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miércoles, 10 de agosto de 2016

La izquierda del PSUV apoya el referendo revocatorio

4 de agosto de 2016 | #Prensa Obrera 1422 | Por Jorge Altamira 

El ajetreo de las potencias mundiales en torno de la guerra del Yemen y de Siria; al terrorismo que se atribuye Isis; al golpe en Turquía y las manifestaciones contra el intento de Erdogan de establecer una dictadura; a la quiebra bancaria en la Eurozona y al Brexit; al derrumbe del precio del petróleo y a las amenazas financieras que se ciernen sobre Japón; a las advertencias de un aterrizaje forzoso de la economía de China; a la candidatura chovinista y belicista de Donald Trump; ninguna de estas preocupaciones ha mermado la inquietud de esas mismas potencias y de varias otras de dimensiones menores, por el desarrollo de la crisis en Venezuela. El desplome del gobierno de Nicolás Maduro y la posibilidad de que ocurra lo mismo con el régimen chavista figura en el tope de la agenda de Obama y de Cuba; del Vaticano y de la U  nión Europea; de las piezas sueltas a las que han quedado reducidos la Unasur y el Mercosur y, por último, y no por eso de menor importancia, de la agenda de China, el principal cliente y acreedor de Venezuela. 

Deuda externa, un espantapájaros 

La descripción de la crisis de abastecimiento que sufre la población y los relatos de saqueos a supermercados, no significan que en la descomposición de Venezuela no haya un método. El gobierno se encuentra aplicado al pago riguroso de la deuda externa, la cual cotiza con un descuento del 40% por el riesgo de un defol. Esto significa un negocio monumental para los fondos buitre, que han salido a comprar en manada los títulos públicos bolivarianos. El monto de la deuda externa venezolana -del Estado y PDVSA- sería de 127 mil millones a 150 mil millones de dólares, con vencimientos de alrededor de 20 mil millones de dólares en los próximos 18 meses, en tanto que las reservas líquidas serían de 12 mil millones de dólares, Venezuela cuenta con un stock de 600 toneladas métricas de oro, luego de haber vendido cerca de 50 toneladas entre febrero y mayo últimos. El ministro de Economía, Pérez Abad, ha informado que las importaciones del país han caído de 37 mil millones a 20 mil millones de dólares en los dos años últimos, y que el propósito del oficialismo es bajarlas aún más, a 15 mil millones de dólares. Esto para reunir las divisas necesarias para abonar los vencimientos de la deuda internacional. Para eso ha recurrido al remedio ‘clásico’ de una enorme devaluación del bolívar, con la intención de acercarlo a la cotización del mercado negro, que se encontraba un mil por ciento por encima. La prioridad que se ha otorgado al pago de la deuda sobre las importaciones, ha sido el disparador (no la causa) de la crisis alimentaria que parecería crecer sin contención. 

Hace tres décadas, cuando el régimen estalinista de Nicolae Ceaucescu logró su propósito de cancelar la deuda externa de Rumania, sometiendo a penurias inauditas a la población, acabó derrocado por una tremenda insurrección de masas. 

La salida del defol es propiciada, en forma abierta, por Ricardo Haussman, un venezolano antichavista que trabaja en la Universidad de Harvard, quien ya probó fortuna, en enero de 2001, cuando abogó, junto al FMI, por el defol de la Argentina. Esa salida, bajo el gobierno de Maduro, produciría un colapso del régimen aun mayor que el que sufrió De la Rúa. La mayor parte de la deuda externa de Venezuela la contrajo el propio chavismo -no puede endilgarle la responsabilidad a una dictadura militar. Para peor, gran parte de esa deuda tiene su origen en los bonos que el Estado otorgó a los importadores y que terminaron en la Bolsa de Nueva York. El 40% de esa deuda, por otro lado, está contraída con China, que es pagada con exportaciones de petróleo. La producción del combustible, sin embargo, ha caído a los niveles de principios de siglo, precisamente por falta de financiación de inversiones y la desorganización que prima en las empresas nacionalizadas. La moneda de cambio de Venezuela, el petróleo, está prendada a los acreedores internacionales cuando el precio del barril, además, se acerca a sus mínimos históricos. 

Remate, rescate 

La expectativa de los teóricos del chavismo (Mommsen, Ali Arnaque), acerca de la posibilidad de sustentar un régimen de autonomía nacional a través de la recaudación de una renta minera internacional extraordinaria, ha terminado en un espejismo. Solamente una unión federativa y una reorganización social anticapitalista dirigida por la clase obrera, puede ofrecer un principio de salida a los países rezagados. El conjunto de las fuerzas capitalistas y pro-capitalistas en presencia hacen eje en la deuda externa, para que la atención popular no se concentre en la necesidad de un gobierno de trabajadores que asuma la reestructuración de Venezuela sobre nuevas bases históricas. La pretensión de impulsar la industrialización mediante un corte de importaciones, como justifica el ministro Pérez Abad el desabastecimiento, es un despropósito; eso sólo podría lograrlo una planificación determinada por la fuerza productiva del trabajo.

