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domingo, 27 de noviembre de 2016

La perspectiva revolucionaria en nuestra época

26 de noviembre de 2016 | Por Jorge Altamira

A propósito de la tercera visita de Fidel Castro al país, en mayo de 2003. Intervención de Jorge Altamira en la Cátedra Libre “En Defensa del Marxismo”, organizada por la Unión de Juventudes por el Socialismo en la Facultad de Ciencias Sociales. Publicada en la revista En Defensa del Marxismo N°31 (agosto de 2003).

Compañeras, compañeros: naturalmente, quiero declararles mi enorme simpatía por la decisión de hacer esta cátedra libre. Las cátedras libres fueron una de las reivindicaciones más importantes de la refor­ma universitaria del año ’18. Permitía que dirigentes obreros o dirigentes revolucionarios, que a lo mejor no tenían un título universitario, pudieran in­gresar a la universidad y abordar materias en las que seguramente ellos eran todavía más conocedores que los profesores habilitados.
Hubo momentos, en los que el movimiento estudiantil luchó muy deno­dadamente por este desarrollo de las cátedras libres. La posibilidad de que las tengamos nuevamente y que se instalen en las barriadas, y en las fá­bricas ocupadas tiene que vincularse a la necesidad de desarrollar una Uni­versidad socialista de los trabajadores. Nadie puede pensar seriamente en una preparación sistemática de los trabajadores argentinos para la toma del poder sin aprovechar estos años de libertades democráticas y derechos constitucionales, para poner en marcha una Universidad que capacite al máximo a los trabajadores en el dominio de las Ciencias Sociales.
Es muy importante que el propósito sea la exposición de la teoría marxista porque el marxismo es la expresión más acabada de las Ciencias So­ciales. Aunque esto no le guste a la gente que dice “bueno, algo que em­pezó a desenvolverse hace 150, 200 años, ya no debería ser la expresión más acabada de nada". Pero el marxismo no es y así se definió desde un comienzo, un sistema cerrado. Como es una metodología científica, que progresa con las investigaciones y la experiencia histórica; decir que uno está defendiendo al marxismo, no significa de ningún modo limitarse a con­clusiones especificas de hace 150 años, y que sólo quedaría memorizarlas. Eso es completamente ajeno a la realidad del marxismo, si así fuera de oírnos decir que el marxismo es una doctrina revolucionaria por la capacidad de criticarse a si misma, por su planteo metodológico de que la solución de cada problema es el planteamiento de un nuevo problema. Yo tengo por hábito equivocarme en cuanto a la magnitud del interés de una charla. Pensé que ésta iba a ser una charla más reducida y les iba a decir que lo que más me interesaba de la charla era el debate posterior. Pero parece que la concurrencia es muy grande y no retiro la propuesta del debate porque me parece que es lo más significativo en todo trabajo de formación política revolucionaria.
El tema de la charla fue fijado con anticipación, hace dos semanas, pero debo decirles que armé la charla sobre la base del discurso de Fidel Castro ayer (lunes 26 de mayo) en la Facultad de Derecho (risas). Como ustedes ven, en cierto modo es pan caliente y, además, yo tengo una preferencia por ese tipo de cosas, porque es algo que está vivo, la presencia de Fidel Castro y el discurso han causado una enorme impresión. Natural­mente no me voy a referir al discurso como tal, porque tengo que hablar del tema que me toca a mí, pero el discurso de Fidel Castro se presta muy bien para la cuestión del tema de la perspectiva revolucionaria.
Porque la esencia del discurso de Fidel Castro tuvo que ver con la cuestión de la catástrofe social e histórica que estamos viviendo. No es frecuente escu­char hablar a alguien de la catástrofe. Tan poco frecuente, que nosotros he­mos sido y somos descalificados como "catastrofistas". Pero ayer Fidel Castro trazó de forma muy elocuente y con algunos ejemplos bien estructurados, el cua­dro de catástrofe que vivimos.

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No era habitual hasta hace muy poco caracterizar la situación histórica como catástrofe. Esto lo sé muy bien porque vengo escuchando o leyendo a Fidel Castro desde el año ‘57. En una época sus discursos eran impresionantes, uno de los más impresionantes es el que se llama La historia me absolve­rá y es la defensa ante el tribunal que lo juzga por el asalto al Cuartel de la Moneada. Y otro discurso extraordinario es cuando por primera vez se pre­senta en las Naciones Unidas en el año ‘59.
Luego en el año ‘60 estuvo aquí el presidente Osvaldo Dorticós. Ya me había olvidado que se presentó en una facultad y hasta el hecho de que yo mismo había participado en organizar la charla de Dorticós en la Facultad de Ciencias Económicas, en la calle Córdoba. Éramos un grupo de compa­ñeros, me acuerdo de casi todos, que habíamos organizado esa charla y como consecuencia de eso una parte del gabinete del gobierno cubano, me acuerdo en particular del ministro de Marina, vino a cenar a la casa de mi tío. Y nos fuimos caminando por Córdoba, luego por Pueyrredón y termina­mos en la casa de un tío mío... que es de derecha (risas), pero que -yo vi­vía en condiciones muy estrechas- no habría podido llevarlos a mi propia casa; él vivía mejor, por eso era de derecha (risas). Cuando le dije que te­ma a medio gabinete cubano ahí, el hombre nos puso en la sala principal y salió a la calle a comprar todo lo que había en el barrio para alimentar al gabinete cubano. En cierto modo, como corriente política, el Partido Obre­ro nace en relación a la defensa de la Revolución Cubana. No se tienen que olvidar que muchos de nosotros las armas principales las hicimos cuando el imperialismo norteamericano invadió Cuba en abril de 1961 y luego en algo que fue extraordinario para la época, cuando parecía que era inminente la guerra nuclear por Cuba entre Estados Unidos y la Unión So­viética, en octubre de 1962, en lo que se llamó la "Crisis de los misiles"

Ayer Fidel Castro desenvolvió el tema de la catástrofe. Nuestro tema hoy son las perspectivas revolucionarias. No es lo mismo. Y una de las cosas que quiero señalar es esta diferencia. Él toma el tema de la catástrofe y muestra que vivimos en un mundo de catástrofe. La descripción de la guerra contra Irak, de la guerra en Afganistán, la matanza de los niños, la mutilación de las personas.
