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martes, 2 de agosto de 2016

UNA DISERTACIÓN ANTE MIL JÓVENES SOBRE LA REVOLUCIÓN CUBANA




Jorge Altamira
8 de febrero de 2016
[Dadas las enormes dificultades encontradas con el video y audio de esta charla, en el campamento de verano de la Unión de Juventudes por el Socialismo, ofrecemos una versión reestructurada de lo que se ha podido rescatar]

Compañeros, buenas tardes a todos.

Me parece que me han encomendado un trabajo muy difícil.
No creo que se pueda, realmente, en una sola charla, estudiar, analizar la revolución cubana en sus distintos desarrollos, el impacto que tuvo sobre América Latina, el impacto que tuvo sobre los movimientos de izquierda y nacionalistas en América Latina, el impacto que tiene hoy, el papel que juega su situación actual. Que esto se puede hacer en una sola charla, es una idea abusiva.
Cuando uno estudia bien un problema, un solo problema, llega mucho más lejos que si toca un montón de problemas superficialmente. Porque un solo problema, correctamente investigado, correctamente analizado, obliga a desarrollar una metodología, de modo que cuando va a abordar otro problema, ya está intelectualmente armado, esta teóricamente armado, para encarar esos otros problemas.

Destaco esta cuestión de método porque en la izquierda, en general, hay mucho de esta superficialidad, que se manifiesta en una lucha faccional donde no está presente una sola idea teórica.
Eso atrasa al movimiento revolucionario, lo debilita, no forma cuadros. Nuestra obligación es destacar en toda lucha política, en toda lucha faccional, el contenido teórico de esa lucha, su fundamento; de lo contrario es simple liquidacionismo. Está ausente la tradición marxista, bolchevique y trotskista de la batalla teórica. El faccionalismo es un sustituto deforme de la falta de estrategia política

Algunos compañeros me señalan haber visto algún video mío hablando sobre el Che, de dos horas. Ahora, ¿cuánto tiempo tengo para hablar de toda la revolución cubana, y que sea pedagógico, que sea didáctico, 45 minutos, una hora? Hay que cambiar ese método. Si el propósito era que el curso, este campamento, discutiera la revolución cubana, debía haber consagrado la totalidad del tiempo que se le ha adjudicado. Observo que a lo sumo el 15% de la asistencia tiene en este momento una hoja y un papel, es decir, no hemos venido a investigar, porque para investigar un asunto se toman las notas, se trabajan esas notas, y trabajadas esas notas se discuten en comisión. Vamos adelante.
Los primeros pasos

El 10 de marzo de 1952 se produjo un golpe de Estado en Cuba y se instauró la dictadura de Fulgencio Batista -un personaje. Batista se había destacado en el año 1933 entre los sargentos del ejército cubano en el marco de una gran revolución, cuando una disolución de las fuerzas armadas las había dejado bajo el control de los sargentos. El corresponsal del New York Times escribió que la casa de gobierno, en la Habana, se parecía al Palacio de Invierno, en San Petesburgo, en 1917. Batista va a ser, precisamente, quien va a asumir el control de las fuerzas armadas, contrarrestar la revolución de 1933 y transformarse en árbitro político. Luego, en 1940/44, será presidente y obtendrá la colaboración del partido comunista. Va a gobernar con hombres del PC que luego van a integrar el gobierno de la revolución cubana. No voy a entrar en más detalles, pero esta dictadura precipita una reacción de quienes van a ser los principales protagonistas de la revolución cubana (…)

Años después, en marzo del 52, Batista dará el golpe que lo devolverá al poder. El 26 de julio de 1953 tiene lugar el asalto al cuartel de Moncada encabezado por Fidel Castro. Este tenía la intención de ocupar el fuerte y desatar la insurrección contra Batista. Falló el factor sorpresa y el asalto dejó numerosas víctimas entre los jóvenes revolucionarios.

En el juicio que se le hace cuando está detenido, Fidel Castro pronuncia su famoso discurso (“La Historia me absolverá”), un verdadero programa político. Encarcelados los líderes y luego amnistiados, enseguida se organiza un desembarco en el oriente de Cuba desde México. El desembarco, en diciembre de 1956, ligado al llamado a una huelga general, fracasa también, y doce sobrevivientes logran replegarse en la Sierra Maestra, donde se defienden con métodos guerrilleros.
Esto nos coloca directamente en el viejo tema del foquismo. Lo que luego será teorizado como tal -la creación de un foco militar que se convierta en dirección de masas-, constituye, en realidad, una acción putschista con resultados desafortunados. El ‘foco’ comenzará a desarrollarse más adelante como consecuencia de la movilización popular, la crisis del gobierno y los golpes de la enflaquecida guerrilla contra destacamentos del ejército. En Argentina, a finales de 1975, también hubo un asalto a un cuartel, el Batallón 601, por parte del PRT-ERP, que concluyó con una masacre de militantes y aceleró el golpe militar de marzo siguiente. Otro putsch, esta vez grotesco, lo protagonizó en 1989 el MTP (Movimiento Todos por la Patria), conducido por Gorriarán Merlo, que terminó también en masacre. Masacre que contó con el apoyo de la entonces Izquierda Unida y cada uno de los grupos que luego se desprendieron de ella.

Nosotros como partido, no hacemos putschismo. En primer orden, tenemos un programa y, sobre la base del programa, una organización. Buscamos que la clase obrera se organice en un partido propio, que madure políticamente sobre la base del programa y de la experiencia de la lucha de clases, y se capacite para tomar el poder político. La superioridad de un método sobre otro solamente se puede apreciar desde una perspectiva histórica amplia. El foco, de todos modos, se diferencia de la política de colaboración de clases de la izquierda cuando asume una independencia irrevocable frente a las fuerzas burguesas en presencia (…).

Los métodos políticos, incluso los que emergen por accidente, no son accidentales. Siempre corresponden a una determinada situación histórica y a la clase social que se vale de ellos. El Movimiento 26 de Julio (M26J), que encabeza la Revolución Cubana, pertenecía al movimiento de la pequeña burguesía nacionalista de Cuba; no era una expresión política de la clase obrera. Los métodos aplicados en el asalto al cuartel de Moncada y en el desembarco, se nutrieron desde la acción estudiantil y se inspiraron en las acciones de la guerra de la Independencia, que correspondían a otra correlación histórica entre las clases (…).

El foquismo es un tema que tuvo una influencia enorme en América Latina. El balance histórico es negativo. Es importante, por eso, discutir la influencia histórica de la revolución cubana en América Latina, como también (lo cual es diferente) su la influencia y la influencia del Estado y gobierno de Cuba en el pensamiento y la acción político de la izquierda, de los revolucionarios, de los militantes, de los luchadores en América Latina.

