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martes, 29 de noviembre de 2016

Primeras conclusiones del gran acto de Atlanta

24 de noviembre de 2016 | #1438 | Por Marcelo Ramal

Sin lugar a dudas, el gran acto de la cancha de Atlanta -que reunió a más de 20.000 personas- demostró la vigencia del Frente de Izquierda como canal político para miles de trabajadores, mujeres y jóvenes. A pesar del escaso lugar que le destinaron los medios de comunicación, el acto causó un indudable impacto político. Un editorialista de La Nación, en su panorama semanal, dijo que el acto denunció “a los que protestan con la plata del Estado” (21/11). De algún modo, separó al FIT del intenso operativo de cooptación y colaboración política que la burocracia sindical y las “organizaciones sociales” practican en favor del ajuste oficial, bajo la articulación del Vaticano. Pero mucho antes del ajuste macrista, el Frente de Izquierda se había constituido como un polo independiente de las variantes capitalistas y, muy particularmente, de quienes ejecutaron durante una década el rescate “nacional y popular” de la deuda pública y las privatizaciones. Néstor Pitrola, en el inicio de su discurso, reseñó los jalones de esa delimitación política: el desarrollo del movimiento piquetero que protagonizó el Argentinazo y desafió a los punteros de los partidos tradicionales; la juventud estudiantil que desalojó de la Fuba a los agentes del Estado y la privatización educativa; el movimiento obrero clasista que desafió a los Pedraza y a sus cómplices estatales. El Frente de Izquierda es el producto de ese derrotero político.

En medio de la crisis política


Si el nacimiento del FIT ha expresado el impasse histórico de los grandes partidos de la burguesía, el gran acto de Atlanta tuvo lugar cuando ese empantanamiento cruza por el vértice al gobierno de Cambiemos. El fabuloso paquete de incentivos al gran capital dispuesto por Macri -devaluación, tarifazos, eliminación de impuestos y retenciones- no sólo no ha remontado la crisis económica, sino que la ha agravado. El endeudamiento serial ha entrado en choque con el tsunami financiero que abrió la victoria de Trump. Adentro y afuera del gobierno, una fracción de la burguesía reclama un viraje, que debería pasar por una nueva devaluación y un brutal ajuste fiscal. El desconcierto económico comienza a traducirse en una fractura política: Monzó, el jefe de diputados del PRO, acaba de sentenciar que la coalición Cambiemos es inadecuada para pilotear esta crisis y postula la integración de una parte del peronismo al gobierno. Ni qué decir que un viraje económico obligado implicará una crisis de gabinete y demostrará la completa fragilidad de la salida política que parieron las elecciones de 2015. La oposición, en este cuadro, redobla su doble juego: acentuando la demagogia parlamentaria por un lado y blindando al gobierno en las cuestiones de fondo, por el otro. El mismo Massa, que agita una mezquina reforma del impuesto a las Ganancias, viene de acordar con el macrismo el Presupuesto 2017 de ajuste y endeudamiento. Por su parte, las “organizaciones sociales” ligadas a esa oposición patronal le han asegurado al gobierno la licuación completa de la ya difusa ley de emergencia social, que quedaría reducida a una declaración de buenas intenciones asistenciales. El kirchnerismo, mientras tanto, desfallece entre la disolución política, las citaciones judiciales o la cooptación al pejotismo o Massa.

Todo este blindaje no alcanza para disimular la crisis de la política oficial, ni la presión popular que subyace bajo los más de 200.000 despidos, la caída del salario y el agravamiento de todas las formas de la descomposición social y estatal, desde los femicidios a los atropellos policiales. En ese cuadro, el enorme mérito del acto de Atlanta es haber postulado al Frente de Izquierda como alternativa de cara a una crisis política en puerta.

Delimitación de posiciones

Algunos medios -e incluso parte del propio FIT- interpretaron al acto de Atlanta como expresión de que “las diferencias políticas entre sus miembros se habían superado”. Bajo esta visión, en el mejor de los casos ingenua, Atlanta fue el resultado de una previa homogeneización política. De parte del Partido Obrero, fuimos al acto con otra convicción: la de reinstalar al Frente de Izquierda como alternativa y poner fin a un inmovilismo inadmisible en medio de una crisis social y política de gran alcance entre “los de arriba”. Lo hicimos con plena conciencia de las divergencias políticas preexistentes, que habían conducido a una virtual fractura en todos estos meses. Dan cuenta de ello los episodios políticos y parlamentarios de seguidismo al kirchnerismo que practicó el PTS y que tuvieron su mayor expresión en la fractura del acto del 1° de Mayo. Dicho esto, es claro que un gran acto en un estadio resultaba opuesto a esa política escisionista y funcional, además, a la izquierda nacionalista. Pero para que no constituyera un mero episodio, el acto debía estar revestido de un contenido y una agenda de trabajo: por eso propusimos una declaración política y un plan de acción integral, con actos y acciones en todo el país. El acto fue convocado con una declaración principista, pero no con una campaña común, rechazada por las otras fuerzas del FIT. En su desarrollo, el acto expresó todas estas contradicciones y constituyó él mismo un gran escenario de delimitación de posiciones.