Pero siendo la guerra la expresión más brutal de la catástrofe, los bom­bardeos con uranio empobrecido, tanto en Irak como en Yugoslavia, siendo la expresión más fuerte de las catástrofes, en el discurso de ayer, tam­bién señala la destrucción sistemática del medioambiente e introduce un tema un poco más profundo, el tema de la aparición de las enfermedades nuevas, como consecuencia del desarrollo parasitario del capitalismo y destaca un fenómeno importante.
Denuncia que la reacción del capitalismo a estas nuevas enfermedades y a un montón de epidemias y manifestaciones patológicas es puramente terapéutica. Una reacción terapéutica es la reacción de los laboratorios y los monopolios farmacéuticos que producen medicamentos con fines de lu­cro para combatir la enfermedad que, de algún modo, el capitalismo con su desarrollo anárquico, ha creado. Y opone a esa reacción terapéutica, la reacción preventiva, que consiste en la acción social consciente, sistemáti­ca del hombre en el cuidado de su propio medio ambiente y del marco eco­lógico en que se tiene que desenvolver el ser humano.
Es muy significativa la reacción de los grandes monopolios capitalistas que, como ustedes sabrán, en el tratamiento del Sida producen anti retrovirales a precios imposibles. Absolutamente imposibles. Sólo la franja más rica de la burguesía puede tratarse contra el Sida. Ya más abajo, inclusive dentro de la propia burguesía, la medicación es prohibitiva, lo cual ha provocado tre­mendas crisis, la más destacada de todas, la crisis de Sudáfrica, donde la gente está muriendo como hormigas y no hay posibilidad de tratarlos por el monopolio de la investigación y el pateamiento de los medicamentos.

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Esto también ha producido una crisis en Brasil, donde el gobierno ante­rior tuvo que tomar medidas para introducir una especie de precios máxi­mos a los medicamentos y en cierto modo suspender la aplicación de la ley de patentes en Brasil con respecto al tratamiento del Sida.
Como ustedes ven, el discurso de ayer pone de manifiesto la cuestión de la catástrofe e introduce esta novedad en los discursos antiimperialistas.
Esta visión de conjunto de un período de catástrofe es una novedad. Venimos de una época en la que se consideraba que el capitalismo se es­taba desenvolviendo, que era un factor de progreso, que era una mejora en la vida material. Nadie hablaba de la catástrofe. No sé si muchos de los se­guidores de Fidel Castro van a recoger mañana este tema de la catástrofe en la que se desenvuelve el capitalismo, aunque el discurso de Fidel Castro no relaciona en ningún momento la catástrofe con el capitalismo, ese carácter de conjunto de tratar de explicarlo como consecuencia del desenvolvimiento capitalista.
El problema de la catástrofe no es ajeno a la situación histórica mundial, porque la catástrofe no es definitiva sino la expresión de un régimen social que se ha agotado, pero sin embargo esta sobreviviendo porque la clase explotada, en ese régimen social, no ha dado cuenta de él, es decir, porque los trabajadores no han hecho la revolución. La catástrofe es la expresión de un régimen que no sólo ha madurado para una transformación social, que no sólo ha cumplido su rol histórico, sino de un régimen en completa pudrición. Esta tesis figura en las tres primeras páginas del Programa de Fundación de la Cuarta Internacional y nadie lo había levantado hasta ahora, al menos en el aspecto de la catástrofe, de un modo más o menos sistemático. Esto es una novedad. No una novedad de Fidel Castro, ya empieza a ser una novedad en distintos discursos y fue el tema que Fidel Castro planteó ayer.
Pero no basta simplemente con describir la catástrofe, sino que hay que emitir un juicio histórico sobre la catástrofe. ¿Qué quiere decir un juicio histórico? ¿Es una catástrofe porque la gente está confundida? ¿Porque los gobernantes no saben lo que hacen? ¿Por qué no ha habido una suficiente planificación? ¿No se regula bien la economía? ¿No hay una supervisión? ¿Las Naciones Unidas no se dieron cuenta? ¿La FAO no actúa? ¿UNICEF no se cuida? ¿O es un estadio del régimen social que vivimos, que es el régimen capitalista?
Porque si es un estadio del régimen social capitalista, tenemos aquí la premisa básica de la revolución socialista. Pero Fidel Castro no extrajo es­ta conclusión (risas). Dijo que Cuba siguió un curso revolucionario, pero que esto no quiere decir que los demás tengan que hacer lo mismo. Pero este análisis, esta descripción plantea la revolución socialista, independientemente que no hubiese sido la conclusión del discurso. Y esto es lo que tiene un valor extraordinario.
