse político que se extiende desde diciembre, cuando las elecciones generales dieron como resultado un parlamento fragmentado en cuatro y sin ninguna fuerza en condiciones de formar gobierno. No faltaron, incluso, quienes hablaron de la resurrección del bipartidismo. Lo cierto, sin embargo, es que ahora tampoco la situación se ha destrabado. El PP está muy lejos de contar con la mayoría absoluta necesaria para gobernar, que es de 176 diputados. A pesar de su mejoría respecto a la última elección, que había sido un auténtico derrumbe, sigue muy distante de la mayoría absoluta que había tenido en 2011, con casi el 50% de los votos. Por su parte, el PSOE realizó, por tercera vez consecutiva, la peor elección de su historia: nunca tuvo tan pocos escaños en el congreso como ahora. Las dos fuerzas que se vienen repartiendo el gobierno español desde la caída del franquismo apenas suman el 50% de los votantes. 
 
“No Podemos” 
 
Antes que un repunte del bipartidismo lo que hubo fue un retroceso de las llamadas “fuerzas emergentes”, Podemos y Ciudadanos, que en los últimos dos años parecían atravesar un ascenso meteórico. “No Podemos”, tituló hoy The Economist. La magnitud del golpe que ha recibido esta formación, en efecto, es muy severa: en la mañana del lunes, después de la reunión de la ejecutiva, Pablo Echenique admitió que están desconcertados y que “nadie sabe por qué el resultado no fue el que daban las encuestas”. La decisión de ir a una alianza con Izquierda Unida, motorizada por Pablo Iglesias a pesar de las resistencias de otros sectores, se demostró como un fracaso: la caída arrastró incluso a En Comú Podém, Mareas y Compromís, las coaliciones regionales en las que participa Podemos, que retrocedieron en Catalunya, Galicia y Valencia, respectivamente. En Madrid, donde Podemos había obtenido ocho diputados e Izquierda Unida sus únicos dos escaños, la coalición sacó 200 mil votos menos y solo logró retener ocho bancas.
 
Toda la campaña electoral de Unidos Podemos fue deliberadamente conservadora: Iglesias y Garzón buscaron presentarse como la “nueva socialdemocracia” y los defensores de la “ley y el orden”. Confiados en obtener el segundo lugar, centraron la intervención en mostrarse “confiables” y en tender la mano al PSOE para formar un gobierno conjunto: no se privaron de reivindicar a Rodríguez Zapatero, quien gobernaba cuando estalló el movimiento de los “indignados”, como “el mejor presidente de la democracia”. El slogan de campaña, completamente despolitizado, fue “la sonrisa de un país” (sic). El viernes, luego del Brexit, Iglesias declaró que era un “día triste para Europa” y la coalición recordó su postura europeísta. Iglesias se quiso poner el traje de presidenciable antes de tiempo y el resultado del domingo lo deja golpeado: su primera reacción, no obstante, fue mantenerse en la misma línea, y en su aparición después de las elecciones reivindicó que “la confluencia se ha revelado como el camino correcto desde la responsabilidad de Estado”. 
 
La caja de Pandora 
 
Las elecciones se realizaron tres días después del referéndum británico y bajo el impacto del brutal cimbronazo del Brexit: la bolsa de Madrid se derrumbó un 12% el viernes, el último día antes de la votación. Numerosos analistas consideran que el Brexit favoreció a Rajoy y su discurso de “previsibilidad” y castigó a Podemos, identificado con el temido “populismo” que crece en Europa. En el marco del descalabro general que recorre a la Unión Europea, se acrecienta ahora la presión para que se termine la parálisis y se logre formar un gobierno en España: el gobierno de Merkel anunció que “confía en que se forme un nuevo ejecutivo rápidamente que retome el camino de las reformas” y Bruselas reclamó la creación de un “gobierno estable” lo antes posible. Lo mismo hizo la CEOE, la organización de la patronal española, que felicitó especialmente a Rajoy y llamó a evitar un nuevo bloqueo, “máxime ahora cuando el Brexit ha abierto nuevas incertidumbres en el ámbito europeo e internacional” (El País, 27/6).
 
Rajoy recogió el guante y esta vez salió a declarar que no va a renunciar a gobernar. Llamó en primer lugar al PSOE a permitir la formación de su gobierno, sea con una coalición o con una abstención de los socialistas, que permitiría a Rajoy ser investido como presidente en minoría. La presión de la UE y el imperialismo se incrementará en los próximos días: Rajoy se mostrará con Merkel y anunció que iniciará las negociaciones recién a su retorno de la cumbre europea que discutirá la situación post Brexit. Según el monárquico ABC (27/6), “en el PP están convencidos de que desde Europa van a llegarles también a los partidos moderados y constitucionalistas —Ciudadanos y PSOE— esas llamadas a la responsabilidad”. 
 
La cosa, sin embargo, no es sencilla. Las primeras declaraciones de Pedro Sánchez fueron que no apoyará ni se abstendrá para favorecer a Rajoy, aunque al interior del PSOE ya se profundizan las internas. Tanto el presidente de la Junta de Extremadura como la presidenta de la Junta de Andalucía, ambos socialistas, reclamaron que el partido debe “facilitar” la elección de Rajoy y varios de sus referentes insistieron en que ahora “lo que toca es ser oposición”. Rivera se mostró duro, planteando que “hay que hablar de reformas y no de nombres”, pero llamó a iniciar negociaciones de inmediato con el PP y el PSOE y aclaró que no vetarán el nombre de Rajoy como presidente del gobierno, como habían dejado entrever en la campaña electoral. Lo último que quieren Rivera y Sánchez es una tercera elección, que podría debilitarlos aún más.
 
El impasse político ha entrado en una nueva etapa, cuyos tiempos estarán marcados por el terremoto que generó el Brexit y la profundización de la crisis de la zona euro. El nuevo gobierno tendrá que llevar adelante un nuevo ajuste para reducir el déficit, tal como reclama la UE, y afrontar los vencimientos de la deuda, que ya superan el 100% del PBI. Morgan Stanley caracterizó el resultado electoral como positivo porque “pone freno a los partidos populistas y reduce el contagio sistémico de Brexit”. Sin embargo, por si acaso, la misma firma decidió “rotar su exposición desde los mercados de Gran Bretaña y España hacia Alemania”. La bolsa de Madrid cerró el lunes con una nueva baja, a pesar del primer repunte de la mañana. Según las palabras del mismo diario financiero, ocurre que el “riesgo político llegó para quedarse” porque el Brexit “abrió la caja de Pandora” (Cinco Días, 27/6). 

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Coordinadora Sindical Clasista - Partido Obrero

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