En oposición al programa de compresión de las importaciones para pagar la deuda externa y atenuar de este modo la presión política internacional, el presidente del Banco Central, Franklin Méndez, propone vender los activos que PDVSA posee en el extranjero y recomprar parte de la deuda externa con ese dinero. Sin embargo, si no se hace una recompra a precios de mercado, Venezuela pagaría 100 lo que vale 60 o menos; Méndez plantea también llevar el precio interno de los combustibles, irrisorio en la actualidad, al nivel internacional. Desde otros ambientes se plantea renegociar la deuda con China. De acuerdo con algunas informaciones, China aceptaría el convite si la renegociación es avalada por la Asamblea Nacional, controlada por la oposición de derecha. La cesación de pagos potencial de Venezuela lleva en línea recta a la discusión de una transición al post chavismo. 

Milicos al frente 

El enfrentamiento a la Asamblea Nacional mediante un gobierno por decreto, ha instaurado en Venezuela un régimen de facto. En las elecciones pasadas, el chavismo perdió sin atenuantes en las zonas urbanas e industriales. En esa lógica, boicotea el reclamo de que se convoque a un referendo revocatorio. La designación de Vladimir Padrino, el jefe de las fuerzas armadas, para dirigir el aparato estatal de distribución de alimentos, subordinando incluso al gabinete, militariza la disgregación del Estado y la transición hacia un nuevo régimen político. Algunos claman que se trata del pasaje a una dictadura castrense, otros de una transición pactada con la oposición de derecha. En cualquiera de estas variantes, la presidencia de Maduro estaría concluida. Los sobrinos políticos de Maduro, en posesión de pasaportes diplomáticos, habrían confesado a la Justicia norteamericana su participación en una red internacional de tráfico de cocaína. Para llegar a este punto de la crisis no hizo falta Wikileaks. El cambio de gobierno y de régimen se ha puesto a la orden del día. Cualquier otra discusión es ociosa. Es necesario concentrar el interés de las masas en una salida política propia.

La Unasur, Obama, la burguesía escuálida y el Vaticano se encuentran empeñados también en dar sustento económico a una transición, la cual consistiría en liberar el ‘cepo’ y culminar la devaluación, que sería complementada con una reestructuración de la deuda (revalorización). En este plano, Venezuela se convertiría en un paraíso financiero de corto plazo para quienes comprarían nueva deuda a tasas de interés varias veces mayores a las que han ofrecido el macrismo o los golpistas brasileños. Los bloques continentales y los pontífices ‘que supimos conseguir’, se reconvierten sin ruido, con el progresismo afroamericano y la socialdemocracia europea, en instrumentos de una salida contrarrevolucionaria. 

La cuestión del poder

La izquierda del PSUV (los ex ministros Ana Elisa Osorio y Jorge Giordani) y varios militares que acompañaron a Hugo Chávez en el levantamiento de febrero de 1992 (el nombre de golpe se aplica solamente a la acción de una institución del Estado) han decidido apoyar el revocatorio que reclama la derecha. Entre los firmantes del planteo hay personalidades de Marea Socialista, el equivalente del MST de la Argentina. Es evidente que el apoyo al revocatorio es inducido por el reconocimiento de que la cuestión de poder está ‘a full’. En condiciones relativamente diferentes, los anima, sin embargo, la misma ilusión de aquellos disidentes de Syriza que esperaban que los electores repudien a sus dirigentes incapaces o traidores y los premien a ellos por representar, en el caso de Venezuela, ‘el chavismo original’. Seguramente sufrirán una decepción, pero en todo caso tampoco ese ‘premio’ electoral sería una salida, porque las masas necesitan, ante la catástrofe que sufren y la que se avecina, una fuerza política compacta en términos estratégicos.

Es precisamente esto lo que brilla por su ausencia en los planteos de fuerzas más avanzadas (por ejemplo PSL, ligada a nuestros compañeros de IS en el FIT), cuando invocan la necesidad de la “unidad para pelear contra el ajuste”. Cualquier ‘pelea contra el ajuste’, si es mínimamente seria o real, plantea la cuestión del poder. Por gravísima que sea, la crisis en Venezuela no se desarrolla en términos de ‘todo o nada’; hay mucho camino para recorrer, incluso si acontecen sucesos tremendos. La ‘pelea contra el ajuste’ no supera la caracterización mistificadora de Maduro (y aparentemente del PTS), que apuntan a una ‘pelea contra la guerra económica o el sabotaje de la burguesía”. En ninguno de los dos casos hay un planteo de poder, que es la condición de una construcción política capaz de intervenir en las distintas etapas que aún recorrerá este derrumbe social y político. En Venezuela se manifiesta con toda claridad que la atomización y el faccionalismo en la izquierda revolucionaria es la consecuencia de una falta completa de estrategia. 

Extraído de: www.facebook.com/jorge.altamira.ok/posts/593258907521641
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Coordinadora Sindical Clasista - Partido Obrero

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