Además, es un tema importante que en el Partido Obrero hemos desa­rrollado con cierta sistematicidad (aunque nada es siempre verdaderamen­te sistemático entre nosotros) porque la catástrofe del capitalismo influye en las condiciones de la revolución proletaria. Es que la revolución socia­lista en la época actual enfrenta la circunstancia de que el 25% de la clase obrera se encuentra desocupada. Mejor dicho, más del 25%. Porque lo que en Argentina tenemos como desocupados es el 25% de la población acti­va, no el 25% de los obreros. Así que la tasa de desocupación entre los obreros es mucho mayor. Y, por lo tanto, todos esos trabajadores no se en­cuentran en una fábrica. Es decir, que en la época de la catástrofe del capitalismo hay que hacer la revolución con los obreros que están dentro de la fábrica y con los que están afuera de las fábricas. Y el que diga que no hay que organizar a los trabajadores que están fuera de la fábrica no quie­re hacer la revolución en la época de la catástrofe del capitalismo. Hay que bancarse, entonces, las condiciones de pudrición del sistema. Si el mundo fuera racional, este sistema habría sido derrocado por la acción revolucionaria en el punto de madurez, antes de que manifestase los síntomas de su completa descomposición. Pero la historia no funciona racionalmente. Kirchner, Lavagna y todos piden soluciones racionales, por eso, porque saben que no existen (risas).

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La humanidad tiene que pasar por diversas experiencias. No es a la luz sólo de la razón que actúa, sino a la luz de la razón que ha sido fecundada por grandes experiencias. La razón también tiene que alimentarse no puede funcionar en el aire.
Entonces, hay que militar y actuar en las condiciones de la catástrofe del capitalismo. Hay que unir los elementos revolucionarios en la época de catástrofe del capitalismo con aquel planteamiento original de los comunistas, de Marx del siglo pasado, o sea de la revolución dirigida por la clase obrera y del gobierno de los trabajadores como dictadura del proletariado.
En el discurso de Fidel Castro de ayer, esta descripción de la catástrofe y todas las denuncias que hace, tienen mucho de liberal. Liberal define al pensamiento que denuncia las injusticias. Pero también, el discurso es una expresión principal de la Revolución Cubana. Es la expresión de que los méritos de la organización social de la Revolución Cubana, bloqueada, aislada y en la pobreza son todavía superiores a los del capitalismo. Él puede decir todo eso sobre la base de esta experiencia. Él sabe, por ejemplo, que no hay Sida en Cuba -algo que podría venir en cualquier momento como consecuencia de la descomposición económica en Cuba, de la pobreza, de la prostitución, etcétera- ni otras enfermedades, porque hay un trabajo sistemático social no ligado al beneficio privado, en defensa de la salud y la educación.
Fidel Castro destaca el contraste entre eso y el capitalismo. Fíjense una cosa: Cuba no puede pelear en el mercado mundial con los laboratorios farmacéuticos norteamericanos, pero Cuba les ha ganado en el trabajo de la prevención de las enfermedades; tenemos el caso de la vacuna contra la hepatitis B. Cuba no puede comercializar sus investigaciones en el mercado mundial, ni explotarlas comercialmente, porque está limitada por la acción de los monopolios farmacéuticos. Por eso, algunas patentes que los cubanos logran comercializar en el mercado mundial obedecen a acuerdos con los laboratorios internacionales. Cuando uno piensa en el bloqueo, piensa en barcos que rodean la isla, pero hay cosas que no se ven ni se sienten, pero son tremendamente efectivas, como el hecho de que no pueden transformar su gran trabajo de investigación científica en una rama del comercio mundial, con todos los beneficios que eso podría aportar.
Aquí se reflejan las conquistas de la Revolución Cubana en las condiciones dramáticas en que se encuentra por un conjunto de factores, pero principalmente por el bloqueo norteamericano.
Y también refleja y esto nunca hay que dejar de decirlo, la experiencia, pero en este caso negativa, de la asimilación de Cuba a la política de la burocracia de lo que fue la Unión Soviética, la cual ha pasado de ser un país de excelente educación y salud al único país del mundo junto a alguna nación de África, donde la expectativa de vida de la población desciende; donde todas las enfermedades se están desarrollando y donde las tasas de mortalidad de cada una de ellas es la más alta.
Los cubanos saben, como consecuencia del régimen burocrático, primero, y después de la restauración del capitalismo, que si ellos emprenden el mismo camino que emprendió Gorbachov, que emprendió Yeltsin, etcétera no queda ningún cubano en pie y ni siquiera tuvieron que venir los norteamericanos con las armas. Simplemente por el derrumbe del sistema estatal o planificado.
Por eso cuando muchos dicen que el comunismo fracaso, como lo probaría la URSS, uno tiene que decir, sin agotar el debate aca, que quince años después, el capitalismo ha sido peor. Quince años después, hay que reconocer que el capitalismo fracasó y pensar cuál es la alternativa entre capitalismo y comunismo, y yo siempre digo que es la revolución proletaria (risas). Porque por comunismo, todo el mundo entiende un sistema burocrático, entonces entre sistema burocrático y el capitalismo, la salida es la revolución proletaria.
El discurso de ayer importa por la denuncia del proceso de destrucción de las fuerzas productivas bajo el capitalismo y no sólo mediante el fenómeno de la guerra, y no sólo mediante el fenómeno del armamentismo. Porque si aparecen enfermedades nuevas, por ejemplo la de la vaca loca, que es consecuencia de la alimentación con forrajes especiales a los animales, en donde para abreviar el tiempo de engorde del ganado, abrevian el tiempo de maduración, se le ponía cualquier cosa. Consecuencia: al ser humano una enfermedad; directamente vinculada a la ley de beneficio. Como cuando se cae un avión por falta de mantenimiento. ¿Y cómo va a haber mantenimiento si el personal de mantenimiento fue despedido y su trabajo tercerizado? Finalmente, lo pagaron en su propia ley, que una de las razones que se le atribuye al éxito del ataque a las Torres Gemelas es que los controles aduaneros en Estados Unidos eran muy débiles, porque habían reemplazado todo el personal de origen norteamericano, calificado, por personal inmigrante, menos calificado, porque a éstos les pagaban infinitamente menos.