Entre el método y la organización, de un lado, y su eficacia, por el otro, media el cuadro de conjunto de un país o una sociedad al cual se pretenden aplicar. No se puede separar el sujeto del objeto. Los métodos políticos están condicionados por la estrategia de una clase, pero, por otro lado, por la situación histórica concreta. El método de la guerrilla ha sido defendido y desarrollado por partidos marxistas en circunstancias concretas. La diferencia con el foquismo es de otra naturaleza: el carácter de la revolución, la clase dirigente de ella y la forma en como esa clase se convierte en tal dirección política. El partido basado en la lucha de la clase obrera no apuesta a una determinada crisis, sino a una política de desarrollo y organización de la conciencia de la clase obrera, y a la intervención en todas las crisis para reforzar su capacidad de acción, y finalmente a una crisis que realmente coloque el problema del poder y haya en esas circunstancias un partido con claridad y sólidamente basado en la clase obrera. La estrategia en este caso es la revolución permanente.

El programa del M26J era el reemplazo de la dictadura por la democracia, la autocracia por la vigencia de la Constitución de 1940, con la expectativa de realizar en este marco una reforma agraria. Con respecto a la historia de los movimientos nacionales era, a la vez, más avanzado y más atrasado. Por un lado, reivindica la lucha armada, por el otro el putschismo. El agotamiento de la dictadura volcó hacia el apoyo a la guerrilla a una parte de la burguesía liberal, incluso a una parte del imperialismo yanqui (en 1978/9 ocurriría algo similar -no igual- con la burguesía en Nicaragua). El aparato batistiano finalmente era un régimen de camarilla que se quedaba con toda la riqueza que se generaba en Cuba -especialmente el juego, y secundariamente, por ejemplo, la exportación de azúcar. La burguesía opositora y el movimiento de Fidel Castro establecerán un frente político, que se va a ir rompiendo desde la última fase de la revolución y, luego, durante el primer año del gobierno revolucionario.

Foquismo, putschismo y crisis política

El fracaso de un ejército, que en la época estaba muy bien armado por los Estados Unidos, de cuarenta mil hombres, y que bombardea sistemáticamente Sierra Maestra, para reducir a una guerrilla de centenares de personas, se explica por el carácter irrevocable de las contradicciones del régimen político que lo sustentaba. Parte del armamento de la guerrilla era financiado en Estados Unidos por la burguesía cubana y norteamericana anti-batistiana. Se va a producir una implosión del régimen de Batista: la lucha armada de la guerrilla, del Movimiento 26 de Julio, en su mejor momento, hacia el final, reunió mil combatientes, y el ejército cubano se rindió ante esta guerrilla de mil combatientes antes de emplear el total de su fuerza. No fue una victoria militar, fue una implosión política, aprovechada por un contingente de mil guerrilleros, desde el momento en que el Che Guevara da la batalla de Santa Clara contra un tren de tropas que deponen las armas.

En el tema del foquismo, la pequeña burguesía latinoamericana asoció el foquismo a la inevitabilidad de la revolución. Ese foquismo fue fomentado, asimismo, por el gobierno cubano, como parte de su lucha contra el bloqueo del imperialismo, que resultó por completo ineficaz. Cuando, en 1965, Cuba recibió el auxilio histórico de la Revolución Dominicana, quedó al desnudo la falta de una política realmente internacionalista. Estados Unidos invadió Santo Domingo con 40 mil ‘marines’.

A ver si llegamos a una conclusión en este punto.

En Cuba, el foquismo siguió al putschismo, y éste fue continuado por una lucha guerrillera y acciones de apoyo en las ciudades, y en dos ocasiones por una huelga general, que se combinaron, sucesivamente, con un impasse mortal de la dictadura, que se había convertido en una traba insoportable para todas las clases sociales y parcialmente el imperialismo. Cada fase y cada método se agotaron en su propio desarrollo. Hay una relación entre el foquismo y la victoria de la revolución, mediados por la crisis política del país y la desintegración del Estado, y el cambio de las posiciones de las distintas clases sociales. Por ejemplo, Fidel Castro llegó a La Habana después de recorrer toda Cuba, durante una semana, con un gigantesco crucifijo. Entonces, toda la izquierda latinoamericana dice “qué vivo que fue, se puso un crucifijo para mostrar que era moderado y engañar a los yankees”.
Hay textos de Libres del Sur que dicen que la revolución cubana triunfó gracias a la viveza de ocultar su programa y sus intenciones. Libres del Sur también dice que oculta su propio programa con esa misma finalidad, ¿acaso está preparando una revolución? Es la superchería de quienes ya han arreglado con los K y los antiK y con los macristas y los anti-macristas que salgan del macrismo (cuando los haya). En lugar de entender el contenido de ese proceso político de la revolución cubana, dicen “no, ¡qué vivo que estuvo en ponerse el crucifijo!”.
Cuando Fidel Castro pronuncia el discurso ante el tribunal que lo juzga que termina con “la Historia me absolverá”, formula todo el programa democrático de Cuba. Por lo tanto, no era simplemente foquismo. El movimiento de Fidel Castro venía del partido (era una fracción del partido) que había hecho aquella revolución o había intervenido en aquella revolución de la década de 1930 en la que el ejército se desintegró y había aparecido Batista. Entonces, era una generación que venía con una aguda tradición de frustraciones nacionales.

Argentina, América Latina

Nosotros no hemos criticado al PRT-ERP o a Montoneros solamente porque invocaran un supuesto foquismo. De ninguna manera. ¡No! Montoneros planteó como consigna la vuelta de Perón, esa era su estrategia política. Y la vuelta de Perón, después del Cordobazo, después del Rosariazo, de Sitrac-Sitram y de la aparición de una clase obrera independiente, era una consigna reaccionaria. Fidel Castro no planteó ninguna consigna reaccionaria. ¡Entonces no hagamos concesiones! No hagamos asimilaciones fáciles y embellecedoras de los setenta en Argentina. Siempre hemos dicho que nuestra crítica a la violencia ¡se aplica a la violencia contrarrevolucionaria, a la violencia reaccionaria, a la violencia ciega, a la violencia confusa! ¡Pero nunca a la violencia revolucionaria, que es la partera de la historia! Entonces, traer a Perón no era la violencia revolucionaria. ¿Ven por qué este tema del foquismo y de los sucesivos métodos y desarrollos de la Revolución Cubana debiera ser apenas un primer capítulo de un curso más extenso?

