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martes, 25 de abril de 2017

Hobsbawm y la Revolución de Octubre

20 de abril de 2017 | #Prensa Obrera 1454 | Por Christian Rath

En lo que sería su último prólogo a una nueva edición de El Manifiesto Comunista (2012), Eric Hobsbawm escribió: “Antes de Lenin, la teoría marxiana no trataba sólo de la historia que nos demuestra lo que pasa sino también acerca de lo que tenemos que hacer. Ciertamente la experiencia soviética del siglo XX nos ha enseñado que podría ser mejor no hacer lo que se debe hacer bajo condiciones históricas que imposibilitan virtualmente el éxito” (subrayado nuestro).
Si a partir de la disolución de la URSS se hizo habitual considerar que el período histórico de guerras imperialistas y revoluciones nacionales y socialistas abierto por la Revolución de Octubre se había cerrado definitivamente, la interpretación del historiador británico sobre la existencia de un siglo corto que nació en 1917 en San Petersburgo y murió en 1989 en Berlín, bien interpretada o no, actuó en el mismo sentido.
 
¿Qué posiciones fue fijando el historiador?

En 1994, cinco años después de la caída del Muro de Berlín, en la Historia del Siglo XX (Era de los extremos, en inglés)(1), advirtió que la Revolución de Octubre originó el movimiento revolucionario de mayor alcance que haya conocido la historia moderna, aún en relación a la Revolución Francesa. Volvería sobre este tema tres años después(2), planteando que la perdurabilidad de la Revolución Rusa obedecía a que “el atractivo de su causa no era puramente ruso”, apreciando el carácter universal de la gesta bolchevique. En realidad, Octubre del 17 alteró todas las caracterizaciones revolucionarias precedentes, pues se desenvolvió en un marco histórico inequívocamente distinto al de las revoluciones democráticas del período anterior -el momento de la unificación del mercado mundial, de la transformación del capitalismo de libre competencia en capitalismo en imperialista y de la maduración del mundo, como un todo, para la revolución socialista. La Rusia atrasada no estaba preparada para el socialismo pero sí la economía y la política mundiales, en las cuales esa revolución democrática tendría lugar.
Lo espontáneo y el partido

“Las grandes revoluciones de masas que estallan desde abajo -y Rusia en 1917 fue probablemente el fenómeno más impresionante de toda la historia- son en cierto modo fenómenos naturales (…) en gran medida incontrolables”, dirá Hobsbawm. Por lo que “los objetivos de Lenin (…) no hacían al caso. No podía tener ninguna estrategia o perspectiva más allá de escoger, de día en día, entre las decisiones necesarias para la supervivencia inmediata y las que representaban el riego de un desastre inmediato”(2). De este modo, el papel de Lenin y el partido bolchevique pierde toda significación histórica.

El historiador planteará que la primera razón de la “sobrevivencia” bolchevique luego de octubre fue la existencia de un Partido Comunista de 600.000 hombres, centralizado y disciplinado. Pero en febrero del '17 los bolcheviques no eran más de 10.000, una fracción minoritaria en comparación con los mencheviques y los socialistas revolucionarios. Llegar a los 200.000 en octubre y luego a los 600.000 fue el fruto de una selección política de lo mejor de la vanguardia obrera presente en todos los partidos del campo revolucionario y a partir de una dirección que guió conscientemente a las masas hacia la victoria.

“Los objetivos de Lenin (…) no hacían al caso”.

¿Es posible afirmar esto siendo que sin la reorientación expresada en las Tesis de abril de Lenin, en sintonía con la línea estratégica que previamente había elaborado Trotsky, los bolcheviques no habrían tomado el poder?

¿Es posible afirmar esto viendo la precisión quirúrgica de consignas y de ritmos que fueron guiando la lucha por la conquista del poder -ninguna confianza al Gobierno Provisional, Todo el poder a los Soviets, Fuera los ministros capitalistas, No al desenlace en las Jornadas de Julio, etc.?
Para lograr esto, el bolchevismo construyó un partido obrero, no un partido que hablaba en nombre de los obreros. Puso en pie una organización fuertemente centralizada en un período de libertades para el resto del proletariado de Europa, lo que significa que no copió mecánicamente a la clase obrera avanzada y, a la vez, tomó en cuenta todas las etapas que éste tuvo que recorrer.
Partido y soviets

El historiador se interrogó “¿Cómo… pudo la Revolución de octubre superar la prueba?”. Y se respondió “los bolcheviques vencieron porque combatían bajo la bandera roja y, por más que fuera engañosamente, en nombre de los soviets”(2).
Mucho antes, León Trotsky había respondido a Hobsbawm. “El Partido Bolchevique ha enseñado al mundo entero como se realiza la insurrección armada y la toma del poder. Los que oponem una abstracción de soviets a la dictadura del partido, deberían comprender que únicamente gracias a la dirección de los bolcheviques, lo soviets se elevaron del pantano reformista al papel de órganos del Estado proletario” subrayado nuestro(3).