Lo que quiero decir simplemente es que estoy hablando de la catástrofe y la destrucción de fuerzas productivas como un régimen, y un método de desenvolvimiento del capitalismo. No como un fenómeno extraordinario producto de una guerra, de una confrontación entre dos países, de un al que militar, donde se bombardea a todo el mundo y se destruyen edificios, maquinarias, etcétera.

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Este es el problema principal, la cuestión de que hemos entrado desde hace mucho tiempo, por momentos disimuladamente, y por momentos más francamente, en un periodo de catástrofe. El capitalismo, en la fase histórica de la catástrofe. Se expresa en la tasa de desocupación mundial, en la desnutrición, en la mortalidad infantil, en la guerra, en las masacres, los asesinatos, las enfermedades y en todo un sistema de lucro montado en torno de esto.
Por eso quiero recordar un folleto de Lenin que resume el concepto histórico del momento: La catástrofe que nos amenaza y cómo combatirla. Y la catástrofe que nos amenaza, como es descripta por Lenin, es la catástrofe que fue descripta ayer, es la catástrofe que describimos siempre. Ese folleto dice también cómo combatirla: ocupando las fábricas, control obrero de la producción, desarme de la policía y el ejército, milicia de los trabajadores, toma del poder de los trabajadores, llamamiento de los trabajadores a todos los países del mundo a levantarse contra el capitalismo.
La catástrofe que nos amenaza y cómo combatirla. Con esto tenemos, en cierto modo, la respuesta al problema de la charla de hoy, las perspectivas revolucionarias de la época actual.
Lo interesante también del discurso de ayer, pero ahora para ir mostrando sus limitaciones, es que Fidel Castro, hace dos observaciones llamativas. En primer lugar, cuando al final dice "Viva la humanidad", que no es un tema nuevo, sino que también tiene que ver con el tema de la catástrofe. Como podemos desaparecer del planeta, los Bush y Saddam, Arafat y Sharon, yo y Kirchner, Menem y Duhalde; todos podemos desaparecer, tenemos un lugar común y si tomamos conciencia de él nos unimos para salvar la humanidad. Viva la humanidad.
Uno de los primeros que manejó el tema de la catástrofe y lo planteó de esta manera fue un funcionarlo ruso del gobierno soviético que se llamaba Nikita Kruschev, en relación al peligro nuclear. Dijo que habla un tema común a capitalistas y obreros que era el problema de la salvación de la humanidad, de la casa común. Entonces elaboró una política de aproximación al Imperialismo. Después vino Gorbachov, que dijo que el concepto de lucha de clases estaba superado, porque toda la humanidad estaba amenazada, que no debíamos pelearnos entre nosotros. Si Macri y un piquetero están amenazados, el piquetero no debe luchar contra Macri y Macri debe tratar de no robarle el trabajo a un cartonero a favor de la empresa de limpieza de Macri, sino que se tienen que unir los dos para la salvación de la humanidad.
Esta caracterización de la catástrofe es simplista. Observen la contradicción de describir lo que sería la fase catastrófica del capitalismo y luego convocar a una unidad entro todos, menos algunos recalcitrantes. Es decir, no hay una conclusión política porque la caracterización, siendo correcta en parte; de conjunto, tiene una limitación.
El otro tema tiene que ver con la afirmación que hizo de que hay que luchar por lo que es posible, con la salvedad de que cuando se consigue lo que es posible, hay que luchar por otra cosa que es posible y luego así sucesivamente, el planteo de la posibilidad infinita. Ahora, la posibilidad infinita no deja de ser una teoría posibilista. Es decir, hacer aquello que es posible. Por lo tanto, que no hay que hacer la revolución. Porque la revolución siempre es un fenómeno imposible con relación al sistema vigente. Fidel Castro reemplaza la categoría de posibilidad histórica, por aquella oportunista, que la define dentro de los marcos vigentes.
El posibilismo criticado por Lenin, aquello de que sólo se puede hacer lo que es posible en un momento determinado, fue denunciado en el ¿Qué hacer? Lenin lo definió como un oportunismo. Castro intenta superarlo diciendo que después que una cosa posible se convierte en realidad hay que ir por otras cosas posibles, o sea la posibilidad es infinita. Como Bush lanzó la teoría de la "guerra infinita" y Bertinotti, el jefe del Partido Refundación Comunista, acaba de sacar un libro que se llama La paz infinita, me pregunto: si con esto de la posibilidad infinita no es ya una corriente que está buscando un firmamento infinito y soslayando las tareas históricas del momento que son muy concretas, es decir, la victoria de la revolución proletaria.
Porque lo que no se expresa en el discurso es la tendencia del capitalismo a su propia disolución. Es decir, la tendencia que existe en el seno de esta sociedad dividida en clases a la revolución. No vivimos sólo en un período de catástrofe, vivimos en un periodo histórico de catástrofe capitalista y de tendencia a la revolución, porque las masas no aceptan pasivamente este fenómeno de la catástrofe. Estas revoluciones y levantamientos las tenemos todos los días. Desde la Intifada en Palestina al levantamiento de los indígenas en Ecuador, a la insurrección de marzo en Bolivia al Argentinazo nuestro y a los levantamientos en Venezuela contra el golpe derechista. Lo tenemos en forma absolutamente constante.
La tendencia a la revolución, porque la caracterización del momento actual, simplemente como catastrófico, no prevé, no tiene en cuenta, no incorpora la tendencia de este régimen de clases antagónicas, lucha de clases hacia su propia disolución y hacia la revolución social. Lo que falta en el análisis y que es la esencia del marxismo es la comprensión de los límites insalvables del capital, que lo lleva a la catástrofe es el capital actuando sobre la base de sus propias leyes.
