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martes, 25 de abril de 2017

Hobsbawm y la Revolución de Octubre

20 de abril de 2017 | #Prensa Obrera 1454 | Por Christian Rath

En lo que sería su último prólogo a una nueva edición de El Manifiesto Comunista (2012), Eric Hobsbawm escribió: “Antes de Lenin, la teoría marxiana no trataba sólo de la historia que nos demuestra lo que pasa sino también acerca de lo que tenemos que hacer. Ciertamente la experiencia soviética del siglo XX nos ha enseñado que podría ser mejor no hacer lo que se debe hacer bajo condiciones históricas que imposibilitan virtualmente el éxito” (subrayado nuestro).
Si a partir de la disolución de la URSS se hizo habitual considerar que el período histórico de guerras imperialistas y revoluciones nacionales y socialistas abierto por la Revolución de Octubre se había cerrado definitivamente, la interpretación del historiador británico sobre la existencia de un siglo corto que nació en 1917 en San Petersburgo y murió en 1989 en Berlín, bien interpretada o no, actuó en el mismo sentido.
¿Qué posiciones fue fijando el historiador?
En 1994, cinco años después de la caída del Muro de Berlín, en la Historia del Siglo XX (Era de los extremos, en inglés)(1), advirtió que la Revolución de Octubre originó el movimiento revolucionario de mayor alcance que haya conocido la historia moderna, aún en relación a la Revolución Francesa. Volvería sobre este tema tres años después(2), planteando que la perdurabilidad de la Revolución Rusa obedecía a que “el atractivo de su causa no era puramente ruso”, apreciando el carácter universal de la gesta bolchevique. En realidad, Octubre del 17 alteró todas las caracterizaciones revolucionarias precedentes, pues se desenvolvió en un marco histórico inequívocamente distinto al de las revoluciones democráticas del período anterior -el momento de la unificación del mercado mundial, de la transformación del capitalismo de libre competencia en capitalismo en imperialista y de la maduración del mundo, como un todo, para la revolución socialista. La Rusia atrasada no estaba preparada para el socialismo pero sí la economía y la política mundiales, en las cuales esa revolución democrática tendría lugar.
Lo espontáneo y el partido
“Las grandes revoluciones de masas que estallan desde abajo -y Rusia en 1917 fue probablemente el fenómeno más impresionante de toda la historia- son en cierto modo fenómenos naturales (…) en gran medida incontrolables”, dirá Hobsbawm. Por lo que “los objetivos de Lenin (…) no hacían al caso. No podía tener ninguna estrategia o perspectiva más allá de escoger, de día en día, entre las decisiones necesarias para la supervivencia inmediata y las que representaban el riego de un desastre inmediato”(2). De este modo, el papel de Lenin y el partido bolchevique pierde toda significación histórica.
El historiador planteará que la primera razón de la “sobrevivencia” bolchevique luego de octubre fue la existencia de un Partido Comunista de 600.000 hombres, centralizado y disciplinado. Pero en febrero del '17 los bolcheviques no eran más de 10.000, una fracción minoritaria en comparación con los mencheviques y los socialistas revolucionarios. Llegar a los 200.000 en octubre y luego a los 600.000 fue el fruto de una selección política de lo mejor de la vanguardia obrera presente en todos los partidos del campo revolucionario y a partir de una dirección que guió conscientemente a las masas hacia la victoria.
“Los objetivos de Lenin (…) no hacían al caso”.
¿Es posible afirmar esto siendo que sin la reorientación expresada en las Tesis de abril de Lenin, en sintonía con la línea estratégica que previamente había elaborado Trotsky, los bolcheviques no habrían tomado el poder?
¿Es posible afirmar esto viendo la precisión quirúrgica de consignas y de ritmos que fueron guiando la lucha por la conquista del poder -ninguna confianza al Gobierno Provisional, Todo el poder a los Soviets, Fuera los ministros capitalistas, No al desenlace en las Jornadas de Julio, etc.?
Para lograr esto, el bolchevismo construyó un partido obrero, no un partido que hablaba en nombre de los obreros. Puso en pie una organización fuertemente centralizada en un período de libertades para el resto del proletariado de Europa, lo que significa que no copió mecánicamente a la clase obrera avanzada y, a la vez, tomó en cuenta todas las etapas que éste tuvo que recorrer.
Partido y soviets
El historiador se interrogó “¿Cómo… pudo la Revolución de octubre superar la prueba?”. Y se respondió “los bolcheviques vencieron porque combatían bajo la bandera roja y, por más que fuera engañosamente, en nombre de los soviets”(2).
Mucho antes, León Trotsky había respondido a Hobsbawm. “El Partido Bolchevique ha enseñado al mundo entero como se realiza la insurrección armada y la toma del poder. Los que oponem una abstracción de soviets a la dictadura del partido, deberían comprender que únicamente gracias a la dirección de los bolcheviques, lo soviets se elevaron del pantano reformista al papel de órganos del Estado proletario” subrayado nuestro(3).
Alemania
“¿Quién pudo imaginar que la victoria del socialismo pudiera producirse (…)” excepto mediante la destrucción total de la burguesía rusa y europea?” Hobsbawm retomó la cita de Lenin sólo para presentar la revolución en Europa como algo utópico: “No había ninguna posibilidad en serio de que estallase una Revolución de octubre, o algo parecido, en Alemania y, por lo tanto, no hubo necesidad de traicionarla”. Lenin pudo no darse cuenta, pero “la Revolución Rusa estada destinada a edificar el socialismo en un país atrasado que no tardaría en arruinarse por completo”(2) . Fatalismo, una vez más.
En el caso de Alemania, el levantamiento de las masas en 1918 resiste todas las comparaciones con el de las rusas un año antes. La clase obrera alemana era mucho más poderosa como fuerza social que la rusa y, en este sentido, su revolución avanzó con mucha más determinación, a lo largo del país, que aquella, que buscó su apoyo en el inmenso campesinado ruso. En cuatro días, vertiginosamente, los consejos obreros se hicieron cargo del país y el poder político de la burguesía más poderosa de Europa quedó reducido a la nulidad. La revolución fue aplastada por el gobierno “socialista” que traicionó a la clase obrera apoyando al militarismo alemán, en condiciones determinadas. La joven Liga Espartaco sufrió el asesinato de sus extraordinarios dirigentes, Luxemburgo y Liebknecht, víctimas de lo que Trotsky caracterizó como las “jornadas de julio” en Alemania, en las que, a diferencia de las producidas en Rusia, las masas avanzaron, contra todas las previsiones, en un enfrentamiento prematuro. “En Berlín, como en San Petersburgo, el movimiento revolucionario estaba por delante de las masas atrasadas”(4).
La vigencia del reformismo
Hobsbawm no se interrogó sobre el devenir de la revolución porque tenía una conclusión predeterminada: “Los países (constitucionales) de capitalismo desarrollado en los que las revoluciones no estaban en la orden del día (…) la mayoría de los trabajadores organizados, incluso aquellos con mayor conciencia de clase, no solían ser revolucionarios, a pesar de que sus partidarios estaban comprometidos con el socialismo. La situación era naturalmente diferente en países como los de los imperios ruso y otomano, donde cualquier cambio político a mejor sólo se podía esperar que viniera a través de la revolución”. Finalmente, “incluso en los peores tiempos de la crisis, la mayoría de los militantes en el seno de los movimientos obreros se negó a pasar de los partidos reformistas a los partidos revolucionarios”(5).
El historiador rindió culto a la democracia liberal y al reformismo, que habrían ganado la batalla histórica. Sin embargo, la derrota de las revoluciones luegode la Primera Guerra Mundial significó el advenimiento de Hitler en Alemania, de Mussolini en Italia, de Horthy en Hungría (…). El imperialismo y la guerra mostraron que el reformismo ya no tenía un lugar histórico. Solo existían dos opciones: la revolución y la contrarrevolución. Las tendencias reformistas, como la socialdemocracia, argumentando que no querían emparentarse con ninguna de ellas, pavimentaron el camino de la contrarrevolución. Traicionaron a la Revolución de Octubre, fueron cómplices de la derrota de la Revolución Española y entregaron Alemania al nazismo.
Los que se presentan como reformistas de hoy son variantes de adaptación a la bancarrota capitalista mundial, fuente constante de crisis y revoluciones. El siglo de la Revolución Rusa aún no terminó.
Notas
1. Eric Hobsbawm: Historia del Siglo XX, Crítica, Buenos Aires, 1998.
2. Eric Hobsbawm: Sobre la Historia; ¿Podemos escribir la historia de la Revolución Rusa?, Crítica, Barcelona, 1998.
3. León Trotsky: Bolchevismo y Estalinismo, El Yunque Editora, Buenos Aires, 1973.
4. León Trotsky, Karl Liebknecht - Rosa Luxemburgo, 18/1/1919, www.marxists.org
5. Eric Hobsbawm: Cómo cambiar el mundo, Crítica, Barcelona, 2011.

lunes, 24 de abril de 2017

Cómo la seguimos

20 de abril de 2017 | #Prensa Obrera 1454 | Por Partido Obrero


-1° de Mayo de lucha socialista e internacionalista -Congreso del movimiento obrero y la izquierda

Han pasado ya dos semanas del paro general del 6 abril, sin que exista la menor señal de que las direcciones de la CGT y CTA decidan alguna medida de lucha.

