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viernes, 7 de octubre de 2016

Cómo se gestó el acto de Atlanta

6 de octubre de 2016 | #Prensa Obrera 1431 | Por Marcelo Ramal

Los partidos que integramos el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) hemos acordado un gran acto para el próximo 19 de noviembre, en la cancha de Atlanta, “por una alternativa independiente de los trabajadores y la izquierda”
. La concreción del acto y, naturalmente, la intensa campaña política previa en pos de la concurrencia de miles de luchadores, es una gran oportunidad para que el FIT se instale como alternativa en la crisis nacional. En un cuadro caracterizado por el empantanamiento económico y político del gobierno de Cambiemos, la creciente disgregación de los “nacionales y populares” y la enorme inquietud obrera y popular que desatan los ajustes de unos y otros, la decisión de los partidos del FIT de salir a la palestra reviste un alcance estratégico. La izquierda se empeña en superar el cuadro de las batallas parciales para postularse como salida y ofrecer un programa.

Método

El acuerdo político que conduce a este acto fue precedido por un intenso debate al interior del propio Frente de Izquierda. Ese debate ha tenido como eje cuál debe ser la conducta de la izquierda revolucionaria ante un nacionalismo burgués que, pasado a la oposición, acrecienta la demagogia con el objetivo de recauchutar su autoridad política ante las masas y, por esa vía, bloquear la evolución de los trabajadores hacia las posiciones revolucionarias. El Partido Obrero ha insistido en que la lucha contra los agravios del macrismo no puede ser nunca un pretexto para que la izquierda marche detrás de acciones de aparato con los figurones degradados del kirchnerismo, que se sirven de los reclamos populares para rescatarse a sí mismos. Este debate lo hemos tenido en oportunidad de la detención de Milagro Sala y del operativo desplegado en torno de las citaciones a Hebe de Bonafini.

Para la izquierda, la movilización o denuncia por el encarnizamiento estatal en estos casos no podía llevar nunca a confundirnos con los Rossi, Moreno o Anibal Fernández. Mucho menos a borrar la delimitación con quienes han abandonado hace mucho el campo de lucha por las reivindicaciones sociales o de derechos humanos, en pos de una cooptación estatal e incluso empresarial. Más recientemente, pero bajo un mismo hilo conductor -la defensa de nuestra independencia política-, hemos planteado que la cuestión de la “paridad de género” no puede ser la excusa para un frente político con los enemigos y enemigas del derecho al aborto y encubridores/as de las redes de trata. Las reivindicaciones de la mujer deben contribuir a desenvolver de un modo más abierto y agudo la lucha de clases, no para encubrirlas. A la luz de lo anterior, es claro que las dificultades del Frente de Izquierda para “visibilizarse” como alternativa no son el resultado de decisiones administrativas o publicitarias, sino políticas: quien no se delimita de sus enemigos de clase, renuncia a ser alternativa.

Por eso, cuando recibimos la propuesta del PTS de realizar un acto en un estadio, reclamamos que esa convocatoria común fuera precedida por un debate y una clarificación política, y que sirviera de eje para una campaña de alcance nacional. De lo contrario, sólo recalaríamos en un hecho aislado o, peor, en una maniobra organizativa para encubrir las insoslayables divergencias políticas que están en juego.

Clarificación

Como resultado de este planteo del PO, el acuerdo para concretar el acto en Atlanta estuvo precedido por una extensa declaración política, a la cual arribamos al cabo de un debate en la mesa nacional del FIT (Declaración del Frente de Izquierda y los trabajadores ante la situación nacional). Más allá de caracterizar al gobierno de Macri como “representante de los intereses del gran capital”, la declaración señala que “durante una década, ese mismo gran capital nacional y extranjero se sirvió del kirchnerismo para que los fondos públicos concurrieran a su rescate”. En esa línea, se afirma que el gobierno ajustador de Macri “es el resultado del cambio de frente de la clase capitalista, que gobernó con el kirchnerismo hasta el agotamiento de su política”. Ello significa que detrás de ”nacionales y populares” y de “derechistas” reposaron los mismos intereses sociales, bajo diferentes modalidades de dominación política.

Esta caracterización, que le da una razón de fondo al voto en blanco del Frente de Izquierda en el ballotaje, fue introducida por el PO en la declaración final, ello, en reemplazo de la que nos propusieran los compañeros del PTS señalando que la oposición (patronal a Macri) expresa los intereses de la llamada “burguesía nacional”, que “coincide con el gran capital en hacer pagar la crisis a los trabajadores” (ver “Propuesta de Declaración Política presentada por el PTS”, La Izquierda Diario, 24/9). El kirchnerismo no fue un régimen “reformista”: gobernó para rescatar al capital financiero y a los privatizadores, a los cuales la burguesía “nacional” está entrelazada. Por eso, la declaración señala acertadamente que el kirchnerismo, “vino a rescatar a los intereses capitalistas golpeados por la bancarrota de 2001 y a restaurar el sistema político burgués golpeado por la rebelión popular del 19 y 20 de diciembre”.