El ejemplo de que con ocho millones de dólares se puede resolver el abastecimiento de electricidad de un lugar, no hacía falta que lo dijera Fidel Castro ayer, porque lo vienen explicando Victo De Gennaro, Claudio Lozano y Carlos Heller del Banco Credicoop, que la pobreza se supera con el 3 % del PBI. El único problema es que los capitalistas están en la bancarrota y necesitan otro 10% del PBI. ¿O dónde van a salir los 50.000 millones de dólares que reclaman los bancos que están en Argentina como compensación patrimonial por la devaluación y la pesificación? Uno dice, con el 3% resuelvo la pobreza; y el banquero dice, yo necesito 50.000 millones de dólares. Y si no me dan los 50.000 millones de dólares, yo los dejo sin bancos.
Es decir, que primero hay que derribar la dominación de los que poseen el 90% de la riqueza para después poder darle el 3% famoso para resolver la cuestión de la pobreza. En definitiva, no me voy a poner en maestro ciruela de Fidel Castro, porque acá el gran maestro es él. Si él puede con 8 millones de dólares darle electricidad a todo el mundo es porque el 1° de enero de 1959, los cubanos derrocaron a la burguesía y tomaron el poder (aplausos). Y ahí está todo el misterio del 3% y los 8 millones de dólares.
En la búsqueda del superbeneficio, la acumulación del capital entra en contradicciones cada vez más agudas que bloquean su posibilidad y, por lo tanto, hace estallar las crisis. Sobre esto no hace falta que me detenga mucho porque ustedes lo vieron en diciembre del 2001. Después de haber acumulado dinero y capital en forma descomunal, sacándole la plata a los trabajadores y dándoselas a las Afjp, formando una caja de 30.000 y 40.000 millones de dólares en las Afjp, acaparando toda la deuda pública por parte de los bancos, con balances que rebosaban de beneficios, en diciembre del 2001, todos esos bancos se quebraron porque la condición de esos beneficios era un endeudamiento sin precedentes y el deterioro del consumo popular. Había un límite a las posibilidades de seguir acumulando capital en las condiciones de la competencia extranjera y en las condiciones de la crisis mundial. Los límites del capital para su reproducción, en etapa tan avanzada de su desarrollo, es lo que determina la tendencia a la disolución del sistema capitalista y, por lo tanto, la premisa de la revolución social.
Cuando hablamos de las perspectivas revolucionarias en la época actual, tenemos que mostrar, por un lado el carácter catastrófico al que ha llevado el capitalismo, es decir, la podredumbre del sistema vigente, y por el otro lado la sobreacumulación y la tendencia de este sistema a su propia disolución y a recrear sistemáticamente las premisas de la revolución obrera, de la revolución socialista sobre la base de sus propias leyes.
Entramos aquí en un punto importante: ¿el capitalismo puede sobrevivir, primero, enfermando a la gente y, después, produciendo los remedios para curarla? Uno puede decir: el capitalismo es un gato de siete vidas, no va a morir nunca, porque permanentemente recrea las condiciones de su dominación. Por ejemplo, en el asunto de la vaca loca, matan a todas las vacas enfermas, subsidian a los ganaderos, y recomienzan el ciclo ganadero. Los laboratorios no tienen ya dónde vender; se agotaron las posibilidades económicas de las aspirinas, la penicilina, y hay sobreproducción en todo eso ¿Qué hacer? El sida: enfermamos a todo el mundo, destruimos al ser humano, después le vendemos los medicamentos y seguimos acumulando capital. ¿Resiste esa lógica? No, el capitalismo que enferma, embrutece, mata y destruye, lo hace con métodos capitalistas, en el marco de sus limitaciones, históricas. ¿Hasta qué punto los medicamentos, que cuestan varios centenares de dólares la unidad, ofrecen la posibilidad de que los laboratorios mantengan su tasa de beneficio? Entonces, la tendencia a la catástrofe se desenvuelve por métodos capitalistas y el límite es el propio capital.
El ejemplo claro es el del armamentismo. Ustedes saben muy bien que hay choque entre Estados Unidos y Europa, porque Europa quiere crear un ejército propio. ¿Pero por qué quiere crear un ejército propio si nunca lo había querido crear hasta ahora? No lo había querido hacer porque pretendió que el gasto militar lo bancaran exclusivamente los norteamericanos Por lo tanto, una fracción importante de las riquezas de los Estados Unidos se destinaban al gasto militar, mientras que la burguesía europea evitaba ose gasto y se desarrollaba para hacerle competencia a los Estados Unidos Los gastos militares minan la base productiva del país. Una parle entera do la generación de riquezas de la burguesía, va destinada a solventar la industria militar.
Entonces, sobre la base de la destrucción de las fuerzas productivas, el capitalismo no tiene una salida. Es decir, es una tentativa de salida, pero no constituye una salida. Porque las leyes del capital, que lo ponen como límite a él mismo, en el sentido de que no puede ir más allá de la capacidad de consumo de los trabajadores y no puede ir más allá de los extremos de plusvalía que pueden sacar con las nuevas técnicas, eso sigue valiendo incluso para la industria armamentista, para los laboratorios, para la industria ecológica, que limpia los ríos que alguien previamente infectó, etcétera, etcétera, etcétera...
Entonces no constituye una salida a la crisis del capital. Por eso la catástrofe y la barbarie no son una salida para el capitalismo, que llevada hasta sus últimas consecuencias es el fascismo. Es decir, para que esta salida tenga perdurabilidad en el tiempo la catástrofe capitalista tiene que manifestarse en un régimen político que corresponda a esa situación do catástrofe: el fascismo.