Mientras tanto, la ofensiva contra el salario y el derecho al trabajo se ha agravado.

Los docentes siguen recibiendo “ofrecimientos” miserables.

En el cordón industrial del norte de la provincia de Buenos Aires arrecian los cierres fabriles, y continúa la lucha de AGR.

En la kirchnerista Santa Cruz, docentes, estatales y mineros enfrentan un ajuste salvaje.

Si de la burocracia sindical depende, estas luchas -y las paritarias que se vienen- quedarán libradas a su suerte.

Es necesaria una deliberación por abajo, en los lugares de trabajo y en los sindicatos.

Para rechazar el “techo” paritario oficial del 18% y reclamar un 35% como piso.

Para organizar la ocupación de toda fábrica que cierre o despida, y el reparto de las horas de trabajo sin afectar el salario.

Para pronunciarnos por un plan de lucha y un paro activo de 36 horas de todo el movimiento obrero.

Los burócratas se han llamado a silencio por orden de sus jefes políticos, sean los Massa, el PJ o el kirchnerismo. Usan a las elecciones como excusa para no luchar y postergar los reclamos.

¡Es una razón de fondo para que nos involucremos en la tarea de poner en pie una alternativa política de los trabajadores!

Para llevar adelante esta tarea, el 24° Congreso del Partido Obrero le ha propuesto a los partidos del Frente de Izquierda acordar sus listas y convocar a un Congreso del Movimiento Obrero y de la Izquierda, que inscriba a su acción electoral en el campo de la gran lucha que la clase obrera está emprendiendo contra el ajuste de Macri y los gobernadores.

En esa línea, planteamos un 1° de Mayo obrero, socialista e internacionalista, con los protagonistas de las luchas en curso.



domingo, 23 de abril de 2017

Francia, en el ojo de la tormenta

20 de abril de 2017 | #Prensa Obrera 1454 | Por Pablo Heller


En las elecciones presidenciales

Los resultados del proceso electoral en Francia (el 23 de abril se realizará la primera vuelta) van a tener repercusiones políticas de fondo a escala continental y mundial.

Las grandes luchas obreras de 2016 contra la reforma laboral han golpeado fuertemente al Partido Socialista. Si bien el gobierno francés logró imponer su paquete antiobrero -una reaccionaria reforma laboral-, se trató de una victoria a lo Pirro. El agravamiento de la crisis social y la severa política de ajuste y ataque a las conquistas laborales han profundizado el abismo entre el gobierno socialista y su antigua base popular. Hollande y el PS en particular se han literalmente derrumbado y han quedado relegados a un lugar marginal en la contienda electoral. Tampoco ha salido indemne la derecha liberal, desgarrada por disputas intestinas y cuyo candidato presidencial, François Fillon, fue golpeado por revelaciones de corrupción. Estamos frente a una crisis de conjunto del régimen político y sus partidos.

El centro de la escena estaba ocupado por Marine Le Pen, candidata del Frente Nacional, y Emanuel Macron, candidato representativo de la burguesía liberal, quien ha logrado encaramarse como el favorito en las encuestas para enfrentar a la primera. Macron, que se presenta como “independiente”, defiende la permanencia de Francia en la Unión Europea (que hoy sigue siendo la línea mayoritaria prevaleciente en las filas de la burguesía francesa) en oposición al planteo del Frente Nacional de salida de la región.

Asistimos a un escenario dominado por dos variantes derechistas y ajustadoras, que le quieren hacer pagar a los trabajadores la crisis capitalista.


Sin embargo, el dato distintivo del proceso político francés es el ascenso que ha registrado en las encuestas de las últimas semanas Jean-Luc Mélenchon, un ex PS que cuenta con el apoyo del candidato ecologista y del PC y que lanzó un movimiento propio llamado “Francia Insumisa”. La posibilidad de un balotaje Le Pen vs. Mélenchon ha sacudido el tablero político francés, pues ambos, una por derecha y el otro por izquierda, abren las puertas a una salida de la UE. Marine Le Pen pregona abiertamente esta variante mientras que Mélenchon propone renegociar la inclusión de Francia en la UE y convocar a un referéndum para decidir si el país permanece en ella. El imperialismo europeo ha disparado las alertas a través de la prensa internacional. Luego del Brexit, una salida de Francia asestaría un golpe decisivo a la Unión Europea.

“Francia Insumisa”

Mélenchon, que rompió con el PS francés por su carácter conservador, ha terminado, después de un largo periplo, planteando que es anacrónica la distinción entre derecha e izquierda. En una larga entrevista con Página/12 (10/4), argumentó que “los ‘valores de izquierda, del movimiento obrero’ son, hoy en día, masivamente rechazados por el pueblo”. Impugna a la clase obrera como sujeto histórico y lo reemplaza por el planteo (populista) de una “revolución ciudadana”.

A su vez, propone una amplia política de cuño neokeynesiano de subsidios y rescate del capital francés en oposición al capital extranjero. Con independencia de que Mélenchon tenga un programa nacionalista y de apuntalamiento de la burguesía -que lo presenta demagógicamente como de “distribución de la riqueza”-, su ascenso electoral y su eventual llegada al balotaje es un indicador de un proceso de brusco giro político de las masas. Mélenchon es quien lidera las encuestas entre los jóvenes de 14 a 24 años. El escenario marca las tendencias a la volatilización del centro político y los partidos tradicionales de Francia y su capitalización por los polos emergentes (otro dato que auguran las encuestas es una elevada abstención).

La izquierda


El Nuevo Partido Anticapitalista (NPA), que buscaba desesperado una alianza centrista con Mélenchon y el PC, fracasó en integrar y constituir un ‘frente amplio’ de la izquierda. El NPA, cuyo antecesor, la LCR (Liga Comunista Revolucionaria, vieja organización del Secretariado Unificado -SU), llegó a tener guarismos electorales del 5%, está girando, en la actualidad, en torno al 1% de la intención de voto. La plataforma del NPA para las elecciones, que impulsa la candidatura presidencial de Phillipe Poutou, obrero de la Ford, tiene como centro de gravedad la lucha contra la ‘casta política’ y la corrupción y hace hincapié en el combate contra los “prejuicios reaccionarios: el sexismo, la homofobia y todos los racismos”. La candidatura de Poutou cuenta con el apoyo entusiasta de la FT (corriente internacional del PTS), que destaca que estos ejes constituyen uno de los pilares de la campaña. Reclamos como “limitar los salarios de los políticos al salario medio de un trabajador”, sin embargo, no están pensados como parte de un programa transicional para elevar la conciencia de la clase obrera sino como un recetario de medidas de gestión. Por otra parte, la denuncia de la “casta política”, divorciada de una lucha por
la destrucción del Estado capitalista, se reduce a una depuración del personal político en el marco
del orden social imperante.


El NPA, parido e impulsado por el SU, sacrificó la lucha por la revolución social y el gobierno de los trabajadores desde el momento en el que abandonó la estrategia de la dictadura del proletariado y se declaró partidario, como reza en su plataforma, por “el socialismo del siglo XXI”, en clara oposición a la Revolución de Octubre. Hay quienes en la izquierda calificaron positivamente la formación del NPA, en 2006, como expresión de un ascenso de masas, cuando se trató de la disolución de la LCR en una organización guevarista-populista anticapitalista. La tentativa de construir un “partido amplio”, de carácter centrista, no les sirvió para un desarrollo político, ni siquiera electoral; por el contrario, acentuó las tendencias a su disgregación y marginalidad política.

Balotaje

Igual que en elecciones pasadas, en caso de un balotaje Le Pen-Macron (o, en su defecto, Mélenchon), la segunda vuelta unificará contra el cuco de la derecha a todo el arco “democrático”, incorporando todos los colores en un gran frente popular.

Entre tanto, los candidatos de ese espectro político se van cada vez más a la derecha, adoptando la demagogia xenófoba antiinmigrante y ‘antiterrorista’ de Le Pen, empezando por el propio Macron. Estamos frente a un operativo político para colocar a la clase obrera detrás de la burguesía. En 2002, un sector de la izquierda (incluida la LCR) llamó a votar en la segunda vuelta al candidato burgués liberal Jacques Chirac contra la candidatura nacional-fascista de Le Pen padre. Es necesario defender la independencia política de los trabajadores, y abrir paso a un reagrupamiento revolucionario de la izquierda y el movimiento obrero combativo, fundado en la estrategia del gobierno de trabajadores y el socialismo.
 
Fuente: http://www.po.org.ar/prensaObrera/1454/internacionales/francia-en-el-ojo-de-la-tormenta

[Centenario de la Revolución Rusa] Las Tesis de Abril

19 de abril de 2017 | Por Federico Albornoz

Las Tesis de Abril, elaboradas por Lenin, se convertirían en uno de los documentos más importantes de la revolución. Fueron las catalizadoras de un giro de 180 grados en las perspectivas del partido bolchevique.