Con el tema del ERP, y con el foquismo de izquierda en general, debemos detenernos de otro modo. En Argentina, la cuestión de una lucha armada de características foquistas quedó planteada desde el año 1962. Hubo una guerrilla, el Ejército Guerrillero del Pueblo, donde había un argentino, Jorge Masetti, etc, etc., etc. (Hay un artículo importante en la revista En Defensa del Marxismo N° 45, de junio de 2015, sobre el grupo de Pasado y Presente y su vínculo con esta guerrilla). Se desencadenó una discusión. De esa discusión nació el Partido Obrero. Nosotros estábamos en un grupo donde, en un momento determinado, la mayoría dijo “hay que hacer foquismo”, y nosotros dijimos... “ruptura”. Era en el ´63. Más adelante, con la dictadura de Onganía, se planteaba que sólo un foco militar podía, por un lado, despertar la convicción entre los trabajadores de que se podía triunfar contra la dictadura y, por otro lado, forjar los instrumentos de ese derrocamiento, el armamento popular. Como, además, la clase obrera estaba en reflujo, el foquismo era la vía para sacarla de ese impasse. Nosotros dijimos que ese no era nuestro método de análisis, que nos basábamos en las contradicciones del capitalismo, de la dictadura, etc., que considerábamos que esta dictadura, como las anteriores, iba a caer como consecuencia de sus contradicciones y de la lucha que iba a provocar (como ya había provocado en un comienzo) esa política, y sosteníamos que el país iba hacia un levantamiento popular, y que teníamos que trabajar por ese levantamiento popular, por medio de la propaganda, la agitación, la organización y un trabajo profundo en las fábricas. Que eso de que los obreros estaban adormecidos y los iba a despertar el foquismo era un planteo artificial. Que además ya se había discutido en Rusia, cuando los terroristas populistas rusos alegaron que el terrorismo iba a despertar la conciencia del pueblo. Lenin contestó que lo que despierta la conciencia del pueblo es la explotación capitalista, y que no había nada que despierte más la conciencia que una gigantesca explotación social.

Por lo tanto, el tema del foquismo se discutió en un período de reflujo y frente a una dictadura que se consideraba imbatible. Hubo dos posiciones. Lo que hoy son los grupos morenistas en aquel momento se llamaban PRT, e hicieron un congreso en 1967 y votaron una resolución según la cual la tesis histórica de la izquierda, del marxismo, de que hay que construir un partido obrero había caducado, y que había que organizar grupos armados. Fue una votación de 1967. El llamado a “crear los brazos armados de la Olas” -como el PRT planteaba textualmente- era un reconocimiento a la adaptación de la política exterior de Cuba, que propiciaba eso a partir de la conferencia tricontinental que tuvo lugar en La Habana, como un probable adelanto a la guerrilla que iniciaría después el Che en Bolivia.

Para caracterizar al ERP, como a otras expresiones foquistas y al propio Che, es necesario advertir que el planteo de ellos tiene lugar en las vísperas del Mayo francés y del Cordobazo y de todos los levantamientos que siguieron luego en Argentina. El foquismo no es impulsado a partir de las premisas de que la clase obrera está en reflujo y no puede actuar, o que las dictaduras son tan poderosas que ahogarían cualquier posibilidad de levantamiento popular. Es impulsado a partir de la refutación de esas premisas, cuando los explotados ya se han puesto en movimiento por millones y necesitan una orientación política y no un ‘despertar’ al cual se estarían recusando. ¡El foquismo en la Argentina tiene un carácter no revolucionario porque se crea y se desarrolla en oposición a la dinámica de todos estos levantamientos populares encabezados por la clase obrera! Es, precisamente, en este contexto histórico, que reaparece la consigna del retorno de Perón: “luche y vuelve” (a restablecer el ‘orden’) (…).

La lucha armada desde el exterior de la clase aparece cuando hay una dinámica revolucionaria en la clase. Por eso el retorno de Perón es acompañado sin el señalamiento de su función contrarrevolucionaria por toda la izquierda. Entre el foquismo del ERP y la consigna del retorno de Perón, todo el movimiento obrero revolucionario que surge con el Cordobazo queda colocado en un callejón sin salida y sin ninguna posibilidad de liderazgo político sobre la clase obrera. La prueba más contundente de esta dinámica antagónica es que, bajo el gobierno peronista, en Villa Constitución y en la huelga general de junio/julio de 1975, reaparece en forma constante el movimiento autónomo de la clase. El alcance histórico de la Revolución Cubana debe ser diferenciado de la asimilación política que diversas fuerzas presentes de la izquierda hicieron de la Revolución Cubana. Nuestro partido tuvo siempre conciencia de esta distinción.

Destrucción del viejo Estado, bonapartismo

Las experiencias de las revoluciones triunfantes pesan sobre la conciencia de clase en forma positiva cuando son asimiladas en forma crítica y en función de las particularidades de cada país y de su historia.
Ahora tenemos que considerar el carácter de la Revolución Cubana, que dio lugar a innumerables debates. Claro, creemos haberlos esclarecido en su momento, lo que no significa que estén superados, y por eso se vuelve de distintas formas. El chavismo, el sandinismo y hasta el kirchnerismo aseguran abrevar en ella, a pesar de que la descalifican cuando esgrimen un Socialismo del Siglo XXI -que no expropie al capital.

La revolución cubana se hace con la consigna de la re-implantación de la Constitución del ´40, que Batista había derogado , y la convocatoria a elecciones libres. ¿Qué régimen se desarrolla a partir de esta premisa? El primer gobierno de la revolución es un gobierno de coalición de todas las fuerzas democráticas que habían acompañado y habían apoyado, a su manera, con sus reticencias, la lucha armada y la lucha de la guerrilla y el derrocamiento de Batista. Digo “sus reticencias” porque en el momento crucial se busca negociar la caída de Batista, a lo cual se opone el M26J. La caída de Batista produce una destrucción del viejo Estado. Es interesante cotejar esto con la insurrección boliviana de octubre de 2003, cuando se negocia la sustitución del presidente, el ‘gringo’ Sánchez de Lozada, por el vice -precisamente para mantener la continuidad del aparato estatal. El ‘castrista’ Evo Morales -presionado además por Kirchner y Lula, quienes mandan un emisario de Libres del Sur a La Paz- no hizo lo que Fidel Castro, la versión original, había hecho en 1959 -ordenar una huelga general hasta el derrocamiento de todo el poder estatal. Quienes asocian castrismo e indigenismo al ver el apoyo de Castro a Evo, se equivocan en lo esencial; Fidel no actuó en 1959 como lo haría respecto a Bolivia en 2003.

Entonces, un proceso importante para definir la revolución cubana consiste en lo siguiente: que la primera coalición política de la Revolución, presidida por un hombre con simpatía por el M26J, pero no dirigida propiamente por esta organización, dura un par de meses. Sucumbe ante las enormes contradicciones que se van planteando en el proceso revolucionario, las cuales exigen medidas mucho más radicales que el retorno a la Constitución de 1940 y el llamado a elecciones generales. Se produce una ruptura entre la burguesía democrática y el Movimiento 26 de Julio. De un gobierno de coalición democrática pasamos, a través de distintas etapas, primero con el presidente Manuel Urrutia, después con el presidente Osvaldo Dorticós, a un gobierno exclusivo del Movimiento 26 de Julio.

