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lunes, 3 de octubre de 2016

Lanata y la inclusión laboral trans: la respuesta de Marcelo Ramal

29 de septiembre de 2016 | #¨rensa Obrera 1430 | Por Marcelo Ramal

En su programa del domingo 25, Lanata trató de “imbécil” a quien esto escribe, ello, por impulsar en la Legislatura porteña un proyecto de ley que auspicia la inclusión laboral del colectivo trans-travesti a través de un cupo laboral a ser cumplido por el Estado. Si se hubiera informado mínimamente, el periodista debió extender el insulto a la totalidad de la Legislatura bonaerense, al Concejo Deliberante de Rosario y al Consejo Superior de la Universidad de Córdoba, que votaron esta ley en el curso de 2015. En el caso de la Legislatura porteña, debería cargarle sus insultos a la casi totalidad de los bloques de la oposición, que, con diferentes matices, han presentado proyectos similares al que fue bastardeado en PPT.

Lanata se ha escandalizado por este planteo de inclusión laboral. Pero, en cambio, no le escuchamos decir una palabra sobre la degradante condición a la que es sometida la abrumadora mayoría de las trans y travestis, empujadas al comercio sexual para poder sobrevivir. Un relevamiento ubica en un 85% a las trans y travestis en estado de prostitución; al ser indagadas, la casi totalidad de las mismas declaró que, de contar con posibilidades laborales, abandonaría la calle. El conductor de PPT despachó en segundos la cuestión de las personas trans, sin detenerse, por ejemplo, en que la expectativa de vida del colectivo trans-travesti en la Argentina no supera los 35 años, a causa de la marginación, la violencia policial, social y personal que deben soportar cotidianamente. En esta zozobra, se inscriben los crímenes recurrentes contra las personas trans. Entre 2008 y 2014, se contabilizaron 1.700 asesinatos en el mundo y numerosos casos en la Argentina, entre los que se destaca el travesticidio de la activista Diana Sacayán.

A partir de lo anterior, solamente la superficialidad o el cinismo pueden alimentar la afirmación de que la persona trans debe “competir libremente” por un puesto de trabajo, sin ninguna medida o regulación que lo ampare. La discriminación hacia el colectivo trans convierte a esa “igualdad de condiciones” en una ficción, que solo puede quebrarse a través de una acción compulsiva del Estado -ese es el sentido del cupo. Si el 1% de la planta estatal (este es el porcentaje que votó la Legislatura bonaerense) es excesivo, el cupo entonces no será cubierto, y sus detractores podrán “respirar tranquilos”. Pero la disquisición sobre el cupo, insistimos, es una forma sinuosa y reaccionaria de mirar para otro lado frente a una situación lacerante que condena a la violencia, a la extorsión policial, a la enfermedad y a la muerte a miles de personas trans y travestis.

Colectivo trans y fuerza de trabajo

La ridiculización de la marginalidad trans no solo es propia del clericalismo y la reacción política, sino también de una orientación antiobrera. Cuando se condena a la degradación personal a los sectores más explotados o discriminados de la sociedad, también se crea una escala degradada de condiciones laborales para el conjunto de la clase obrera.

Saliendo de la cuestión del colectivo trans, ello vale también para la mujer sometida a la prostitución: la “libre” explotación sexual constituye un piso degradante de supervivencia, que actúa como amenaza y extorsión sobre toda mujer que busca trabajo. En cambio, una acción enérgica de inclusión laboral dirigida a las personas sometidas a prostitución –cupos, capacitación– elevaría el piso de todos los derechos laborales, limitando la indefensión del más explotado frente al capital. 
 
Naturalmente, un régimen social que vive de la apropiación de trabajo ajeno nunca se comprometerá con ese objetivo. Por eso, e incluso en aquellos lugares donde se ha conquistado este cupo laboral, el mismo intenta ser retaceado y desconocido todo el tiempo por sus supuestos mentores. Los denigradores del cupo trans no sólo practican una moralina reaccionaria: auspician la “libre competencia” entre trabajadores en su sentido más completo, o sea, la liquidación de derechos y la precarización laboral para toda la clase obrera. La lucha por el cupo trans coloca en un plano social y de lucha contra el Estado y el capital a la comunidad LGBTI, la cual, bajo el kirchnerismo, quiso ser conformada con las igualdades formales que brinda la ley de identidad de género o el matrimonio igualitario. En esta perspectiva inscribimos la lucha por el cupo trans, que el Frente de Izquierda ha presentado en el Congreso Nacional a través de la diputada Soledad Sosa y en las legislaturas.

Un dato final: luego de insultar al autor de esta nota por presentar un proyecto por el cupo para trans, Lanata dedicó el programa a las mafias policiales de la Bonaerense. Un ejercicio mínimo de inteligencia hubiera alcanzado para mostrar que esas mismas mafias son las que están detrás de la explotación de esas personas.  
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Coordinadora Sindical Clasista - Partido Obrero

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