Las conclusiones de Febrero

Luego de la Revolución de Febrero en Rusia, se abrió un periodo de vacilaciones para el partido bolchevique. La mayoría de los dirigentes se encontraban en el exilio o encarcelados. El grueso de los que se encontraban en Petrogrado se adaptaban al gobierno provisional de la burguesía, que incluía a Kerensky y que intentaba consolidar un gobierno burgués con el apoyo de los mencheviques y socialistas revolucionarios.

Pravda, el diario de los bolcheviques, reflejaba este estado confuso y vacilante de las ideas del partido. Hacia mediados de marzo se agravaría esta situación, al llegar del exilio de Siberia Kámenev y Stalin, quienes tomaron el control del comité de redacción del periódico y le imprimieron un viraje derechista a la política oficial del partido: apoyar críticamente al Gobierno Provisional, actuando como su ala izquierda.

Lenin, por el contrario, llega a conclusiones opuestas que serían vitales para retomar el rumbo revolucionario. “El proletariado no había tomado el poder en febrero, porque el partido de los bolcheviques no estuvo a la altura de su misión objetiva y no pudo impedir que los conciliadores expropiaran políticamente a las masas del pueblo en provecho de la burguesía”1, comentaba Trotsky sobre la situación que se vivía durante ese período, haciendo referencia a las declaraciones de Lenin de por qué en febrero los bolcheviques quedaron a las puertas del poder: “la única razón es que el proletariado no es lo bastante consciente todavía ni está suficientemente organizado”2.

Producto de estas reflexiones Lenin empieza a esbozar su viraje en las Cartas desde lejos, que constituyeron el antecedente para la formulación de Las Tesis de Abril que presentaría “en nombre propio", ya que no contaba con el apoyo de la dirección del partido bolchevique ni de Pravda.


Cambio de perspectivas


Para febrero de 1917, Lenin se encontraba exiliado en Zurich, sin ningún contacto fiable en Rusia; se enteraba de la mayoría de los acontecimientos a través de la prensa suiza, incluso de la Revolución de Febrero, pero fue quien percibió de manera inmediata la oportunidad para llevar a cabo la revolución en sus Tesis de Abril de 1917, conclusiones que se desprendían de circunstancias contingentes realmente únicas.

Lenin llega a las conclusiones a las que había llegado Trotsky en su Resultados y Perspectivas de 1905: el Gobierno Provisional burgués no iba a llevar a cabo la revolución democrática. Estas tareas solo podían tener solución bajo el régimen de una nueva clase: era el proletariado quien debía asumir ese rol como sujeto histórico de cambio y situarse a la vanguardia de la revolución obrera y campesina –es decir, la fuerza material para llevar acabo la revolución residía en el proletariado.

Lo que Lenin señala a los bolcheviques es que la situación transitoria y contradictoria (que Trotsky describiría como la “paradoja de febrero”) consistía en el dualismo de poder que se había generado entre el Gobierno Provisional –que representaba a la burguesía– y los soviets de (diputados) obreros, campesinos y soldados, que contenían el poder real –una situación donde solo una de las fuerzas prevalecería.

Para dar este viraje, era necesario desarrollar la conciencia de las masas con un programa que asocie las reivindicaciones a una fórmula de gobierno de los explotados; pero para poder hacer esto, Lenin primero debía convencer a los miembros de su partido. Es en este contexto cuando regresa a Rusia y se enfrenta en completa soledad a la dirección del partido bolchevique, con un inquebrantable pedido que consistía en que había que avanzar hacia la siguiente fase: una nueva revolución que llevase al poder a la clase obrera.


Todo el poder a los soviets

Las tesis fueron concebidas para transformarse en la hoja de ruta para conducir al proletariado al poder, y expresaban ideas sencillas en palabras no menos sencillas, accesibles a todo el mundo. Serían diez en total y abordarían cuatro temas decisivos: la posición frente a la guerra, la conducta ante el Gobierno Provisional, el programa para la toma del poder y la necesidad de una suerte de refundación del partido y de formar una nueva Internacional obrera.

El Gobierno Provisional continuaba siendo un gobierno capitalista, luego de la Revolución de Febrero, y en nombre de un supuesto defensismo revolucionario había mantenido a Rusia en la guerra. Lenin elabora la actitud que debía tener el proletariado ante este hecho: Rusia seguía manteniendo una guerra imperialista, de rapiña, por lo tanto consideraba intolerable la postura del Gobierno Provisional sobre el defensismo.

La segunda tesis ahonda en el enérgico rechazo hacia la política del Soviet de sostenimiento al Gobierno Provisional. Los esfuerzos de Lenin por conquistar a las masas eran mediante el camino de agotar sus ilusiones democráticas en el gobierno explicando sus errores y engaños, rechazando cualquier apoyo al gobierno de monarquistas, capitalistas y terratenientes. Sosteniendo firmemente la necesidad de pasar de la primera fase de la revolución –en la que se “otorgó” el poder a la burguesía, producto de la falta de desarrollo de la conciencia y organización del proletariado– a su segunda etapa, que “debe poner el poder en manos del proletariado y de los campesinos pobres”3.

La cuestión agraria y el programa nacional del bolchevismo son unidos en un mismo capítulo. Los soviets irían a una expropiación de las tierras mediante una intervención directa de los campesinos, lo que lograría cohesionar a los obreros con los campesinos mediante un programa de reforma agraria, llevada adelante mediante los soviets.
Lenin plantearía la autodeterminación de las nacionalidades que bajo el zarismo estaban sometidos a una brutal opresión política y cultural (prohibición de hablar su propia lengua, erradicación de su cultura): estos pueblos tendrían la libertad de autodeterminarse, además de la completa libertad de secesión. Esto llevaría a ganar la adhesión de distintos sectores dentro del territorio ruso que habían sido anexados por la fuerza durante el imperio zarista.

El objetivo de Lenin era que las Tesis se conviertan en el programa de transición del partido, que sería la preparación política para la toma del poder. Se propuso una convocatoria inmediata de un congreso para modificar estos puntos. Aquí ya se ve una propuesta de “Programa de Transición” que Trotsky retomaría más tarde.

La cuestión de la refundación del nombre del partido de los bolcheviques, abandonando el nombre de Partido Socialdemócrata y tomando el de Partido Comunista, suponía la lucha por el Estado con carácter de Comuna que era traducido por Lenin en el gobierno de los soviets, y por otro lado formar una nueva Internacional obrera luego de la bancarrota de la II Internacional, para unir los esfuerzos de los revolucionarios de todo el planeta, ya que para Lenin y Trotsky la revolución rusa era el comienzo de una gesta que debe ser mundial.

Las Tesis de Abril fueron aprobadas por la Conferencia bolchevique, aunque hasta el día previo parte de la vieja dirección mantenía su actitud conciliadora.

Queda más que claro que la intervención de Lenin fue decisiva para poder llevar a cabo la Revolución de Octubre. Su determinación y la autoridad política de quien había construido y formado los cuadros bolcheviques fue crucial para producir un viraje en las perspectivas de un partido que había entrado en una crisis de orientación y darle un nuevo rumbo que desembocaría con la primer Revolución Socialista triunfante de la historia.


Notas
 
1León Trotsky. Historia de la Revolución Rusa. Tomo I, Capitulo XV: Los bolcheviques y Lenin (1929)
2Idem
3 Vladimir I. Lenin, Cartas desde Lejos (diferenciado) (1917)
 

viernes, 21 de abril de 2017

Elecciones: Adónde va Francia

21 de abril de 2017 | Por Jorge Altamira

La acción terrorista que tuvo lugar ayer en el centro de París vino a añadir una mayor cuota de incertidumbre a unas elecciones que ya venían turbulentas. No hay que excluir en absoluto que haya sido una operación para-estatal destinada a volcar al electorado hacia los candidatos que esgrimen los planteos más reaccionarios, como ocurre con Le Pen y Fillon, dos derechistas que reclaman el cierre de fronteras y el establecimiento de un estado policial. Francia va a ir a votar el domingo próximo bajo un estado de emergencia establecido por decreto del propio gobierno ‘socialista’ de Francois Hollande. La instancia final al primer turno electoral la disputan cuatro candidatos, luego de una seguidilla de crisis partidarias que han dejado en el aire a los dos partidos principales de Francia – el socialista y el republicano. Con excepción de la derechista Marine Le Pen, los otros concurrentes ofician de candidatos unipersonales. Es altamente probable que el próximo presidente francés, que deberá ganar antes la segunda vuelta, sea un cacique sin indios. En estas condiciones, las elecciones legislativas que tendrán lugar dos meses más tarde, en junio, difícilmente habrán de servir a una compactación de fuerzas: por el contrario forzarán a rejuntes y amalgamas sin principios y a una Asamblea Nacional atomizada.