Ahora, si Estados Unidos y Europa, o mejor dicho el imperialismo norteamericano y europeo, tienen que imponer el fascismo a los Estados Unidos, a Francia, Alemania y a Europa donde las conquistas históricas do la humanidad se han desarrollado más intensamente que en cualquier otro la do. Es decir, que la tendencia a la catástrofe plantea la tendencia ni fascismo y, por lo tanto, la tendencia a la revolución.
Con esto, recuperamos en esta parte, en este principio del siglo XXI, una caracterización que rechazan todos los oportunistas: la caracterización de que la humanidad había entrado en una época de guerra y do revoluciones. Era frecuente escuchar, incluso desde antes de la disolución de la URSS, de que quizás era cierto que la humanidad había entrado en una época de guerras y revoluciones pero sólo entre la Primera Guerra Mundial y el final de la segunda. Pero esto no era cierto más que como época histórica eso había sido superado por el propio capitalismo. Sin embargo, hoy tenemos un período de guerra y revoluciones, porque es inevitable que las guerras engendren las revoluciones. Las engendran cuando se trata de prevenir las guerras y las engendran como consecuencia la catástrofe que desatan las guerras.
Los revolucionarios luchamos por impedir las guerras, pero si la guerra se produce, las consecuencias de la guerra producen, fatalmente, estallidos revolucionarios. Ha ocurrido siempre así. Y ustedes lo que han tenido es un ejemplo, reducido por la escala histórica pero muy amplio, con la reacción de centenares de millones de personas ante el ataque norteamericano a Irak. Se ha producido una movilización sin precedentes como consecuencia de esto.
Por lo tanto, para el Partido Obrero, y lo digo porque ha sido el tema principal del debate de nuestro último Congreso en el mes de noviembre, toda la cuestión de la tendencia catastrófica del capitalismo no sólo apunta al tema del fascismo, sino que apunta a un proceso histórico que todavía no ha sido completado, que es el de la conquista de todo el espacio geográfico y económico que hasta hace quince años, integraba la Unión Soviética y la llamada República Popular China. Porque sería un error pensar que la abolición del régimen estatal y de planificación significa automáticamente la victoria de la restauración capitalista. Indudablemente, esos regímenes funcionan con criterios capitalistas. Pero todavía tienen que desmantelar todas las conquistas y todas las relaciones sociales armadas en varios y largos procesos revolucionarios, y proceder a utilizar ese dislocamiento de las relaciones sociales que ha dado el proceso revolucionario para montar la explotación capitalista y modificar la economía mundial.
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Para decirlo de esta manera: en los 21 millones de kilómetros cuadrados que integran los territorios de la ex URSS todavía no ha comenzado siquiera un proceso de colonización capitalista y lo prueba el hecho de que los ingresos de los rusos vienen, fundamentalmente, por la explotación de los yacimientos petroleros. Y en 21 millones de kilómetros cuadrados se puede hacer mucho más que explotar cien pozos de petróleo. Hay 115 millones de personas para explotar, hay una mano de obra para explotar, hay un mercado y la conquista de ese mercado es realmente el designio del proceso que está llevando a la guerra de Afganistán, de Yugoslavia, de Irak y al montaje de todo un proceso de colonización de la ex URSS.
Esta cuestión de completar la restauración y la tendencia al fascismo son las dos fuerzas propulsoras fundamentales de la catástrofe. Pero cuando hablamos de las perspectivas de la revolución no lo podemos reducir a mostrar que esas catástrofes emanan del capitalismo. Tenemos que mostrar que estas catástrofes emanan del modo capitalista de producción, que estas catástrofes son un método con el que el capitalismo quiere salir de su propia crisis (las guerras, las enfermedades) y que esas salidas a las crisis tienen límites todavía más insalvables que los que tenía el capitalismo en una etapa precedente. Esta tendencia del capitalismo a pretender superar sus propios límites es la que lleva a la revolución socialista y sin la cual no se puede hablar de perspectiva revolucionaria.
En el momento actual, estas tendencias se manifiestan en relación a dos grandes fenómenos: desde el punto de vista económico, la tendencia a la deflación en Europa y en Estados Unidos, algo que no ocurría desde 1930 y la tendencia a la guerra, marcada por ejemplo por la ocupación de Irak y el afán del imperialismo de rediseñar todo el mapa político del Medio Oriente, del Asia soviética y, eventualmente, de todo el mundo.
El problema de la deflación es un problema capital porque la deflación significa la caída imparable del valor del capital. El capitalista no produce para el consumo, sino para la valorización. Tiene que producir para el consumo y la producción, pero por sobre todo produce valores. Estos valores del capital están cayendo en forma estrepitosa, muy marcadamente, en Europa y en Estados Unidos, y esta nueva tendencia a la deflación es la consecuencia de la bancarrota de los grandes monopolios financieros de los últimos años, es la consecuencia de la bancarrota de Enron, es la consecuencia de la bancarrota de World.com, es la consecuencia de la bancarrota de las líneas aéreas, la bancarrota de Fiat; es decir, la bancarrota completa de empresas, las cuales están obligadas a liquidar. En lugar de poner en producción los activos de las empresas, los venden y liquidan para pagar las deudas, iniciando una cadena de desvalorización de los capitales en su conjunto.
La deflación en el campo económico y la guerra por la remodelación de Europa por la remodelación del Medio Oriente, por la penetración y recolonización del ex espacio soviético, es lo que caracteriza al momento actual. Porque las crisis capitalistas que estamos conociendo no tienen salida económica. Todas las tentativas de salida económica han fracasado y hasta ahora han fracasado, inclusive. Las tentativas políticas. La más importante de todas es haber logrado que 27 países de Europa se unan en una Federación de Estados. Eso significa reemplazar 27 mercados por un único mercado, una serie de ventajas colosales para el capital. Pero la Unión Europea está en el pozo más grande de su crisis, encabezada por Alemania.