Es decir, que evoluciona hacia un gobierno bonapartista. Porque es un gobierno que surge de la crisis engendrada por la propia revolución y que tiende a suplantar a los distintos antagonistas y a asumir el arbitraje. Cuando Fidel Castro llega al gobierno directamente, por un lado, se van a exiliar los de la burguesía democrática, él los expulsa del gobierno, renuncian. En este contexto, la prohibición para que haya elecciones democráticas en los sindicatos y la ausencia de una corriente para que los sindicatos se desarrollen en forma independiente del Estado, completa un cuadro bonapartista de conjunto. Los sindicatos quedan vinculados al poder estatal, en medio de un choque de alcance revolucionario con el imperialismo y la burguesía nativa.

En cierto modo, este poder asume un carácter definitivamente bonapartista, a partir de la muerte de Camilo Cienfuegos y luego del asesinato del Che, o de la partida del Che de Cuba. ¿Por qué lo digo? Porque, en cierto modo, mientras el Che formaba parte del gobierno de Cuba, era presidente del Banco Central y ministro de Industria, y Camilo Cienfuegos era jefe del Ejército Rebelde, el gobierno con características bonapartistas era un gobierno colegiado. El gobierno cubano se transforma en un gobierno de poder personal con la desaparición de estos dos. Y, mientras que Camilo Cienfuegos muere en un accidente, como lo señalan muchos artículos que estamos publicando en nuestra revista En defensa del marxismo, la partida del Che de Cuba tiene que ver con una crisis al interior del régimen. Es decir, una nueva crisis es la que lleva de un gobierno bonapartista - o con rasgos bonapartistas, pero colegiado - a un gobierno unipersonal en el sentido de que hay un árbitro único de la situación política.

¿Por qué importa este tipo de análisis? Porque tiene que ver con el tema de que esta fase de la revolución, y la revolución misma, no gesta un poder de la clase obrera. Y para hablar de una revolución socialista, y para hablar de un Estado obrero, el poder político tiene que estar, al menos en principio, en manos de la clase obrera. No es suficiente -todavía- que ese gobierno realice tareas propias de un gobierno obrero, porque esas tareas pueden coincidir, al menos excepcionalmente, o en situaciones extremas, con las de una pequeña burguesía revolucionaria que lucha por la autonomía nacional de un país sometido. En realidad, la clase obrera no tiene ninguna institución de poder, sino que, en la medida en que eventualmente podría tenerla a través de una lucha por la independencia de los sindicatos, los sindicatos pasan a la tutela del Estado, y esto es reforzado por la progresiva alianza entre el Partido Comunista y el Movimiento 26 de Julio.
Esta es una novedad en el análisis que había hecho mío en la historia de la Revolución Cubana. La cuestión subjetiva del poder no puede ser soslayada o ubicada en segundo orden por parte de una fuerza política que sostiene que “la crisis de la humanidad consiste en la crisis de la dirección histórica del proletariado”. En superar esta crisis consiste el desarrollo estratégico que tiene el Partido Obrero. Universalizar lo particular (en este caso la Revolución Cubana) no consiste en poner un signo de identidad con la revolución proletaria, sino en establecer cómo se conecta con esta revolución en un proceso mundial.

Lo vemos en lo siguiente: el Partido Comunista, el cual fue un partido opositor a la revolución cubana porque minaba el monolitismo del aparato stalinista en América Latina, a los pocos meses del proceso revolucionario pasa a integrar, sin embargo, los lugares estelares de la revolución cubana y a contribuir a formar este sistema bonapartista y a alterar su desarrollo ulterior. Creo que recién a mediados del año ´58 -es decir, cuando faltaban 5 o 6 meses para la victoria de la revolución- el Partido Comunista envía a la Sierra Maestra a un emisario. Rafael Rodríguez, quien había sido ministro del gobierno de Batista en el año ´40.

Es lamentable (soy el primer responsable de ello) que todas estas cosas las tenga que decir rápido, sin poder profundizar. Para Marx, la Comuna de París fue “el” modelo de Estado proletario. La dictadura proletaria definida en términos genéricos en el Manifiesto Comunista, toma una forma concretada que no está sacada de los libros sino de la práctica, y que los escritores hacen suya. Pero esta dictadura proletaria no ataca Versalles antes de que se reagrupe el ejército burgués y no confisca el Banco de Francia; o sea, no tiene una conciencia acabada de sus tareas porque tampoco tiene un partido proletario. Para arribar a la conclusión de esta necesidad programática tendrá que venir otra experiencia, la Revolución de Octubre. En la revolución de 1905 esto aún no estaba claro, y a principios de 1917 tampoco. Es en la revolución de Febrero a Octubre que en la historia concreta emerge el sistema de soviets como la forma de la dictadura proletaria, bajo la dirección del único partido que se empeñó en llevar la revolución a la victoria. Luego, en un debate importante sobre la revolución alemana, Trotsky planteará que la perspectiva de poder obrero pasa por los comités de fábrica, entonces los órganos de la revolución alemana.

A ver si está claro: no existe 'el modelo', los programas deben incorporar las enseñanzas de la historia. La historia es abierta; es necesario descubrir sus tendencias de fondo y las alternativas que plantean. Las revoluciones abren períodos de transición; en el caso de la Revolución Cubana, una transición histórica mundial que es nueva en América Latina, anticipada por la Revolución Boliviana de 1952. No establece un gobierno de trabajadores ni, por lo tanto, un Estado Obrero o una dictadura proletaria; tiende un puente en esa dirección para la clase obrera mundial. Con la ampliación de la geografía de la revolución mundial, su historia se llena de formas transicionales. El bonapartismo, en la Revolución Cubana, se instala de un modo peculiar: como un protector de la revolución, al mismo tiempo que como un bloqueo potencial.

Compañeros, soy muy consciente de que muchos de los compañeros que están acá vienen por primera vez a un curso, y miren qué charla compleja los recibe. He hablado con unos compañeros que me dicen: “Jorge, hoy me incorporo al Partido” (aplausos), y yo les estoy hablando de temas que han sido objeto de una discusión tremenda, y todavía se siguen discutiendo y necesitan aún caracterizaciones más completas. Los cursos necesitan estar hechos de tal manera que los compañeros que asisten encuentren un método de exposición y de división de las cosas que les facilite esa comprensión. Lo que podemos hacer ahora es atenuar las dificultades y trabajar más el tema en las comisiones mañana (espero que no siga diluviando). Siempre me queda el consuelo de que se retenga la palabra “transición”, y que eso sirva en las lecturas posteriores.