Eslabones y cadenas

Lo que ocurre en Francia encuentra su explicación en el desarrollo de la crisis mundial en su conjunto; no es para nada un fenómeno exclusivamente nacional. Dada la dispersión de sus regímenes fiscales, presupuestarios y bancarios, la zona euro ha sido mucho más golpeada por la bancarrota internacional que el resto de los países capitalistas desarrollados. La depresión económica ha generado un proceso de deflación y desempleo del cual recién ahora, dudosamente, parecen emerger los ‘brotes verdes’. Como medida de deflación extrema, las tasas de interés han llegado a niveles negativos. El rescate de bancos y empresas ha inflado el balance del Banco Central Europeo y elevado por encima del ciento por ciento del PBI las deudas públicas, o sea que la banca privada está sostenida por el piolín de la banca central. No puede haber, entonces, desenvolvimiento del crédito. El desequilibrio económico entre las economías del norte y del sur de Europa es mayor que nunca, lo cual resulta en mayores déficits de comercio y abultamiento de deudas para esta última. El sistema bancario de Italia y Portugal bordea el precipicio –la deuda bancaria de la zona en su conjunto supera el billón y medio de euros.

Francia es un eslabón de esta cadena precaria. Ocupa, en este escenario, un lugar propio. Los franceses hablan de “la década perdida”. La tasa de desocupación es superior al 10%, sin tener en cuenta el tiempo parcial y la reducción de la población activa por el escepticismo de encontrar empleo; bajo el gobierno ‘socialista’ se han perdido unos 700 mil puestos de trabajo. El superávit comercial se ha convertido en déficit. El eje industrial, el automotor, ha pasado de poco menos de cuatro millones de unidades a dos; la producción se terceriza a España, donde Renault ha firmado un “acuerdo sectorial”, que reduce un 27% los salarios. La deuda pública se acerca al ciento por ciento del PBI, lejos del tope del 60% establecido por la Comisión Europea y del 63% de Alemania. La crisis mundial ha acentuado la tendencia a la desindustrialización de Francia.


Brexit y Alemania


El impasse industrial y financiero ha socavado la alianza franco-alemana;
el superávit comercial alemán sigue en niveles elevados, y crece aún más el endeudamiento del conjunto de la zona con la banca alemana. Alemania, desde una posición dominante y al mismo tiempo dependiente de la salud financiera de sus socios, ha bloqueado toda tentativa de relanzamiento económico financiado por gasto público y crédito. La consecuencia política de este marasmo es el completo fracaso del gobierno de Hollande para sacar la economía francesa a flote en base a la alianza ‘estratégica’ con Alemania.

El candidato de centroizquierda, Melenchon, un ex ministro ‘socialista’, y la chovinista Marine Le Pen, responden a esta crisis con el planteo de salir de la zona euro, aunque en realidad buscan una renegociación con Alemania (“Cambiamos la UE, dice Melenchon, o nos vamos”, Le Monde 15.4). También plantea inyectar 250 mil millones de euros en la economía, lo cual requiere el visto bueno imposible de Alemania y es puro humo si tiene que ser bancado por Francia sola. Le Pen promete, para las tribunas, abandonar el euro por el franco y pagar, al mismo tiempo, sin quita, la deuda pública de Francia, que está en poder (85%) de los bancos de su propio país. Macron, en tanto, el candidato favorito de las encuestas, ex ministro de economía de Hollande, y el derechista Fillon, ex primer ministro del ex presidente Sarkozy, reclaman una “Europa reforzada” – mediante una ‘unión bancaria y fiscal’, el primero, o como una federación de estados, el segundo. Más de lo mismo, con consecuencias peores.

El Brexit ha agravado las perspectivas económicas y políticas de Francia, que no tiene las condiciones que Alemania para enfrentar una competencia comercial y, aún más, financiera con Gran Bretaña. Alemania se orienta a aprovechar el Brexit para reforzar su hegemonía continental, bajo formas políticas que aún no están claras. Francia se encuentra, como nunca antes, bajo la presión de someterse a una mayor dependencia de Alemania, con todas las consecuencias de ‘ajuste’ y deflación que conlleva. Una Francia ‘independiente’, atenazada entre Gran Bretaña, por un lado, y Alemania, por el otro, es inviable. La desintegración de la UE y de la zona representa un debilitamiento de los estados nacionales que esas tentativas de “unidad europea” pretendían reforzar.


Transiciones


Esta transición de alcance explosivo se encuentra atravesada por otra transición – la de la crisis mundial en su conjunto, y en primer lugar las fuertes presiones hacia una crisis financiera en China. Un síntoma significativo de la impotencia de gobiernos y Estados para domesticar la crisis mundial, es la incapacidad de Trump para poner en marcha su programa de infraestructura multi-billonario, así como las oscilaciones acerca de las rebajas impositivas y la desregulación del sistema bancario. El crecimiento del PBI norteamericano, en el primer trimestre de 2017, ha sido de apenas el 0.5% anual. En el norte escasean también los ‘brotes verdes’, a pesar del inicio de la primavera. Este impasse generalizado del capitalismo es la base de las guerras imperialistas que se extienden hacia nuevos países y regiones, desde la guerra del Golfo y en Yugoslavia, en los 90, y que pusieron rápidamente fin a las ilusiones de un planeta en paz luego del fin de la llamada ‘guerra fría’.

El escenario político-electoral, en Francia, se encuentra inclinado, sin embargo, no hacia la izquierda sino hacia la derecha. No solamente porque hay tres derechistas con posibilidades de pasar al segundo turno (Le Pen, Fillon y Macron), sino por la derechización de la izquierda, que además se presenta en forma virtual o residual, o sea sin base en la clase obrera ni en los trabajadores en general. El atentado del jueves sumó al chavista Melenchon al pelotón que promete dar “la batalla al terrorismo”, o sea reforzar el estado policial (“aumentar los recursos de la justicia anti-terrorista”, Le Monde, 15.4), sin una palabra por el cese inmediato de las guerras imperialistas de Francia (“parar las guerras por medio de una diplomacia activa e independiente”).


Desarrollo combinado


La llamada ‘extrema izquierda’ se presenta en un estado de ‘extremaunción’, peleando contra los desfalcos de la “casta política” -“les affaires”-, sin el menor planteo de poder de un gobierno de trabajadores. Philippe Poutou, del trotskista-guevarista-feminista-pluralista NPA, plantea el “rechazo al libre cambio”, a “las normas presupuestarias europeas”, “controlar el movimiento de capitales” (Le Monde, 15.4) – al mejor estilo CFK/Kicillof. El NPA es el resultado estrecho, tanto histórico como numérico y social, del planteo de formar “partidos amplios” para enfrentar episodios electorales y en absoluto para preparar una vanguardia política de la clase obrera para desarrollos transicionales y perspectivas revolucionarias.

Asistimos a la enorme contradicción entre el marco histórico explosivo que se ha desarrollado a nivel mundial, en especial a partir de la bancarrota de 2007/8, por un lado, y la representación política de esta crisis, no solamente en la izquierda sino el conjunto de las tendencias y partidos políticos. El espacio político sigue dominado por el retrovisor, no por el parabrisas. Esto explica la aparición de fórmulas agotadas, como libre cambio versus proteccionismo; globalización versus mercado interno y estados nacionales; parlamentarismo versus presidencialismo (bajo estados crecientemente policiales y militarizados) –todas categorías de una etapa histórica superada. Se trata simplemente de rémoras, que serán barridas por una irrupción histórica independiente del proletariado.

Es necesario conquistar una conciencia clara de la historia presente y preparar su desarrollo revolucionario. La clase obrera de Francia ocupa un lugar eminente en esta perspectiva.



#24CongresoDelPO: Nuestros candidatos

20 de abril de 2017 | #Prensa Obrera 1454 | Por Partido Obrero


El congreso aprobó los precandidatos del Partido Obrero en el Frente de Izquierda, en la perspectiva de la batalla por listas comunes y por el congreso del movimiento obrero y la izquierda.

En la provincia de Buenos Aires, Néstor Pitrola será candidato a diputado nacional y Guillermo Kane encabezará la lista de candidatos a diputados provinciales de la tercera sección electoral.

En la Ciudad de Buenos Aires, el congreso postuló a Marcelo Ramal como primer candidato a diputado nacional, seguido por Vanina Biasi, y a Gabriel Solano y Amanda Martín (secretaria adjunta de Ademys), en ese orden, como candidatos a legisladores. En Córdoba, postulamos a Eduardo Salas como candidato a primer a diputado nacional, junto a Soledad Díaz (dirigente del Plenario de Trabajadoras), Jorge Navarro, Cintia Frencia y Emanuel Berardo.

En Mendoza, Soledad Sosa será candidata a diputada nacional en primer término, mientras que Víctor Da Vila (actual senador provincial) y Héctor Fresina liderarán las listas a diputados provinciales.

En Santa Fe, liderará la lista de candidatos a diputados nacionales nuestra compañera Jorgelina Signa.

En Tucumán, la lista de candidatos a diputados nacionales será encabezada por Ariel Osatinsky (secretario general de Adiunt), junto a Raquel Grassino, José Luis Toro y Alejandra del Castillo (Plenario de Trabajadoras).

