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jueves, 3 de noviembre de 2016

Adónde va el Frente de Izquierda

3 de noviembre de 2016 | #Prensa Obrera 1435 | Por Jorge Altamira

El acto que realizará el Frente de Izquierda en el estadio de Atlanta representa, objetivamente, una autocrítica política. El FIT estuvo ausente, en cuanto tal, del escenario político a todo lo largo de un año de transición excepcionalmente crucial. En primer lugar, ha sido un año que puso en juego la capacidad de estabilización política inaugural del gobierno macrista, que se había comprometido a arrancar con una mega devaluación del peso, el retiro del impuesto a las exportaciones y el pago a los fondos buitres -esto último mediante un incremento extraordinario de la deuda pública. En segundo lugar, se produjo enseguida el estallido de la crisis del kirchnerismo y la adaptación completa de la mayoría del FpV a la ofensiva capitalista largamente avisada por el macrismo. Tuvo lugar un frente único del FpV y su diáspora con la estrategia financiera del macrismo. En tercer lugar, América latina asistió al derrumbe simultáneo de los llamados gobiernos populistas -en el caso de Brasil con el cambio de frente de la coalición petista y, en los hechos, con la complicidad del PT. La implosión del ‘populismo’ ocurre cuando la crisis mundial priva de bases duraderas a una reanudación del llamado ciclo neoliberal, y plantea explosiones financieras en un futuro cercano, con sus correspondientes crisis políticas. Hemos asistido a un inmovilismo del FIT de carácter estratégico, por su alcance y porque que ha puesto en cuestión su capacidad para explotar la crisis en desarrollo y para potenciar a la clase obrera como alternativa de poder. Las iniciativas particulares de cada partido del FIT, esencialmente de carácter episódico, no impugnan esta caracterización de inmovilismo -las confirman. De lo que se trata ahora es de saber si el demorado giro político que representa el acto del 19 es o no una corrección de este rumbo. La movilización por el éxito del acto debe hacerse con los ojos bien abiertos.
Por un viraje con contenido
El ascenso del gobierno macrista puso de manifiesto diferencias de caracterización de la etapa entre los partidos del FIT, y también de las fuerzas en presencia. De un lado, la que sigue haciendo hincapié en el ingreso en un período de avance de la derecha y de frente único de la llamada resistencia; del otro, la que caracteriza que la nueva etapa todavía tiene que ser determinada, de un lado por el desenlace de la crisis económica y la crisis de régimen, y del otro, por la lucha de clases contra el ‘ajuste’ en el período transicional de los nuevos gobiernos. Esta diferencia se trasplantó a otro asunto: el planteo acerca del carácter progresivo que podrían asumir el kirchnerismo y el ‘populismo’ fuera del gobierno en la nueva etapa, en oposición a la caracterización del descomunal desprestigio que los fracasos ‘populistas’ habían generado en el pueblo, así como la desmoralización de la masa de sus seguidores y su adaptación al cambio de frente de la burguesía. En lugar de abrir expectativas en un frente único con el ‘populismo’, el FIT tenía la obligación de explotar este desprestigio (dar una explicación de clase) para desarrollar a la izquierda, en lugar de encubrirlo. El PT brasileño, por caso, ha sido barrido en las recientes elecciones municipales, mientras la caída de Maduro no encuentra piso en los sondeos de opinión y ahora necesita del socorro del Vaticano y de Washington.
El impasse político del FIT se convirtió en una crisis con el boicot del acto del 1° de Mayo, del cual el PTS desertó con argumentos pueriles. El subterfugio utilizado para justificar este boicot puso de manifiesto una intención de romper con el Frente de Izquierda. El inmovilismo se convirtió aquí en liquidacionismo: quebrar el FIT en el Día Internacional de los Trabajadores no servía, precisamente, al fortalecimiento de la izquierda contra el gobierno de Macri. El pretexto -que Izquierda Socialista no caracterizaba como un golpe ‘parlamentario’ el juicio político a Dilma Rousseff-, no había sido esgrimido para bloquear su presencia en el FIT por el apoyo que dio al lock out agrario de 2008, ni su posición actual en la guerra en Siria. Tampoco tenían el mismo carácter o contenido las posiciones “anti-golpistas” en las que coincidían en apariencia el PTS y el PO: para el PO, el golpe representaba un cambio de régimen político en perjuicio de los trabajadores y no el reemplazo de un gobierno que hubiera sido más afín a los intereses populares (“no son lo mismo”). Las divergencias, mientras no afecten a los intereses o acciones inmediatas del proletariado, simplemente deben ser discutidas, siempre con métodos claros -no deben servir como sucedáneos del faccionalismo. Es lo que debería ocurrir, por ejemplo, con el debate en el movimiento femenino y con la posición anti-socialista que postula la reglamentación estatal del cupo de representación que deben tener las mujeres en los partidos patronales.
