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viernes, 29 de julio de 2016

La lucha y la estrategia política

28 de julio de 2016 | #Prensa Obrera 1421 | Por Marcelo Ramal  
 
El nivel de manipulación y el despotismo político del gobierno se acrecientan al ritmo del impasse económico y la crisis social. Del Proyecto X y la plataforma de propaganda montada por la camarilla kirchnerista con “Fútbol para Todos”, pasamos ahora al uso de la base informática de la Anses para la construcción de una red gigantesca de publicidad oficial. Apenas unos días antes, el gobierno había lanzado a miles de twitteros truchos contra Marcelo Tinelli, para forzarlo a bajar los decibeles de sus sátiras al Presidente del tarifazo. En auxilio de Macri salió al ruedo un satirizado anterior: Fernando de la Rúa. La palabra de quien dejó la Rosada en medio de una bancarrota económica y una rebelión popular sonó, en parte, a defensa del gobierno; en parte, a presagio. 
 
Hasta los fondos financieros que saludaban meses atrás a la Argentina como “tierra de oportunidades”, recomiendan ahora “cautela” respecto de la deuda pública argentina (Ambito, 26/7). Entre las cosas que ha copiado del kirchnerismo, el gobierno calcula el déficit fiscal incorporando como ingresos los recursos previsionales, para disimular la envergadura del quebranto. Lo cierto es que el rojo real del fisco será del 7% del producto bruto en 2016 -o sea, unos 35.000 millones de dólares. El blanqueo aportaría, en el mejor de los casos, la quinta parte de esa suma. La escalada de endeudamiento llevó al neoliberal Juan Carlos De Pablo a calcular servicios de deuda por 20.000 millones de dólares en los próximos años y a preguntarse si “no debíamos prepararnos para un nuevo defol” (“Animales Sueltos”). Los que, desde afuera o adentro del gobierno, reclaman contener la hipoteca con un ajuste fiscal violento, se han topado con la crisis de los tarifazos, donde la Justicia apenas contiene la procesión popular que va por dentro de las grandes ciudades y barriadas del país. Es lo que acaba de suceder en la Ciudad de Buenos Aires, con el freno judicial a un aumento exorbitante del subte. La pretensión de una baja en la inflación -otra de las promesas del mítico “segundo semestre”- parece irse al tacho, entre las consecuencias del tarifazo y los aumentazos de la gran patronal alimenticia, como ocurre en estas horas con el aceite comestible. La escalada de precios ha instalado, con mayor fuerza aún, al reclamo por la reapertura de las paritarias. 
 
El gobierno pretende salir de este impasse económico con un nuevo blindaje político, servido por los gobernadores del pejota y los emigrados del kirchnerismo. Los socios de “bolsones” López, como el gobernador tucumano, Juan Manzur, hacen fila para formar parte de una nueva coalición oficial. Estos acuerdos, sin embargo, plantean otros flancos de crisis. El gobierno condiciona los rescates económicos a planes de ajuste de los gobernadores, lo que multiplicará los choques sociales a escala nacional. Luego, si el acercamiento de Macri a los gobernadores acelera la disolución del kirchnerismo, también hace crujir a Cambiemos, con un radicalismo que anuncia ir a las Paso o con listas propias en 2017. El desnorte económico alimenta todos los factores de disgregación política. 
 
Contención 
 
A la luz de lo anterior, es claro que el cacerolazo del 14 sólo fue un botón de muestra de la crisis social en curso. En esta olla a presión, el papel de contención de la burocracia sindical ocupa un lugar crucial.  La “unidad” que discuten Barrionuevo, Caló y Moyano es precaria, con tres cabezas y ha dejado afuera a varios. Pero, principalmente, no tiene como referencia a la agenda urgente del movimiento obrero; sólo se debaten cuáles serán los términos de un compromiso duradero con el gobierno. La famosa “central única” está condicionada a los diversos arreglos y extorsiones que cada burocracia sostiene con el Estado, donde la impunidad y el dinero de las obras sociales corren a cambio de la parálisis de las organizaciones obreras frente al ajuste. Los jefes sindicales, por otra parte, actúan a cuenta de sus mandantes políticos, sean Massa, Scioli o Gioja, que discuten sobre su propio lugar en la “coalición del ajuste”. A su turno, Yasky ha postergado sin fecha su “marcha federal”, con la excusa de sumar a una CGT que está cada vez más escindida e inmovilizada. La jefa de la CTA Yasky, Cristina Kirchner, también está concentrada en una agenda personal: la del rescate de sus múltiples causas judiciales. 
 
Independencia política 
 
La cuestión de la lucha y la estrategia política recorre también a las organizaciones sociales, piqueteras y a la izquierda. Un conjunto de movimientos sociales ligados a la llamada “economía popular” y la CCC se movilizarán el próximo 7, desde la Iglesia de San Cayetano a Plaza de Mayo, sin siquiera llevar un programa definido de reivindicaciones. La marcha busca la bendición del Vaticano a un armado político que podría anclarse a los socios seudoprogresistas del macrismo, como Stolbizer o incluso Massa. El progreso de la crisis empuja a los jefes de los grandes bloques capitalistas a reforzar sus patas “sociales” a través de la cooptación política. Allí concurren también los antiguos socios del kirchnerismo, como el Movimiento Evita. 
 
En este cuadro, la marcha resuelta para el próximo 9 por un conjunto de sindicatos clasistas, organizaciones piqueteras y partidos del Frente de Izquierda contra el tarifazo y por todas las reivindicaciones obreras, adquiere toda una dimensión política. Por un lado, sale a romper el inmovilismo de las burocracias sindicales con una acción de lucha. Pero esta determinación es, en última instancia, inseparable de una estrategia política. Salir a la acción contra el gobierno ajustador es inseparable de la lucha por una alternativa política de los trabajadores, frente al compromiso de los bloques políticos capitalistas -y sus agentes sindicales- con el ajuste. La crisis temprana del gobierno macrista es un baldón para quienes auguraban un “ciclo derechista” ya consolidado en Argentina y América Latina, ello para justificar su propio retiro a cuarteles de invierno (o a los tribunales penales). En la lucha por las grandes reivindicaciones en juego, y en la presentación de una salida propia y anticapitalista a la crisis, tenemos la tarea de desarrollar a la clase obrera y a la izquierda como alternativa política.
 
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Coordinadora Sindical Clasista - Partido Obrero

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