En las elecciones adelantadas del Chaco, Aurelio Díaz encabezará la lista de diputados provinciales y Juan García la de diputados nacionales.

En las elecciones nacionales y municipales de Neuquén, nuestros candidatos serán Patricia Jure, Pablo Giachello, Gisella Moreira y Gustavo Burne.

En Santa Cruz, Miguel del Plá y Omar Latini serán candidatos a senador y diputado nacional, respectivamente.


Fuente: http://www.po.org.ar/prensaObrera/1454/politicas/nuestros-candidatos-1

jueves, 20 de abril de 2017

Turquía: el referendo ha acentuado el impasse del régimen político

19 de abril de 2017 | Por Jorge Altamira


Turquía se encuentra en un cruce de caminos de las crisis y guerras en Medio Oriente, e incluso de toda la crisis mundial.
Participa en tres guerras – Siria, Irak y en su propio territorio contra la población kurda -; es el territorio de asilo y de tránsito de la tragedia migratoria; juega un rol clave en la permanencia del estado sionista de Israel; participa en las crisis de los pueblos turcómanos al interior y en la periferia de Rusia; y es, por último, la base fundamental de la Otan en la región y el candidato eterno al ingreso a la Unión Europea. El referendo del domingo pasado, con la finalidad de reemplazar el sistema parlamentario por una suerte de autocracia presidencial es la expresión extrema de la necesidad de establecer un arbitraje despótico del conjunto de las contradicciones en presencia. En junio del año pasado tuvo lugar una tentativa golpista de características confusas, por parte de un sector del alto mando, en la que se supone una operación del propio gobierno para desenmascarar a la oposición militar y proceder a una purga en gran escala. El resultado ha dejado a quince mil personas en la cárcel y a cien mil fuera de sus empleos públicos. Han sido afectados personajes importantes del ‘establishment’ y ex aliados poderosos del presidente Erdogan y su partido AKP. El pasaje del parlamentarismo al presidencialismo debía servir para ajustar las clavijas de un Estado que no podía continuar funcionando con cierto respeto por las libertades convencionales.

Retroceso y fraude

A la luz de esta descripción resulta evidente que la victoria aparente del oficialismo ha tensado, incluso en forma explosiva, la crisis política. La alianza del AKP con el partido de la derecha, HZL, ha obtenido apenas el 51% de los votos en el marco de un fraude visible. Por primera vez en una elección popular se ha otorgado validez a los sobres que carecían del sello de la autoridad electoral. El frente oficial, por otra parte, ha perdido diez puntos con relación a las elecciones de 2015, cuando obtuvo cerca del 62 por ciento. Punto crucial, ha perdido en las tres ciudades principales – Estambul, Ankara y Esmirna. La derrota en la capital es significativa, porque Ankara se ha convertido en el epicentro del régimen islamo-burgués de Erdogan, que desplazó a la eurocéntrica Estambul. Los supervisores electorales de la OCDE han avalado las denuncias de fraude. Enseguida después del comicio han comenzado a producirse movilizaciones populares. Al lado del apoyo que Erdogan recoge de sectores empobrecidos del pueblo, a los cuales auxilió durante su gestión, se ha desarrollado una fuerte oposición de masas, obrera y pequeño burguesa, que tuvo su pico mayor de expresión en las manifestaciones de la plaza Taksin, hace tres años.

La situación, en su conjunto, no podría ser más explosiva. Aliado del régimen sirio, con el cual comparte frontera en el sur, Erdogan se convirtió en su enemigo más encarnizado, al punto de organizar la presencia del Estado Islámico, en el norte de Siria, así como de otros grupos ‘jihadistas’. Hace poco menos de dos años cambió de frente – se alió con Rusia, incluida la defensa de la dictadura de Al Assad. En las semanas últimas dio otro volantazo. Es que Erdogan se siente acosado por el protagonismo de las poblaciones y milicias kurdas en la lucha contra el EI, porque convertiría a su frontera sur en un territorio kurdo contiguo a la región kurda dentro de Turquía. Precisamente por estas razones, Erdogan quebró un proceso de negociaciones con el PKK, dominante en esa zona en Turquía, que contaba con el apoyo de EEUU y de la Unión Europea.

Esa ruptura constituyó el punto de partida de la crisis que culmina con este impugnado referendo. Algo parecido ocurre en Irak, donde el consejo provincial de Kirkurk, una zona petrolera del norte, ha votado la realización de un plebiscito para incorporarse a la Región del Kurdistán establecida en la frontera con Turquía. Lo mismo ocurre con la ciudad de Mosul, donde los combates contra el EI son realizados por las milicias kurdas y los shiitas de Irak, adversarios del sunnismo turco. Erdogan ya amenazó con una intervención militar en la región. Todas las contradicciones de la guerra del Medio Oriente se refractan y concentran en Turquía.

Una crisis mundial


Durante la mayor parte de los catorce años del gobierno de Erdogan, Turquía gozó de condiciones económicas favorables, que se han disipado en el curso de los dos últimos años. El gobierno lidia por momentos con una fuerte tendencia a la devaluación de la lira y recibe el impacto monumental de la caída del turismo; crece el desempleo y la carestía. La tensión con la UE es enorme, porque Turquía es la vía de paso de los refugiados de la guerra hacia Europa.

Hasta hace 48 horas, la relación era aún peor con Estados Unidos, que ha estado apoyando con dinero, armas y ‘asesores’ a las milicias kurdas en Siria. La victoria de Trump fue recibida con euforia en todas las poblaciones kurdas, por los reiterados apoyos ofrecidos por el magnate en el transcurso de la campaña electoral norteamericana. Ahora, en un viraje típico de Trump, ha saludado la victoria fraudulenta de Erdogan, lo que ha llevado a suponer que desplazaría a los kurdos por tropas turcas en los combates para conquistar Raqqa – la ‘capital’ de Isis en Siria. A medida que se deteriora la tentativa de establecer un poder personal en Estados Unidos, la ‘política exterior’ de Trump ha asumido características simplemente aventureras. Es claro, sin embargo, que ni Usa ni Trump tienen condiciones políticas para instaurar una salida u orden yanqui en Medio Oriente.

El desarrollo de la crisis mundial está socavando las bases de los regímenes políticos más o menos establecidos o tradicionales en todos los países. La salida a la barbarie imperialista en el mundo entero pasa por una acción histórica independiente de la clase obrera en los principales países. El desenlace de la crisis turca está más abierto que nunca.


“Una transición apasionante”

20 de abril de 2017 | #1454 | Por Marcelo Ramal

“Una transición apasionante”

Extractos del discurso de cierre de Marcelo Ramal en el 24° Congreso del PO


Compañeros: es momento de hacer una síntesis del Congreso.

Creo que hemos logrado abordar una tarea extremadamente difícil: caracterizar una transición política. Por un lado, tenemos un rescate económico de los capitalistas, que está acumulando contradicciones explosivas. La Argentina va, más temprano que tarde, a una nueva crisis de deuda; entonces, se opera ese rescate y se crean las condiciones para una nueva crisis y, al mismo tiempo, ese rescate va dando lugar a choques cada vez más importantes con la clase obrera, el material sobre el cual nosotros trabajamos y buscamos unir en una conciencia política superior. Entonces viene la gran cuestión de este período convulsivo: la dirección del movimiento obrero. El metabolismo del congreso procesó está lucha al interior de los sindicatos, con las intervenciones de los compañeros del Sutna, de la Alimentación y tantos otros. La gran batalla planteada en el movimiento obrero es la lucha por recuperar comisiones internas y a los propios sindicatos. Esta transición apasionante va a sacudir la vida de las grandes organizaciones obreras y, en ese terreno, las posibilidades de desarrollo están a la vista.


Frente de Izquierda

Y en este problema de la dirección política hemos discutido extensamente el problema del Frente de Izquierda. No partimos de la nada. Hay una cuestión que está presente desde el mismo momento en que se constituyó el FIT, como frente único de la clase obrera y las corrientes socialistas y revolucionarias. Ese frente único funciona y tiene un desenvolvimiento cuando puede, en su práctica política, programa y perspectiva, identificarse claramente con los intereses inmediatos y estratégicos de la clase obrera. Si ese propósito estratégico se quiebra, se quiebra el frente único. Por eso el faccionalismo es solamente la envoltura de un planteo político de seguidismo a la burguesía, al nacionalismo, al centroizquierdismo. Nuestro planteo de que el FIT actúe como un bloque común en todos los terrenos, tiene que ver con una política de frente único como la que hemos planteado; por ejemplo, en aquel acto en Ferro (2015), donde Altamira señaló que el frente único detrás de un programa y una estrategia plantea también una cuestión de poder -ello, porque el gobierno de los trabajadores es un frente único de la clase obrera y su dirección revolucionaria para la transformación social y la conquista del poder político. Aquel acto se une al de Atlanta, donde se señaló esta perspectiva en todos nuestros discursos; luego, en los manifiestos que hemos sacado en el último período, convocando al Frente de Izquierda a actuar como un bloque en todos los terrenos y, sobre esta base, el planteo de hacer intervenir a la clase obrera en un plano político. Todo esto está presente en la iniciativa de que el FIT, junto a las listas comunes y un plan de acción común, lleve adelante a un congreso del movimiento obrero y de la izquierda.