Ellas se expresaron con fuerza en tres cuestiones cruciales: la situación del movimiento obrero y el clasismo; la lucha de la mujer y el rumbo general del Frente de Izquierda.

En el primer caso, fue el orador de la Coordinadora Sindical Clasista del PO, Alejandro Crespo, el que sacó un balance del sindicalismo de izquierda y propuso una iniciativa. Crespo reivindicó las columnas independientes que el clasismo constituyó en las jornadas convocadas por la burocracia a lo largo de este año, como factor de reagrupamiento y delimitación respecto de los Moyano, Caló o Yasky. En esa línea, llevó la propuesta, desde el Sutna, de una jornada de lucha el próximo 20 de diciembre. Esta iniciativa, por un lado, es antagónica a la tregua indefinida de la CGT y los pseudopiqueteros con el gobierno. Por el otro, es una reivindicación de la rebelión popular de 2001 en momentos en que otro gobierno del capital financiero comienza a crujir tempranamente, mientras el movimiento obrero pugna por intervenir en la crisis con una expresión propia.

Otra oradora del PO, Soledad Sosa, desarrolló una visión socialista y revolucionaria de la lucha de la mujer. Al feminismo vulgar, que disuelve u oculta los antagonismos sociales que envuelven a la cuestión de género bajo el capitalismo, Soledad le opuso la unión de la lucha de la mujer a la del conjunto de los explotados, por una transformación social. En particular, desenmascaró a la “paridad de género” que postulan para sí las carreristas de los partidos de la burguesía, caracterizadas por su oposición visceral al derecho al aborto o el fin de la violencia de género. Fue un planteo antagónico al de quienes presentan a esa “paridad” encubridora de los partidos del régimen como una “ampliación de derechos”. Sobre la base de esta delimitación socialista, Sole llamó a las organizaciones de mujeres del FIT a una acción común para que el próximo encuentro de la Mujer se concrete en Buenos Aires -o sea, en el centro del poder político.

Perspectivas políticas

Aunque la denuncia del fascista Trump estuvo presente en otras intervenciones, fue Pitrola quien lo caracterizó como un “resultado reaccionario de la bancarrota capitalista”; o sea, relacionó la victoria del magnate con un período histórico signado por quiebras, catástrofes sociales y guerras. La victoria de Trump expresa un principio de polarización política, que la izquierda revolucionaria debería desarrollar a escala internacional. Los límites de los Trump continentales para consolidarse ya se ponen de manifiesto en la Argentina. La gran cuestión planteada es si esta temprana crisis sirve de excusa para refritar el plato recalentado del nacionalismo capitalista o si será la ocasión para que la izquierda revolucionaria protagonice la reacción popular a la coalición ajustadora. Nosotros llevamos al acto una hoja de ruta para ello: junto a la jornada de lucha de diciembre, Pitrola planteó un plan de acción integral del Frente de Izquierda, con actos y acciones de lucha en todas las provincias, con iniciativas y frentes de lucha en los sindicatos y todas las organizaciones de masas, con bloques únicos en el Congreso y en las legislaturas. A su turno, señaló el diputado del PO-FIT, ese plan de acción debería rematar en listas electorales comunes, un planteo que ya había señalado, cuando le tocó intervenir, Juan Carlos Giordano, de IS. Nicolás del Caño no recogió el guante: su llamado fue a “hacer grande al FIT”, lo cual, sin una plataforma de acción común -que el orador del PTS no enunció -se convierte en una expresión autoproclamatoria, y anticipa nuevos episodios faccionales.

En un acto gigantesco, el Partido Obrero llevó todo un planteo para el desarrollo del Frente de Izquierda. Desde el mismo final del acto nos ponemos a trabajar con ese objetivo. Desarrollemos asambleas y reuniones para sacar las conclusiones de Atlanta, resolver un plan de acción en todas las provincias y distritos para colocar a nuestros voceros como tribunos de un planteo y una lucha contra los partidos de la bancarrota nacional. Por esa vía, queremos sumar a los miles de compañeros que asistieron a Atlanta a la militancia activa por una salida obrera y socialista.


Foto Federico Imas
 



  Fuente: http://www.po.org.ar/prensaObrera/1438/politicas/primeras-conclusiones-del-gran-acto-de-atlanta
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