El fenómeno del bonapartismo

En ausencia de poder obrero tenemos un gobierno de tipo bonapartista, que se profundiza con la unión, en determinado momento, del Movimiento 26 de Julio y el Partido Comunista, que forman el Partido Único de la Revolución y, más adelante, luego de una serie de crisis, directamente el Partido Comunista. Que ya no es el viejo Partido Comunista, es otro Partido Comunista, pero por algo se llama Partido Comunista y se integra con el viejo Partido Comunista. (…)
Es decir, tenemos un régimen de partido único y no un régimen de democracia; no ya de democracia obrera. El Partido Único está inscripto en la constitución de Cuba, no es una emergencia. Entonces es un sistema político de Partido Único. Y el Partido único, manejado desde el Estado, es una burocracia política con instrumentos de facto. Esto es así aunque no haya una dictadura a la Stalin y el consenso popular varíe en forma constante.

En este punto nos metemos en una cuestión crucial que provocó, en su momento, un daño enorme en la Cuarta Internacional. Para una parte de la Cuarta Internacional (Secretariado Unificado), que apoyaba incondicionalmente el régimen político, esta caracterización de bonapartismo no correspondía porque, decía, contradecía su condición de gobierno revolucionario. Había otro sector (Comité Internacional) que decía “este es un gobierno bonapartista, por lo tanto hay una camarilla castrista... es contrarrevolucionaria”. En Europa, cada vez que había que hacer un acto de solidaridad con la revolución cubana, iba la fracción pro-Cuba y no iba la fracción anti-Cuba o anti-castrista. La hostilidad y la incondicionalidad tenían que ver con este problema del bonapartismo. Quiero que nos detengamos aquí, aunque no nos quede tiempo luego para tratar todos los problemas restantes y la cuestión de los acuerdos EE.UU.-Cuba.

¿Por qué quiero que nos metamos? Porque, por ejemplo, nosotros dijimos, en 2011, que Cristina era un gobierno bonapartista tardío. Ahora, por ejemplo, leo que el PTS dice que Macri es bonapartista. Bueno, si la variedad enorme de regímenes políticos y de situaciones concretas son reducidas al bonapartismo, el bonapartismo deja de tener valor como categoría concreta. En un período de decadencia del capitalismo, de crisis, choques, guerras, agresiones, ¿dónde puede regir el sistema democrático? No puede regir; el sistema democrático rigió en un período tardío pero ascendente del capitalismo, lo que se llama la “democracia clásica”, pero incluso entonces mechada de bonapartismos (Napoleón III, Bismarck). Como consecuencia de un capitalismo en decadencia, choques, crisis, todo lo demás, aparecen los regímenes que pueden conservar algunas características democráticas pero que esencialmente adoptan una forma bonapartista, en el sentido de que concentran el poder, incluso en una persona. Puede haber un parlamento, pero limitado a refrendar al ejecutivo. Cuando un charlatán dice: “el Partido Obrero arregla todo con el bonapartismo”, olvida que es el imperialismo quien quiere arreglar todo con el bonapartismo, mientras el Partido Obrero caracteriza las especies diferentes de un mismo género. Entonces, cuando hablamos de bonapartismo, tenemos que mostrar la especificidad de cada bonapartismo.

Por ejemplo, Obama, pocos lo saben, gobierna con mayor frecuencia mediante decretos de necesidad y urgencia, que allá se llaman “Executive Order”. Es decir que Obama, ante el impasse en el Congreso, que traduce el impasse del país, adopta decretos (imagínense si gana Donald Trump, que no tendrá ninguna mayoría en el Congreso). La explicación de esto no es “el parlamento no me da los votos”, la explicación es “tengo que pasar alguna medida porque es urgente, se trate del rescate de la bancarrota financiera o la defensa de los negros contra el gatillo fácil. Por ejemplo, la cuestión de la inmigración o la cuestión de las relaciones con Cuba -el mismo Raúl Castro ha reclamado el levantamiento que Obama levante el bloqueo por medio de una “Executive Order”.

Cuando hablamos de bonapartismo, al generalizarse, tenemos que entonces ser un poco más precisos. El bonapartismo de Fidel Castro es producto de una revolución victoriosa, es una forma de defender la revolución contra el imperialismo, con métodos estatales y, excepcionalmente, recurriendo los trabajadores que son privados de sus propios medios políticos. Contra el imperialismo que quiere liquidar la revolución y quiere transformar a Cuba en una colonia. Y contra los trabajadores en el sentido de que dice “esto lo manejo yo”, y que nadie venga a establecer un poder obrero, rival del elenco político gobernante de origen pequeño burgués y nacionalista y, a término, de la burocracia del Estado.

Este bonapartismo no es el de Cristina, el cual caracterizamos como tardío cuando sacó el 54% de los votos, porque nacía en la fase de agotamiento del kirchnerismo. No pudo gobernar, los últimos años, desde el 54% en adelante, sino a través del ejercicio del poder personal, a pesar de tener mayoría en el Congreso. Perdió las elecciones de 2013 y re-contra perdió las elecciones de 2015; demostró su condición de tardío. Porque podría haber sido un bonapartismo prematuro. Por ejemplo, Macri, con estos decretos, está ejerciendo un bonapartismo prematuro “de verano” inútil, y funcionará como una “coalición a la carta” -con alianzas cambiantes en el Congreso e incluso entre distintas fracciones de la burguesía. El bonapartismo cubano está asociado a la Revolución; en el futuro podría darse un bonapartismo asociado a la defensa de la privatización de la economía, como es el caso del presidente de China en la actualidad.

Hay una diversidad de regímenes y de etapas bonapartistas. Hoy, por ejemplo, en Cuba, siguiendo el tema de las etapas, no hay un poder personal. Raúl Castro no es Fidel Castro y, en cierto modo, la burocracia cubana está formando una suerte de gobierno colegiado. El arbitraje no lo tiene el congreso cubano, no lo tiene la representación popular; en última instancia ha pasado a las fuerzas armadas. Pero un gobierno bonapartista con características colegiadas no es lo mismo que Fidel Castro, y corresponde también a una etapa declinante de la Revolución. El punto más alto del bonapartismo en Cuba tuvo lugar en el crucial “período especial”, luego de la disolución de la Unión Soviética. Cuando discutí en un congreso, en 1994, en ese ‘período especial, con Fidel Castro, ¿qué expresión usé? Señalé textualmente, ante Fidel, que Fidel era el jefe bonapartista de Cuba. Si hoy estuviera en el mismo congreso y tuviera que decir lo mismo, no podría decirle a Raúl Castro que él decide sin el acuerdo de un órgano más colegiado. Entonces, el bonapartismo va sufriendo también su propia evolución y sus propias características y lo mismo ocurre con todo este sistema de arbitraje.