Hilo conductor
Compañeros: un hilo conductor recorrió a todas las comisiones del Congreso. La lucha política por una estrategia revolucionaria está planteada en el FIT, pero también en un plano internacional general. Este debate al interior del Frente de Izquierda recorre, por ejemplo, a la propia Coordinadora por la Refundación de la IV Internacional. En esta etapa de catástrofe capitalista, de guerras, masacres y crisis humanitarias ¿vamos a hacer emerger una dirección revolucionaria? ¿o la izquierda -incluso la que se dice revolucionaria o trotskista- va a actuar como tercer violín o apéndice menor de las formaciones de izquierda que hoy están rescatando al capital en todo el mundo? Allí donde hay una crisis social y un derrumbe capitalista, esa izquierda sólo ve una crisis de representación, y llama a actuar no contra el capitalismo y su Estado sino sobre la llamada “casta política”. Allí donde, como en Estados Unidos, está planteada la gran tarea de unir a toda la clase obrera contra el ajustador Trump ¿vamos a deslizarnos a la sociología, para separar a la clase obrera en diferentes categorías -multirraciales o nativos, jóvenes o adultos- y atribuirle sólo a algunos la capacidad de luchar? ¡No! Llamamos a la unión de toda la clase obrera, cualquiera sea su condición etaria, racial o religiosa, a unirse en torno de un programa de transición que conduzca a la lucha por la revolución socialista ¡No al populismo, aunque se vista de “radical”! Sobre esa estrategia política vamos a reconstruir la IV Internacional y ése es el mandato que se ha votado también en este Congreso.

Sí, compañeros, hubo un hilo conductor. En la Comisión de la Mujer, por ejemplo, tuvo lugar un debate extraordinario. Luchamos por un movimiento de la mujer integrado a la lucha de clases, a través de un programa y una acción para destituir a los jueces cómplices de los violentos y del Estado violento, para llevar adelante un consejo autónomo de la mujer, por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, por la separación de la Iglesia del Estado, es necesario desarrollar un gran movimiento de mujeres y unirlo a toda la clase obrera y a la lucha por la revolución social.

Plan de acción

Compañeros: le hemos enviado una carta al Frente de Izquierda, con un planteo integral de frente único ¡Basta de faccionalismo en las bancas! ¡Bloques comunes, cogestión parlamentaria! ¡Basta de faccionalismo en el movimiento obrero! Frente único para expulsar a la burocracia. Integremos a la clase obrera a esta lucha política: convoquemos a un congreso del movimiento obrero y de la izquierda.

Esta primera etapa de la campaña tiene contenido político y metodológico muy claro: vamos a organizar el “ejército” de los que, en pocas semanas y meses, van a ir con nosotros a la conquista del voto. A los activistas, a los elementos de vanguardia les diremos: vení con el Partido Obrero y el FIT a luchar por el congreso del movimiento obrero y de la izquierda; si te parece bien, y querés comprometerte con esta lucha y con su programa, integrá nuestra lista. Si integrás nuestra lista, hagamos una reunión en tu fábrica o en tu colegio, y vamos a conquistar el voto de tus compañeros, la voluntad política, la adhesión. Vamos a hacer de la campaña electoral un gran factor de reclutamiento político, organización y educación de la clase obrera y de su vanguardia.



¡Viva la clase obrera! ¡Viva el Partido Obrero! ¡Viva la IV Internacional! ¡Viva la lucha que tenemos por delante!





Foto: Javier Entrerriano

Fuente: http://www.po.org.ar/prensaObrera/1454/politicas/una-transicion-apasionante

miércoles, 19 de abril de 2017

Carta del XXIV Congreso del Partido Obrero a los partidos del Frente de Izquierda

18 de abril de 2017 | Por Partido Obrero

Carta del XXIV Congreso del Partido Obrero a los partidos del Frente de Izquierda

Por listas comunes en los distritos y un Congreso del Movimiento Obrero y la Izquierda.


Compañeros:

Dirigimos esta carta desde el 24º Congreso del Partido Obrero, y a pocos días de un mes de marzo en el que más de un millón de trabajadores ganaron las calles –entre las huelgas y marchas docentes, la marcha de la CGT que culminó con un reclamo masivo por un paro general y el propio paro que la izquierda aseguró con piquetes y marchas. Esta saga, que fue iniciada por la combativa ocupación de AGR Clarín, incluye a la masiva movilización del 24 de marzo, así como a la jornada de paros y marchas por el día internacional de la mujer trabajadora.


Asistimos a una nueva etapa del gobierno macrista, caracterizada por una irrupción de luchas como respuesta a la tentativa de imponerle a los trabajadores un retroceso de carácter histórico.
Macri ejecuta este mandato en nombre del conjunto de la gran burguesía y el capital internacional. Pero por eso mismo, las diferentes expresiones de la oposición de cuño capitalista –como el massismo o el pejota-kirchnerismo– sostienen, desde las gobernaciones y el parlamento, esta orientación antiobrera. Argentina es gobernada por una ´coalición del ajuste´, que ha agravado en sólo un año la hipoteca de la deuda en 80.000 millones de dólares, habilitó tarifazos masivos y resolvió un indulto generalizado sobre la clase capitalista –blanqueo– respecto de sus capitales fugados del país.
A término, y como ya se expresa en las contradicciones explosivas de este plan, los ajustadores marchan a una nueva quiebra nacional. Pero por encima de sus divergencias, la clase capitalista apoya a un régimen que ha declarado la guerra a los trabajadores. La perspectiva de luchas, de cara a las paritarias y “reestructuraciones” antiobreras, cruzará toda esta etapa política.


Las elecciones

La escalada de huelgas y movilizaciones ha colocado en un impasse a los planes electorales de los candidatos capitalistas. Los Massa y compañía se llaman a silencio: no quieren hacer demagogia con luchas a las que ellos y sus financistas empresarios condenan visceralmente, ni tampoco exponer ese rechazo ante la opinión popular. Ninguno de los partidos del régimen, de los gobernadores y fuerzas parlamentarias del PJ, FpV y el FR se opone a la orientación de fondo del macrismo. Por eso, van a las elecciones con dos objetivos centrales. Por un lado, los Massa y el pejota-kirchnerismo –pero también los Carrió o Lousteau– van a servirse del voto para discutir con el macrismo qué parte les toca en el plan de recolonización económica y degradación de los trabajadores. Por el otro, quieren explotar a las elecciones como un gran factor de desvío respecto de la inquietud popular y la tendencia a la lucha. “Dejemos la calle, usemos la urna” es el mensaje de todos ellos. Las maniobras y fracturas políticas de este período preelectoral son, en este sentido, reveladoras: en todo el país, el kirchnerismo y su jefa convocan a listas de unidad con los gobernadores e intendentes pejotistas que cogestionan con Macri la aplicación del ajuste. Si Cristina Kirchner se presenta, será un mascarón de proa de todos ellos. Si no lo hace, será para filtrar al kirchnerismo en las listas de esos mismos ajustadores. El kirchnerismo, que ha gobernado para los capitalistas durante una década, y que inauguró él mismo el ajuste y el reendeudamiento, sólo saldrá a la palestra como recurso del capital, nunca contra él. La masacre social que se está ejecutando en Santa Cruz bajo la batuta de los K da cuenta de esta política.

El empantanamiento y las contradicciones internas que atraviesa la operación de rescate a los capitalistas con cargo a los trabajadores, y la fragmentación política que recorre a los ajustadores y sus socios le brindan al Frente de Izquierda una oportunidad política. El FIT podría explotarla, a condición de que actúe como un bloque común en todos los frentes de lucha, y presente un programa y un plan de acción en directa conexión con la lucha de clases y sus protagonistas.


La necesidad de un viraje
El FIT, sin embargo, no ha funcionado como un frente único obrero y de izquierda siquiera en las conquistas que obtuvo, como es el caso de las bancas parlamentarias. La decisión del PTS de escindir los bloques legislativos –y recientemente de IS en el Congreso– quebró el principio de la gestión colectiva de las bancas, de un debate y una acción común en este plano. Esta división, que fue denunciada por nosotros desde un principio, bloquea la posibilidad de que el FIT se transforme en alternativa política, y ni qué decir de poder. Aunque fue presentada como una cuestión de orden práctico, pronto se vio que fue la vía para que el PTS apoye en Diputados proyectos de colaboración de clases, como ocurriera con una mentirosa `paridad de género` que encubre la hostilidad visceral de los partidos del régimen a las reivindicaciones de la mujer. El faccionalismo, al dividir el frente único de clase, termina siempre en posiciones seguidistas a la burguesía. Es el caso de la decisión del PTS de romper el acto del primero de mayo, en aras de un acto afín a los kirchneristas brasileños; o el faccionalismo en los frentes obreros, que siempre sirve a la burocracia y sus alas; en el parlamento, la ausencia de un debate y de un principio de acción común abrió paso a votaciones, por parte del PTS, que avalaron la demagogia kirchnerista en el debate del pago a los fondos buitre. El faccionalismo y el seguidismo a los partidos de Estado es incompatible con un frente que procure actuar como polo de los trabajadores y explotados en pos de su independencia de clase.