No hay una salida económica. Solamente a través de fuertes derrotas de los trabajadores, de golpes a la soberanía nacional, de destrucción de conquistas, el capitalismo podría eventualmente, teóricamente, abstractamente, volver a recomponer condiciones estables de explotación del capital. Por eso, si ustedes agarran los diarios van a ver una cosa que es cada vez más frecuente. ¿Cuál es el problema de Francia? Gigantescas huelgas y manifestaciones contra el intento de destruir la jubilación estatal. Italia: manifestaciones y huelgas contra el intento de destruir la jubilación estatal. España: huelgas contra el intento... Lula: destruir la jubilación estatal.
Esto nos permite caracterizar procesos como los de Lula. Porque Lula nunca dijo que era anticapitalista. Lo que él dijo siempre querer era poder utilizar 8 millones de dólares para que todo el mundo tenga electricidad, el famoso 3% del PBI para distribuir la riqueza. Pero en vez de esto, les está sacando la plata a los jubilados, les quiere poner un impuesto a los jubilados para disminuir el déficit presupuestario o aumentar el superávit y poder pagar la deuda externa.
Acá no importa la persona de Lula, sino las fuerzas sociales que se producen a través de Lula, que Lula no puede dejar de traducir en la medida en que no es un elemento obrero revolucionario que lucha por el fin de este sistema, sino que busca salvarlo de alguna manera y encontrar una posición para la gente parecida a él, dentro de este sistema.
Esta política de destrucción no es una salida económica, es una salida de choque. En Francia, golpear la seguridad social y golpear la previsión, es un agravio nacional, porque es el país que ha construido desde las huelgas de 1936 una cultura de estas conquistas sociales en materia de seguridad.
Ustedes lo van a ver también en Inglaterra. Van a ver, dentro de poco, dantescas huelgas de maestros, como consecuencia de los brutales ataques de Blair, el Lula inglés, a la educación pública. No son salidas económicas. Salida económica es bajar la tasa de interés, reducir los aranceles, subir la tasa de interés, aumentar el presupuesto, bajar el presupuesto. Esas son salidas económicas. Estos son ataques a las conquistas de los trabajadores. Este es el proceso objetivo histórico del momento.
Ahora, ¿en qué consiste el movimiento de la subjetividad humana? ¿En qué consiste la acción del ser humano? En poder generalizar, conceptuar, transformar en herramientas intelectuales y, por lo tanto de acción, la comprensión del desenvolvimiento histórico. ¿Por qué queremos entender todo esto? Para que este entendimiento nos dé las herramientas programáticas, intelectuales y, por lo tanto, de organización para enfrentar eficazmente y dar una salida a la situación. El problema del programa y el problema del partido no es una preferencia de una fracción determinada de la izquierda, en este caso del Partido Obrero, sino que es la consecuencia fatal de la pretensión de darle un contenido concreto e histórico a la acción subjetiva.
Esta tendencia, que debe ser superada, a la catástrofe, esta tendencia revolucionaria que debe ser encaminada hacia los trabajadores, todo esto, ¿en qué se traduce? Se traduce en un programa y un programa debe, necesariamente, traducirse en una organización; si no, es un programa de cine. El programa es la comprensión de una situación histórica y es el remedio a esa situación histórica, por lo tanto, comporta la acción.
Es muy significativo que en este punto no tengamos ningún discurso que ligue el proceso de la historia con la acción del hombre. No basta hablar de la catástrofe, hay que decir cómo la transformamos en programa. Hay una descripción de la realidad, que es puramente el discurso y que comporta conclusiones como las que hemos examinado: viva la humanidad, posibilismo infinito, pero siempre cambios posibles, nunca cambios que enfrentan resistencias sistémicas. El planteamiento del Partido Obrero de construir un partido revolucionario, no tiene que ver con un interés particular de fracción, sino que es la consecuencia inevitable de la pretensión de querer actuar sobre la base del conocimiento de la realidad. Si la realidad es conocida, se tiene que traducir en un programa. Y un programa tiene sentido como instrumento de una organización. El partido es eso: es el programa. Es la subjetividad del proceso histórico, es lo que transforma a la realidad objetiva en realidad histórica. No es otra cosa.
Por eso no puedo dejar de destacar que en el discurso de ayer, Fidel Castro no sacara esta conclusión: de que el pueblo argentino ha dado un gran ejemplo al mundo. No porque se levantó el 19 y 20 de diciembre, sino porque derrotó a Menem el 27 de abril.
Es decir, caucionó al gobierno de Kirchner, que seguramente no hace lo que hace Fidel Castro en Cuba ni va a distribuir el 3% del PBI.
La cuestión del partido, si estamos hablando de la tendencia revolucionaria del capitalismo, no se limita a un sólo país. El problema atañe a la clase obrera de todo el mundo. En todos los casos, con diferentes grados se manifiesta la catástrofe y la tendencia revolucionaria ¿Por qué todos los partidos reformistas en el mundo se han transformado en Instrumentos directos del Imperialismo? Miren el Partido Socialista francés, miren el Partido Laborista británico conduciendo el ataque a Irak. Son los instrumentos de ataque a las masas, no los partidos reformistas que tratan, mal o bien, de defender a las masas. El PS francés acaba de hacer un Congreso, lo van a leer en el próximo número de nuestro periódico, donde, anunciando un gire a la izquierda, apoyan la destrucción de las conquistas provisionales. A eso llegan cuando giran a la izquierda: si giraran a la derecha se imaginan adónde se irían (risas).