A partir de allí se afirma que “el pasaje del kirchnerismo a la oposición exige de la izquierda la mayor delimitación y clarificación políticas. Es necesario denunciar su demagogia opositora, que pretende servirse de las reivindicaciones populares para su reconstrucción política y para bloquear el tránsito de las masas hacia posiciones revolucionarias. En oposición al “Frente Ciudadano” o a la “nueva mayoría”, que procuran atar a los trabajadores al carro de las variantes capitalistas fracasadas, el Frente de Izquierda reafirma su lucha por la independencia política de los trabajadores”. Estas definiciones se oponen por el vértice a una “resistencia” o a un supuesto “frente antimacrista” sin fronteras ni delimitaciones con los ajustadores “nacionales y populares”.

América latina

El documento que sirvió de base a este acuerdo afirma que las experiencias nacionalistas o centroizquierdistas de América latina “terminaron aplicando los planes de ajuste que dicen condenar”. Pero también destaca los límites de los Macri o los Temer, “como consecuencia de la reacción obrera y popular y de la marcha de la crisis capitalista”. De ese modo, se delimita del izquierdismo nacionalista el cual, detrás de un supuesto “cambio de ciclo”, considera que existe una consolidación de las experiencias derechistas continentales. El documento afirma que “el Frente de Izquierda aporta una peculiaridad en el proceso político continental, a diferencia de otras organizaciones o frentes, que en nombre de la izquierda levantan una estrategia de conciliación de clases”.

Nosotros propusimos identificar precisamente al PSOL, que apoyó candidaturas capitalistas y admitió apoyos empresarios en los recientes comicios municipales, lo que no fue aceptado. La cuestión de Brasil debe ser objeto de un riguroso debate político en el FIT: el ascenso político y electoral de los golpistas no sólo es resultado de la debacle del PT, sino de la inconsecuencia de la izquierda brasileña (y en particular de la que se reclama trotskista) en desarrollar una política de independencia frente a los bloques capitalistas en pugna y, particularmente, de quienes apuestan a reciclar una variante izquierdista de conciliación de clases.

Frente único

El documento reivindica la experiencia del Sutna y de los Suteba combativos, como expresión del frente único del clasismo y la izquierda para recuperar a las organizaciones obreras de los agentes sindicales del nacionalismo capitalista. Esa reivindicación, además, debería servir para superar el faccionalismo en los sindicatos, que ha sido el escenario de graves retrocesos del activismo (como ocurrió en las luchas metalmecánicas de la zona norte del GBA) o que quebró a agrupamientos clasistas en aras de la unidad con fracciones burocráticas, como ocurriera en el subte. Un debate a fondo de esta cuestión –que el PO ha reclamado- debería apuntar a una lucha común de las organizaciones del FIT en todos los sindicatos, por la expulsión de la burocracia.

A la luz de estas consideraciones es indudable que el acuerdo alcanzado -en términos de planteamientos y de acción- no cancela las divergencias expuestas. Sin embargo, es necesario reivindicar el método con el cual las hemos abordado; esto es, el de una clarificación política en el marco de un frente único para luchar contra los partidos y salidas capitalistas. En este caso, para llevar adelante un gran acto y una campaña política común en favor de una alternativa de poder de los trabajadores y de la izquierda. La concreción de esta campaña ya es una delimitación política, pues sustrae al FIT de una parálisis que es funcional a los socios políticos de la “paz social”, el Vaticano y los partidos capitalistas, en particular, los de la llamada centroizquierda.

Como parte de esta acción, el PO propuso actos en todas las provincias donde el FIT tiene existencia electoral o parlamentaria, sin un acuerdo por parte del PTS e IS. Seguiremos bregando por ello en futuras reuniones. Llamamos a toda la militancia, a los luchadores, a todos los seguidores y amigos del Partido Obrero y del FIT a empeñarnos a fondo en la campaña por una concurrencia masiva a Atlanta; a preparar esa concurrencia con plenarios, charlas abiertas y asambleas a la escala de todo el país; a impulsar en esas asambleas campañas la difusión del llamamiento del FIT e interesar en su contenido a obreros, jóvenes y luchadores; a convertir esta campaña en un gran factor de politización y reclutamiento de centenares de compañeros.



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