Método y caracterización

Por lo tanto, la Revolución Cubana, ¿cómo debe ser caracterizada? En el comienzo, la revolución tiene el dinamismo que caracteriza a una revolución permanente, bajo la dirección de la pequeña burguesía antiimperialista histórica de Cuba. Esto, precisamente, la oponía al Partido Comunista. El Partido Comunista decía que Cuba tenía que hacer una revolución democrática y que había que formar un gobierno con la burguesía nacional. Los trotskistas no. Y lo que ocurre es que se rompe con la burguesía nacional, se toman medidas de reforma agraria, se hacen nacionalizaciones, se supera el límite democrático, se proclama oficialmente el carácter “socialista” de la Revolución. Pero en este punto necesitamos más rigor, porque el bonapartismo es antagónico a la dictadura proletaria. Y la revolución permanente es la transformación social y política bajo la dictadura del proletariado. La Revolución Cubana es una versión actualizada del gobierno de la Convención y del Comité de Salud Pública de la Revolución Francesa -que, sin embargo, no pudo regimentar a los ‘sans culottes’. Ante los hechos consumados, los trotskistas, los del Secretariado Unificado, los llamados pablistas, se comieron a la dictadura del proletariado, como lo harían luego con el sandinismo. Es decir, plantearon que podría haber una revolución permanente cuando se estabiliza un régimen bonapartista, cuya función es evitar la permanencia de la revolución. Todos los límites del bonapartismo van a quedar evidentes en la arena internacional con la alianza estratégica con la burocracia rusa e incluso con la integración de la economía cubana a las directivas económicas del Kremlin. En el “período especial”, ya sin apoyo de la burocracia de la URSS, ahora declaradamente restauracionista, el castrismo retorna por completo a sus raíces nacionales y el bonapartismo adquiere el punto más alto de desarrollo. La revolución permanente es la revolución mundial, que como categoría total encierra y explica los procesos particulares. 

La mayor parte de los procesos políticos, han sido tratados en la izquierda y muchas veces entre nosotros en una forma esquemática, en lugar de que el nombre traduzca toda la gama de contradicciones que tiene ese proceso revolucionario. Se busca ahogar todos los matices y las contradicciones en una formula vacía de contenido histórico. Y en el caso de Cuba se le sustrae la dictadura del proletariado. La combinación de la decadencia del capitalismo, por un lado, con la crisis de dirección del proletariado mundial, por el otro, ha planteado una serie de transiciones que deben ser caracterizadas en conexión con el escenario mundial concreto.

Obviamente, la revolución cubana se vio favorecida para ir más lejos de lo que cualquiera hubiera esperado, por el hecho de que el mundo ya estaba surcado por revoluciones. Por ejemplo, la revolución china -una revolución absolutamente gigantesca. Es decir, la humanidad había avanzado a posibilidades históricas sin precedentes. Pero esto todavía no autoriza a decir que se ha desplegado realmente una revolución permanente. Para ello es necesario el gobierno de trabajadores, la dictadura del proletariado. El movimiento castrista nunca formó parte del movimiento obrero internacional.
La especie de Cuba como Estado obrero llevó a la tesis de que el proletariado puede ser sustituido como dirección histórica de la revolución socialista. Después de todo, en el pasado, algunas aristocracias feudales fueron una fuerza motriz en el desarrollo del capitalismo. Me detengo un momento, porque esta es una exposición que procura resumir toda una experiencia de debates en un auditorio donde hay compañeros que se van a enterar por primera vez. Estoy preocupado en cómo resolver bien lo que entiendo que en el futuro debe ser objeto de un debate que encierra muchas cuestiones.

Ustedes saben que la expresión “que una clase sustituya a la otra” es una expresión típicamente trotskista. Y se refiere a que, en los países atrasados, donde la burguesía no consiguió la independencia nacional y cada vez que lo intentó capituló, el único que lo puede lograr es el proletariado; este fue el gran aporte de Trotsky. Mientras Marx había adelantado que los países avanzados mostrarían el camino a los atrasados, la historia se desenvolvió de tal manera que, en muchos casos, los primeros cerraron el camino a los segundos o, mejor, se lo abrieron de un modo tal que cerraron las vías democráticas y despejaron las socialistas.

La historia no es etapista: su desarrollo es desigual e incluso puede combinar estadios diferentes. Lo concreto, a diferencia de lo abstracto, es la combinación de distintas formas. La Revolución Cubana demuestra la enorme aproximación que puede llegar a haber entre la pequeña burguesía, sea empobrecida, sea nacional y antiimperialista, y el proletariado, del mismo modo que el fascismo potencia el abismo que las separa. Históricamente, sin embargo, la pequeña burguesía tiende a perder peso como clase independiente, en tanto que el proletariado tiende a potenciarse, incluso porque el capital convierte en asalariados a los viejos productores autónomos o las profesiones liberales. La pequeña burguesía puede convertirse en proletaria, políticamente, si organiza un partido de ese carácter y es factor de organización de la clase obrera. Esta es la dialéctica que puede transformar al pequeño burgués y que lo hace así todos los días. No es lo que ocurrió en Cuba, donde la pequeña burguesía revolucionaria conservó su autonomía del proletariado al amparo de un régimen bonapartista. El socialismo no es sino el desarrollo de las fuerzas productivas ya creadas por el capitalismo sobre la base del proletariado, del trabajo asalariado.

Caracterizaciones condicionadas

Entonces, acá esta la respuesta: la revolución cubana deja planteada todavía la necesidad de que el proletariado de Cuba tome el poder. La revolución cubana llevó a la pequeña burguesía muy lejos, pero no va a haber una revolución socialista si no es bajo la dirección política de la clase obrera. Porque la revolución socialista es la abolición del trabajo asalariado y la emancipación del trabajo asalariado, solamente la puede hacer el propio trabajador asalariado. Marx no escribió que la emancipación de los trabajadores podía ser obra de una clase social distinta a ellos. Porque ¿a quién diablos le importa emanciparse de la explotación del trabajo asalariado si no es al trabajo asalariado? Ni el mundo es un sistema de compartimientos estancos, ni la clase social exime a los individuos de sus posibilidades, lo cual convertiría al marxismo es una doctrina identitaria. Debe haber muchos asalariados que dicen “metete la emancipación en el culo”, mientras muchos pequeñoburgueses dicen: “sí, soy partidario de la emancipación del trabajo asalariado”. Pero ese pequeñoburgués, si quiere la emancipación del trabajo asalariado, va a tener que organizar una revolución conducida por la clase obrera. Porque el fundamento del desarrollo histórico ulterior es la clase obrera. Como ustedes ven, tenemos una cosa muy crítica acá, que sería muy bueno discutirlo. Todas las clases sociales sufren alguna alienación bajo el capitalismo. Pero el sistema capitalista imperante es una alienación histórica que se concentra en la clase obrera.