La lucha del Partido Obrero contra esta orientación disolutoria del FIT ha sido sistemática. En el gran acto de Atlanta de noviembre pasado, nuestro compañero Néstor Pitrola señaló la parálisis del FIT, y llamó a reconstituir una acción común en todos los planos, y sobre esta base, establecer una lista común para concentrar todos los cañones en la batalla contra los partidos del régimen. Este planteo lo reiteramos en dos manifiestos posteriores, con un método y una iniciativa para integrar a la vanguardia obrera y a sus luchadores en la batalla por desarrollar una alternativa política: nos referimos a la convocatoria a un Congreso del movimiento obrero y la izquierda. De más está decir que esta propuesta ha ganado una actualidad enorme con la emergencia de las luchas actuales, que tiene al activismo de izquierda como el animador principal. Un Congreso del Movimiento Obrero y la Izquierda convocado por el Frente de Izquierda le daría a la participación electoral un sentido estratégico, al colocarla como medio para la lucha por una nueva dirección de la clase obrera.

A despecho de estos planteos, la orientación escisionista y faccional en el FIT se ha acentuado: el PTS proclamó tempranamente sus candidatos y, en el caso de Nicolás del Caño, trasladó su candidatura a la provincia de Buenos Aires. Además de abandonar la lucha por renovar la banca del FIT en Mendoza, esta decisión implica forzar al FIT a una lucha interna por las candidaturas de la provincia de Buenos Aires. El llamado a “listas comunes” que el PTS acaba de proclamar es contradictorio con esa proclamación divisionista.


El Partido Obrero, reunido en su 24 Congreso, le reclama a los partidos del Frente de Izquierda un viraje de fondo, para resolver un plan de acción que coloque al FIT como alternativa política. Planteamos, para eso:

1.-Establecer listas comunes en todos los distritos del país. La base para ello es clara: los resultados alcanzados en las PASO de agosto de 2015 en cada provincia. El Congreso del Partido Obrero ha proclamado, entre otros, a Néstor Pitrola y Marcelo Ramal como candidatos a diputados nacionales por Buenos Aires y Capital, distritos donde resultamos primeros en aquellas PASO; y a Gabriel Solano y Guillermo Kane para sus legislaturas.



2.-Un acuerdo de listas debe dar lugar, también, a un debate y una resolución que reconstituya bloques comunes del FIT y la gestión colectiva de las bancas en el Congreso y en todas las legislaturas del país.




3.-Es necesario debatir un programa, el cual no es un recetario de reivindicaciones aisladas, sino que debe partir de una caracterización de la etapa en el cual se inscriben esas reivindicaciones. El FIT debe servirse de la agitación electoral para promover, en las fábricas y reparticiones, planteos enérgicos dirigidos a la acción directa de los trabajadores ocupados y desocupados: por paritarias libres y sin techo, con representantes electos; por una política de ocupación de fábricas que cierren o despidan; por el reparto de las horas de trabajo sin afectar el salario; por el frente único del clasismo por la expulsión de la burocracia de los sindicatos.



Junto a planteos de fondo y movilizadores en el plano de la educación, la lucha contra el tarifazo, la hipoteca de la deuda y otras cuestiones, el Frente de Izquierda debe empeñarse muy particularmente en presentarle un programa y un plan de acción al movimiento de la mujer trabajadora. La izquierda obrera y socialista debe luchar contra las tendencias que procuran alejar a la lucha de la mujer de la clase obrera y su organización como tal.


Nuestra lucha política debe ser particularmente precisa en relación al feminismo “anticapitalista” (no socialista), que critica aspectos de la opresión de la mujer sin plantear la abolición del régimen y el Estado que llevan adelante esa opresión. El sujeto que debe llevar adelante esa tarea que es la clase obrera, como cabeza de todos los sectores explotados Sobre esta base, nuestro acuerdo debería incorporar la decisión de luchar en común contra la tentativa de los agentes del clero y los partidos capitalistas de sustraer al próximo encuentro del centro político del país. En oposición a ello, luchemos por defender el Encuentro en Buenos Aires, para que tenga lugar un pronunciamiento gigantesco por la responsabilidad del Estado y del régimen social vigente en la violencia a la mujer.


4.-Por último y sobre la base de lo anterior, es necesario que involucremos a la vanguardia obrera y a sus luchadores en la batalla electoral –es decir, que hagamos del proceso electoral un peldaño en la lucha por fusionar al movimiento obrero con la izquierda. Convoquemos a un Congreso del Movimiento Obrero y de la Izquierda, que proclame candidatos, programa y un plan para desarrollar una intervención del FIT en todos los planos de la lucha de clases.

5.-En esa línea, planteamos que el FIT convoque a un Primero de Mayo de lucha, internacionalista, obrero y socialista, con eje en las grandes luchas del período y sus protagonistas.
Estrategia política

Compañeros: la convulsiva transición argentina se inscribe en una transición continental, caracterizada por el derrumbe de los gobiernos nacionalistas o centroizquierdistas y la emergencia de regímenes de ofensiva directa contra los explotados. El gobierno de Macri aún deberá demostrar si cuenta con los recursos para la tarea de trasladarles a los trabajadores la factura de la crisis. En estas condiciones, y siguiendo la ruta de lo que ocurriera bajo el menemismo, el desafío fundamental al gobierno parte de la clase obrera y de los trabajadores. Ello quedó demostrado, en forma definitiva, en los últimos cien días.

Pero esta transición continental, a su turno, se inscribe en una crisis mundial capitalista de características inéditas, que ha pasado de la quiebra del capital a la de los Estados; y de allí, a la de regímenes políticos y a la desintegración del orden internacional de la postguerra, como se ha revelado en el Brexit y la crisis de la Unión Europea.

Tomamos nota de la propuesta realizada por el Congreso del PTS para realizar una convención para actualizar el programa del Frente de Izquierda. Advertimos, sin embargo, que una reunión de ese tipo reafirmaría la línea de confinamiento del Frente de Izquierda a una intervención meramente electoral. Desde ya, anticipamos nuestro rechazo a la consigna “nuestra vida vale más que sus ganancias”, copiada de grupos centristas de Europa, o a sustituir un programa de transición contra el Estado y el capital, que debe plantear la acción directa por el reparto de las horas de trabajo y la ocupación de fábricas que cierren o despidan, por planteos de reforma parlamentaria como la jornada de 6 horas por un salario igual a la canasta familiar, los cuales llevarían al FIT a reemplazar la lucha contra el capitalismo por un programa distribucionista, clásico de la fracasada centroizquierda. El carácter electoral de la campaña que debemos enfrentar no habilita, de ningún modo, a ceñir a las reivindicaciones obreras al marco estrecho del parlamentarismo. Ninguna reforma parlamentaria, en la etapa histórica de declinación del capitalismo, va a combatir la convivencia de la supereexlotación con el desempleo, que el capital necesita como extorsión sobre toda la clase obrera. De seguir ese curso, la llamada `actualización programática´ no sería otra cosa que una regresión estratégica de proporciones, que retrotraería al FIT al nivel de Podemos o el Partido Anticapitalista de Francia. Cumplimos en advertir que el llamado `anticapitalismo` conduce al abandono de la estrategia de la IV Internacional, y a su reemplazo por `internacionales amplias`, que abrevan en el movimientismo y el populismo.


Todo debate programático debe tener por propósito preparar a los trabajadores y a la izquierda para intervenir en las convulsiones económicas y políticas de esta etapa. La cuestión es si esa izquierda se adapta a las tendencias y presiones que apuntan a convertirla en el último eslabón de la burguesía y la pequeña burguesía que buscan rescatar a un régimen en definitiva declinación, o si defiende la estrategia de la abolición del Estado que lo sostiene por parte de un gobierno de trabajadores.


La bancarrota capitalista de esta década ha dado lugar a expresiones de radicalización política que, sin embargo –como ocurre con Podemos o Syriza–, han terminado caucionando o incluso gerenciando las políticas de rescate capitalista a costa de las masas. La sustitución de una caracterización adecuada de la crisis capitalista y sus consecuencias revolucionarias por una crisis de representación –cuya resultante es la reforma del Estado actual y la crítica a la “casta política”; la política de renunciar a unir a la clase obrera detrás de la lucha por una salida y un gobierno propios, y servirse de sus reivindicaciones parciales –de género, juveniles o multirraciales– para escindir a los trabajadores y abandonar aquella lucha estratégica, convierte a la izquierda, incluso si se dice revolucionaria, en el último bastión de las políticas capitalistas. En Argentina, el Frente de Izquierda se constituyó en oposición a un largo derrotero de adaptación de la izquierda al nacionalismo burgués o pequeño burgués, lo que se expresó en diferentes frentes oportunistas. Defender ese principio del FIT, después de un largo período de parálisis faccional, entraña un viraje político de fondo. El acto de Atlanta, hecho episódico en el marco de esta parálisis, muestra la potencialidad del FIT.


