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jueves, 18 de agosto de 2016

Cuando los trabajadores marcharon detrás de las banderas de la UIA

26 DE JULIO DE 1899
 
11 de agosto de 2016 | #Prensa Obrera 1423 | Por Christian Rath

Hace 117 años, bajo la presidencia de Julio Roca, la UIA convocó una de las movilizaciones más significativas del período. Entre 40.000 y 70.000 personas se agolparon bajo la bandera de la defensa de la industria nacional, exigiendo medidas arancelarias de protección frente a la producción extranjera, en un acto que se prolongó en una marcha hasta la Plaza Lorea. 
 
De la masa que componía aquella manifestación, una parte significativa eran trabajadores. En una ciudad que no llegaba al millón de habitantes, la mitad eran obreros y las tres cuartas partes de ellos eran extranjeros. La expansión industrial había sido vertiginosa en la década previa, en la que se fundaron numerosos establecimientos industriales, una tendencia que se prolongaría, con altibajos, quince años más -entre 1895 y 1914 la cantidad de firmas industriales aumentó de 22.000 a 48.000 1.
 
En este desarrollo jugó un papel el resultado del debate en torno del proteccionismo. Este había comenzado ya en 1875, no casualmente luego de la crisis capitalista internacional de 1873. La presentación de un presupuesto que disponía un aumento general de derechos de importación con el objetivo primordial de apuntalar las rentas nacionales (afectadas por la crisis y el furibundo endeudamiento), detonó un cambio de frente de una fracción de la burguesía que se presentó como industrialista. Sus voceros más destacados, Carlos Pellegrini y un anciano Vicente Fidel López, plantearon el agotamiento de una economía basada en la sola actividad ganadera, incapaz de otorgar ocupación a los habitantes que ya tenía el país y denunciaron que el librecambio de los países desarrollados era una forma de defensa de la industria de esos países, que ya habían consolidado su propia industria.
 
El saldo del debate fue el establecimiento de derechos del 40% para el calzado, ropa y confecciones, del 26 para tejidos y cueros curtidos y del 35 para muchos artículos alimenticios, así como la liberación de la importación de alambre para cercar campos y envasar la producción del agro. El debate no rozó siquiera al latifundio, la principal traba para el desarrollo capitalista en la época. En 1876 se promulgaría la primera ley de colonización, esterilizada por la acción de las colonizadoras privadas, una contracara de la ley de radicación rural en Estados Unidos (1862) que aseguraba la propiedad de 160 acres (64 hectáreas) por un costo insignificante. Aún con estos límites, luego del debate sobre proteccionismo de 1875 se abrió un proceso de crecimiento industrial volcado al mercado interno y de incremento de la cantidad de obreros ocupados. La defensa del “trabajo para los argentinos” se erigió en la bandera de la burguesía industrial nativa. 
 
Proteccionismo y clase obrera 
 
El resultado de la nueva grilla arancelaria para la clase obrera tuvo, sin embargo, su lado nefasto. “El resultado fue… que el sector menos acomodado, aún el indigente, tuvo que cargar con todo el peso del proteccionismo, costeando indirectamente de su peculio el sostenimiento de la industria nacional” 2, pues los mayores precios (protegidos por los altos aranceles) no fueron compensados con aumentos salariales.
 
¿Qué posición adoptaron las organizaciones del movimiento obrero de la época frente al llamado de la UIA? El PS planteó su oposición a la convocatoria y al proteccionismo industrial, defendiendo el librecambio. Su postura se centraba en que permitía el ingreso de mercancías que abarataban la canasta familiar del obrero. En La Vanguardia (5/8/99) se reclamaba la abolición de todo arancel aduanero y de todo impuesto interno al consumo que gravara productos como “telas de algodón, sal, arroz, yerba, azúcar y aceite”. Las corrientes anarquistas no fijaron posición. Se creó así un escenario en el que una masa de trabajadores, por falta de dirección y temor, participó de la marcha convocada por la UIA en defensa de la industria nacional. 
 
Socialistas, anarquistas -aún por omisión- y luego los sindicalistas revolucionarios, van a ser partidarios del librecambio y van a carecer de toda otra política frente a una encrucijada que planteaba la cuestión nacional. 
 
El PS, la cuestión nacional y Marx 
 
Juan B. Justo, fundador del PS, fue un abanderado del capitalismo “sano” frente al espurio, reconociendo en el primero al extranjero. Como no se le escapaba que el capital internacional no venía al país para realizar ideal democrático alguno, planteaba un control de los excesos del capital a cargo del Estado. Por eso los socialistas, en un terreno tan sensible como la propiedad de los ferrocarriles por los ingleses, limitaron sus demandas a las mejoras de las condiciones de trabajo. 
 