La decisión de marchar al acto de Atlanta es entonces, objetivamente, un giro político con referencia a este largo inmovilismo. El acto de Atlanta es objetivamente una autocrítica, con independencia de que no se lo quiera presentar como tal. El primer acto del Frente de Izquierda bajo el macrismo tiene lugar cuando éste ya conmemora el primer aniversario. En la Mesa del Frente de Izquierda fue rechazada la propuesta de que el acto estuviera precedido por una campaña de actos y movilizaciones en todo el país. O sea que es una iniciativa que sigue encuadrada en el inmovilismo. Si se hace para marcar el paso, sería encubridor. Sería como un paro de la CGT: aislado y sin continuidad. El FIT va al acto con una declaración política muy larga, pero sin un plan de lucha para crecer como dirección política de los trabajadores. A quienes oponen, como un esquema, la construcción del partido al desarrollo del FIT, es necesario recordarles que el FIT todavía es visto por un número importante de trabajadores y de jóvenes como el canal de una alternativa política de los explotados. La convocatoria al acto y la expectativa de una concurrencia numerosa, es una confesión de que es visto como un canal político. Mientras esto ocurra, la prevalencia de intereses sectoriales, desde argumentos doctrinarios y autoproclamatorios, es reaccionaria, y representa también un freno de aparato a la maduración de las masas. ¡Del acto de Atlanta debe salir un plan de acción!
El clasismo
A esta caracterización crítica del inmovilismo del FIT, hay que incorporar al movimiento obrero. Este año se produjo el mayor ascenso del clasismo en los sindicatos después de los nuevos delegados del subte, que dirigieron las huelgas por la reducción de la jornada laboral desde 2002/3. Nos referimos a la conquista del Sutna. En medio de la pretendida ‘derechización’ del país, se produjo un avance histórico en el movimiento sindical. La dirección revolucionaria del movimiento obrero se convertía de consigna en realidad. El proceso sindical y político en el sindicato del Neumático, encabezado desde la seccional San Fernando y la lista Negra, ha influido considerablemente en el desarrollo del FIT -por sobre todo, claro, entre los obreros de la zona norte del Gran Buenos Aires. La conquista del Sutna por parte del clasismo ha creado una nueva realidad sindical. Desconocerlo es peor que una necedad. Toda la izquierda debería apoyar la proyección nacional de esta conquista histórica.
Acontece, sin embargo, lo contrario: acompañando el inmovilismo del FIT, los compañeros del PTS han abandonado la comisión directiva luego de un intento fallido de oposición a la Directiva a la cual pertenecen, en una asamblea por el convenio, que fue respondido por la asamblea con silbidos. Para que la tribuna del acto del 19 sea una muestra efectiva de unidad obrera, esta política de liquidacionismo debe ser abandonada. Todas las acciones faccionales en los sindicatos han concluido en derrotas; la lista de unidad del Sutna en una victoria histórica. El FIT debe ponerse al servicio del desarrollo de nuevos Sutnas en el movimiento obrero.
Dirección y etapa
Desde el Caracazo de 1989, las insurrecciones indígenas en Ecuador en 2000, la rebelión popular de diciembre de 2001 y el levantamiento en Bolivia, en octubre de 2003; América latina asiste a una crisis de poder que interpela a todas las clases sociales. La tarea de una dirección revolucionaria es desarrollar la comprensión de esta situación, no esforzarse por negarla, por parte del proletariado. La ola ‘populista’ de la última década y media fue un reflejo distorsionado de esta crisis de poder; a lo mismo responde el crecimiento de la izquierda obrera de contenido socialista. Este curso desviacionista ha fracasado. La acentuación de la bancarrota capitalista, o sea la tetanización del sistema financiero y de las finanzas públicas como consecuencia de la sobreproducción de capital, augura crisis políticas más severas, sobre las que los trabajadores ya han acumulado una experiencia propia de casi dos décadas.
Este cuadro histórico debería determinar la orientación estratégica del Frente de Izquierda. La fragilidad de los recambios derechistas de gobierno en América latina opera en condiciones de quiebra de los regímenes políticos en presencia, retroceso de las fuerzas productivas, agotamiento de los partidos tradicionales y, por sobre todo, una tendencia reprimida o explícita a la rebelión popular.  Tuvimos el reciente ejemplo de la huelga general del movimiento femenino. Una crisis de poder es siempre objetiva; que se transforme en revolucionaria está condicionada por el grado de comprensión que hayan desarrollado las fuerzas en disputa y de la organización que haya resultado de ello. El Frente de Izquierda debe adoptar un plan de acción política para conquistar más y más trabajadores para una lucha de clase independiente, y capacitarlos de este modo para que determinen la salida a las crisis capitalistas con métodos revolucionarios. Que la disputa electoral de 2017 sea presentada por la mayoría de los actores como un barómetro de las posibilidades de que el macrismo no cumpla su mandato, es una señal significativa. Lo mismo ocurre con los pronósticos catastróficos que se escuchan frente al endeudamiento extraordinario que ha tenido lugar en los últimos meses. En este escenario de contradicciones insuperables, la conclusión no puede ser otra que concentrar la acción política de la izquierda -en la agitación general, en los lugares de trabajo y los sindicatos, y entre la juventud y el movimiento de rebelión de la mujer-, para fortalecer el camino de una revolución socialista.
El acto del 19 debe servir como tribuna de clarificación y como marco de un plan de acción.
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