Este es nuestro planteo. Con saludos socialistas,

24º Congreso del Partido Obrero


16 de abril de 2017

martes, 18 de abril de 2017

LOS “BROTES GRISES”, UNA “CORRIDA” CAMBIARIA

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Por Jorge Altamira

Fuente: https://www.facebook.com/jorge.altamira.ok/posts/731507960363401
 
Por estos días ha tenido lugar una tormenta de palacio en torno a la decisión del Banco Central de subir la tasa de interés, ya muy elevada, en otro 1.5 puntos, al 24% anual. La queja de los críticos era que la medida es recesiva para una industria en recesión y, por otro lado, que no conseguiría doblegar el alza de precios causada por los tarifazos y por el déficit fiscalque llega a los u$s 40 mil millones y se aproxima al 10% del PBI. Los partidarios del aumento, por su lado, defendieron la suba de la tasa con el argumento de que el alza de precios que había registrado el Indec en el primer trimestre del año era más amplio que el derivado del incremento de los llamados “precios regulados”, como el gas o el agua. Lejos de ser recesiva, insistieron, la reducción de la inflación constituía la única vía genuina para proceder a una reactivación sólida de la economía.

“Corrida”

Este apretado resumen tiene por objeto desnudar las falacias interesadas que dominan una disputa oficial que pretende ocultar las contradicciones explosivas del proceso económico en curso. Solamente para empezar digamos que ni el Banco Central, ni el directorio presidido por Federico Sturzenneger, han actuado a partir de consideraciones teóricas, lo cual impugnaría la tesis de que la economía se rige por decisiones de mercado. El alza de la tasa de interés se produjo antes de todo este entuerto en el llamado mercado secundario de Lebacs (Ámbito, 17.4).. Esto significa que la venta-compra de Letras entre operadores privados se realizó a un precio inferior al de adquisición original, lo cual implica la obtención de una tasa de interés mayor. Dicho de otro modo, en el mercado secundario tuvo lugar una “corrida” contra las Letras del Banco Central. “Corrida”, ¿hacia dónde? Naturalmente hacia el dólar, cuya cotización, sin embargo, apenas se movió por la liquidación de la cosecha de trigo y por el creciente endeudamiento internacional del Tesoro Nacional. Conclusión: la política monetaria es rehén de la “corrida” cambiaria. Ámbito (13.4) lo reconoce en estos términos: “Pero la duda siempre en estos casos no sólo es cuándo se dará vuelta el ‘carry trade’ (ingreso especulativo de dólares) sino también “¿a qué velocidad lo hará? O sea que la “corrida” no será anunciada.

Las cuentas nacionales registran para el período enero-marzo una suba brusca en la compra de divisas, sea para giros de utilidades o pagos de intereses al exterior, o para el atesoramiento. Lo informa claramente Ámbito: “Volvió a repuntar la compra de dólares durante abril”. En síntesis, el país ha asistido a una reacción improvisada del Banco Central con el objetivo de detener una “corrida” hacia el dólar. Es que, además, esta misma semana se producirá el vencimiento de Lebacs por $350 mil millones, un 40% de las Letras en circulación, que el Central deberá renovar por incapacidad de pago. El aumento de la tasa de interés de referencia apunta a impedir que al menos una parte de esta carga monumental, que equivale a u$s25 mil millones, se dispare hacia el mercado de cambios. Aunque suene engorroso para el lector, es necesario añadir que el Banco Central comenzó, hace pocos meses, a reemplazar las colocaciones de Lebac, en su mayoría a 30 días, por los llamados “pases” con los bancos locales, que se renuevan cada siete días. Esta confesión de que la capacidad de endeudamiento del Central se achica al máximo, busca también restringir el número de operadores a los bancos, para enfrentar situaciones de crisis. Por temor a la crisis cambiaria, intenta reducir la compra de Lebacs con divisas. Estas modificaciones amplían la brecha entre lo que los banco pagan, por un lado, a depositantes (que no intervienen en operaciones de pases), y lo que cobran los bancos, por el otro, por esas operaciones con el Banco Central. La sustitución parcial de operadores privados por los bancos, en el mercado monetario, amenaza convertir a una “corrida” cambiaria en una bancaria, o sea una salida impetuosa de depósitos – en donde siguen predominando las colocaciones a cortísimo plazo.

Hipoteca

En este contexto de “brotes grises”, se ha anunciado que la deuda pública alcanzó los u$s265 mil millones, que se convierten en u$s280 mil millones con los llamados ‘cupones del PBI’ (Cronista, 17.4). La suma toca el límite del 60% del PBI que autoriza el FMI. Se trata, sin embargo, de una deuda a tasas de interés elevadas – el triple de las internacionales, que tampoco computa las Lebacs del Central, que fueron compradas con ingreso de dólares (‘carry trade’). Existe, sin embargo, además, una anomalía a la que ningún economista ha prestado atención: que el PBI se encuentra inflado en dólares: una devaluación reduciría su valor, al mismo tiempo que aumentaría la carga de la deuda en moneda nacional. Esta amenaza tira por la borda el cacareo de Sturzenneger acerca de que el mercado de cambios es ‘libre’ y de que ‘flota’, pues si se lo dejara ‘flotar’ toda la embarcación se iría al diablo; el régimen monetario vigente es de una convertibilidad disimulada. En definitiva, si se midiera la relación deuda/PBI en términos de paridad histórica, tendríamos una hipoteca de al menos un 80 por ciento sobre el producto nacional. Pero, como informa de nuevo el Cronista, “las necesidades de financiamiento ascienden a u$s40.350 millones, de los cuales más de u$s13 mil millones ya se abastecieron”, es decir que la deuda superará, al final del año, los u$s300 mil millones – con sus respectivos intereses elevados.

Por si no alcanzara con esta burbuja monetaria, los exquisitos economistas del macrismo le ha añadido la de hipotecas de viviendas, con depósitos, por un lado, y préstamos, por el otro, ajustados por inflación. Una devaluación del peso tendría un efecto devastador en esta operatorio, lo cual refuerza la atadura que representa el régimen de convertibilidad disimulada. Marina dal Poggeto (Clarín, 12.4) agrega a todo esto observaciones aún más explosivas, luego de que su mentor, Miguel Bein, hubiera pronosticado hace poco una vigorosa reactivación de la economía. Señala que la posibilidad de una disminución del déficit fiscal se encuentra seriamente afectada por la indexación a la inflación pasada de los contratos de obras y servicios públicos. De este modo, los desequilibrios económicos “en el corto plazo”, dice, “no ayudan” y “el largo plazo bien puede no llegar”. Lo más interesante, sin embargo, de esta descripción pesimista es que nadie ofrece una alternativa en el campo capitalista. La gobernabilidad del macrismo se asienta en un paralelogramo de fuerzas que se neutraliza recíprocamente. El nudo lo van a cortar, la crisis mundial de un lado y la capacidad de acción de los trabajadores del otro.

La política monetaria del talibán Sturzenneger está inspirada en la aplicaron Volcker-Reagan (1981-83) para domesticar la inflación enorme que dejó, en Estados Unidos, el gobierno de Carter, como consecuencia de una nueva duplicación de los precios internacionales del petróleo. En efecto, el dúo redujo el crecimiento de precios interno en forma drástica (tasas oficiales de interés arriba del 20% anual) al costo de una recesión enorme y el fomento de una abultada especulación financiera. Todo esto concluyó, en 1986, con la mayor caída de la Bolsa desde los 30 del siglo pasado: un 25% en un solo día, que obligó a una operación gigantesca de rescate del sistema financiero norteamericano. Fue uno de los eslabones principales de la cadena que explotaría en 2007/8 y la crisis mundial actual.

Transición

La articulación de fuerzas que ha viabilizado al gobierno de Macri se encuentra asentada en un volcán. La coalición entre el macrismo y el conjunto de la oposición tradicional está determinada por la necesidad de hacer frente a esta amenaza sistémica. La burguesía tomada en su conjunto reclama asegurar el éxito de esta tentativa. No está preparando un helicóptero, sino una pista de aterrizaje. En este campo se alinea la burocracia sindical. Lo mismo vale para CFK, que renuncia a encabezar una oposición a los supuestos adversarios de este régimen de “coalición a la carta”, porque no pretende oficiar de sepulturera sino de recurso de emergencia en un cataclismo. Las luchas que se han incrementado en el inicio del año muestran a la clase obrera y a los trabajadores como la única oposición a los planes antiobreros. Toda la experiencia pasada enseña que el desafío que plantea esta etapa es la cuestión de la estructuración de una vanguardia obrera poderosa y la disputa de la dirección de las masas. Se ha abierto una gran transición entre el momento actual y la definitiva demostración que el gobierno del capital no representa ninguna posibilidad de salida al impasse histórico del capitalismo, incluso a su barbarie.

Jorge Altamira
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Politica Obrera

Coordinadora Sindical Clasista - Partido Obrero

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