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jueves, 8 de septiembre de 2016

Colombia:Radiografía del acuerdo de paz

8 de septiembre de 2016 | #Prensa Obrera 1427 | Por Gustavo Montenegro


El gobierno colombiano y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) han anunciado un acuerdo en las negociaciones de paz que se encontraban en curso desde hace tres años en La Habana, con el patrocinio de buena parte de la comunidad internacional.

El conflicto colombiano, a lo largo de sus más de cincuenta años de duración, dejó más de 200 mil muertos y decenas de miles de desaparecidos. En su curso, la oligarquía terrateniente provocó el desplazamiento de millones de personas en el campo y se apropió de 6 millones de hectáreas por medio de fuerzas paramilitares. Conviene aclarar que la ‘paz’ se refiere estrictamente al fin del conflicto con la guerrilla: el imperialismo seguirá dando apoyo militar al Estado colombiano.

Acuerdo

El acuerdo fija una serie de mecanismos para la reinserción de los guerrilleros de las Farc en la vida civil y establece la creación de una Jurisdicción Especial de Paz con penas benignas para los responsables de los delitos más graves a cambio del aporte de información. Otros delitos serán directamente amnistiados.

Esto vale tanto para los guerrilleros como para militares y civiles (paramilitares) involucrados en el conflicto.

Asimismo, el acuerdo asegura una representación política de diez bancas a las Farc en el Senado y la Cámara de Diputados hasta 2026.

En materia agraria, se conforma un banco de tierras de tres millones de hectáreas (nutrido por terrenenos baldíos, extinción de dominio de tierras ilegales, tierras de reserva forestal y donaciones) y se apunta fundamentalmente a una normalización del territorio y la actualización del catastro rural en el irregular campo colombiano. Se estima que el 60% de las tierras carecen de títulos de propiedad o están apropiadas informalmente. Se establece, también, la creación de reservas campesinas, así como subsidios y créditos para el acceso a la tierra.

Es la economía…

Analizado de conjunto, el acuerdo implica una renuncia de las FARC a su principal objetivo. La reforma agraria es sustituida por un planteo de formalización de tierras que no altera el latifundio ni asegura el desmantelamiento de una capa de ‘narcomegahacendados’ -como los definió el ex alcalde de Bogotá, Gustavo Petro- que domina millones de hectáreas. La revista Semana, sagazmente, resumió: “ninguno de los aspectos acordados pone en cuestión ni a la agroindustria, ni a la gran propiedad ni mucho menos a la propiedad privada. Por el contrario establecen la necesidad de aclarar títulos y propiedades sobre el suelo para lograr un verdadero desarrollo económico”.

En cambio, la pacificación del campo colombiano es visualizada por la burguesía como una oportunidad de negocios en áreas fértiles para la producción de soja y agrocombustibles.

A modo de ejemplo, el sojero argentino Gustavo Grobocopatel fue convocado por el presidente Juan Manuel Santos y propuso un plan “para desarrollar tres millones de hectáreas para producir soja, maíz y arroz en tierras que estaban en conflicto por la guerra con las FARC y ahora entran en zona de paz” (La Nación, 2/7).

Una constelación de intereses agrarios, petroleros y mineros empujó los acuerdos. El diario El País prepara un foro “por la paz” auspiciado por el BBVA y Telefónica.

De todos modos, el acuerdo se materializa en momentos de caída de la actividad minera y petrolera y de retroceso del precio de los commodities a escala mundial.

Frente diplomático

Las Farc han renunciado también al planteo de una Asamblea Constituyente que esgrimían al comienzo de las negociaciones, apegándose al plebiscito de ratificación de los acuerdos planteado por el presidente Santos.

La guerrilla arribó al proceso y negociaron en condiciones de extrema debilidad política y organizativa. “La estrategia inicial de combatir a las FARC como si no hubiera conversaciones de paz en La Habana -dice un editorial de El País- ha revelado ser todo un acierto” (25/8). Los ceses al fuego de la guerrilla no fueron correspondidos sino hasta último momento por el gobierno, que siguió bombardeando y masacrando a sus combatientes.

Los acuerdos con las FARC han sido motorizados por un vasto frente diplomático que incluyó a Hugo Chávez, Fidel Castro, Barack Obama, el Vaticano y la Unión Europea. En estas condiciones, el planteo beligerante del ex presidente Alvaro Uribe quedó aislado.

Obama, que había apoyado firmemente el ataque frontal del uribismo (y del entonces ministro de Defensa, Santos), viró tácticamente hacia una especie de ‘frente popular extra-nacional’ que tuvo otra de sus expresiones en la reapertura de negociaciones con Cuba.

En función de esta perspectiva más general, se integra a las FARC al “orden democrático”.

Obstáculos

Con todo, la ratificación del acuerdo depende del plebiscito que se desarrollará el 2 de octubre.

Llamativamente, ciertas encuestas estiman una votación pareja, lo que abriría una crisis política descomunal.

El sector que fogonea el voto por el No, el Centro Democrático de Uribe, denuncia que habrá impunidad para los milicianos de las FARC y rechaza la participación política de la guerrilla. Pero el motor de un potencial revés de Santos en las urnas debe buscarse más bien en el malestar popular ante su gobierno, que cosecha un rechazo del 76% -según algunas encuestas- como resultado de medidas antipopulares que coinciden con un proceso de ralentización económica.

Prevenido ante este cuadro, el gobierno redujo al 13% del padrón el umbral de participantes necesarios para la ratificación de los acuerdos en el plebiscito.

Para despejar los peligros de un fracaso en el referéndum, está en marcha un operativo que incluye la visita y actos con jefes de Estado del exterior durante la campaña electoral.

Socialismo

El acuerdo con las FARC pone fin a una larga experiencia de lucha armada que tiene sus orígenes en los profundos levantamientos campesinos por la tierra de los años ’50, pero que pregonó desde sus orígenes una política de colaboración de clases con la burguesía nacional.

La frustrada experiencia guerrillera vuelve a demostrar que las tareas nacionales y democráticas sólo pueden ser consecuentemente desarrolladas por el proletariado organizado en partido, como caudillo del resto de las capas explotadas y como parte de la lucha por la revolución socialista.

Fuente: http://www.po.org.ar/prensaObrera/1427/internacionales/radiografia-del-acuerdo-de-paz
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