Luego tenemos el problema de la revolución internacional. Es decir, que una revolución no puede progresar en los marcos puramente nacionales y este problema en Cuba se planteó muy tempranamente. En la década de 1930, la Internacional Comunista de América Latina, de los estalinistas, publicó una resolución muy vinculada a un período ultraizquierdista de esa internacional estalinista que hablaba de la revolución en América Latina. Lo que impresiona de esa resolución es que dice que la revolución está madura en toda Latinoamérica menos un país: Cuba, por encontrarse a 90 millas de Estados Unidos. Es fantástico porque la revolución no se produjo, no triunfó, en ningún país fuera de Cuba. La historia es más viva que la Internacional estalinista. Entonces esto va a plantear el problema de la relación de Cuba con la Unión Soviética y el problema de la internacionalización de la revolución cubana. La Unión Soviética había jugado un papel muy positivo en un momento crucial de la revolución, cuando Estados Unidos ordenó el embargo petrolero. La Unión Soviética montó un gigantesco operativo para sustituir el abastecimiento norteamericano por el abastecimiento soviético. Lo cual causó una impresión, imagínense, extraordinaria en el pueblo de Cuba.

Hay un autor, Adolfo Gilly, quien vive en México y escribió un libro que relata que los obreros soviéticos se multiplicaban por decisión propia en horas extras para trabajar en los puertos para sostener a Cuba. La relación con la URSS va a llevar a una de las grandes divergencias, que habrá que profundizar con el estudio, entre el Che Guevara y la revolución cubana. El Che Guevara va a criticar la dependencia de la Unión Soviética. En el famoso discurso de Argelia, en el año 65, denuncia a la burocracia rusa como antisocialista.

Cuando se caracteriza a la revolución cubana como socialista, en ausencia de la dictadura del proletariado, porque expropió a toda la burguesía nacional, al capital, repetimos, un hecho extraordinario para América Latina, que el “socialismo del siglo XXI” no estaba dispuesto a repetir, se da cuenta del hecho de que la burguesía nacional de Cuba era muy dependiente del imperialismo. Es decir, no podía operar con independencia del imperialismo y, por lo tanto, una expropiación de orden general era inevitable. Más allá de este aspecto de primer orden: ¿debemos caracterizar a una revolución por las medidas que toma, en especial cuando tienen una importancia histórica como la expropiación de los capitalistas, sin relación con la clase que toma esas medidas? ¿O tenemos que juzgarla por la clase social que toma esas medidas? Por ejemplo: la revolución cubana expropia al capitalismo, un gobierno obrero hubiera expropiado al capitalismo. ¿Es lo mismo? Es lo mismo porque los dos expropiaron al capitalismo. Pero el alcance histórico de esas medidas depende de la clase social que lo realiza, al servicio de qué y en función de qué perspectiva histórica. No hay que escamotear la dinámica de esa revolución.

En el Secretariado Unificado y en otros sectores se dio hace mucho tiempo una discusión acerca de ‘los criterios’ que debían usarse para sancionar a una revolución como socialista. Por ejemplo, ¿se expropió al capital?, es socialista. Es como cuando se dice: ¿ladra? ¿tiene cuatro patas? ¿es amigo del hombre? Es un perro. Ahora, hay gente que imita un ladrido, puede ponerse en cuatro patas y hacerse amigo del hombre, y no es un perro. Esos denominado ‘criterios’ son una forma metafísica de proceder a una caracterización. Las expropiaciones del capital deben ser relacionadas al proceso revolucionario tomado en su conjunto y, en primer lugar, al proletariado del país y la revolución mundial. El carácter de una revolución dirigida por la pequeña burguesía avanzada, que expropia al capital, debe ser colocado en términos condicionales. Su verdadera naturaleza va a ser determinada por el curso interior de la revolución.

Lázaro Cárdenas, presidente de México entre 1934 y 1940, nacionalizó la industria petrolera. Nadie la caracterizó como una medida socialista porque no formaba parte de un plan socialista, no era tomada por gobierno obrero, etc. Trotsky la defendió. Los grandes escritos de Trotsky sobre América Latina corresponden a cuando vivía en México. Cárdenas fue el único presidente en el mundo que dijo: “Acojo a León Trotsky”. Ningún país lo quería recibir, por eso él decía: “planeta sin visado”. No tenía visa para entrar a ningún lugar. Era un paria absoluto hasta que Cárdenas dijo: “Camarada Trotsky, México abre sus brazos para usted”. Trotsky escribe sobre el papel de la clase obrera en la industria nacionalizada de México. ¿Era revolucionario lo que hizo Cárdenas? Sí. ¿Era socialista? No. Hay una expropiación que es desconocida hasta entonces en América Latina. El gobierno militar de Perú, en 1969, expropió a toda la propiedad terrateniente de la costa peruana. ¡Toda! Todas las haciendas. Compensó la expropiación masiva de los latifundios peruanos con un bono a treinta años que rendía el 1,5% de interés -un pagadiós. Es decir que encontró una forma de no pagarles dándoles una indemnización. Velasco Alvarado había combatido a la guerrilla; era un enemigo de la izquierda y los trabajadores. Cuando subió por medio de un golpe, sacó a Pizarro de la plaza central de Lima y puso a Túpac Amaru y nacionalizó el petróleo, y al otro año nacionalizó a toda la oligarquía. Ustedes van a escuchar hablar de esto porque los fondos buitres terminaron comprando los bonos. ¿Por qué los compraron? Es interesante. Porque como no valían nada la oligarquía dijo: ¿Qué voy a hacer con este papel de mierda del 1,5% de interés a treinta años? Entonces los fondos buitres en algún momento dijeron: bueno, te lo compro. Ahora litigan al gobierno y quieren cobrar todo: los treinta años al valor nominal a la tasa de interés.

Salvador Allende nacionalizó la minería, y la nacionalizó con el voto a favor del Congreso chileno donde la Unidad Popular era minoría. Es decir, votaron a favor el Partido Demócrata Cristiano y el Partido Conservador. Y no hablemos de Hugo Chávez, que un día dijo: “¿qué es aquello? Exprópiese”. Y tiene como tres mil propiedades expropiadas, etc. Naturalmente, todo este tipo de medidos fueron diferentes, porque en algunos casos hubo indemnizaciones, donde la propiedad burguesa fue sustituida por un capital que el Estado le dió al capital expropiado. Hay expropiaciones parciales. Por lo tanto, hay una variedad de expropiaciones. Como la revolución venía a establecer la independencia nacional, las expropiaciones entraban en la agenda y no había forma de indemnizarlas.