En relación con la oligarquía todo el programa del PS se limitaba al reclamo de un impuesto directo y progresivo sobre la renta de la tierra, es decir favorecer un desarrollo capitalista del agro sin una expropiación del latifundio. 
 
Pero el capital extranjero se radicaba especialmente en la cadena de valor orientada a la exportación (frigoríficos, molinos, envasado, ferrocarriles y puertos). Los productos de consumo eran masivamente importados y allí era donde competía la industria nacional. Sus altos precios (protegidos por altos aranceles) castigaban duramente la economía obrera, lo que sólo podía enfrentarse a través de una lucha consecuente por el salario. 
 
Para el PS, el capital extranjero encarnaba una forma de producción más avanzada que la que prevalecía en la Argentina oligárquica y proponía que aquel reemplazara a ésta en el desarrollo del país. Va de suyo que estas posiciones llevaron al PS a ser profundamente hostil a toda manifestación de lucha antioligárquica y antiimperialista de las masas. 
 
Para la época, Marx había constatado el impacto del capital internacional sobre los países atrasados, cuya progresividad se agotaba en el vínculo al ciclo capitalista mundial. Había denunciado el colonialismo advertido por el propio Engels, que ya en 1856 planteaba que “la llamaba libertad de los ciudadanos ingleses se funda en la opresión de las colonias”. El punto de vista de uno y otro no era el del capitalismo sano, sino un nuevo régimen social fundado en la clase obrera, el producto revolucionario creado por el desarrollo capitalista mundial. 
 
En estas condiciones, Marx y Engels se declaraban partidarios del proteccionismo industrial contra las potencias colonizadoras, como complemento de una reorganización social que incluía la revolución agraria. En una carta a Engels en 1867, Marx va a plantear la emancipación de Irlanda como condición ineludible para la emancipación del proletariado inglés. Planteaba “lo que necesitan los irlandeses es: 1) autonomía e independencia con respecto a Inglaterra; 2) una revolución agraria… y 3) tarifas proteccionistas contra Inglaterra” 3.
 
El programa de Marx estaba en las antípodas del enarbolado por el PS, librecambista y reformador del latifundio, pero también del proteccionismo estrecho de cuño burgués que animó la marcha de la UIA. Planteaba la revolución agraria y la industrialización como tareas de la revolución en los países sometidos, palanca de la revolución proletaria a escala mundial. El PS argentino reflejaba el punto de vista dominante en la Internacional Socialista de la época, pasando por alto la condición oprimida y dependiente del país. 
 
Un debate actual 
 
Toda una corriente que reivindica al nacionalismo burgués sostiene que la clase obrera, en aquella convocatoria de la UIA, debía movilizarse junto a los industriales. Olvidan el carácter rabiosamente reaccionario y antiobrero de la UIA, que llamó a desterrar a los “perturbadores del orden público” desde su origen y abogó por la Ley de Residencia y el estado de sitio contra los trabajadores. La posición de ir tras la UIA incluye a los herederos de Juan B. Justo, que creen enmendar su trayectoria colocándose bajo el ala del peronismo y sacrifican la gran posición de su maestro: la construcción de un partido obrero. Incluye también a la izquierda -véase como botón de muestra el PCR. 
 
En el Bicentenario de la Revolución de Mayo, el gobierno CFK pretendió contrastar el desarrollo social y la autonomía nacional de 2010 con la que existía en el Centenario, reivindicando la industrialización del país. Una joda. Una nación que tiene como rubro fundamental la soja y cuya industria tiene un grado de concentración y extranjerización que es el mayor de la historia, es una nación cuya industria está arrasada y sin haber recibido, todavía, el grueso del impacto de la crisis mundial. Los que prometieron “reconstruir la burguesía nacional” y los que ahora sostienen, desde Cambiemos, que ya no existe (ver editorial de La Nación, 7/8), son la patética expresión del inmenso fracaso de la clase social que ha gobernado este país durante 200 años.
 
1. Censo Nacional 1914.
 
2. Adolfo Dorfman: Historia de la Industria Argentina, Solar/Hachette, Buenos Aires, 1970.
 
3. Marx Engels: Obras Escogidas, Tomo VIII, Editorial Ciencias del Hombre, Buenos Aires, 1973.
 
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