Uno dice ¿qué pasa? ¿Son gente de mala madre? No. Están en una época de catástrofe capitalista. Si queremos superar esta catástrofe, tenemos que liquidar al capitalismo. Si no, tenemos que ir adelante con la catástrofe y que sea lo que Dios quiera. Atenuás los golpeas acá, los golpes allá, pero seguís con la catástrofe. Acá los partidos, los jefes de Estado son la traducción más o menos consciente, más o menos inconsciente de fuerzas históricas implacables que los pulverizan. O mejor dicho, que pretenden pulverizar a través de ellos a los trabajadores.
Hay toda una crisis en el PT de Brasil porque quieren expulsar a algunos diputados, lo cual no deja de ser interesante, porque resulta que estos diputados defienden el programa del PT: va a ser la primera vez en la historia en que a un tipo lo echan por acatar el programa de su propio partido (risas) mientras que los que lo violan se quedan adentro. Los va a sancionar la Comisión de Estatuto, que tiene que decir si una persona pertenece o no al partido, según haya violado o no el programa. ¿Usted lo viola? No. Entonces lo echamos (risas).
Se trata de la construcción de un partido mundial. Naturalmente, la construcción de un partido mundial no es la acción de un partido particular de un país. Es la comprensión de muchos países, muchas vanguardias, muchos luchadores de diferentes lados. Me llamaron la atención, la última semana, dos cosas que leí. Una, en particular, de un sector muy ligado al movimiento antiglobalización, un sector que todavía se dice trotskista y que se llama Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional. Tienen un intelectual de mucho prestigio que se llama Michel Lowy. Él plantea que hay que construir una nueva internacional; pero que no debe ser la Quinta Internacional. Hago énfasis en esto. Tenemos que construir una nueva Internacional que no debe ser la Quinta Internacional, dice, porque si fuera la Quinta Internacional sería una Internacional que debería entroncar con el movimiento histórico de la clase obrera. Quien estuviese con la Quinta Internacional, dice, se siente identificado con la Cuarta, la Tercera, la Segunda, la Primera. Se identificaría con lo más avanzado de todos esos movimientos. Lowy dice: "No nos tenemos que identificar". Tiene que ser una Internacional sin referencia histórica, sin continuidad con los esfuerzos históricos de la clase obrera para su emancipación. En nombre de construir una nueva internacional, lo que se propone es la destrucción política y subjetiva de la clase obrera. Propone una internacional que liquide la memoria, porque dice que de lo contrario, los que no compartan esa memoria no van a querer formar parte de la nueva internacional. Pero ¿para qué queremos fundar una internacional sobre la base de liquidar la memoria histórica de la clase obrera?
Es interesante lo que se quiere decir; también porque el Secretariado Unificado tiene una senadora en el PT y un ministro agrario en el gobierno, que está encargado de que no se le entregue la tierra a los trabajadores sin tierra. Y trotskista (risas).
Pero hay un grupo inglés que sí propone refundar la Quinta Internacional. El otro no quería construir la Quinta para que nadie crea que venimos de Marx, de Lenin, de todos esos. Este grupo quiere la Quinta, pero la quiere construir sobre la base de él mismo, se considera la representación exclusiva de la continuidad histórica. La Cuarta Internacional ha tenido un derrotero histórico muy accidentado y también muy vigoroso, ha participado en todas las luchas mundiales, pero pocas veces jugó un papel decisivo. La IV Internacional ha pagado con muchas crisis internas, rupturas y escisiones, las fuertes presiones contrarrevolucionarias. Por lo tanto, la conciencia histórica del movimiento obrero todavía está en el programa y los cuadros de la Cuarta lnternacional. Quizás la Internacional que surja como consecuencia de este gran ascenso de luchas no sea la Cuarta Internacional tal como la planteamos ahora. Pero, con seguridad, con este planteo vamos a ser el puente entre la situación actual y aquella futura situación en la que mejor surja un nuevo movimiento internacional con memoria en el pasado y con características masivas y gigantescas que lo haga nuevo desde el punto de vista histórico, nuevo como realidad histórica. En ese caso, nuestro esfuerzo por reconstruir, refundar la Cuarta lnternacional sirve de puente entre la etapa actual, en que hay que desarrollar la subjetividad, la organización, la experiencia de clase de la clase obrera en lucha contra el capitalismo y aprovechar las tendencias revolucionarias que existen, hacia la futura Internacional.
Nosotros venimos del Argentinazo y ahora lo tenemos a Kirchner. Cuando ocurren este tipo de fenómenos, a la gente le agarra una decepción terrible, lo cual es muy sano. Pero quiero señalar una frase de Marx, sobre la revolución del '48 en Francia, la guerra civil, la lucha de clases, el 18 Brumario que decía que las revoluciones proletarias vuelven constantemente sobre sí mismas, se someten a constante crítica, no son actos únicos. Son un proceso de constante superación y porque es un proceso de constante superación conoce contrastes, reveses. Porque sólo los reveses le permiten descubrir las flaquezas y las debilidades del periodo que acaba de cerrarse. Haciendo este trabajo de crítica sobre sí misma, y de lo que hizo, vuelve a adquirir un nuevo ímpetu y una nueva lucidez para llevar las tareas a la victoria.
Es por eso, que en cierto modo, esta charla es una reflexión sobre el Argentinazo, porque demuestra todo lo que empuja a las masas en todo el mundo a pasar, del Argentinazo, a la revolución proletaria, al gobierno de los trabajadores, al socialismo mundial, a la dictadura del proletariado. Nada más. (Aplausos).

Fuente:http://www.po.org.ar/prensaObrera/online/internacionales/la-perspectiva-revolucionaria-en-nuestra-epoca
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Coordinadora Sindical Clasista - Partido Obrero

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