Alemania

“¿Quién pudo imaginar que la victoria del socialismo pudiera producirse (…)” excepto mediante la destrucción total de la burguesía rusa y europea?” Hobsbawm retomó la cita de Lenin sólo para presentar la revolución en Europa como algo utópico: “No había ninguna posibilidad en serio de que estallase una Revolución de octubre, o algo parecido, en Alemania y, por lo tanto, no hubo necesidad de traicionarla”. Lenin pudo no darse cuenta, pero “la Revolución Rusa estada destinada a edificar el socialismo en un país atrasado que no tardaría en arruinarse por completo”(2) . Fatalismo, una vez más.

En el caso de Alemania, el levantamiento de las masas en 1918 resiste todas las comparaciones con el de las rusas un año antes. La clase obrera alemana era mucho más poderosa como fuerza social que la rusa y, en este sentido, su revolución avanzó con mucha más determinación, a lo largo del país, que aquella, que buscó su apoyo en el inmenso campesinado ruso. En cuatro días, vertiginosamente, los consejos obreros se hicieron cargo del país y el poder político de la burguesía más poderosa de Europa quedó reducido a la nulidad. La revolución fue aplastada por el gobierno “socialista” que traicionó a la clase obrera apoyando al militarismo alemán, en condiciones determinadas. La joven Liga Espartaco sufrió el asesinato de sus extraordinarios dirigentes, Luxemburgo y Liebknecht, víctimas de lo que Trotsky caracterizó como las “jornadas de julio” en Alemania, en las que, a diferencia de las producidas en Rusia, las masas avanzaron, contra todas las previsiones, en un enfrentamiento prematuro. “En Berlín, como en San Petersburgo, el movimiento revolucionario estaba por delante de las masas atrasadas”(4).

La vigencia del reformismo
Hobsbawm no se interrogó sobre el devenir de la revolución porque tenía una conclusión predeterminada: “Los países (constitucionales) de capitalismo desarrollado en los que las revoluciones no estaban en la orden del día (…) la mayoría de los trabajadores organizados, incluso aquellos con mayor conciencia de clase, no solían ser revolucionarios, a pesar de que sus partidarios estaban comprometidos con el socialismo. La situación era naturalmente diferente en países como los de los imperios ruso y otomano, donde cualquier cambio político a mejor sólo se podía esperar que viniera a través de la revolución”. Finalmente, “incluso en los peores tiempos de la crisis, la mayoría de los militantes en el seno de los movimientos obreros se negó a pasar de los partidos reformistas a los partidos revolucionarios”(5). 

El historiador rindió culto a la democracia liberal y al reformismo, que habrían ganado la batalla histórica. Sin embargo, la derrota de las revoluciones luegode la Primera Guerra Mundial significó el advenimiento de Hitler en Alemania, de Mussolini en Italia, de Horthy en Hungría (…). El imperialismo y la guerra mostraron que el reformismo ya no tenía un lugar histórico. Solo existían dos opciones: la revolución y la contrarrevolución. Las tendencias reformistas, como la socialdemocracia, argumentando que no querían emparentarse con ninguna de ellas, pavimentaron el camino de la contrarrevolución. Traicionaron a la Revolución de Octubre, fueron cómplices de la derrota de la Revolución Española y entregaron Alemania al nazismo. 

Los que se presentan como reformistas de hoy son variantes de adaptación a la bancarrota capitalista mundial, fuente constante de crisis y revoluciones. El siglo de la Revolución Rusa aún no terminó. 

Notas

1. Eric Hobsbawm: Historia del Siglo XX, Crítica, Buenos Aires, 1998.
2. Eric Hobsbawm: Sobre la Historia; ¿Podemos escribir la historia de la Revolución Rusa?, Crítica, Barcelona, 1998.
3. León Trotsky: Bolchevismo y Estalinismo, El Yunque Editora, Buenos Aires, 1973.
4. León Trotsky, Karl Liebknecht - Rosa Luxemburgo, 18/1/1919, www.marxists.org
5. Eric Hobsbawm: Cómo cambiar el mundo, Crítica, Barcelona, 2011.

Fuente: http://www.po.org.ar/prensaObrera/1454/aniversarios/hobsbawm-y-la-revolucion-de-octubre

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