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lunes, 29 de mayo de 2017

En el aniversario del Cordobazo: Gregorio Flores sobre Agustín Tosco (2001)




Para que pueda entenderse lo que dije sobre Agustín Tosco en la presentación del libro El Cordobazo, una rebelión popular, lo mejor es comenzar por el principio.

En el análisis del libro empecé destacando las partes más relevantes, fundamentalmente en la introducción del mismo, donde el autor, Juan Carlos Cena, va demostrando de manera clara que, desde el siglo XIX hasta nuestros días, hay un encadenamiento en los procesos y una continuidad en la lucha y que la violencia contra los trabajadores ha sido una constante bajo cualquier régimen político; algo con lo que yo estoy completamente de acuerdo.


En la página 51 del libro, el autor abre un interrogante que a mí me parece muy importante dilucidar.


El de la unidad. Dice Juan Carlos Cena: "¿Qué paso con toda esa fuerza de trabajo acumulada laboriosamente? ¿Cómo se dilapidó? ¿Por qué no tuvo continuidad?". Y luego continua: "Ya antes del golpe, toda esa fuerza de trabajo acumulada estaba disociada, varias vertientes que representaban a distintos partidos de izquierda las desunían. El sueño de la unidad de Agustín Tosco se diluía en las vanguardias".


Antes que yo interviniera, el escritor y periodista Osvaldo Bayer, por quien tengo un profundo respeto, por ser un hombre comprometido con la lucha de los explotados, resaltó la figura de Tosco y dijo que los contrarios, como no lo podían acusar de nada, lo acusaban de marxista.


El propósito central de mi intervención era contestar los interrogantes planteados por Juan Carlos Cena sobre la falta de unidad en la clase obrera y decir que ella se debe a que, por lo menos en los últimos 55 años, no ha existido un proyecto propio del movimiento obrero y que, en consecuencia, ha seguido detrás de los programas del nacionalismo burgués. Una prueba concluyente de ello es que los únicos programas conocidos del movimiento obrero organizado son Huerta Grande, La Falda y la CGT de los Argentinos. Todos ellos, aunque tienen reivindicaciones con las que uno puede estar de acuerdo, parten del presupuesto de que entre la clase obrera y la burguesía nacional existiría un terreno común que sería el de la liberación nacional, poniendo un signo igual entre el programa democrático y el de los explotados. La lucha de clases, presupuesto sobre el que se basa el clasismo, estaría reemplazada por el de la unidad nacional. En este sentido, la estrategia de Agustín Tosco en el movimiento obrero cordobés fue hacer un frente con el peronismo, con quien mantuvo un compromiso hasta su muerte. En lo político, Tosco siguió la orientación del PCA, que era el de conformar un frente popular; de ahí su adhesión a la Alianza Popular Revolucionaria de Alende-Sueldo. El frente popular plantea básicamente la conciliación de clases y no la lucha de clases (recordemos para los pocos memoriosos que Alende junto con otros radicales fue en el ‘55 comando civil, asaltando sindicatos (1) y que Sueldo pertenecía a la Democracia Cristiana, que fue punta de lanza de la Libertadora; ambos integraron las juntas consultivas del gobierno de Lonardi y Aramburu. Apoyarlos políticamente en el ‘73 no es un dato menor).



Por esa época Tosco pertenecía también al Ena, que en un acto en el Luna Park, el 26 de noviembre del ’71, postulaba un gobierno cívico-militar (2).



No recuerdo haber oído o leído de parte de Tosco un pronunciamiento por la independencia política de la clase obrera, como tampoco ninguna crítica a los límites del nacionalismo burgués ni a los regímenes democráticos. Muchas veces, cuando estuvimos en Rawson, charlamos sobre estos temas y Tosco decía: "Que sin un frente nacional, la revolución en la Argentina era impensable".


Que la unidad por la unidad misma carece de importancia es algo que está confirmado por la historia. Soy un convencido de lo importante que es la unidad en la lucha por la emancipación de los trabajadores, pero ésta debe realizarse en la claridad de las ideas y no amontonándonos porque juntos somos más, porque así nos va, los hechos hablan por sí solos.



Una unidad en el movimiento obrero, para que sea valedera, tiene que conformar una estrategia política donde esté planteada la toma del poder por la clase obrera y, por lo tanto, necesita de un programa. En este sentido, reivindiqué el clasismo de Sitrac-Sitram, porque la línea clasista era antipatronal, antidictatorial y antiburocracia, y ambas cosas tienen rigurosa actualidad; porque aunque el actual gobierno haya sido elegido por el voto popular, la democracia es un régimen político que permite que haya una continuidad en el dominio de la misma clase social que dominó durante la dictadura militar y que lo viene haciendo, más o menos, desde que llegó Garay. También sigo defendiendo la consigna de Sitrac-Sitram, ni golpe ni elección, revolución, con la cual Tosco nunca estuvo de acuerdo.



Esto no niega, a mi juicio, que Tosco haya sido un dirigente honesto y combativo, ni cuestiona el ascendiente que Tosco tenía sobre el movimiento obrero, legítimamente ganado en la lucha.



He escrito y dicho que desde Sitrac-Sitram no tuvimos una política de alianza con los independientes y que fue un grave error no haber integrado el comando de lucha o la dirección de la CGT, pero insisto, la unidad tiene que ver con la política y esas diferencias existirán y no veo razón para ocultarlas.



He tenido una buena relación con Tosco y hemos compartido muchísimas cosas, porque frente al enemigo uno debe saber en qué nivel están esas diferencias y bajo ninguna circunstancia hacer causa común con el enemigo de clase.


Si analizar el pasado sirve para que superando errores podamos entender el presente y avanzar, bienvenido sea, y en ese sentido me comprometo a aportar todo lo que sé para ayudar a que no repitamos los errores del pasado (3).



NOTAS:



1. Oscar Alende, en un comunicado que firma con Frondizi en 1956, reivindica los asesinatos de los basurales de José León Suárez.


2. Acto en el Luna Park "contra el golpe de derecha y por elecciones libres", postulando un gobierno provisional con representantes de todas las fuerzas cívico-militares opuestas a la política antinacional


3. Sobre la moral de Tosco no he hablado jamás; esa tarea se la dejo a Chacho Alvarez, la Meijide y Mary Sánchez, que de ética saben un montón, aunque luego traicionen a sus seguidores cada vez que se apaga la luz.



Fuente: Prensa Obrera Nº 699, 19 de marzo de 2001.

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Coordinadora Sindical Clasista - Partido Obrero

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