Por lo tanto, o expropiaba o se entregaba al imperialismo yanqui. Desde el punto de vista estrictamente concreto fue una medida radical y revolucionaria de defensa de la independencia nacional. Naturalmente que se asimila a una medida de un gobierno obrero que ha expropiado al capital. Pero, enseguida se plantea la orientación de conjunto que se le va a dar a esta serie de medidas. La caracterización concreta debe incorporar esa orientación de conjunto, la clase que pilotea la revolución. Este enfoque es ahora fundamental cuando hay una onda mercantil y de apertura al capital extranjero: para los metafísicos de los ‘criterios’ sería un retorno al capitalismo, sin reparar que un gobierno obrero se podría ver en la necesidad -e incluso la conveniencia- de proceder a esas negociaciones comerciales o financieras (Ver discusiones Trotsky-Preobrazhenski, que publicaremos en En defensa del marxismo). Con esos ‘criterios’, se podría reivindicar que Cuba sea bloqueada para que no se negocie con el capital extranjero. Absurdo. En síntesis, queda al desnudo que el problema es cuál es la clase que dirige el Estado: una pequeña burguesía civil y militar burocratizada, sin raíces históricas en el proletariado.

No es cuestión de ‘criterios’, sino de método. La revolución socialista es tal si el proletariado toma el poder y comienza una transformación social. En ausencia del proletariado en el poder, habrá que caracterizar esa revolución, habrá que estudiarla y ver sus características, la correlación histórica de clases que la ha puesto en marcha. Este es todo un debate, porque en nuestro partido siempre se dijo que la revolución cubana es socialista con la fórmula de los ‘criterios’. No podemos soslayar esa cuestión, porque es la cuestión estratégica, tiene que ver con el futuro. No es que nosotros ahora decimos que no hubo una revolución. Hubo una gran revolución y se tomaron medidas de un radicalismo que pocas veces existe. En oposición a los que declaran que la Revolución Cubana ha caducado, sostenemos que ha abierto el camino de la emancipación de América Latina y que podemos ir más allá con una caracterización adecuada.

Restauración capitalista, bancarrota capitalista, nuevas revoluciones

También Mussolini, en la última etapa de su gobierno, tomó medidas expropiatorias sin indemnización; la guerra es un acelerador y es excepcional. Pero no era socialismo. La expropiación general del capital es una medida socialista, si tiene un alcance histórico-mundial, no aisladamente. El alcance histórico de estas medidas, se va a determinar por el curso histórico de la revolución. Nuestro método es la unidad de las contradicciones y matices de grandes procesos revolucionarios, para determinar los desafíos que enfrentan y cómo ellos se conectan con la revolución mundial dirigida por la clase obrera. Por lo tanto, estoy planteando una cuestión de debate teórico muy importante. No quiero de ninguna manera que se entienda que estoy diciendo que el partido piensa esto. No es cierto. Es una contribución crítica que fui señalando en distintas ocasiones, en el pasado, pero que ustedes me permiten hacerlo y lo hago en el campamento de la UJS con muchos compañeros que a lo mejor es la primera vez que escuchan algo sobre marxismo y ya tienen el problema de que los marxistas están entrando en contradicciones y analizando contradictoriamente. Esto, que podría, aunque no debería, hacer más complicado incorporarse al Partido Obrero, visto desde otro ángulo, es un poderoso incentivo. Yo hubiera deseado incorporarme a la izquierda a partir de una temática expuesta de esta manera. Porque hubiera empezado a pensar críticamente más temprano de lo que empecé a pensar críticamente. Es decir que no veo mal que alguien se meta de cabeza en todos los problemas y la cabeza le explote porque todavía no desarrolló los elementos de su comprensión. Está viviendo el tema crucial de un revolucionario. Que es una compresión de la historia que uno quiere transformar, una comprensión dialéctica, contradictoria, en movimiento, con reveses.

La generación en la que yo me formé, aunque no pertenecí a ese sector, consideraba la victoria del socialismo en la Unión Soviética, China y Cuba -y todo lo demás- inevitable, irreversible e imparable. Era sólo agregar países a los ya existentes. ¿Puede haber una visión más mecanicista? Ahora sabemos que era falso, pero no todos saben, aún, que es mecanicista. Por eso han emprendido una retirada estratégica sin final a la vista. La Unión Soviética no existe más. China puede convertirse en la economía mayor del sistema capitalista. Cuba tiene inversiones extranjeras de exportación en las zonas económicas libres, está arreglando con Obama, recibe al Papa, da libertades a la iglesia, al clericalismo. La reversa también es historia en movimiento. Producida esta reversión vino el otro mecanicismo. Todos estos países, más todos los otros países capitalistas, están en una ebullición política por la crisis mundial que raja las paredes. Vamos a tener nuevas revoluciones socialistas, con la ventaja de la experiencia de las anteriores. La experiencia del mecanicismo optimista y la experiencia del mecanicismo pesimista. Nosotros no éramos mecanicistas optimistas, simplemente no éramos mecanicistas. Denunciamos el rol contrarrevolucionario de la burocracia de la Unión Soviética. El Partido Obrero se destacó como el único, no en la Argentina, si no en el mundo, en mostrar con quince años de anticipación cómo se gestaba la restauración capitalista en China y en la Unión Soviética. Con qué instrumentos había que combatir esa restauración capitalista.

El primer texto que sacamos de este tipo fue cuando Margaret Thatcher llegó a un acuerdo con China para entregarle Hong Kong. Toda la izquierda del mundo dijo: “victoria de China que recupera Hong Kong”. Nosotros, en cambio, planteamos que era el punto de partida de la restauración del capitalismo en China, porque Hong Kong es la tercera plaza financiera capitalista del mundo y el Estado chino asumió la tarea de proteger a la tercera plaza financiera capitalista más grande del mundo. De ser un Estado que tiene que proteger los derechos de los trabajadores y las conquistas del periodo revolucionario se transforma en protector de los grandes intereses financieros. Entonces, este debate de hoy, que ustedes van a procesar en la comisión, busca cristalizar la experiencia política de enormes cataclismos de las últimas décadas. Y recuperar en un sentido positivo la posición fundamental del marxismo: el socialismo es la creación política del proletariado internacional.

Me parece muy importante hacerlo esto ahora porque vivimos los prolegómenos, con toda certeza les digo, de revoluciones obreras y proletarias en las décadas que se abren. Termino. Hace una hora y media que estoy hablando, y los médicos dicen que es insalubre, en especial con este diluvio. Para el orador, pero mucho más para los que escuchan. Así que queda abierto el debate y hagamos buen uso de sus posibilidades.

Jorge Altamira
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