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martes, 24 de enero de 2017

Huelga portuaria de 1966: antecedente del clasismo

12 de enero de 2017 | #Prensa Obrera 1444 | Por Rafael Santos  
 
El 28 de junio de 1966 fue derrocado el gobierno de Illia por el golpe militar de Onganía.


Para Política Obrera (luego Partido Obrero), el onganiato fue “una síntesis reaccionaria del peronismo y la Libertadora”. Del primero tomó la tendencia a estatizar el movimiento sindical. De la segunda, la proscripción política del peronismo. La dictadura recibió el apoyo de amplios sectores políticos y empresariales y de la burocracia sindical, a la cual evitó oponerse directamente. Perón desde su exilio, llamó a “desensillar hasta que aclare”.

Para superar la crisis y el empantamiento capitalistas, la dictadura se ensañó con las conquistas del movimiento obrero: anuló las paritarias y elevó la edad para jubilarse a 60 años, entre otros ataques. Comenzó una guerra gremio por gremio para anular importantes conquistas. Aliado a la burocracia de la Uocra, anuló la ley de indemnización a los despidos en ese gremio y derogó regímenes de insalubridad en mineros y textiles. A cambio de prebendas y mantenerse al frente de los sindicatos, las burocracias sindicales desorganizaban toda resistencia obrera.

Pero el ataque a los portuarios detonó en una huelga de tres meses, a fines de 1966.


El ataque a los portuarios

Con el objetivo declarado de ‘modernizar’ el puerto y bajar costos a las navieras y a los importadores-exportadores, la dictadura sacó un decreto que anulaba la jornada reducida en trabajos insalubres, disminuía el pago de horas extras y recalculaba el tiempo de trabajo “normal”. Así reducía el salario a la mitad y dejaba un tendal de despedidos.

Frente al inminente ataque, la burocracia del sindicato portuario (Supa) pidió paciencia para negociar. El secretario general, Eustaquio Tolosa, pidió una comisión conjunta para consensuar el nuevo reglamento, pero la dictadura dispuso su aplicación e intervino el Supa.

Sin preparación alguna y en forma aventurera, Tolosa decretó la huelga por tiempo indeterminado y… se fue al Uruguay para dirigir desde allí la solidaridad internacional. El gremio portuario sólo tenía ocho delegados, elegidos a dedo, pero contaba con un fuerte activismo, que imponía a las patronales en cada lugar de trabajo el respeto a las conquistas. Sin estructura gremial, la misma directiva burocrática convocó a un Consejo Coordinador con otros gremios menores del puerto y tres agrupaciones del Supa: la de la burocracia, la del PC (“La Lingada”) y la ‘independiente’ Cruzada Renovadora. Luego de algún amague, este Consejo se inmovilizó. El PC seguía a Tolosa y a la burocracia. La huelga quedó librada a la conciencia de cada estibador.

En esas circunstancias comenzaron a organizarse desde las villas, donde vivían muchos trabajadores, comités de resistencia de activistas portuarios para organizar las tareas elementales de la huelga: fondo de huelga, ollas populares, reparto de comida, información, coordinación, piquetes contra los carneros. Estos comités eran abiertos a todo luchador y por esta vía se integraron y jugaron un rol dirigente, el PRT (de Nahuel Moreno) y PO. Ante la borrada de la burocracia sindical, estos comités fueron los que sostuvieron el grueso de las tareas de la huelga. Villa por villa, se llegaron a organizar más de cuarenta barriadas, con asambleas en cada una de ellas de alrededor de cien compañeros. Para coordinar este movimiento se constituyó la Coordinadora de Comités de Resistencia de Barrios y Hoteles, que fue conocida como Intervillas. Se editó un boletín de huelga diario, que servía de instrumento de organización e información para llegar hasta el último de los portuarios. Los piquetes impedían que de las villas salieran los carneros a trabajar y no dejaban entrar a los camiones que mandaba el gobierno.

Intervillas organizaba el sostén de la huelga, pero no era aún su conducción política. No participaba de discusiones y negociaciones, ni era la interlocutora frente a la CGT, cuya burocracia dejaba aislada esta gran huelga.

Romper el aislamiento de la huelga portuaria era un punto fundamental: “El eje de las perspectivas de la huelga sigue siendo la expectativa de una lucha de conjunto, comenzando por la huelga ferroviaria” (Política Obrera, 12/12/66). El vandorismo -que había aconsejado a Tolosa aceptar la reglamentación antiobrera- se empeñó en aislar la lucha. Pero la agitación se extendía y la CGT tuvo que convocar finalmente a un paro general el 14 de diciembre, que fue cumplido masivamente, a pesar de que la burocracia no hizo nada para garantizarlo.

Política Obrera planteó que esta medida debía tener continuidad, con un nuevo paro de 48 horas hacia la huelga general. Pero la burocracia se empeñó en cerrar el conflicto, molesto para sus planes de entrelazamiento con la dictadura.

Tolosa convocó a una Asamblea General en el Luna Park y volvió al país para dirigirla. Quería maniobrar para levantar la huelga y volver al ‘diálogo’ con la dictadura. Pero la asamblea comenzó con grandes muestras de combatividad, y la Guardia de Infantería de Marina detuvo a Tolosa.

Se rompió el Consejo Coordinador y cada gremio, incluyendo el Supa, levantó la huelga. Intervillas y el activismo quedaron golpeados. A pesar de ello, la huelga continuó unos días más, Tolosa fue liberado momentáneamente y la huelga fue quebrada.

Delimitaciones

Cuando empezó la huelga portuaria, Política Obrera había declarado que: “PO se lanza a esta huelga con un pronóstico político fundamental: el curso del enfrentamiento abierto entre el movimiento sindical y el gobierno plantea la tarea de la construcción de un nuevo movimiento sindical…”. A los pocos días quedó en claro que “los activistas organizados en Intervillas son el inicio de una política clasista independiente”. El activismo obrero tomaba en sus manos la lucha por la defensa de sus reivindicaciones y contra la dictadura. La lucha ferroviaria que vendría a continuación lo demostró con más fuerza aún y precipitó a la burocracia en forma abierta a los brazos de la dictadura. Luchas posteriores (petroleros, Fabril Financiera, etc.) irían jalonando el “Cordobazo” de 1969 y crearían el terreno favorable para un desarrollo tumultuoso de la corriente clasista en los sindicatos.

El PRT, por entonces unificado, sacó otro balance. Uniendo la derrota de la huelga portuaria a la de los ferroviarios, a la que sufrieron los trabajadores azucareros tucumanos y al fracaso del paro general del 1º de marzo convocado por la burocracia de la CGT el PRT, en su congreso de 1967, planteó que todo esto “demostraba” que el trabajo en el movimiento obrero no tenía futuro y que era más factible “la guerra civil” que ganar una huelga. Fue el vuelco al foquismo.

Para Política Obrera, la huelga portuaria fue también un gran bautismo de fuego. En el balance sacado en 1967, Política Obrera decía: “La huelga ha puesto a prueba una capacidad incipiente de nuestros compañeros: su capacidad de organizadores”. Néstor Correa, Trenti y diversos compañeros jóvenes se pusieron al frente de la organización de Intervillas y sus comités de resistencia. La izquierda revolucionaria se fundía con el movimiento obrero combativo.


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