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domingo, 21 de agosto de 2016

El declive de un régimen político

18 de agosto de 2016 | #Prensa Obrera 1424 | Por Gustavo Montenegro 
 
La candidatura de Donald Trump se ha desinflado en las últimas semanas. Más de cincuenta referentes republicanos y varios senadores salieron a rechazar su candidatura. Muchos de ellos temen que el partido sea arrastrado por los improperios del magnate y han llamado a la dirección partidaria a concentrar los esfuerzos económicos, ya no en la candidatura presidencial, sino en defender las posiciones legislativas que están en juego: temen perder la mayoría en el Congreso. 
 
El grueso de la burguesía rechaza su candidatura: temen que el planteo proteccionista del candidato -que postula barreras arancelarias contra la producción china y mexicana- ponga en peligro la exportación de gas y petróleo a Asia y Europa, así como grupos como Apple no tienen ninguna intención de detener la subcontratación de parte de su producción en países con mano de obra más barata (PO N 1.413). También despiertan recelos los planteos de una reestructuración de la deuda, forzando previamente una baja de los activos. 
 
Emergente derechista 
 
Visto en perspectiva, sin embargo, lo llamativo no es que la candidatura de Trump se haya desinflado, sino que este ‘outsider’ haya ganado la nominación de su partido y conserve un importante caudal de voto. Su planteo contra los ‘políticos de siempre’ que ‘han convertido a Estados Unidos en un desastre’ atrajo la atención de un sector muy amplio de la población. En materia de pequeños aportistas, los asesores de Trump estiman un millón de cotizantes, un éxito sólo comparable al de Bernie Sanders o al de Obama en su primera campaña por la presidencia.
 
Trump es el emergente derechista y hasta fascista de la crisis capitalista norteamericana, con sus ataques contra los inmigrantes como el aspecto más revelador.
La crisis incluye una deuda pública del conjunto de la Unión que asciende al 120% del PBI, y la política de emisión y bajas tasas de interés que no provocó más que un anémico crecimiento económico. La desigualdad social se ha profundizado y el desempleo es alto. La gestión de Obama, a su vez, ha provocado una enorme decepción en las masas. 
 
Problemas a dos bandas 
 
La debacle de la candidatura de Trump, que no es irreversible debido al carácter explosivo de la situación social y política (expresada en los atentados, crímenes policiales y sublevaciones populares de estas semanas), ha beneficiado naturalmente a Hillary Clinton. 
 
Pero sería un error pensar que la candidatura de la demócrata es un lecho de rosas. Pocos días después de la convención de crisis que proclamó su candidatura, donde miles de jóvenes se movilizaron para exigir una candidatura independiente de Bernie Sanders, una nueva filtración de documentos salpicó su candidatura. Esta vez, refieren a posibles favores políticos a cambio de aportes a su fundación, lo que refuerza su imagen altamente negativa. 
 
Así las cosas, el papel de Sanders -con sus once millones de votos en las primarias- resulta decisivo para sostener la alicaída candidatura de los demócratas.
Clinton ha incorporado planteos del senador por Vermont (aumento del salario mínimo) y hasta viró -al menos discursivamente- a una oposición al Tratado TransPacífico (TPP). Clinton ha prometido, como su rival Trump, un fuerte aumento del gasto público para la realización de obras públicas y la generación de empleo. Aun así, no despierta ningún entusiasmo. Su fuerza radica en el temor a Trump y no en méritos propios. 
 
Sanders -que se proclama socialista- ha terminado cumpliendo un rol político conservador, al llamar a sus propios seguidores a votar por Clinton bajo la amenaza de Trump -renunciando de esta manera a una candidatura independiente. 
 
Mapa político 
 
El sistema político norteamericano, con su modelo de circunscripción uninominal para la Cámara de Representantes y de “winner takes all” (el ganador se lleva todo) para la elección de los delegados al colegio electoral, procura forzar un régimen bipartidista. Pero como lo ha demostrado recientemente el caso británico, la ‘ingeniería constitucional’ puede volar por los aires bajo la presión de la crisis capitalista.
 
Las encuestas señalan que Gary Johnson, un oriundo del Partido Republicano que se presenta por el Partido Libertario (fuerza que nunca superó el 1%), mide el 12% de los votos en algunas encuestas. A su turno, la papeleta del ex agente de la CIA, Even McMullin (republicano que se presenta de forma independiente), estará en poco más de la mitad de los estados.. 
 
El Partido Verde, de Jill Stein, mide en algunas encuestas el 5% de los votos (el doble de lo que obtuvo Ralph Nader en 2000). Podría recibir una parte de los votantes de Sanders en las primarias.
 
Aunque sobre el final de la campaña la intención de voto de estos terceros candidatos tenderá a reducirse, e incluso el sistema electoral hace difícil que conquisten una representación política de cierto peso, es un síntoma más del astillamiento de un sistema político de más de un siglo, que prefigura un nuevo mapa político en la principal potencia capitalista del mundo.
 
 
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